domingo, 27 de enero de 2013

32.- Su camino

Era su camino. El dejarse absorber por la niebla, esperando tener la fuerza para cruzarla antes de que Ajax muriera sofocado por ella.   Era la única vía hacia la libertad, hacia la vida.
Todo el tiempo que había pasado con Ajax se reducía a eso a fin de cuentas. A luchar por mantenerlo vivo.

—Ajax, toma aire y aguanta la respiración todo lo que puedas.    

El niño obedeció. Llenó sus pulmones, cerró los ojos y dejó que su frente se apoyara contra el pelaje oscuro del lomo de Lucas, que no era suave, al contrario, se sentía áspero, y olía como un animal sucio y mojado, pero le resultaba tremendamente agradable, y pensó, mientras el lobo corría a través de la cortina de niebla, que no podía haber mejor lugar en el mundo para estar que sobre la espalda de su hermano, sin importar lo que pasara al rededor. Estaba con él.  



   
Su cabeza golpeó contra algo duro, lo que le hizo despertar. Ajax abrió los ojos. Estaba tendido sobre un piso de madera, en una habitación grande de  ventanas largas que llegaban hasta el techo y paredes con papel tapiz.

Tosió, y un dolor agudo le caló desde la garganta hasta el pecho. Al menos todavía se podía respirar en la habitación, a pesar de que la neblina ya cubría todo el suelo como una alfombra. El niño ya ni siquiera sentía como se le escaldaba la piel pues tenía el cuerpo demasiado entumecido. Lo único que le decía que se estaba quemando era el ver como su piel, antes enrojecida, se tornaba ahora de un color violeta.  

—Ajax... Ajax...  

Ajax giró la cabeza y vio al lobo Lucas, quien le había estado llamando repetidamente, pero su voz parecía un eco distante, y Ajax logró captarlo sólo cuando su hermano se paró a su lado.  

—Levántate.— dijo el lobo, ayudándolo a ponerse de pie. Al mirar al otro lado de la habitación, el niño supo que el agujero en las maderas rotas del piso era por donde habían salido del túnel. La niebla surgía del agujero, pero también se colaba por los bordes de las ventanas, oscureciendo y volviéndo cenizas lentamente todo lo que tocaba.  
Al lado de la abertura estaba tendido el cuerpo largo e interte del monstruo Bijou.   

—¿Está muerto?— preguntó el niño.  

Lucas dio un paso adelante, dispuesto a averiguarlo, y deteniéndose al instante cuando el sonido de un cristal rompiéndose le hizo dirigir su atención a las ventanas.
Había un berserker ahí, parado sobre la alfombra de niebla. Se sacudió, para sacarse del pelaje los trozos de vidrio, y luego se movió en dirección a ellos,muy lentamente.
   
No era el lobo blanco de Ajax.  

Lucas retrocedió, y eso pareció enfadar al berserker quien cambió en un segundo de su actitud pasiva a la bestia feroz que realmente era, arrojándose sobre el lobo vago.
Pero algo lo detuvo en el aire, el golpe poderoso de un coletazo que Bijou acababa de propinarle.  
Lucas observó pasmado como el lobo blanco salía despedido a través de la misma ventana por la que había entrado, pero eso le sorprendía aún menos que el hecho de ver a Bijou de pie, aunque se notaba que apenas podía sostenerse.
 
—Bijou.

La bestia emitió un sonido bajo, más parecido a un tosco ronroneo que a un rugido, y luego se giró hacia la ventana.  
Lucas comprendió que no podía perder tiempo pues el lobo blanco volvería a entrar. Tomó a Ajax y corrió fuera de la habitación, haciéndole subir por la escalera, que rechinó y empezó a desarmarse a cada paso que daban sobre ella.  
Lograron llegar al segundo piso, y desde ahí escucharon los gritos y gruñidos, los golpes de la lucha que acababa de desatarse en el piso debajo de ellos entre el berserker y Bijou.   

—Sigue corriendo.— le indicó Lucas al crío, jalándolo por las escaleras hasta un tercer piso, que era el último. Siguieron por un largo corredor, hasta el final de este, que terminaba en un balcón circular con un barandal tallado en piedra.
Al mirar hacia abajo sólo se podía ver un mar de perfecta blancura extendiéndose hasta el horizonte. Ninguna salida posible.

Lucas se encaramó sobre el barandal, y extendió una garra hacía Ajax.  

—Ven. Sujétate de mi.  

—A...¿A dónde vamos?.   

—Al techo. Quizás podamos bajar por el otro lado.
 
—¿Quizás?  

—Vamos, no hay tiempo. Confía en mí.

Ajax tomó la zarpa que su hermano extendía hacia él, y se acomodó entre los brazos de Lucas, quien de un saltó consiguió sujetarse de la cornisa.

—Si confío en ti.— murmuró Ajax, abrazado a él. —Pero... tengo miedo.  

El lobo trepó por sobre las tejas, hasta llegar al punto más alto del tejado. Las ráfagas de aire frío le golpeaban la espalda, y Lucas tuvo la sensación de que ese frío lograban traspasar su piel, hasta su pecho.

—Yo también tengo miedo.— confesó.

El niño se acurrucó contra su cuerpo, y entonces notó como el frío que se le había metido en el pecho, luchaba contra el calor de Ajax abrazado a él. 


—Escucha. Vas a tener una vida larga y feliz. Pase lo que pase.

—¿Eh?

—Te lo prometo, Ajax. Una vida muy larga y muy feliz, me aseguraré de eso.

Los pies del crío se resbalaban sobre las tejas lisas.De pronto empezó a caer y Lucas no pudo detenerlo por que de la nada había aparecido el berserker, como una sombra blanca, echándose sobre Lucas. 

—¡Lucas!— gritó el crío, intentando detenerse de lo que tenía a la mano para evitar caerse.  

—¡Sostente, Ajax! ¡Aghhh!

El berserker le hincó los dientes en el hombro y al instante el muchacho perdió toda su fuerza, junto con la magia de Harley que se disipaba. Todo lo que quedó fue el mismo cuerpo humano endeble que apenas podía moverse. 


—Sucio.— dijo el lobo blanco, mirando a Lucas con asco y aversión. —Que repungante criatura eres.

—¡Lucas!— volvió a gritar Ajax. Y por segunda vez el berserker fue golpeado y lanzado hacia abajo, hacia la niebla en la que se perdió su figura que destellaba con el mismo blanco sobrenatural. 


Lucas levantó la cabeza, sin poder reprimir una expresión de sorprendido alivio.

Ahí frente suyo estaba Bijou, todavía luchando por permanecer de pie, a pesar de su cuerpo deformado que se caía en pedazos.

—Estamos igual. — dijo Lucas, esbozando una débil sonrisa.
La bestia pareció entender, moviendo la cabeza en un leve balanceo, mientras se dejaba caer pesadamente sobre el tejado, donde su cuerpo, encogiéndose cada vez más, volvía a su forma original, o a lo más parecido a ella, considerando lo dañado que estaba. Su piel estaba completamente ennegrecida, y se desprendía en escamas.


—¡Bijou!.— Lucas se acercó, tenía la intención de levantarlo, pero se detuvo al temer que pudiera causarle dolor al tocarlo.


—Odio que tuvieras que verme así. Discúlpame.— dijo Bijou, debilmente, como un murmullo.    

—¿Qué hago? Dime que hacer para ayudarte...— la voz de Lucas se había puesto más aguda, como si estuviera a punto de romperse, con el rostro azorado, lleno de una tierna angustia. Bijou sonrió. Logró hacerlo, aunque eso le causó un dolor terrible.

—Nada. Ya has hecho suficiente.    

—Bijou...  

—Quizá podrías perdonarme algún día. Hice cosas... cosas muy poco amables.


—No, tú no...  

—Ah, pero las hice. Quería poder estar contigo, pero no podrá ser... por esta vez.— Bijou levantó una mano y la apoyó sobre la de Lucas. Este se sobresaltó ante el contacto tan extraño. La piel de Bijou parecía carbón, negra, quebradiza y seca.


—Lo siento. Debo darte asco luciendo así.

—¿Qué dices? Te vez perfecto.— el chico apretó los labios mientras acariciaba el rostro de su amigo. —Sigues teniendo los mismos ojos seductores.


Bijou volvió a sonreir.

—Te amo, Lucas.

Y entonces en un suspiro, el cuerpo de Bijou se desintegró, y las cenizas volaron en el viento.  
—¡Lucas!— volvió a llamarle Ajax, sosteniéndose con las uñas del borde de una de las tejas.  
—Ya te tengo.  
Lucas se deslizó hasta donde estaba el niño y se inclinó para tomarlo, abrazando su torso. Ajax suspiró aliviado, viéndose fuera de peligro, sostenido por su hermano. Pasó las mano al rededor de su cuello para abrazarlo, y entonces notó la herida sangrante que el mordisco del berserker le había dejado en el hombro al muchacho.  
—Estás herido.  
—Si.  
—¿Te duele mucho?
  Lucas había agachado la cabeza, así que Ajax no podía saber por su expresión si le dolía o no. Lucas lo apretó contra él, asegurando su abrazo, con el rostro hundido contra el cuello del niño.  
Lucas estaba sintiendo un dolor que le desgarraba, pero no por la herida, si no por la muerte de Bijou.
  —Vamos. Tenemos que irnos.— dijo de pronto, levantándose con dificultad. Sabía que las fuerzas lo abandonarían por completo en cualquier momento.
  Tomando de la mano a su hermanito, lo guió sobre el tejado de la mansión hasta que llegaron al otro lado, donde esperaba hubiera alguna forma en que pudieran bajar y huir de ahí.
  Pero al igual que desde el balcón, en todas direcciones, lo único que había era el blanco del monstruoso aliento corrosivo envolviendo todo.
La casa se quejó. Repentinamente se sacudió, y un lado comenzó a hundirse. La niebla estaba haciendo lo propio con las estructuras, carcomiéndolas sin detenerse.
    —Bueno, a fin de cuentas terminaremos bajando cuando se desplome del todo.— soltó el muchacho, sintiéndose exhausto.  
Hubo un ruido, como de maderas desgarrándose. Creyó por un momento que se trataba de los mismos movimientos de la casa, pero el sobresalto de Ajax le puso alerta. Al volverse pudo ver como el lobo blanco volvía a trepar por un costado de la mansión, y se encaramaba sobre el techo.  
—Quédate detrás de mí.— le dijo suavemente al pequeño. No había a donde escapar. A los costado y detrás de ellos estaba el vacío, una caída de varios metros hacía la niebla. Y delante estaba la bestia que los amenazaba.  
Así que hasta ahí llegaría, pensó Lucas. Toda una vida escapando y al final terminaría acorralado, sin poder proteger a la persona que más le importaba. Su cuerpo desgastado le exigía que se rindiera, que abandonara la pelea constante e inútil de intentar sobrevivir. La muerte le había perseguido desde hacía tanto tiempo, y ahora por fin estaba a punto de alcanzarlo.  
  —¿Será posible que dejes ir al niño?— preguntó al berserker. Esté le respondió mostrándole los dientes en una mueca que simulaba una especie de sonrisa siniestra.    
—¿No? Me lo imaginaba.—suspiró, fatigado, girando la cabeza un poco para hablar a su hermano —Ajax, cuando lleguemos abajo quiero que corras. Sin importar nada más, corre hacia las montañas con todas tus fuerzas, ahí estarás a salvo de la niebla.-  
  —¿Qué?     En un movimiento veloz Lucas lo levantó en brazos y saltó al vacío.
  El frío profundo los engulló y lo siguiente fue el sonido de sus cuerpos golpeando contra el suelo, o al menos el cuerpo de Lucas, quien había recibido el impacto cayendo de espaldas.
Ajax, que no había recibido daño, protegido una vez más por el cuerpo de su hermano, sentía a Lucas debajo de él, pero no podía verlo, incluso estando tan cerca. La niebla era ya muy espesa y le impedía la visión, era casi como una ceguera que no permitía percibir lo que tenía frente a sus narices. Una ceguera terriblemente blanca.
  El niño se aferró al cuerpo del vago, llamándole, sin recibir respuesta. Lucas le había dicho que corriera. Pero eso le parecía imposible, por que no podía dejar a su hermano ahí.
  —Lucas... por favor.— sollozó, pero se tranquilizó en seguida y trató de respirar profundo, a pesar de lo doloroso que resultaba. —No voy a llorar, te lo prometo. Levántate... por favor.
    Entonces por fin pudo divisar algo. Una especie de pequeña luz azul frente a él, la única cosa visible entre tanta blancura cegadora.  
Ajax, sintiendo curiosidad, estiró la mano hacia la luz y la tomó entre sus dedos. Al tacto se sentía fría, incluso más que la bruma helada que le rodeaba. Teniéndola enfrente de sus ojos la reconoció, se trataba de la pequeña botella con agua, obsequio de Harley.  La había llevado en uno de sus bolsillos durante todo ese tiempo y se había olvidado de ella, y debía habersele caído cuando golpearon contra el suelo.   Y no era que aquella pequeña cosa tuviera importancia alguna, pero Ajax la empuñó con fuerza, aferrándose a ella por que era lo único visible que había alrededor.
Al menos hasta que se percató del rostro del lobo blanco que estaba delante de él. Por alguna razón que no comprendió también podía ver perfectamente al lobo.
Se llenó de miedo ante su presencia, y su primer impulso fue que debía huir, correr lejos de ahí como le habían dicho que hicera. Pero no. No podía hacer eso, irse y a abandonar a Lucas.  Ya no quería volver a separarse de él, ni verlo herido o triste, siempre sacrificándose. Quería hacer algo por él, quería realmente ayudarlo.  
—¡Vete!— gritó, determinado a protegerlo de aquella criatura que se aproximaba a ellos con la mirada encendida.  
—¡No te acerques!—insistió, con desesperación, pero el lobo blanco no daba señal de siquiera escucharlo. —¡Vete! ¡Vete!     Ajax apretó sus pequeños puños con demasiada fuerza y la botella, que aún sostenía, se rompió, haciendo que el contenido se derramará.
El frío del líquido le penetró hasta los huesos, y escurrió de entre sus dedos, esparciéndose sobre el piso y el niño se dio cuenta que ahí donde el agua tocaba, la niebla parecía disiparse.
    En su lugar quedaba un resplandor, casi como luz líquida. Esa misma luminosidad se apoderó del cuerpo del pequeño.  Le causaba dolor, pero poco a poco la sensación fue mermando hasta convertirse en algo más bien agradable, como agua fresca sobre una quemadura, sobre la piel de todo su cuerpo que la niebla había quemado.    De pronto todo malestar que le aquejaba desaparecía,y podía respirar otra vez, y podía ver con claridad a través de la bruma.   Y vio directo al lobo blanco, quien por primera vez parecía estar realmente observando a Ajax.
—¡Vete!— repitió el niño. —Déjanos en paz. Todos ustedes. Dejen de perseguirnos. No quiero que vuelvan a lastimar a mi hermano. No quiero. Vete. ¡Vete!-
El lobo blanco se quedó quieto, escuchando sus palabras. Le contempló un largo rato antes de inclinar la cabeza y darse la vuelta para alejarse hasta perderse de vista.

  Casi al mismo tiempo la niebla al rededor de la casa se desvaneció, y Ajax pudo ver el azul intenso y radiante del cielo matinal, justo antes de que sus ojos se cerraran y él cayera en un profundo y pacífico sueño.
—Duerme bien, lindura. — canturreó Harley, arrodillándose junto a Ajax, acunándolo entre sus brazos.
—¿Qué fue ese resplandor?— la pelirroja giró la cabeza y su mirada se encontró con la del joven lobo al que le había cosido el cuello, Vaizack, quien recién llegaba. Estaba en su forma humana, así que ella pudo ver claramente la línea gruesa violácea y carmesí que cruzaba el cuello del muchacho.
El resto de su piel, blanca como el pelaje del berserker, mostraba múltiples magulladuras y laceraciones a lo largo del cuerpo desnudo. Se percató de que él incluso cojeaba un poco al caminar. Debía haber tenido una dura batalla. Aun que sin duda las había tenido peores.
  —¿Los mataste a todos?— interrogó Harley —Todos esos berserker con los que te enfrentaste para defender a Lucas.
  —No. Yo no era su objetivo, así que se marcharon en cuanto sintieron que él estaba lejos de su alcance. Todavía tienen mucho trabajo que hacer limpiando al mundo. No tienen la necesidad de desperdiciar tiempo persiguiendo a los de su propia clase. Ese resplandor en el niño, esa energía ¿Qué era?  
—Aliento de berserker.— contestó ella.  
—Él no es un berserker.
  —No. No lo es. Fue un regalo de mi parte.
    —No era algo ordinario, ni siquiera para un berserker. Era más profundo y fuerte que cualquier cosa que hubiera sentido antes. No. Ningún berserker que yo conociera tenía una presencia como esa.

  —No, ninguno que tú conozcas. Ninguno que exista sobre este mundo ahora. Ese era el aliento de uno de los primeros berserker creados. Un berserker que no nació de otro como él, si no directamente de la luz de los dioses que los hicieron. Esos primeros berserker que se convirtieron en montañas y vientos hace tanto tiempo que se han olvidado de lo que eran en un principio y por eso nunca volverán a ser lo que fueron.
    —¿Quién eres tú?— inquirió el albino, arqueando las cejas. —¿Cómo es que conoces nuestras historias más antiguas? ¿Cómo podrías poseer tú la escencia de uno de los primeros de nosotros?

  Ella sonrió.
    —He vivido mucho. He conocido muchas criaturas y escuchado muchas historias. También la mía es una estirpe con un pasado remoto. Existimos desde antes de que ustedes nacieran, estuvimos ahí cuando los crearon. Cuando a unos cuantos humanos valientes y aguerridos se les obsequiaron poderes maravillosos y fuerza descomunal, y sus cuerpos fueron cubiertos con pieles de animales, y esos fueron los primeros berserker, con un humilde origen humano. Fue esa misma naturaleza humana, la que, haciéndoles sentirse solitarios, los impulsaba a buscar la compañía de seres que les fueran de agrado, a quienes como ellos, habían dejado de ser simples mortales, y por ello se comprendían mutuamente. Así fue como mi gente hizo amistad con algunos de los primeros de tu especie. Así fue como obtuvimos regalos de ellos, como la escencia de sus poderosos alientos.      
— ¿Los primeros de nuestra especie buscando la compañía de criaturas como las brujas? ¿Los más puros entre nosotros?
    — ¿Eso te decepciona? No hay tal "pureza". Desde el principio tu raza fue la mezcla entre el humano y la bestia. Cuando los berserker perdieron su razón de existir como guerreros protectores del pueblo de sus dioses, se perdieron a si mismos, y por alguna razón decidieron negar la mitad de lo que son, su mitad mortal, obesionándose con ideales de supremacía. Una raza pretendiéndo ser "pura", negando su propio origen, a fin de cuentas, ¿No es eso algo muy típico de un pensamiento humano?. Debe ser ese continuo rechazo hacia lo que ustedes mismos son lo que los ha tenido enloquecidos, ebrios de violencia, destruyéndose entre ustedes mismos.  
—¿Lo que dices es que todo lo que hemos creido desde siempre es una mentira?
  La mujer se encogió de hombros como respuesta. Y Vaizack se quedó muy quieto, observándola, tratando de decifrarla, sin éxito. Las comisuras de los labios del muchacho se tensaron y se relajaron un momento después con un suspiro.
      — No me decepciona. No me importa, en realidad. Son las creencias con las que he vivido desde siempre, pero ya no tienen ningún significado real para mí.     
  Harley asintió, comprensiva y se acercó a él, poniendo en sus brazos a Ajax, quien dormía.  
—Ahora no tiene un lugar a donde ir. Sé que estará a salvo contigo.
  — ¿El aliento de berserker se quedará en él?

  — Es la primera vez que veo a un no-berserker usarlo, así que no lo sé. Yo esperaría que si, con el tiempo. Mientras lo lleve encima lo protegerá.
—Y a mí ¿Qué fue lo que me hiciste?

—¿A tí? Te devolví la vida.
    —Una vida diferente que no me pertenece. No es la vida de un  berserker, por que yo debí haber muerto ese día, tú me quitaste eso y perdí todo lo que solía ser. Dime entonces ¿Qué soy ahora?  
—Oh, cariño, preguntarme eso es como pedirme que viva tu vida por ti.— dijo amable, compasiva. —Ve, y vive y averigua por ti mismo que es lo que eres.  
—¿Por qué me volviste a la vida? Yo morí como un guerrero, en la batalla, era mi destino, y tú, hechicera, me lo arrebataste.  
—Te devolví la vida por que necesitaba que cuidaras de ellos.— explicó Harley, con la mirada clavada en Ajax. —Me pareció un trato justo, pero si tan terrible te parece puedo devolverte a la muerte.  
—¿De qué serviría?— respondió Vaizack, meneando la cabeza con un gesto mínimo. En realidad nada en él, ni su rostro, ni sus palabras reflejaban la menor convicción. No había reproche ni emoción alguna en lo que decía. Hablaba como si todo aquello fuera una historia ajena a él, y por ello no le afectara. —Ya he perdido mi lugar en el eterno descanso de los guerreros.—  
  — Bueno, tienes el resto de tu nueva vida para ganarte ese lugar de nuevo.    
  —Fuiste tú quien puso esas ideas en mi cabeza. ¿No es así? La duda y el conflicto que se apoderaron de mí, todo para poder ayudarlos a ellos. Usaste tu poder para controlar mis pensamientos.

  —Ah, yo no hice tal cosa. Fuiste tú, tus propios pensamientos los que te llevaron a hacer lo que hiciste. Yo no puedo dominar la voluntad de nadie por medio de un hechizo. Lo único que hice fue confiar.— la pelirroja extendió la mano y pasó sus dedos fríos sobre la herida del cuello de Vaizack.—Confiaba en que los protegerías. Estuviste ayudándolos desde que se cruzaron en tu camino. Y confié en que seguirías haciéndolo, por que vi lo que hay dentro de tí. Toda esa confusión que creció en tu mente, las dudas, los pensamientos y emociones que no habías conocido antes. Tú ya estabas cambiando por tu cuenta desde antes de que murieras. Estás conociendo la otra mitad de tu naturaleza, esa reprimida humanidad.  
  Vaizack frunció el ceño, lo que le causó risa a Harley.    
—Por eso no eres como los otros berserker. Por eso no respondes a su llamada, ahora que han vuelto al mundo para purificarlo. Ya no tienes que compartir su destino si no quieres. Eres libre.  
    Al albino tal declaración no pareció causarle mayor impresión. Miró al niño que tenía entre sus brazos y después de nuevo a la mujer.  
—¿Debo hacerme cargo de él?  
—Bueno, ahora mismo eres la única persona en este mundo a quien él conoce. Puedes hacer lo que desees, pero si me aceptas el que te pida un favor: mantenlo a salvo.  
Vaizack posó luego su vista en el cuerpo de Lucas, que yacía en el suelo.  
—Aún no esta muerto.— dijo Harley, mirándolo también. —Pero tampoco puede despertar.  
Vaizack asintió. 
Se giró, y contempló el paisaje. Allá abajo, la ciudad seguía cubierta por el aliento de los berserker, pero la ruta hacia las montañas estaba despejada. Y ese era su camino.

No hay comentarios:

Publicar un comentario