jueves, 3 de enero de 2013

27.- Momento de huir. Momento de confusión.


Era momento de huir. Quería hacerlo. Pero su cuerpo no respondía.
Lucas simplemente se quedó ahí de pie en la calle, sintiendo aquella cosa terrible que se movía a su alrededor.
La neblina se deslizaba por la calle, cubriendo poco a poco cada superficie. Los edificios, el asfalto, los autos, los cuerpos de los humanos asesinados, todo iba quedando poco a poco bajo aquella nube blanca y fría.
Un sonido metalico hizo reaccionar al muchacho. Logró girar la cabeza hacia la fila de vehículos, que rechinaban debilmente, y se movían, temblando, encogiéndose sobre si mismos, como si el metal se estuviera derritiendo y las formas originales de los automóviles desaparecían para dejar sólo masas inservibles de acero y hule.
Otro sonido detrás de él lo hizo volverse. Vio un poste de iluminación que se mecía debilmente hasta desprenderse y caer al suelo. Se acercó para mirar la base del poste. El metal también estaba carcomido. Al igual que el de todos los otros postes en la calle. Los edificios también parecían estar sufriendo por aquella corrosión, oia crujir sus simientos y estructuras, no tardarían en empezar a caerse a pedazos.    Pero, ¿Por qué?, se preguntó Lucas, tratando de llenar de aire sus pulmones comprimidos por el frío.
¿Qué podía estar ocasionando aquella extraña forma de destrucción?
  ¿ Podía ser la niebla? 
Debía ser eso.  Él también estaba empapado en ella, y le causaba un malestar que le escocía la carne.   Miró hacia los cadáveres humanos tirados en la calle. Ya no estaban. En su lugar había montones de ceniza oscura.
Entonces sintió en su espalda un golpe brutal que lo lanzó de frente contra el suelo, e intentó levantarse, pero un peso sobre él se lo impedía.
  Despegó la cara del asfalto, lamiéndose el labio que acababa de reventársele y le sangraba. Entonces alcanzó a ver junto a su rostro la cara blanca de ojos luminosos que le observaba.
La cara del lobo que lo aplastaba impidiéndole moverse.  La adrenalina que sintió al verlo le permitió salir de su estado de atontamiento lo suficiente como para tomar su forma lupina. Sólo así tuvo la fuerza para quitarse de encima al otro.   Lucas se rodó hacia atrás y se puso en pie. De pronto ya no tenía dificultad para respirar ni le ardía la piel.
  El lobo blanco, uno que le era desconocido, se quedó frente a él, observándolo, como si fuera algo muy extraño o muy interesante de ver.
  El muchacho no tenía la certeza de si iba a ser atacado o no, pero para no arriesgarse continuó retrocediendo sin darle la espalda, con el lomo erizado y los labios superiores de su boca ligeramente levantados, mostrando los colmillos. El lobo blanco pareció reaccionar a su postura defensiva y se echó sobre él, tumbándolo en el suelo y mostrándole desafiante la hilera de colmillos afilados de su hocico. 
Y de pronto se levantó y corrió a lo largo de la calle. Lucas se puso de pie y vio que perseguía algo, a alguien. Todavía quedaban algunos humanos vivos y uno acababa de escabullirse por un callejón y el lobo blanco lo había seguido, y sus figuras desaparecieron entre la cortina de niebla.   Lucas se quedó parado ahí sin poder ver, oir u olfatear nada más allá de él mismo. Era como si la niebla que ya cubría todo a varios metros de altura, fuera una barrera que obstruía sus sentidos.
  Aún así, convertido en lobo le era mucho mas fácil avanzar, y lo hacía con cautela, quedándose quieto de tanto en tanto sólo para verificar que no lo seguían.
Su preocupación mayor habían dejado de ser los lobos, aún los blancos, más luego de que el último hubiera preferido una presa humana. Le abría podido matar tan facilmente, que apenas podía creer que siguiera con vida.
De todas formas, aún cuando lo atacara cualquier otro lobo, el pensamiento que le causaba temor, de manera casi irracional era verse acorralado por cazadores de House of Sound.  
El temor se acrecentaba a medida que se acercaba más al edificio de la compañía. Había luchado tanto para alejarse de aquel lugar, y ahora corría directo a él. La niebla se hacía más ligera conforme avanzaba hacía el centro de la ciudad, así que podía casi distinguir las siluetas de algunos rascacielos a lo lejos, hasta que finalmente pudo verlo claramente. El edificio alto, de fachada sencilla, con un gran letrero de letras redondeadas que ponía: House of Sound Inc. a la vista.
  Lucas frenó, y trató de ignorar el escalofrío que le recorrió la espina al pensar en acercarse más. Miró hacía atrás. La bruma seguía avanzando lentamente, pero aún no había llegado a la parte central de la ciudad. Una vez libre de ella se sintió mejor, su cuerpo volvió a calentarse y recuperó la claridad de sus sentidos. Aun así el aroma de Ajax resultaba imperceptible en medio de aquella vorágine de esencias que le distraían tan fácilmente.   ¿Por donde comenzar a buscarlo?  ¿ Seguía con vida? En medio de aquella locura, si Ajax estaba ahí, ¿ Podría seguir vivo? 
 Ese pensamiento le hizo estremecerse de horror.  Si alguna de esas bestias lo encontraba antes que él... la imagen de los restos del niño fundiéndose bajo aquella niebla lo inundó de terror.   ¿Por qué se lo había llevado el lobo blanco? ¿Para qué?   Si quería matarlo podía haberlo hecho en cualquier lugar, no tenía que traerlo precisamente a la ciudad de donde se habían escapado. Así que probablemente no quería matarlo. Y tal vez, ya que el albino  había estado cuidando de Ajax quizá lo seguiría haciendo. No entendía en absoluto su comportamiento, pero Lucas quizo aferrarse a esa idea. Ajax debía seguir con vida. Debía ser así.
  La neblina seguía avanzando hacia él, así que el lobo vago continuó moviéndose hacia adelante, para evitar verse envuelto en ella de nuevo.   Clavó la vista en el único lugar que todavía emitía luz eléctrica, que era la torre de House of Sound.             

    -¿Qué es eso?- preguntó la voz entrecortada de Bijou, así que la bruja, en el cuerpo de Goddard se volvió para mirarlo.   Desde donde estaban, en la terraza del edificio, podía apreciarse el océano de oscuridad en el que se había convertido la ciudad. Aún así la bruma blanca que lo cubría todo parecía no verse afectada por la oscuridad, si no que relucía una blancura perfecta y brillante.
  -Son los lobos de manto blanco.- respondió ella mirando al horizonte. -Están purificando el mundo.-
  -¿Purificando? ¿Con esa niebla?-
  -Es el aliento de los lobos primigenios, Bijou LeClair. Es la esencia del poder que sus dioses pusieron en sus cuerpos, y que juzgará y destruirá todo lo que consideran corrupto y malvado.- 
-Bien. Afortunadamente no creo en dioses.-
-Oh... - ella ladeó la cabeza y suspiró.-Aun así te conviene quedarte lejos de ese vaho.-
Bijou echó una mirada a su alrededor. Toda la ciudad estaba sitiada por aquella cosa.
  -¿Que pasaría si me le acercara demasiado?-
-Serías juzgado por la conciencia de los berserker. Su conciencia colectiva reunida en esa niebla que destruye lo que es sucio y malvado. Y si piensan que mereces un castigo, te lo darán, probablemente privándote de tu vida.-
  -Esa cosa es...¿La conciencia de los lobos?-
Ella asintió.
-¿De qué forma puede matar? ¿Es... algún tipo de veneno?-
  La bruja sonrió, curvando los labios sobre la piel que había tomado ya una consistencia tersa y joven.
  -Podría envenenarte, supongo que si.-   -Ah. Pues va a resultar difícil mantener a raya a algo que se mezcla con el aire.-    
Unos disparos cercanos rompieron su momentánea calma. Al mirar hacia abajo pudieron distinguir la movilización de un grupo de cazadores disparando contra algo que se movía en la oscuridad.   El brillo de una bengala reveló la forma enorme de un lobo blanco. 
El escuadrón de cazadores quedó deshecho en cuestión de minutos. Sólo en ese momento, en que lo vio con sus propios ojos, Bijou comprendió del todo que sus cazadores no podían competir con la fuerza de aquellos monstruos albinos. 
-Suéltenla ahora.-   murmuró por el auricular del móvil, sin dejar de observar como el licántropo se movía entre los cadáveres, como si quisiera asegurarse de que en ninguno de ellos quedaba rastro de vida.   Y estaba solo a unos metros de distancia de la entrada del edificio. Si llegaba, si lograba penetrar, probablemente no tendrían forma de detenerlo.   En un costado del edificio, los portones de la zona de carga y descarga se abrían, dejando en libertad a otra criatura terrible.
  Desde donde estaban, Bijou y la bruja no pudieron verla en seguida, pero la escucharon, sus gritos, un potente sonido producido por un órgano que se había quedado a la mitad de algo humano y algo bestial, resultaba horrendo y lastimoso de escuchar.
  Bijou se inclinó un poco más sobre el barandal intentando verla. Y de pronto ahí estaba, Cheryl Thompson convertida en una criatura enorme, cubierta con pelambre negro y con patas largas y deformes que se escurrían por debajo de su figura. Aun así se movía con mucha agilidad.
  Parecía estar desorientada, iba de un lado al otro, emitiendo sus tristes chillidos, sin poder penetrar con la mirada en la oscuridad que le rodeaba, pero escuchaba. Podía oír que había algo moviéndose en las sombras, y se sintió inquieta y rabiosa, pero no lo suficiente como para ir a perseguirlo.
-Ah, esa cobarde criatura...- masculló Bijou, tomando de nuevo el móvil entre sus manos. -Utilicen los choques eléctricos.-
Dentro del cuerpo de la criatura se habían instalado varios dispositivos que les permitía mantener el control sobre ella.   Impulsos eléctricos en distintas zonas, que dependiendo de la intensidad la obligaban a moverse o la inmovilizaban. Y varias cargas de explosivos, por si debían deshacerse de ella de manera rápida y efectiva.
Una potente descarga eléctrica hizo que Cheryl saltara hacia adelante y empezara a caminar hacia la zona oscura a la que le temía, y en cuento se detuvo un nuevo choque eléctrico la obligo a continuar. De pronto una de las bestias blancas cayó sobre ella.   A pesar de ser un lobo tan grande, su tamaño no podía competir con el de Cheryl. 
Ella sacudió una de sus largas patas y logró sacarse al berserker de la espalda, aplastándolo contra el concreto. El lobo se quejó, pero en seguida volvió el hocico, hundiendo los colmillos en la piel nudosa y escamosa de la pata gigante que lo sostenía. Otro berserker apareció en escena, mordiendo un costado Cheryl, y un tercero se le hecho sobre el lomo. Ella gritó, adolorida. Los lobos chillaron también. La sustancia venenosa que ella secretaba parecía estarles haciendo efecto, pues ya comenzaban a soltarla, y daban arcadas, como si trataran de escupir lo que habían probado.
  -Si tu criatura falla, ¿Cuál es la siguiente linea de defensa, Bijou LeClair.- soltó la bruja, con un poco de burla entretejida en sus palabras. -¿Cuál seria tu siguiente movimiento?-
-Abandonar el lugar.-        



  Cuando Vaizack se acercó a una cuadra de distancia del edificio  pudo observar como lobos blancos como él, peleaban con una criatura enorme de color negro. No tenía la menor idea de que cosa era aquello, pero el olor  sucio y un poco descompuesto se parecía bastante al del cuerpo humano.   Además de aquello, había varios escuadrones de cazadores preparados al rededor de todo el edificio de House of Sound.
  No temía enfrentarse a ellos por su número, pero se tardaría mucho más si debía pelear con ellos, y eso pondría en alerta a la gente dentro del edificio, y enviarían más cazadores. Pero esperaba poder saltar todo eso.
La presencia de otros berserker era una buena distracción y él sólo tenía que encontrar la manera de acercarse a la entrada principal y echar abajo la puerta, que era de cristal, y a la que habían reforzado con una persiana de hierro. Eso no era ningún obstáculo para él. Mientras pensaba en ello, sintió a alguien que se acercaba por detrás. Alguien humano. Un cazador, seguramente. Lo confirmó cuando le dispararon. Vaizack se echó hacia un lado, se giró y saltó en dirección del atacante. Un par de balas se incrustaron en su abdomen, pero eso no lo detuvo. El lobo estiró una zarpa en dirección del cazador y el arma quedo reducida a rebanadas de metal. Se disponía a darle el golpe mortal al hombre, cuando por detrás le lanzaron varias cadenas que se le enredaron en el cuello y los brazos.
Eran cadenas muy fuertes para romperlas, pero la fuerza de los humanos que las sostenían no era nada para Vaizack, quien tomando las ataduras, las jaló hacia él, y dos hombres más cayeron a sus pies. Aprovechó el momento para aplastarles las cabezas, y luego se volvió hacia el otro, el que le había disparado. El cazador ya se había puesto en pie y empuñaba una espada larga con un filo brillante y pulido, pero Vaizack se lo arrancó de las manos con un zarpazo y luego jaló de la cintura al hombre y lo sostuvo como si fuera un simple muñeco, inspeccionando con detenimiento el cinturón.
Había tres granadas de mano en él. Eso le sería suficiente para entrar al edificio. Debía hacerlo rápido. Esa urgencia incomprensible que tenía de encontrar al niño se lo estaba exigiendo. El hombre forcejeó, intentando llevar una mano hacia alguna de las armas que aun llevaba en el cuerpo, entonces el lobo le jaló el brazo, arrancándoselo.
El cazador gritó por el dolor, pero la pata enorme que lo sostenía en el aire le cerró la boca, mientras que la otra garra iba al cinturón y activaba las granadas. Las tres a la vez. En seguida Vaizack lanzó al hombre por el aire, y este, ahora convertido en una bomba humana, cayó cerca de la entrada del edificio. La explosión causó un gran estruendo y levantó una nube de polvo y pedazos de escombro que caían por todos lados.
Vaizack se lanzó directo hacia la nebulosa de polvo. Alcanzó a distinguir la entrada, la explosión no la había dañado, pero aún podía tirarla él mismo. Algo lo golpeó desde arriba. Una cosa pesada que lo tumbo en el suelo. Al mirar hacia arriba pudo ver entre el polvo que aún no se dispersaba, la silueta del monstruo negro que lo detenía con una de sus patas, pisándolo. La enorme bestia negra gritó, enfurecida por la explosión que la había asustado, en realidad ella no estaba consciente de que había atrapado a alguien bajo sus patas, hasta que Vaizack intento liberarse, mordiéndola.  Cheryl se quejó, dejando caer todo su peso sobre Vaizack, y acercando una cavidad deforme, que debía ser la boca, llena de pequeños dientes irregulares y una lengua bifurcada y viscosa de olor hediendo. Intentó morder a Vaizack, pero entonces otro de los berserker, que habían retrocedido momentaneamente por la explosión, volvió a atacarla, mordiendo de nuevo su lomo, haciéndola sangrar. En seguida los otros berserker estaban encima de ella otra vez, arrancándole pedazo a pedazo, hasta que la hicieron caer.
Vaizack se levantó y corrió hacia la puerta, golpeándola con el costado. La cortina de acero se abolló, con el primer golpe. El lobo continuó golpeando. Su cuerpo duro terminó por romper la cortina y la puerta de cristal que protegía, y la entrada quedó libre. En ese momento una alarma comenzó a sonar dentro del lugar.
Vaizack recorrió el vestíbulo, olfateando el suelo como un sabueso. El olor del pequeño era muy tenue, pero podía seguirlo con claridad, y tal como lo había pensado, esa pista lo llevaba hacia los laboratorios ocultos bajo tierra, a los que él no tenía acceso.
  La puerta se abría por medio de códigos que se ingresaban en un pequeño teclado incrustado en la pared. Lo golpeó con sus garras, arrancándolo, pero eso no hizo que la puerta se abriera.   Vaizack pegó el hocico en la puerta de entrada a los laboratorios. Estaba hecha un metal muy sólido, de un metro de espesor. Incluso para él con su fuerza conseguir abrirla supondría un esfuerzo enorme y mucho más tiempo del que tenía. Con las alarmas sonando, los cazadores no tardarían ni un minuto en estar ahí.
Trató de mantenerse concentrado, pensando en alguna forma de lograr bajar. Y la encontró justo encima de él.   En el techo había una pequeña reja del ducto de ventilación.
De un salto se colgó de ella y arrancó la rejilla. Miró dentro del ducto, el espacio reducido, donde su cuerpo de lobo no cabría.    Tuvo que dejar que volviera a su estado humano, y aún así, con su complexión delgada y pequeña, tuvo problemas para acomodarse dentro del tubo y deslizarse a través de él.   Podía sentir las corrientes de aire traerle el aroma de Ajax. Estaba bastante lejos, pero no tendría problemas en localizarlo.         Las alarmas en todo el edificio se dispararon, lo que significaba que algún intruso había conseguido entrar al edificio. Bijou entendió entonces que era momento de huir.



Era un momento de confusión. Una explosión muy fuerte justo frente a la entrada del edificio. Desde donde estaban, Bijou y la bruja alcanzaron a ver la polvareda que se había levantado. Los lobos blancos retrocedieron momentáneamente por el ruido, y Cheryl, asustada, atrapada en la nube de polvo, gritaba con desesperación.

Momentos después las alarmas sonaban.

-Ya consiguieron entrar.- musitó Bijou, aún que realmente no había captado el momento en que alguien se acercara a la entrada.

-¡Maldita sea!- gritó, golpeando con el puño cerrado la barandilla, y dándose la vuelta, yendo hacia las escaleras. -Hay que irnos.-

La bruja miró hacia abajo una vez mas. Había pedazos de escombros por toda la calle. El monstruo negro había caído,y estaba siendo despedazado, la niebla se movía al rededor del edificio y podía sentir una gran cantidad de berserker acercándose más a cada momento. Muy pronto toda la ciudad estaría completamente cubierta. Dirigió su vista al horizonte, hacia donde sabía, aún que no podía verla en la oscuridad, que se levantaba la mansión de Goddard, deseando que el encierro bajo el que estaba su lobo también sirviera para protegerlo.



Bijou bajó las escaleras de la terraza, y su secretaria fue a su encuentro.

-Señor, no baje ahora. Hay intrusos en el edificio.-

-Si, y si lograron entrar nada les impedirá llegar hasta aquí en cuestión de minutos.- mientras hablaba miró a Goddard, que venía detrás de él, a paso lento, y luego se volvió de nuevo a la secretaria -Ven.-

El joven hombre entró a la oficina de Goddard y se dirigió hacia uno de los pilares de las paredes, donde presionó una pequeña parte, que parecía lisa, y que se hundió como un botón. En seguida una sección de la pared se deslizó, dando paso a un pasillo largo.

-Goddard puso esto aquí en caso de emergencia. Vamos, entren.-

Entraron al pasillo, Bijou de último, haciendo que el panel de la pared se cerrara detrás suyo.

-¿A dónde lleva este pasillo, señor?- preguntó la secretaria, caminado detrás de Bijou. Un poco más adelante el pasillo terminaba y comenzaban unas escaleras que descendían.

-Hacia abajo y hacia afuera, por su puesto.- respondió Bijou.

Mientras bajaban apresuradamente por la escalinata las luces fallaron de nuevo, haciendo que el edificio quedara sumido en la completa oscuridad.



Vaizack se dejó guiar por el olor de Ajax a través del intrincado laberinto que eran los ductos de ventilación, y a medida que bajaba más, descendiendo a los laboratorios subterráneos, los tubos se iban estrechando, dificultándole moverse.

Calculaba que debía estar en el décimo piso de la estructura subterránea, aun que en realidad nunca había tenido la oportunidad de recorrer aquellas instalaciones. Lo habían llevado a uno de los primeros pisos cuando se presentó como aspirante a cazador. Le hicieron un examen médico, algo demasiado simple e insuficiente como para descubrir su verdadera identidad, y lo enviaron lejos, a un campo de entrenamiento.

Había vuelto muy pocas veces a ese edificio luego de eso. Aún así tenía una idea clara de lo que pasaba en ese lugar.

"Experimentos". Es lo único que les decían sus superiores si alguno llegaba a preguntar.

Experimentos de muerte. Vaizack lo sabía por que podía olerlo, y sentirlo.

Rara vez alguna de las criaturas a las que usaban para experimentar volvía a salir vivo. Algunos podían sobrevivir mucho tiempo en aquel lugar, aun que padeciendo horrendos dolores.

Lobos, humanos, animales y otros seres.

Sus olores mezclados en el aire llegaban a través de los ductos hasta su nariz.

Olor a miedo y sufrimiento. Y el olor del niño.

Estaba cerca. Se aproximó a una rejilla de ventilación y la empujó, pero estaba atornillada. No podría abrirla desde dentro de los ductos si no era con fuerza bruta.

Se transformó de nuevo y el peso, y el tamaño de su cuerpo rompieron por si solos el tramo de tubo y cayendo al piso, en medio de un pasillo oscuro.

Una curiosa lucha interna se desató dentro de su cabeza por un momento, pues al liberar su estado de bestia volvió a sentir el impulso de salir en busca de los otros berserker que estaban tan cerca. Pero se detuvo. Tenía algo que hacer ahí, y debía terminarlo. Esa sola idea parecía más lógica y más poderosa que su instinto. Y no comprendía porqué.

Sacudió la cabeza y observó al rededor.

Había dos puertas, una a cada lado del corredor. Sin guardias. Tres puertas más estaban apostadas a cada lado.

Olisqueó el aire y luego el piso, buscando de nuevo la pista que seguía.

Se acercó a una de las puertas y tuvo que romperla, pues estaba cerrada.

Un nuevo corredor se abrió ante él. Largo y oscuro. Más puertas a cada lado. Detrás de algunas de ellas había prisioneros. Algunos de ellos se alborotaron al sentir la presencia del berserker. Y Vaizack escuchó sus voces asustadas.

Ajax debía estar más adelante, tras una de las puertas del fondo.

El suelo tembló. Las estructuras del edificio debían estarse debilitando por la niebla de los berserker. Tardaría poco tiempo en destruirse por completo. La niebla podría colarse por la ventilación y dañaría los pisos subterráneos. Todo iba a colapsar. Todas las criaturas atrapadas ahí abajo terminarían aplastadas.

 Debía darse prisa, él no podía compartir ese destino. No deseaba morir de nuevo. No aún.

Encontró la puerta de Ajax, bastante gruesa, pero no lo suficiente como para dificultarle el romperla, así que probablemente aquellos cubículos no estaban planeados para encerrar licántropos.

Al mirar dentro pudo distinguir una figura pequeña encogida sobre una cama de metal, contra la pared.

El niño levantó el rostro y le contempló, entre asustado y sorprendido.

-Hola.- gruñó Vaizack, y en seguida Ajax se lanzó hacia él, abrazándole, limpiando su rostro húmedo en la suave melena del cuello del lobo blanco.

-Eres tú. ¿Verdad?- chilló el pequeño, sin soltarle. - ¿Por qué me dejaste aquí? ¿Vas a llevarme con mi hermano?-

Vaizack no lo sabía. No sabía que era lo que haría  No sabía con seguridad por qué estaba ahí.

Había tenido en la mente sólo la idea fija de llegar hasta ahí y entregarle a Ajax el pequeño silbato que le pertenecía. Pero si dejaba al niño en aquel lugar moriría con seguridad en cuestión de minutos.

No le gustaba la idea de que eso ocurriera. Le agradaba el niño, lo suficiente como para evitar su muerte si podía hacerlo.

De pronto se dio cuenta que el verdadero propósito de haber llegado hasta ahí era en realidad el de llevarse al niño.

El edificio volvió a temblar, sacudiendo las paredes, así que Vaizack sacó al niño de la celda, y le empujó suavemente para indicarle que debían irse cuanto antes.

Pero los chillidos y gritos de las otras criaturas encerradas saturaron en aire con su pánico,y el crío al escucharlos se detuvo, con una extraña expresión de angustia en el rostro.

-Están atrapados también. No podemos dejarlos.- dijo de pronto, girándose hacia el lobo blanco.

Pero Vaizack ignoró el comentario y se aproximó a la puerta.

-¡Por favor!- imploró Ajax.

Un nuevo temblor lo hizo pegarse a la pared para sostenerse en pie, y luego un horrísono chirrido, de metal doblándose y desplomándose opacó los gritos de las criaturas.

-¡Hay que sacarlos! ¡Por favor!- insistió Ajax.

-Me parece que no hay tiempo para eso. De todas formas, cualquiera de esas criaturas te devorarían en cuanto le dejaras libre, Ajax.- dijo alguien detrás de Vaizack, en la puerta del pasillo.

Era Bijou.

-Si no quieres morir aquí, con todos ellos, ven conmigo.-

-N-no.- el niño se movió hasta quedar detrás de Vaizack.

-Oh. Eres el mismo lobo blanco que se hizo pasar por uno de mis cazadores. ¿No? Tú trajiste a Ajax hasta mi, y ¿Ahora vuelves para llevártelo? Apártate, antes de que no pueda controlar mi apetito...-

Vaizack emitió un suave gruñido, mostrando los dientes.

-¿De verdad quieres pelear ahora? No hay tiempo para eso.-

Un nuevo temblor hizo que partes del techo empezaran a desprenderse y caer sobre ellos.  Un nuevo sonido escalofriante capto la atención de todos. Algo como un siseo alto y agudo.

Al mirar hacia atrás, en la oscuridad, los ojos de Vaizack pudieron distinguir una figura larga y voluminosa que se arrastraba en dirección a ellos en medio del polvo de los escombros.

Luego hubo un grito, y un nuevo temblor sacudió con tanta fuerza el piso que fue imposible mantenerse en pie en ese que era un momento de confusión.

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