domingo, 27 de enero de 2013

Bloqueo justo ahora que estamos en el final

Estoy a un capítulo de finalizar esta historia. Creí que podría terminarlo en diciembre del año pasado, y al fin concluir esto que he tenido en espera por tantos años.
Pero por un montón de cuestiones que afectaron mi estado de ánimo no pude acabar en la fecha en que me lo propuse.
Luego empecé este nuevo año con toda la actitud de acabarlo, pero ¡no puedo! Me está costando mucho encontrar la manera de cerrar la historia, estoy casi a punto, aún así tengo miedo de que lo que escriba no sea lo suficientemente bueno para compensar todo lo que se ha hecho esperar.
Pero estoy llegando al punto de que ya no me importa si no es algo grandioso, mientras pueda finalizarlo ya.
Así que intentaré terminar hoy el borrador y lo dejaré en paz por una semana. Quizá entonces esté en más condiciones de dejar este último capítulo en un nivel no tan decepcionante.
También tengo escritas dos pequeñas historias aparte, y estoy pensando usar algunos fragmentos que no incluiré en el capítulo final para hacer otra mini-historia extra. Así que si, falta el capítulo final, pero abrá algo extra, y quizá, quizá siendo super optimista pueda incluir algún otro dibujo.

32.- Su camino

Era su camino. El dejarse absorber por la niebla, esperando tener la fuerza para cruzarla antes de que Ajax muriera sofocado por ella.   Era la única vía hacia la libertad, hacia la vida.
Todo el tiempo que había pasado con Ajax se reducía a eso a fin de cuentas. A luchar por mantenerlo vivo.

—Ajax, toma aire y aguanta la respiración todo lo que puedas.    

El niño obedeció. Llenó sus pulmones, cerró los ojos y dejó que su frente se apoyara contra el pelaje oscuro del lomo de Lucas, que no era suave, al contrario, se sentía áspero, y olía como un animal sucio y mojado, pero le resultaba tremendamente agradable, y pensó, mientras el lobo corría a través de la cortina de niebla, que no podía haber mejor lugar en el mundo para estar que sobre la espalda de su hermano, sin importar lo que pasara al rededor. Estaba con él.  



   
Su cabeza golpeó contra algo duro, lo que le hizo despertar. Ajax abrió los ojos. Estaba tendido sobre un piso de madera, en una habitación grande de  ventanas largas que llegaban hasta el techo y paredes con papel tapiz.

Tosió, y un dolor agudo le caló desde la garganta hasta el pecho. Al menos todavía se podía respirar en la habitación, a pesar de que la neblina ya cubría todo el suelo como una alfombra. El niño ya ni siquiera sentía como se le escaldaba la piel pues tenía el cuerpo demasiado entumecido. Lo único que le decía que se estaba quemando era el ver como su piel, antes enrojecida, se tornaba ahora de un color violeta.  

—Ajax... Ajax...  

Ajax giró la cabeza y vio al lobo Lucas, quien le había estado llamando repetidamente, pero su voz parecía un eco distante, y Ajax logró captarlo sólo cuando su hermano se paró a su lado.  

—Levántate.— dijo el lobo, ayudándolo a ponerse de pie. Al mirar al otro lado de la habitación, el niño supo que el agujero en las maderas rotas del piso era por donde habían salido del túnel. La niebla surgía del agujero, pero también se colaba por los bordes de las ventanas, oscureciendo y volviéndo cenizas lentamente todo lo que tocaba.  
Al lado de la abertura estaba tendido el cuerpo largo e interte del monstruo Bijou.   

—¿Está muerto?— preguntó el niño.  

Lucas dio un paso adelante, dispuesto a averiguarlo, y deteniéndose al instante cuando el sonido de un cristal rompiéndose le hizo dirigir su atención a las ventanas.
Había un berserker ahí, parado sobre la alfombra de niebla. Se sacudió, para sacarse del pelaje los trozos de vidrio, y luego se movió en dirección a ellos,muy lentamente.
   
No era el lobo blanco de Ajax.  

Lucas retrocedió, y eso pareció enfadar al berserker quien cambió en un segundo de su actitud pasiva a la bestia feroz que realmente era, arrojándose sobre el lobo vago.
Pero algo lo detuvo en el aire, el golpe poderoso de un coletazo que Bijou acababa de propinarle.  
Lucas observó pasmado como el lobo blanco salía despedido a través de la misma ventana por la que había entrado, pero eso le sorprendía aún menos que el hecho de ver a Bijou de pie, aunque se notaba que apenas podía sostenerse.
 
—Bijou.

La bestia emitió un sonido bajo, más parecido a un tosco ronroneo que a un rugido, y luego se giró hacia la ventana.  
Lucas comprendió que no podía perder tiempo pues el lobo blanco volvería a entrar. Tomó a Ajax y corrió fuera de la habitación, haciéndole subir por la escalera, que rechinó y empezó a desarmarse a cada paso que daban sobre ella.  
Lograron llegar al segundo piso, y desde ahí escucharon los gritos y gruñidos, los golpes de la lucha que acababa de desatarse en el piso debajo de ellos entre el berserker y Bijou.   

—Sigue corriendo.— le indicó Lucas al crío, jalándolo por las escaleras hasta un tercer piso, que era el último. Siguieron por un largo corredor, hasta el final de este, que terminaba en un balcón circular con un barandal tallado en piedra.
Al mirar hacia abajo sólo se podía ver un mar de perfecta blancura extendiéndose hasta el horizonte. Ninguna salida posible.

Lucas se encaramó sobre el barandal, y extendió una garra hacía Ajax.  

—Ven. Sujétate de mi.  

—A...¿A dónde vamos?.   

—Al techo. Quizás podamos bajar por el otro lado.
 
—¿Quizás?  

—Vamos, no hay tiempo. Confía en mí.

Ajax tomó la zarpa que su hermano extendía hacia él, y se acomodó entre los brazos de Lucas, quien de un saltó consiguió sujetarse de la cornisa.

—Si confío en ti.— murmuró Ajax, abrazado a él. —Pero... tengo miedo.  

El lobo trepó por sobre las tejas, hasta llegar al punto más alto del tejado. Las ráfagas de aire frío le golpeaban la espalda, y Lucas tuvo la sensación de que ese frío lograban traspasar su piel, hasta su pecho.

—Yo también tengo miedo.— confesó.

El niño se acurrucó contra su cuerpo, y entonces notó como el frío que se le había metido en el pecho, luchaba contra el calor de Ajax abrazado a él. 


—Escucha. Vas a tener una vida larga y feliz. Pase lo que pase.

—¿Eh?

—Te lo prometo, Ajax. Una vida muy larga y muy feliz, me aseguraré de eso.

Los pies del crío se resbalaban sobre las tejas lisas.De pronto empezó a caer y Lucas no pudo detenerlo por que de la nada había aparecido el berserker, como una sombra blanca, echándose sobre Lucas. 

—¡Lucas!— gritó el crío, intentando detenerse de lo que tenía a la mano para evitar caerse.  

—¡Sostente, Ajax! ¡Aghhh!

El berserker le hincó los dientes en el hombro y al instante el muchacho perdió toda su fuerza, junto con la magia de Harley que se disipaba. Todo lo que quedó fue el mismo cuerpo humano endeble que apenas podía moverse. 


—Sucio.— dijo el lobo blanco, mirando a Lucas con asco y aversión. —Que repungante criatura eres.

—¡Lucas!— volvió a gritar Ajax. Y por segunda vez el berserker fue golpeado y lanzado hacia abajo, hacia la niebla en la que se perdió su figura que destellaba con el mismo blanco sobrenatural. 


Lucas levantó la cabeza, sin poder reprimir una expresión de sorprendido alivio.

Ahí frente suyo estaba Bijou, todavía luchando por permanecer de pie, a pesar de su cuerpo deformado que se caía en pedazos.

—Estamos igual. — dijo Lucas, esbozando una débil sonrisa.
La bestia pareció entender, moviendo la cabeza en un leve balanceo, mientras se dejaba caer pesadamente sobre el tejado, donde su cuerpo, encogiéndose cada vez más, volvía a su forma original, o a lo más parecido a ella, considerando lo dañado que estaba. Su piel estaba completamente ennegrecida, y se desprendía en escamas.


—¡Bijou!.— Lucas se acercó, tenía la intención de levantarlo, pero se detuvo al temer que pudiera causarle dolor al tocarlo.


—Odio que tuvieras que verme así. Discúlpame.— dijo Bijou, debilmente, como un murmullo.    

—¿Qué hago? Dime que hacer para ayudarte...— la voz de Lucas se había puesto más aguda, como si estuviera a punto de romperse, con el rostro azorado, lleno de una tierna angustia. Bijou sonrió. Logró hacerlo, aunque eso le causó un dolor terrible.

—Nada. Ya has hecho suficiente.    

—Bijou...  

—Quizá podrías perdonarme algún día. Hice cosas... cosas muy poco amables.


—No, tú no...  

—Ah, pero las hice. Quería poder estar contigo, pero no podrá ser... por esta vez.— Bijou levantó una mano y la apoyó sobre la de Lucas. Este se sobresaltó ante el contacto tan extraño. La piel de Bijou parecía carbón, negra, quebradiza y seca.


—Lo siento. Debo darte asco luciendo así.

—¿Qué dices? Te vez perfecto.— el chico apretó los labios mientras acariciaba el rostro de su amigo. —Sigues teniendo los mismos ojos seductores.


Bijou volvió a sonreir.

—Te amo, Lucas.

Y entonces en un suspiro, el cuerpo de Bijou se desintegró, y las cenizas volaron en el viento.  
—¡Lucas!— volvió a llamarle Ajax, sosteniéndose con las uñas del borde de una de las tejas.  
—Ya te tengo.  
Lucas se deslizó hasta donde estaba el niño y se inclinó para tomarlo, abrazando su torso. Ajax suspiró aliviado, viéndose fuera de peligro, sostenido por su hermano. Pasó las mano al rededor de su cuello para abrazarlo, y entonces notó la herida sangrante que el mordisco del berserker le había dejado en el hombro al muchacho.  
—Estás herido.  
—Si.  
—¿Te duele mucho?
  Lucas había agachado la cabeza, así que Ajax no podía saber por su expresión si le dolía o no. Lucas lo apretó contra él, asegurando su abrazo, con el rostro hundido contra el cuello del niño.  
Lucas estaba sintiendo un dolor que le desgarraba, pero no por la herida, si no por la muerte de Bijou.
  —Vamos. Tenemos que irnos.— dijo de pronto, levantándose con dificultad. Sabía que las fuerzas lo abandonarían por completo en cualquier momento.
  Tomando de la mano a su hermanito, lo guió sobre el tejado de la mansión hasta que llegaron al otro lado, donde esperaba hubiera alguna forma en que pudieran bajar y huir de ahí.
  Pero al igual que desde el balcón, en todas direcciones, lo único que había era el blanco del monstruoso aliento corrosivo envolviendo todo.
La casa se quejó. Repentinamente se sacudió, y un lado comenzó a hundirse. La niebla estaba haciendo lo propio con las estructuras, carcomiéndolas sin detenerse.
    —Bueno, a fin de cuentas terminaremos bajando cuando se desplome del todo.— soltó el muchacho, sintiéndose exhausto.  
Hubo un ruido, como de maderas desgarrándose. Creyó por un momento que se trataba de los mismos movimientos de la casa, pero el sobresalto de Ajax le puso alerta. Al volverse pudo ver como el lobo blanco volvía a trepar por un costado de la mansión, y se encaramaba sobre el techo.  
—Quédate detrás de mí.— le dijo suavemente al pequeño. No había a donde escapar. A los costado y detrás de ellos estaba el vacío, una caída de varios metros hacía la niebla. Y delante estaba la bestia que los amenazaba.  
Así que hasta ahí llegaría, pensó Lucas. Toda una vida escapando y al final terminaría acorralado, sin poder proteger a la persona que más le importaba. Su cuerpo desgastado le exigía que se rindiera, que abandonara la pelea constante e inútil de intentar sobrevivir. La muerte le había perseguido desde hacía tanto tiempo, y ahora por fin estaba a punto de alcanzarlo.  
  —¿Será posible que dejes ir al niño?— preguntó al berserker. Esté le respondió mostrándole los dientes en una mueca que simulaba una especie de sonrisa siniestra.    
—¿No? Me lo imaginaba.—suspiró, fatigado, girando la cabeza un poco para hablar a su hermano —Ajax, cuando lleguemos abajo quiero que corras. Sin importar nada más, corre hacia las montañas con todas tus fuerzas, ahí estarás a salvo de la niebla.-  
  —¿Qué?     En un movimiento veloz Lucas lo levantó en brazos y saltó al vacío.
  El frío profundo los engulló y lo siguiente fue el sonido de sus cuerpos golpeando contra el suelo, o al menos el cuerpo de Lucas, quien había recibido el impacto cayendo de espaldas.
Ajax, que no había recibido daño, protegido una vez más por el cuerpo de su hermano, sentía a Lucas debajo de él, pero no podía verlo, incluso estando tan cerca. La niebla era ya muy espesa y le impedía la visión, era casi como una ceguera que no permitía percibir lo que tenía frente a sus narices. Una ceguera terriblemente blanca.
  El niño se aferró al cuerpo del vago, llamándole, sin recibir respuesta. Lucas le había dicho que corriera. Pero eso le parecía imposible, por que no podía dejar a su hermano ahí.
  —Lucas... por favor.— sollozó, pero se tranquilizó en seguida y trató de respirar profundo, a pesar de lo doloroso que resultaba. —No voy a llorar, te lo prometo. Levántate... por favor.
    Entonces por fin pudo divisar algo. Una especie de pequeña luz azul frente a él, la única cosa visible entre tanta blancura cegadora.  
Ajax, sintiendo curiosidad, estiró la mano hacia la luz y la tomó entre sus dedos. Al tacto se sentía fría, incluso más que la bruma helada que le rodeaba. Teniéndola enfrente de sus ojos la reconoció, se trataba de la pequeña botella con agua, obsequio de Harley.  La había llevado en uno de sus bolsillos durante todo ese tiempo y se había olvidado de ella, y debía habersele caído cuando golpearon contra el suelo.   Y no era que aquella pequeña cosa tuviera importancia alguna, pero Ajax la empuñó con fuerza, aferrándose a ella por que era lo único visible que había alrededor.
Al menos hasta que se percató del rostro del lobo blanco que estaba delante de él. Por alguna razón que no comprendió también podía ver perfectamente al lobo.
Se llenó de miedo ante su presencia, y su primer impulso fue que debía huir, correr lejos de ahí como le habían dicho que hicera. Pero no. No podía hacer eso, irse y a abandonar a Lucas.  Ya no quería volver a separarse de él, ni verlo herido o triste, siempre sacrificándose. Quería hacer algo por él, quería realmente ayudarlo.  
—¡Vete!— gritó, determinado a protegerlo de aquella criatura que se aproximaba a ellos con la mirada encendida.  
—¡No te acerques!—insistió, con desesperación, pero el lobo blanco no daba señal de siquiera escucharlo. —¡Vete! ¡Vete!     Ajax apretó sus pequeños puños con demasiada fuerza y la botella, que aún sostenía, se rompió, haciendo que el contenido se derramará.
El frío del líquido le penetró hasta los huesos, y escurrió de entre sus dedos, esparciéndose sobre el piso y el niño se dio cuenta que ahí donde el agua tocaba, la niebla parecía disiparse.
    En su lugar quedaba un resplandor, casi como luz líquida. Esa misma luminosidad se apoderó del cuerpo del pequeño.  Le causaba dolor, pero poco a poco la sensación fue mermando hasta convertirse en algo más bien agradable, como agua fresca sobre una quemadura, sobre la piel de todo su cuerpo que la niebla había quemado.    De pronto todo malestar que le aquejaba desaparecía,y podía respirar otra vez, y podía ver con claridad a través de la bruma.   Y vio directo al lobo blanco, quien por primera vez parecía estar realmente observando a Ajax.
—¡Vete!— repitió el niño. —Déjanos en paz. Todos ustedes. Dejen de perseguirnos. No quiero que vuelvan a lastimar a mi hermano. No quiero. Vete. ¡Vete!-
El lobo blanco se quedó quieto, escuchando sus palabras. Le contempló un largo rato antes de inclinar la cabeza y darse la vuelta para alejarse hasta perderse de vista.

  Casi al mismo tiempo la niebla al rededor de la casa se desvaneció, y Ajax pudo ver el azul intenso y radiante del cielo matinal, justo antes de que sus ojos se cerraran y él cayera en un profundo y pacífico sueño.
—Duerme bien, lindura. — canturreó Harley, arrodillándose junto a Ajax, acunándolo entre sus brazos.
—¿Qué fue ese resplandor?— la pelirroja giró la cabeza y su mirada se encontró con la del joven lobo al que le había cosido el cuello, Vaizack, quien recién llegaba. Estaba en su forma humana, así que ella pudo ver claramente la línea gruesa violácea y carmesí que cruzaba el cuello del muchacho.
El resto de su piel, blanca como el pelaje del berserker, mostraba múltiples magulladuras y laceraciones a lo largo del cuerpo desnudo. Se percató de que él incluso cojeaba un poco al caminar. Debía haber tenido una dura batalla. Aun que sin duda las había tenido peores.
  —¿Los mataste a todos?— interrogó Harley —Todos esos berserker con los que te enfrentaste para defender a Lucas.
  —No. Yo no era su objetivo, así que se marcharon en cuanto sintieron que él estaba lejos de su alcance. Todavía tienen mucho trabajo que hacer limpiando al mundo. No tienen la necesidad de desperdiciar tiempo persiguiendo a los de su propia clase. Ese resplandor en el niño, esa energía ¿Qué era?  
—Aliento de berserker.— contestó ella.  
—Él no es un berserker.
  —No. No lo es. Fue un regalo de mi parte.
    —No era algo ordinario, ni siquiera para un berserker. Era más profundo y fuerte que cualquier cosa que hubiera sentido antes. No. Ningún berserker que yo conociera tenía una presencia como esa.

  —No, ninguno que tú conozcas. Ninguno que exista sobre este mundo ahora. Ese era el aliento de uno de los primeros berserker creados. Un berserker que no nació de otro como él, si no directamente de la luz de los dioses que los hicieron. Esos primeros berserker que se convirtieron en montañas y vientos hace tanto tiempo que se han olvidado de lo que eran en un principio y por eso nunca volverán a ser lo que fueron.
    —¿Quién eres tú?— inquirió el albino, arqueando las cejas. —¿Cómo es que conoces nuestras historias más antiguas? ¿Cómo podrías poseer tú la escencia de uno de los primeros de nosotros?

  Ella sonrió.
    —He vivido mucho. He conocido muchas criaturas y escuchado muchas historias. También la mía es una estirpe con un pasado remoto. Existimos desde antes de que ustedes nacieran, estuvimos ahí cuando los crearon. Cuando a unos cuantos humanos valientes y aguerridos se les obsequiaron poderes maravillosos y fuerza descomunal, y sus cuerpos fueron cubiertos con pieles de animales, y esos fueron los primeros berserker, con un humilde origen humano. Fue esa misma naturaleza humana, la que, haciéndoles sentirse solitarios, los impulsaba a buscar la compañía de seres que les fueran de agrado, a quienes como ellos, habían dejado de ser simples mortales, y por ello se comprendían mutuamente. Así fue como mi gente hizo amistad con algunos de los primeros de tu especie. Así fue como obtuvimos regalos de ellos, como la escencia de sus poderosos alientos.      
— ¿Los primeros de nuestra especie buscando la compañía de criaturas como las brujas? ¿Los más puros entre nosotros?
    — ¿Eso te decepciona? No hay tal "pureza". Desde el principio tu raza fue la mezcla entre el humano y la bestia. Cuando los berserker perdieron su razón de existir como guerreros protectores del pueblo de sus dioses, se perdieron a si mismos, y por alguna razón decidieron negar la mitad de lo que son, su mitad mortal, obesionándose con ideales de supremacía. Una raza pretendiéndo ser "pura", negando su propio origen, a fin de cuentas, ¿No es eso algo muy típico de un pensamiento humano?. Debe ser ese continuo rechazo hacia lo que ustedes mismos son lo que los ha tenido enloquecidos, ebrios de violencia, destruyéndose entre ustedes mismos.  
—¿Lo que dices es que todo lo que hemos creido desde siempre es una mentira?
  La mujer se encogió de hombros como respuesta. Y Vaizack se quedó muy quieto, observándola, tratando de decifrarla, sin éxito. Las comisuras de los labios del muchacho se tensaron y se relajaron un momento después con un suspiro.
      — No me decepciona. No me importa, en realidad. Son las creencias con las que he vivido desde siempre, pero ya no tienen ningún significado real para mí.     
  Harley asintió, comprensiva y se acercó a él, poniendo en sus brazos a Ajax, quien dormía.  
—Ahora no tiene un lugar a donde ir. Sé que estará a salvo contigo.
  — ¿El aliento de berserker se quedará en él?

  — Es la primera vez que veo a un no-berserker usarlo, así que no lo sé. Yo esperaría que si, con el tiempo. Mientras lo lleve encima lo protegerá.
—Y a mí ¿Qué fue lo que me hiciste?

—¿A tí? Te devolví la vida.
    —Una vida diferente que no me pertenece. No es la vida de un  berserker, por que yo debí haber muerto ese día, tú me quitaste eso y perdí todo lo que solía ser. Dime entonces ¿Qué soy ahora?  
—Oh, cariño, preguntarme eso es como pedirme que viva tu vida por ti.— dijo amable, compasiva. —Ve, y vive y averigua por ti mismo que es lo que eres.  
—¿Por qué me volviste a la vida? Yo morí como un guerrero, en la batalla, era mi destino, y tú, hechicera, me lo arrebataste.  
—Te devolví la vida por que necesitaba que cuidaras de ellos.— explicó Harley, con la mirada clavada en Ajax. —Me pareció un trato justo, pero si tan terrible te parece puedo devolverte a la muerte.  
—¿De qué serviría?— respondió Vaizack, meneando la cabeza con un gesto mínimo. En realidad nada en él, ni su rostro, ni sus palabras reflejaban la menor convicción. No había reproche ni emoción alguna en lo que decía. Hablaba como si todo aquello fuera una historia ajena a él, y por ello no le afectara. —Ya he perdido mi lugar en el eterno descanso de los guerreros.—  
  — Bueno, tienes el resto de tu nueva vida para ganarte ese lugar de nuevo.    
  —Fuiste tú quien puso esas ideas en mi cabeza. ¿No es así? La duda y el conflicto que se apoderaron de mí, todo para poder ayudarlos a ellos. Usaste tu poder para controlar mis pensamientos.

  —Ah, yo no hice tal cosa. Fuiste tú, tus propios pensamientos los que te llevaron a hacer lo que hiciste. Yo no puedo dominar la voluntad de nadie por medio de un hechizo. Lo único que hice fue confiar.— la pelirroja extendió la mano y pasó sus dedos fríos sobre la herida del cuello de Vaizack.—Confiaba en que los protegerías. Estuviste ayudándolos desde que se cruzaron en tu camino. Y confié en que seguirías haciéndolo, por que vi lo que hay dentro de tí. Toda esa confusión que creció en tu mente, las dudas, los pensamientos y emociones que no habías conocido antes. Tú ya estabas cambiando por tu cuenta desde antes de que murieras. Estás conociendo la otra mitad de tu naturaleza, esa reprimida humanidad.  
  Vaizack frunció el ceño, lo que le causó risa a Harley.    
—Por eso no eres como los otros berserker. Por eso no respondes a su llamada, ahora que han vuelto al mundo para purificarlo. Ya no tienes que compartir su destino si no quieres. Eres libre.  
    Al albino tal declaración no pareció causarle mayor impresión. Miró al niño que tenía entre sus brazos y después de nuevo a la mujer.  
—¿Debo hacerme cargo de él?  
—Bueno, ahora mismo eres la única persona en este mundo a quien él conoce. Puedes hacer lo que desees, pero si me aceptas el que te pida un favor: mantenlo a salvo.  
Vaizack posó luego su vista en el cuerpo de Lucas, que yacía en el suelo.  
—Aún no esta muerto.— dijo Harley, mirándolo también. —Pero tampoco puede despertar.  
Vaizack asintió. 
Se giró, y contempló el paisaje. Allá abajo, la ciudad seguía cubierta por el aliento de los berserker, pero la ruta hacia las montañas estaba despejada. Y ese era su camino.

lunes, 21 de enero de 2013

31.- Bijou. La única opción.

Era Bijou. Ajax lo había visto cambiar de forma frente a sus ojos, y crecer hasta convertirse en un monstruo largo y encorvado de pelo rojizo, que con su larga cola empujó a la secretaria, aporreándola contra la pared.
Ella ni siquiera tuvo el tiempo de gritar, cuando su pecho fue comprimido contra la roca por la fuerza del golpe, haciéndola caer muerta al instante. Ajax alcanzó a moverse a un lado y cayó al suelo hecho un tembloroso ovillo.
Siempre había sentido temor de Bijou, que no necesitaba ni siquiera ponerle una mano encima para lastimarlo, pero ahora se veía por fuera como Ajax siempre lo había percibido, como alguien peligroso y destructor.Un verdadero monstruo.
  Se había equivocado. Como se había equivocado creyendo que los hombres lobo daban miedo, por que no tenia comparación con lo que veía ahora frente a él.
El niño miró hacia atrás, a la mujer muerta contra la pared. Luego a la que estaba dentro de la jaula con el rostro sangrante y sin ojos. Después el cuerpo del hombre amable, pisado por Bijou hasta quedar sin forma en el piso.
Pero él seguía vivo.
Había pasado por cosas terribles y seguía vivo. No podía morir ahí. No por culpa de Bijou. Lucas estaba afuera, y quería verlo otra vez, más que ninguna otra cosa.
Mientras el monstruo y el lobo gris se enredaban en un violento enfrentamiento, Ajax se acercó gateando a las escaleras, rogando en silencio no llamar la atención. Comenzó a subir, primero muy lentamente, vigilando a sus
espaldas todo el tiempo, luego, cuando estuvo seguro de que nadie le prestaba atención, corrió escaleras arriba, aun que no consiguió subir mucho antes de tener que detenerse cuando el lobo gris salió disparado por los aires por un golpe del monstruo, cayendo sobre los escalones, bloqueando el camino de Ajax. Su cuerpo estaba lleno de heridas y sangraba mucho.
Por un momento Ajax creyó que estaba muerto, pero el lobo se movió lentamente, luchando por ponerse de pie, sin conseguirlo, volviendo a desplomarse sobre los peldaños. Bijou, el monstruo, se había puesto en pie sobre sus patas traseras, tratando de alcanzarlo con sus garras, y al ver que no lo conseguía, se encaramó en las escaleras, gruñendo, con las fauces abiertas mietras se movía en dirección a ellos. Y Ajax estaba atrapado justo en el tramo entre el lobo gris, que parecía demasiado débil para moverse, y el monstruo que se acercaba cada vez más.
Y ahí estaba de nuevo, ese miedo paralizante y frío que le subía por la espalda, mientras sentía como la muerte se aproximaba a él.
-Le...levántate.- le pedía al lobo gris, palmeándolo en el hombro. -Levántate...- musitó, sin aire, pues el miedo le cortaba la respiración. No quería morir ahí, así. Y entonces se llevó la mano al bolsillo y palpó el silbato. Lo tomó, y poniéndolo entre sus labios, sopló, exigiendo un gran esfuerzo de sus pulmones sofocados.
Bijou pareció reaccionar al sonido, debía parecerle molesto porque agitó su cabeza, gruñendo dolorsamente. El lobo gris también reaccionó, abrió sus ojos y se levantó con movimientos torpes y mecánicos.
Ajax lo miró temeroso, pero el lobo ni siquiera parecía haberse dado cuenta de que el niño estaba ahí. Saltó por encima de él y se lanzó contra el monstruo, y ambos rodaron por las escaleras, enzarzados en su batalla. Ajax continuó subiendo. Si el lobo gris perdía, cosa que probablemente iba a ocurrir, así débil como estaba, Bijou quizá se lanzaría a perseguirlo a él. Y Ajax no tenía forma de defenderse por si mismo. Lo único que podía hacer era escapar. Si fuera un hombre lobo como su hermano, pensaba, entonces podría pelear. Pero ¿Qué podía hacer siendo pequeño y débil como era? Suspiró con cansancio, deteniéndose un momento para tomar aire. Y lamentó el haberlo hecho.
-Ajax...- escuchó una voz que le llamaba,o al menos un ruido furioso parecido a una voz.
-Ajax.- repitió la extraña voz, como si fueran gruñidos y silbidos, en vez de palabras, si fueran gruñidos y silbidos, en vez de palabras, como un animal intentando dolorosamente pronunciar el lenguaje humano. El niño sintió escalofríos. Y al voltear atrás se encontró a Bijou, subiéndo por las escaleras, detrás de él.
-Ajax.- El sonido surgía del fondo de la cavidad que era la boca del monstruo. El lobo gris no se veía por ninguna parte. Probablemente estaba muerto. Y ahora seguía él.
El crío apretó los párpados, resignado. Y por un momento todo quedó en silencio. Y al silencio lo precedió un estremecimiento del sueño, y luego algo que parecían gritos angustiosos. Ajax abrió los ojos. No eran gritos lo que escuchaba, si no el aire pasando por los huecos en las paredes, a mucha presión, que causaba que el sonido fuera aún más chirriante y estrepitoso. Pero el aire que entraba a la cueva traía consigo una especie de humo blanco, una niebla que se movía lentamente y se extendía como una marea.
El niño no sabía que era aquella cosa, pero Bijou parecía  quedado absorto de sorpresa y de terror.
-Aliento... ber...ser... ker...-   le escuchó pornunciar con su horrible voz, aun que sin poder comprender que era lo que aquello significaba.
De pronto Bijou se reanimó y continuó subiendo por la escalinata.
Ajax, asustado, también corrió, intentando huir de él, poniendo la mayor distancia posible entre ellos, lo que no era mucho, considerando lo grande que el monstruo era, y lo veloz que se había vuelto al querer huir de la neblina.
Pero aquella cosa blanca comenzó a entrar no sólo por los huecos dentro de la piedra, si no que se colaba por las grietas de la pared que ya se cuarteaba y se rompía en pedazos por la acción corrosiva. Y entonces Bijou quedó atrapado en medio de una nube de aquel plasma blanco, que ya empezaba a consumirle.
Ajax no alcanzaba a ver con claridad lo que ocurría, pues la niebla entorpecía la visión. La misma niebla que ya se arremolinaba a su al rededor. Sólo entonces comprendió lo que aquella cosa hacía, al sentir como le picaba en la piel. Al intentar apartarla, agitando las manos, sólo consiguió que se le enrojecieran más, y que le dolieran como si se hubiera quemado. Tenía que alejarse de ella. Y la única salida estaba hacia arriba, así que continuó subiendo, cada vez a paso más lento, con el pecho dolorido por respirar la niebla. De pronto el piso bajo sus pies se hundió.
El aliento de los berserker había comenzado a carcomer los escalones. Ajax se sostuvo con la manos, tratando de trepar a cuatro patas, pero la piedra se sentía muy resbalosa y no alcanzaba a detenerse de ella. Iba a caer.
-Te tengo.- escuchó, y de pronto estaba a salvo, sostenido fuertemente en los brazos de un lobo.
-Lucas...-
-Me llamaste. ¿No?-
-Si... pero te tardaste...- respondió, en medio de la somnolencia que se estaba apoderando de él.
-No te duermas, Ajax.-
-Estoy cansado.-
-Es por la niebla. Si te duermes ya no despertarás, así que no te duermas. ¿Entiendes?.-
-Si...-
El niño trató de mantener los ojos abiertos, por más imposible que eso le parecía en aquel momento. Pero ya no tenía ninguna prisa, ninguna preocupación. Estaba con su hermano. Se sentía tranquilo. El tiempo iba volviéndose más lento, hasta casi detenerse. No había sonido, excepto por la voz de Lucas, y todo era blanco y muy brillante.
  Miró hacia atrás, la gigantesca nube esponjosa sobre la que le apetecía dejarse caer.
  Algo surgió de la nube, un brazo largo de pelambre rojo, luego unas fauces, colmillos, cientos de ellos. Y después vino la oscuridad.

  El aire estaba frío. Olía a frío. Incluso sabía a frío. Lo aspiró profundamente, sediento de ese aire, desesperado por llenarse de él, como si no hubiera respirado en una eternidad. Ajax abrió los ojos y tosió, e inspiró profundamente de nuevo.
  -Menos mal. Me preocupaba que hubieras inhalado demasiado de esa porquería.-
  Estaba muy oscuro, y apenas podía distinguirlo en las sombras, pero supo en seguida que era Lucas quien le hablaba y que estaba ahí, junto a él. No había niebla, ni monstruos, sólo una profunda quietud.
-¿En dónde estamos?-
-Bajo tierra, en un túnel. La niebla aún no llega hasta aquí así que estás a salvo por el momento. ¿Estás bien?.-
-Si.-
Ajax extendió una mano y tocó el brazo de su hermano, percibiendo cáliday lisa piel de su cuerpo humano, y suspiró, apretando los labios para no dejar que aquella emoción que le subía por la garganta se desbordara de pronto. Pero comenzó a salirsele por los ojos en forma de lágrimas.
-¿Estás llorando?-
-N-no.-
-¿Me extrañaste?-
Ajax asintió. Y Lucas lo rodeó con sus brazos, apretándolo tan fuerte contra su pecho que temió terminar rompiéndole los huesos. Pero no podía evitarlo, le parecía que habían estado separados durante años, y ahora le tenía ahí con él. Quería no tener que soltarle jamás.
  -Yo también te extrañé.-
El niño emitió algo como un quejidito, así que lo soltó, alarmado.
  -Perdón. ¿Te lastimé?-
-N-no. Me duele la piel.-
  -Oh. Es por esa cosa... esa... niebla...- dijo, acariciando muy suavemente las manos enrojecidas de su hermano menor. -Ahora no tengo nada para curarte. ¿Podrás aguantar hasta que te saque de aquí?.-
-Si.- 
-Te sacaré de aquí y te llevaré con Harley. Y ella hará que se te quite el dolor.-
  -Perdona... me.-
-¿Nh? ¿Por qué?-
  Ajax se quedó en silencio, y Lucas pudo percibir como su respiración se agitaba y se volvía más pesada.
-¿Qué pasa?-
  -Ese... ese lugar en donde estaba...- soltó el niño, con una voz cargada de angustia. -Ese lugar tan horrible a donde... a donde el abuelo te mandó cuando eras niño... en vez de dejar que me llevaran a mí... Perdón... perdón...-
  Lucas volvió a abrazarlo, esta vez tratando de tocarlo con el mayor cuidado posible para no causarle más dolor.
-¿De dónde sacaste eso?-
-Bi... Bijou... tu amigo...- respondió entre sollozos y convulsiones.
-Ah, ese estúpido... siempre habla demasiado. Escucha, lo que pasó no es tu culpa. No tiene nada que ver contigo. Tú abuelo... te quería mucho e hizo lo correcto al tratar de evitar que te llevaran a ese lugar. -
-Pero... tú...-
-Yo iría encantado sin dudarlo, si así puedo evitar que te hagan daño.-
  -¿Por qué eres tan bueno conmigo?-
  -¿Qué? ¿Qué clase de pregunta torpe es esa? Soy tu hermano, y te quiero más que a nada en este mundo. Mi deber es cuidarte... Venga, ya. ¿Es posible que alguna vez nos veamos sin que te pongas a llorar por mi culpa?-
-Perdón... por... llorar...- respondió, tratando de detenerse. -Te... mojé-
Deslizó la manita por el pecho desnudo de Lucas que había quedado cubierto de sus lágrimas.
  -No importa.- Lucas le acarició el rostro, secándolo suavemente con sus manos. Le apreto la punta de la nariz, y luego su pulgar siguió la línea de los pequeños labios, también húmedos en lágrimas y saliva.
-Ajax. ¿Me dejarías darte un beso?-
Esas palabras hicieron que el cuerpo del niño se tensara. Dudó por unos momentos, pero al final asintió con la cabeza, corroborando con un tímido "Si" casi inaudible.
Lucas se inclinó sobre él, percibiendo la respiración de nuevo agitada de Ajax golpear contra su rostro. Y lo besó. Un beso sobre su pequeña y trémula frente.
  Luego Lucas se puso en pie.
-Bien, es hora de salir de aquí. ¿Estás listo?-
-S-si.-
-Antes que nada. ¿En dónde está Bijou?.-
-Ah... ese monstruo... el monstruo rojo...él...-
-¿Monstruo?...-
Lucas también lo había visto, ese ser extraño de pelo rojizo que había quedado atrapado en medio de la niebla. Ese que había intentado atacarlos justo antes de que sacara a Ajax de esa cámara. Lucas lo había mandado de un golpe al fondo, suponiendo que la niebla se encargaría de él. Por que aquel ser no era un lobo, era otra cosa. Algo que por alguna razón le daba una sensación de terror y repulsión.
-Ajax. ¿Ese monstruo atacó a Bijou?-
  -No. Era él.-
Era él. No entendía como era que que Bijou había terminado en esa forma, todo en lo que Lucas podía pensar era que lo había golpeado, mandándolo de vuelta a la niebla destructora. Lo había dejado solo, allá abajo. A ese ser que era Bijou.
Era la única opción. Volver y traer a Bijou de alguna forma. Y tenía que ser rápido, no podía darse el lujo de fallar, pues todavía tenía que encontrar la manera de sacar a Ajax de ese lugar y ponerle a salvo. Era una molestia tener que volver,más que eso, era una completa locura pensar en regresar a aquella cámara llena del aliento corrosivo, pero no podía sencillamente abandonar a Bijou. Al Bijou que siempre lo había cuidado y protegido.
  -Ajax, quédate aquí, volveré en seguida.- dijo el vago, mientras se transformaba. El niño se levantó, tambaleante, y se abrazó al grueso torso del lobo.
-¡No te vayas! Llé-llévame contigo.-
-No puedo. Voy a volver a la cueva de antes a buscar a Bijou. Es mejor que te quedes aquí, lejos del peligro.-
-Pero... él es un monstruo...-
-Él es mi amigo, no puedo dejarlo..-
-Y... ¿Y si te ataca a tí?-
  El lobo agitó su cabeza.
  -Nada me pasará. ¿Tienes el silbato?-   Ajax sacó el pequeño silbato metálico para mostrarlo y luego lo estrujó en su mano.
  -Si me tardo demasiado hazlo sonar. Volveré.-
-¿De verdad?-
  -Si.-
  Ajax apartó la vista y se hizo a un lado, dejando el camino libre al lobo que se perdió en la penumbra del túnel. Cuando creyó que estaba ya lo bastante lejos como para oirle, Ajax se dejó caer sobre el suelo, y se puso a llorar.

      El túnel donde había dejado a Ajax era uno entre un laberinto de ellos. Lucas no imaginaba por que alguien haría tantos túneles, y  moverse entre ellos resultaba confuso. Pero al menos contaba con que su sentido del olfato lo guiaría de vuelta a donde estaba el niño. Lo que realmente le preocupaba era hacerlo antes de que la niebla llegara hasta él. Su preocupación se agrabó cuando sintió algo helado moviéndose entre sus patas. Al mirar hacia abajo pudo verla, enroscándose a su alrededor, brillando de blancura, la niebla, el aliento venenoso de los lobos blancos.
Al llegar a la entrada de la cámara ya no le era posible ver lo que había delante de él.
  -Maldita sea... ¡Bijou!.- gritó, comenzando a descender los escalones, que se despedazaban bajo sus pasos.
-¡Bijou!- repitió, aventurándose a bajar los peldaños corriendo, a ciegas en medio de la blancura helada que parecía extenderse infinitamente. Pero se encontró con un hueco, una parte donde las escaleras parecían ya haber desaparecido por completo, y el vago cayó a travez de ese agujero. Debió perder la conciencia durante un momento, pues despertó de pronto, sólo para darse cuenta que había caido sobre otra sección de la escalera. No podía saber cuanto le faltaba para llegar hasta el fondo, ni en que parte se encontraba Bijou, o si seguía con vida.
-¡Bijou!¡Por favor! Bijou...-
-Lu... cas...- le llamó una voz irreconocible.
-¿Bijou?-
Una masa rojiza, marrón y negra apareció entre la niebla, quedando justo frente a Lucas. Se le estaba quemando la piel y se le caía a pedazos, junto con los mechones de pelo que se obscurecían hasta volverse cenizas. La criatura debía estar sufriendo un extraordinario dolor que podía percibirse en los continuos quejidos que lanzaba. El monstruo abrió la boca y lanzó un suspiro triste.
-Lu... cas...-
-¿Qué te ocurrió?-
Sin pensarlo, el lobo estiró una de sus zarpas para tocarlo. Entonces la criatura se agitó, volvió a abrir sus fauces, lanzando una dentellada, intentando atraparlo. El lobo se movió hacia atrás.
-Bijou...-
Pero Bijou sólo parecía estar interesado en devorarlo. A pesar de la condición precaria de su cuerpo, la bestia se movió sobre sus patas, en un nuevo intento de capturarlo. Lucas dio un salto hacia atrás, luego empezó a correr por la escalera, cuesta arriba de nuevo. Pero salir de nuevo no le resultaría tan fácil como el haber entrado, pues sus fuertes pasos y su peso hacían que los peldaños se desmoronaran más rápido, podía sentir los agujeros abrirse bajo sus patas. Eso también hacía que para Bijou fuera más difícil alcanzarlo, dando tumbos, luchando por sujetarse de los trozos sueltos de la piedra.
-¡Bijou! ¡Si no salimos de aquí moriremos por esta niebla! ¿Lo entiendes?- gritó el vago, saltando varios escalones a la vez, tratando de avanzar más.-Aunque tenga que ser de esta manera voy a sacarte de aquí. ¡Vamos! ¡Sígueme! ¡Ven por mí!.-
  Logró guiarlo de esa manera durante un tramo, pero Lucas ya estaba sintiéndo los efectos de la niebla, con el cansansio, el dolor y la debilidad volviéndo a su cuerpo. El tiempo que le había dado Harley debía estar cerca de terminar.
  Pero por más que corría no parecía avanzar, y al hacerlo sin poder ver el camino no podía asegurar cuanto le faltaba para llegar a la cima.
Bijou gritó, y Lucas se detuvo y volvió unos pasos, sólo para encontrarse con que la criatura colgaba de una saliente en las rocas, a punto de caer, sujetándose apenas con una de sus patas.   Tuvo que volver y ayudarlo, tirando de él para hacerlo subir. Ambos estuvieron a punto de ser jalados hacia el fondo por el peso, pero finalmente Lucas consiguió asirse de la pared y jalar al monstruo con él. Este, como agradecimiento volvió a lanzarle una dentellada.
-Dame un respiro...- jadeó Lucas antes de echarse a correr nuevo. Pero algo curioso pasaba, ya no podía correr tan rápido, incluso moverse era un trabajo fatigoso, como si le presionaran las patas. Se dio cuenta entonces que la niebla no sólo estaba girando y fluyendo a su alrededor, si no que se enroscaba en su cuerpo, apretándolo, como si la niebla pensara en detenerlo por la fuerza. A Bijou debía estarle pasando lo mismo, pues sus movimiento se entorpecían a cada momento.
  -¡Venga! ¡No te rindas ahora! ¡Ven por mi! ¡Alcánzame!.- trató de animarlo, mientras saltaba el agujero en el suelo por el que había caido al entrar.-Cuidado con la abertura en el suelo.-
  Bijou pareció entender lo que le decía, pues tomó impulso para saltar el agujero, y aterrizó al otro lado pesadamente.   Lucas continuó dirigiéndolo, y de pronto, ahí estaba, la salida.
Lucas pasó la puerta con facilidad y se movió por el pasillo hacía los túneles. A Bijou le costaba más trabajo, por su tamaño, pero todavía podía sentirlo yendo detrás suyo.
El aliento de los berserker se había empezado a apoderar de los tuneles, así que con su sentido del olfato totalmente adormilado, el vago no estaba seguro en que dirección moverse.
  -¡Ajax!- gritó con toda la potencia de la que pudo hacer acopio, agitado como estaba. -¡Ajax! ¡Haz sonar el silbato! ¡Voy por ti!.-
  Pero seguía internándose en los túneles, intentando escapar de aquella cosa blanca y perseguido por el monstruo, sin tener una dirección clara y por un momento temió no encontrar el camino hacia su hermano.
  Y entonces escuchó el sonido claro y agudo del silbato, muy bajo y débil al princio, y luego más y más fuerte y nítido. No podía estar tan lejos. Dobló a la derecha.
-¡Ajax!.-
-¡Lucas!- le respondió la vocecita de su hermano, y ahí estaba, sosteniéndose de la pared, con el silbato entre los dedos y la niebla trepando por sus piernas.
-¡Sostente!.- le ordenó, subiéndolo a su lomo sin apenas detenerse.
-¡Ah!... ¡Nos está siguiendo!.- exclamó el niño al voltear para ver que era lo que gruñía y gritaba, acercándose cada vez más a ellos. Le reconoció a pesar de que ya casi no tenía nada de aquel espeso pelaje rojo sobre la piel enegrecida. A pesar de eso sabía que se trataba de Bijou.
  -Ya sé, que nos sigue. No lo veas, sólo preocupate por sostenerte fuerte.-
El crío apretó los muslos sobre  la espalda del lobo, y hundió los dedos en el pelo de su cuello.
  Pero delante de ellos un nuevo muro de niebla apareció. Se colaba por las paredes, por pequeños orificios como respiraderos. Era imposible saber que tanto del túnel estaba invadido por la niebla, o que tan lejos estaba la salida. Pero con el monstruo viniendo tras ellos, pisándoles los talones, sólo podían ir para adelante. Era la única opción.








      

jueves, 17 de enero de 2013

30.- Pirausta. Vipunen


Era Pirausta. Vipunen no sólo podía escuchar su voz hablándole, también podía sentirla, su presciencia cálida y brillante, como una ventana que se abre en medio de una habitación oscura.
No estaba sola, había otras presencias con ella, presencias extrañas que le turbaron por un momento, pero no reparó en ellas pues lo que realmente le importaba era que su señora estaba de vuelta.


Después de un rato de recorrer el descenso hacia la cámara donde se encontraba el lobo Vipunen, la luz del telefono móvil ya no fue necesaria, pues a ambos lados del corredor que transitaban, había colocadas antorchas que iluminaban el camino con su luz anaranjada.
-¿Nos esperaban?- preguntó Bijou, intrigado al encontrar las antorchas dispuestas.
-Se encienden para guiar a quien recorra la galería.- explicó la bruja dentro del cuerpo de Goddard. -Un hechizo.- sonrió.
-Oh. Magia, claro. Mucho mas útil que la energía eléctrica, supongo.-
-Aun cuando Alan Goddard hubiera querido instalar electricidad o dispositivos tecnológicos, no hubiera podido. Hay demasiada energía aquí. Muchos hechizos sellando el lugar. Es lo que lo hace tan seguro, y tan buena prisión. Pocas criaturas podrían conseguir entrar o salir.-
-Pero, estamos entrando...-
La interrupción de la voz de la secretaria fue tan sorpresiva que ambos, Bijou y Goddard voltearon a verla. Eso pareció cohibirla, así que se disculpó, agachando la mirada.
-Es una buena pregunta. ¿Nos estás conduciendo a una trampa?- agregó Bijou, dirigiéndose a la bruja de nuevo.
-Oh. No tendremos problemas en entrar o salir mientras este cuerpo nos acompañe.- declaró con entusiasmo, llevándose las manos al pecho.
- Los hechizos responden a la energía vital de Alan, él los controla. Hay trampas, si, pero son inofensivas a nuestro paso por que sienten la presencia de Alan, y por que él no ha hecho ninguna indicación de que los seres que le acompañan son intrusos o representen alguna forma de peligro. Si alguien tomara prisionero a Alan y lo obligara a recorrer estos pasillo contra su voluntad, los hechizos se activarían, igualmente si llevaran únicamente el cuerpo muerto de Alan.  Pero a pesar de todo el cuidadoso detalle que puso en sus hechizos y trampas, él nunca previó que alguién más pudiera entrar en su cuerpo y utilizarlo. Su arrogancia no le permitió creer que alguno de sus planes tenía falla.-
De pronto el estrecho túnel dio paso a un espacio más grande, la cueva, con sus paredes de cantera roja, y las escaleras talladas de la piedra viva, que bajaban en forma de espiral. El lugar estaba bien iluminado por las antorchas, aun así para los visitantes resultaba difícil distinguir lo que había en el fondo, además, no podían asomarse demasiado, pues las escaleras no tenían ningún tipo de barandal que les previniera de caer al vacío. Así que caminaron con cautela, pegados a la pared.
Lo único que podían ver desde donde estaban era una gruesa cadena dorada que pendía desde el techo del recinto, como si estuviera incrustada en la roca y cuyo extremo se perdía allá, en el fondo.
El aire estaba mucho más frío dentro de la cámara, y de las aberturas y agujeros en las paredes surgían ráfagas de viento que provocaban sonidos perturbadores como de gritos.
Ajax, caminando con una mano sobre la pared, tuvo miedo de que de aquellos orificios saliera de pronto alguna criatura y los atacara. El lugar entero de por si le causaba cierto temor.
-El aire que entra por esas aberturas ¿Viene de la ciudad?- preguntó Bijou. -¿El aliento de esas bestias blancas podría llegar hasta aquí?-
-Si, es posible.- respondió la bruja yendo delante. Era la única que caminaba sin sostenerse de la pared, no pareciera preocuparle la posibilidad de caer.
- Las aberturas en la roca no son accidentales, fueron colocadas ahí, planificadas cuidadosamente por Alan para traer el aire puro de las montañas hasta aquí, por que el creyó que eso me complacería. Hasta ahora sólo la ciudad fue cubierta con el aliento de los berserker, así que el aire de las montañas debe continuar limpio. Sin embargo ese aliento destructor terminará rompiendo la piedra, por más dura y gruesa que sea, traspasará las barreras que Alan Goddard colocó y se colará hasta aquí -
-Así que en realidad no estamos más seguros aquí que allá arriba.-
-Bueno, puedes intentar sobrevivir allá arriba, Bijou LeClair, enfrentando a los berserker. Estaremos más seguros aquí al menos por unas horas, quizá días. Quizá para entonces lo que acontece allá afuera allá terminado.-
-Ah, Vipunen estaba en lo cierto, has vuelto, bruja presuntuosa, puedo sentir tu desagradable presencia. ¡Puedo escucharque hablas con el sonido de mi voz!
Aquellas palabras se elevaron desde el fondo. Eran pronunciadas por una voz femenina que parecía debatirse entre la furia y la risa. La bruja, dentro del cuerpo de Goddard reconoció su propia voz y sintió un alivio placentero de volver a escuchar a su verdadero cuerpo, aun cuando se dirigiera a ella con tanta rabia.
-¿Quién es?- quiso saber Bijou.
-Ese es tu antigüo amo, Alan Goddard, encerrado en un cuerpo que no es suyo. Y parece que nos espera, ¿No te divierte?-
-¿¡Qué!? ¿¡Qué es lo que murmuras allá arriba, bruja!? ¿¡Con quién hablas!?- volvió a gritar la criatura dentro de la jaula.
-Oh... ¡Andando, andando!- apresuró la bruja dentro del cuerpo de Goddard, dando largas zancadas para bajar los escalones de dos en dos. Los demás le siguieron, a paso lento.
-¡Guarda silencio! No te atrevas a dirigir tus afrentas a la Señora del bosque. Ni siquiera mereces estar en su presencia.- rugió Vipunen.
-Ah, ¡Tú guarda silencio!- gritó Goddard dentro del cuerpo de la bruja atrapada en la jaula. -Estoy hablando con la ...señora... Pirausta.- dijo, fingiendo suavidad en su voz, para luego volver a explotar en cólera. -¡Estoy hablándole a esa maldita ramera, así que guarda silencio, sucia bestia!-
-Oh, querido Alan Goddard, ¿No has escarmentado nada?-
Alan Goddard reconoció su propia voz, no podía ver, claro, estando dentro de un cuerpo sin ojos, pero era su propia voz la que le hablaba con aquel aire altanero y pedante.
-Ah. Vaya, vaya. Debo aceptar que no creí que volverías. Estando libre allá afuera, tener que volver a tu prisión debe mortificarte, bruja.-
-He vuelto por Vipunen.-
Dijo Pirausta dentro del cuerpo de Goddard, parándose en el rellano de las escaleras desde donde podía vislumbrar perfectamente la jaula y al lobo. Los demás también los vieron. Incluso para Bijou, quien ya había contemplado ese lugar en una visión inducida por la bruja, la escena era impactante. La figura de la joven mujer encerrada en la jaula dorada que pendía del techo, con el rostro cubierto de sangre y las cuencas oculares vacías. Y al otro lado, el enorme lobo de piel gris y cuerpo delgado y consumido, retenido únicamente por una suave cinta delgada.
El lobo se veía cansado, su cuerpo grande y poderoso estaba débil. Un presa fácil. El pensamiento salto a la mente de Bijou apenas lo vio. Y él, claro, estaba hambriento, famélico. Pero luchó por contener sus ansias.
-Pirausta.- le llamó Vipunen, con la cabeza levantada al aire, buscando a su amada, obedeciendo aún el mandato que ella le había dado antes de marcharse: mantener sus ojos cerrados todo el tiempo, hasta que ella le dijera lo contrario.
-Aquí estoy, finalmente, mi muy leal lobo.- dijo ella, apresurándose a bajar los escalones que faltaban para acercarse al licántropo. -Finalmente.- repitió ella, pasando aquellas manos ajenas sobre el rostro de su amada bestia.
-Pirausta.- musitó él, con su voz quebrándose.
-Shh, tranquilo. Manten los ojos cerrados. No me veas. Aún no Vipunen, no mientras conserve este cuerpo. ¿Podrás esperar un poco más?-
-Esperaré la eternidad si tú me lo pides.-
-No podrás llevártelo, Pirausta.- la voz de la criatura en la jaula se elevó sobre el recinto de nuevo. -Soy el único que puede soltar la cinta Gleipnir que ata a Vipunen, y sólo puedo hacerlo estando en mi cuerpo. ¿Vas a devolverme a mi cuerpo, bruja?-
-Por supuesto.- respondió Pirausta en el cuerpo de Goddard, caminando hacía la jaula, dando una vuelta al rededor de ella, observándola como si fuera la cosa más fascinante que hubiera contemplado. A ella misma, presa, indefensa y al mismo tiempo a salvo dentro de su preciosa prisión.
-Volverás a tu cuerpo, Alan.-
-¿Si?- preguntó Goddard incrédulo. -¿Y luego que harás? Si ambos volvemos a nuestros cuerpos originales yo estaré de nuevo libre, y tú presa dentro de la jaula, sin posibilidad de usar tu poder, y ciega. ¿Cómo podrás entonces obligarme a liberar a Vipunen?-
-Bueno, no seré yo quien te obligue... Bijou LeClair lo hará.-
Al escuchar su nombre, Bijou se sorprendió. Estaba demasiado absorto tratando de refrenar su hambre. Apartó la vista de Vipunen para mirar de nuevo a la joven aprisionada, ese cuerpo frágil y hermoso que en realidad contenía al verdadero Alan Goddard.
-Ah... Así que uno de esos que han venido contigo es Bijou LeClair. ¿En dónde esta tu lealtad, muchacho?- inquirió el verdadero Goddard desde la jaula, mientras Bijou bajaba lentamente los escalones hasta ellos, seguido por un curioso Ajax  y una secretaria nerviosa.
-No te acerques mucho.- le indicó Pirausta dentro del cuerpo de Goddard. Y Bijou se detuvo a un par de metros, desde donde pudo apreciar perfectamente la imagen miserable de la doncella sin ojos.
-Bueno, ese muchacho no es más que un experimento fallido, un error, basura de laboratorio. ¿De verdad esperas que algo como él pueda obligarme a mí a hacer algo.-
Bijou entrecerró los ojos con desprecio ante las palabras del verdadero Goddard, aunque supuso que su mirada de odio no haría ningún efecto sobre alguien que no podía verlo.
-Ah, si que podrá obligarte, por que no tendrás opción. Después de todo, para liberar a Vipunen sólo necesitas una mano y la boca para ordenarle a Gleipnir que lo suelte.- explicó la verdadera Pirausta.
-¿Qué?-
Ella tomó las manos de Bijou y lo dedicó una mirada pícara y confidente, casi de complicidad.
-Mi querido Bijou Leclair, te entrego este cuerpo. Encárgate de él. Rompe sus huesos. Que no pueda caminar. Que quede limitado a mover unicamente una de sus manos.-
-¿¡Qué!?-repitió el Goddard dentro de la jaula -¿Qué has dicho?-
Bijou, sorprendido, también parecía esperar a que le repitieran aquellas palabras.
-Estarás indefenso, a merced de Bijou LeClair, sin poder escapar o lastimar a nadie más. Y si no colaboras dejaré que él te asesine, y estoy muy segura de que será un placer al que no se rehusará.- dijo la bruja, dentro del cuerpo de Goddard, de la forma en que ella decía las cosas cuando iba en serio, suavemente y con una sonrisa.
Bijou le miró, interrogante, sin entender del todo de que se trataba todo aquel teatro, pero decidió seguirle el juego.
-Así es. Lo haré encantado.-
-Hazlo.- animó la verdadera bruja, poniendole el brazo derecho del cuerpo de Goddard entre las manos, y Bijou, obediente, le sostuvo el codo y lo dobló hacia atrás, hasta que escuchó el chasquido del hueso partiéndose.
La bruja dentro del cuerpo de Goddard gritó.
Vipunen también.
-¡Detente! ¡Si haces eso mientras Pirausta esté dentro ella sentirá el dolor!- objetó el lobo con desesperación desde el otro lado de la estancia.
-¿Qué fue...? ¿Qué fue eso? ¿Qué haces?- preguntó Goddard dentro del cuerpo de la bruja, sin poder ver, extendiendo sus manos contra los barrotes de la jaula. -¡Detente!-
-Tranquilo. Tranquilo, Vipunen. -dijo la verdadera Pirausta, hablando muy quedo, tratando de ahogar el dolor que sentía por el brazo lastimado. -Es necesario. Pronto terminará.- dirigió luego una mirada a Bijou, indicándole que continuara, y acomodándose lentamente sobre el piso, permitiéndole a Bijou apoyarse sobre una de las largas piernas del cuerpo de Goddard, aplastando la rodilla hasta romperla. El dolor intenso se reflejo en su rostro, y Bijou, sin inmutarse, se acercó a la otra rodilla, listo para hacer lo mismo con ella.
Ajax, obedeciendo a un inexplicable impulso intentó acercarse, pensando que tal vez podía detenerlo, pero la secretaria lo sujeto y apartó, y ella misma volvió el rostro, un tanto incómoda por la imagen.
-¡Basta! ¡Estás... estás estropeando mi cuerpo!- gritaba el verdadero Goddard, incapaz de hacer nada desde la jaula, y unos segundos después escucho el sonido de otro de sus huesos quebrándose.
La bruja apretó los labios, intentando contener el dolor.
-¿Qué vas a hacer ahora? preguntó Bijou, apartándose, con las manos en los bolsillos. -Así sin poder moverte.-
-Depende de ti.- respondió ella, arrastrándose hasta quedar junto a la jaula, estirando la única mano que le quedaba intacta a través de los barrotes.
Goddard, ciego dentro de la jaula se resistió a la mano que le jalaba con demasiada fuerza, a pesar de la precaria condición del cuerpo roto con el que Pirausta contaba, tuvo la fuerza suficiente para obligarle a acercarse hasta sus labios y una vez más sus bocas se unieron en un contacto brusco. Alan Goddard, el verdadero, sintió de nuevo aquel torrente como fuego recorrer todo su interior , que luego lo arrastraba como una marea hacia un vacío enorme en el que caía hasta perderse.
Cuando despertó lo primero de lo que fue consciente fue del dolor. Provenía de las piernas y del brazo, y se extendía a cada nervio de su cuerpo. Tanto dolor, tan intenso.
Gritó y trató de moverse, luego se quedó muy quieto, con los ojos abiertos, mirando el techo de la cueva, tan alto, que se perdía en la oscuridad.
Podía ver.
Sólo entonces comprendió del todo la situación. Había regresado a su cuerpo original.
-Pirausta...- masculló, haciendo un esfuerzo por sentarse, apoyándose en la única mano sana para poder mirar en dirección a la jaula. -Que estúpida eres... que ...confiada. ¿Crees que con incapacitar mi cuerpo vas a detenerme? Siempre me subestimaste... Ah... pero me dejaste lo necesario para poder usar mi poder...¡Sólo necesito poder recitar cualquier hechizo!... ¡Con una palabra me bastará para matarlos a todos y salir de aquí!-
Pero Pirausta en la jaula no respondía, y no podía decir si estaba inconsciente o muerta, ahí tendida dentro, con el rostro cubierto por el abundante cabello castaño, y en verdad no importaba, por que ella estaba atrapada de nuevo, sin ninguna posibilidad de usar su magia, y él en cambio estaba libre.
Libre para vengarse.
Dirigió su furiosa mirada hacia Bijou, que permanecía de pie a un lado, y que dio un paso atrás al notar que atraía su atención. De pronto aquel cuerpo que le había parecido tan joven y bello en los últimos días, y aquella mirada chispeante y viva que lo hechizaba habían desaparecido. Sólo estaba Alan Goddard, el mismo de siempre, el viejo, reseco y corrompido Goddard, que le dedicó a Bijou una sonrisa cruel.
-Te equivocaste de bando, muchacho. Y va a costarte muy caro...-
Y entonces se detuvo por que algo lo frenaba. Algo dentro suyo que retenía su lengua al intentar pronunciar alguna palabra que pudiera lastimar a alguno de los presentes.
"Está... dentro..." pensó Goddard. "¿Sigues en este cuerpo?"
"Así es" respondió la voz de la bruja, dentro de su cabeza. "Es la única manera en que podría asegurarme de que liberes a Vipunen."
Goddard se revolvió en el piso, enterrándose los dedos en la piel del rostro, con una expresión de agobio.
-¿Qué le sucede?- preguntó Bijou, sin entender que es lo que le ocurría a la persona frente a él, quien fuera quien estuviera adentro de ese cuerpo.
-¿Pirausta?-
-Sigue dentro del cuerpo de Goddard.- dijo Vipunen -Puedo percibirlos a ambos dentro de ese cuerpo.-
-Oh... Ella está... ¿Atrapada?-
"Maldita bruja ¡Sal de mi cuerpo!- le dijo Goddard a Pirausta, en medio de aquella lucha interna dentro de su cabeza.
"Primero libéralo."
-¡No!-
-Bijou LeClair.- dijo Pirausta a traves de la boca de Goddard -Acércanos hasta donde está Vipunen. No tienes de que preocuparte por Alan Goddard, yo lo contendré.-
-¡No lo hagas! ¡Obedeceme, LeClair!- volvió a gritar Goddard, con una voz mucho más violenta y desesperada. Bijou supuso que ahora era el verdadero Goddard quien le hablaba. Ladeó la cabeza y suspiró, cansado. Se acercó y tomó el cuerpo maltrecho de Goddard en sus brazos, llevándolo junto al lobo. Al acercarse el olor de Vipunen le golpeó la nariz, lo que por un momento lo obligó a detenerse y su cuerpo tembló. El hambre lo estaba devorando, y antes de poder reaccionar dejó caer a Goddard, quien se quejó dolorosamente.
-Ten cuidado, humano.- le advirtió Vipunen a Bijou. -Dentro de ese cuerpo aún se encuentra la Señora del bosque. Está conectada a él y siente su dolor.-
Bijou respondió con un gruñido, dándose vuelta para no mirar el suculento manjar que era el lobo, ahí indefenso. Podía devorarlo, y Vipunen no tendría forma de defenderse, atado con aquella extraña cinta. Él y Pirausta, indefensos, ella atrapada junto con Goddard en aquel cuerpo inmóvil. Podría matarlos, a ambos, a Goddard y a la bruja que era un peligro, de una sola vez, y luego saciar por fin su hambre con Vipunen. Sería tan sencillo.
Pero todavía creía que Pirausta podía ayudarle a curarse, si lograba que Goddard los liberara a ella y al lobo. Tenía a Ajax, pero ahora ya no contaba con un laboratorio con recursos suficientes para crear una cura, y no disponía de tiempo pues la mutación avanzaba y se hacía cada vez peor. Pero quizá Pirausta con los poderes de su verdadero cuerpo, quizá...
Así que debía soportar su hambre un poco más.
Sintió su cuerpo estremecerse y se mordió los labios mientras observaba el cuerpo de Goddard arrastrándose torpemente hasta quedar junto al lobo.
Vipunen suspiró al sentir el toque amable de la única mano que el atrofiado cuerpo podía usar, y luego esa misma mano se movió hasta la cinta, que pareció responder al tacto con un ligero resplandor azul.
-Libéralo.- dijo la bruja.
-¡No!- respondió Goddard.
-Te obligaré a hacerlo.-
-¡Inténtalo, bruja! Y mientras nuestras voluntades sigan luchando este cuerpo se debilitará más y más hasta la muerte, y tú y yo pereceremos con él.-
-Eso no importa en tanto pueda liberar a Vipunen.-
-¿Renunciarás a tu vida por ese monstruo?-
-¿No me has observado lo suficiente durante estos siglos, querido Alan? ¿No has entendido aún lo que esta criatura significa para mí? Sacrificaré mi vida y la de cada ser vivo en este mundo si es necesario para salvarlo a él. Pero tú, ¿Darías tu vida sólo por un capricho? Deja ir a Vipunen y yo te dejaré a ti.-
-No. Si lo libero intentará asesinarme. Él y tú, me quieren muerto. ¿Crees que no puedo sentirlo?-
-¿Esperabas otra cosa, luego de lo que nos has hecho? Deseamos venganza, desde luego, pero hay cosas de mayor importancia. Te prometo que Vipunen no hará nada contra ti, tienes mi palabra y sabes lo que vale.-
-No confío en ti, bruja.-
-Y yo tampoco confío en ti, querido, pero no tenemos opción. ¿No es verdad? Por que mientras los dos estemos en este cuerpo eso nos condena a una muerte lenta y segura.-
Ella sintió como el espíritu de Goddard se agitaba en un mar de rabia y confusión.
Y luego, lentamente, se apaciguó, como la llama de una hoguera que se queda quieta y calmada luego de haber bailoteado por una ráfaga de viento.
-¡Bien!...Bien. Por esta vez...-
Alan Goddard, por su propia voluntad deslizó los dedos sobre la suave cinta y suspiró.
-¿Sabes de qué está hecha?- preguntó, en voz alta, pero sosegada y suave, por lo que era difícil asegurar si era el verdadero Goddard o la bruja quien hablaba
Pero Vipunen sabía que era Goddard. Podía sentir su presencia dominando el cuerpo, tironeando de la cuerda, al parecer por la simple diversión de verlo sufrir estrangulado.
-Esta hecha de de los tendones de un oso, para que sea flexible y de la raíz de un peñasco, para que se sostenga con fuerza; de la barba de una mujer, para que sea resistente, de la saliva de un pájaro para que sea dúctil, de la pisada de un gato, para que sea ligera y del aire en el aliento de un pez. Pequeñas cosas insignificantes, y aún así lo bastante poderosas para detener a un demonio. Gleipner en realidad es... nada.- y al pronunciar la última palabra, tomó la cinta entre su dedo incide y el pulgar y jaló de ella, haciéndola desvanecerse en el acto.
Vipunen, todavía con los ojos cerrados, jadeó, no por que la cinta le hubiera cortado el aire con su último movimiento, si no por una profunda emoción que le invadió al sentirse libre de la atadura. Pudo por fin estirar el cuello . Luego el resto de su cuerpo, anquilosado y rígido por las décadas de inmovilidad a las que había sido sometido, y podía sentir que su fuerza regresaba. Era como si volviera a estar vivo, había brío dentro de él, y emociones, más intensas de lo que las recordaba. De pronto fue la furia la más dominante de ellas, y quería saciarla. Bufó y gruñó y agitó los brazos al rededor sin importarle quien fuera su víctima, estando su razonamiento impedido por la ira, y su vista por sus ojos aún cerrados.
Pero una mano se posó sobre una de sus patas traseras. Una mano grande que le resultaba desagradable por que supo enseguida que era la mano de Goddard, pero también reconoció en ella el tacto suave y tierno, y esa era Pirausta.



Era Vipunen. Estaba libre, finalmente.
-Cumplí con mi parte, ahora sal de este cuerpo.- reclamó Alan Goddard, pero Pirausta, demasiado conmovida por la escena, lo ignoró, estirando la mano para poder tocar al lobo, para hacerle saber que ella estaba ahí. Y el lobo lo comprendió enseguida, y todo el rencor y la furia que se desataban dentro de él mermaron en un segundo, pues había algo de mucha más importancia que le llamaba. Había esperado más de cien años para poder volver a abrazarla, y aunque aquel no era su cuerpo, ahí dentro estaba Pirausta, su dama.
Tomó con gentileza el cuerpo de Goddard y lo abrazó contra su pecho.
-Pirausta.-
-Estoy aquí, mi amado y noble Vipunen. ¿Puedes sentirme?-
"¡Vuelve a tu cuerpo, bruja!" volvió a ordenar Goddard, ansioso de poder librarse de ella.
Y entonces, los sentidos de Vipunen que hasta ese momento habían estado demasiado saturados y dispersos, se enfocaron en aquello que olía a peligro y amenaza.
Luego un grito, un grito agudo en la voz de un niño que Vipunen no reconoció, pero que le hizo reaccionar, aunque fue demasiado tarde, y su cuerpo fue golpeado violentamente.
Aún debilitado no reaccionó a tiempo. Levantó la cabeza, aturdida por el impacto y olfateó en el aire el tufo fétido de algo que se movía hacia él, podía sentirlo acechándolo, podía sentir su hambre punzante y dolorosa.
-¡Bijou LeClair, detente!- dijo la bruja desde el cuerpo de Goddard, por lo que Vipunen supuso que el monstruo era en realidad el hombre que había acompañado a la bruja hasta ahí, el mismo que había roto las piernas y brazo de Goddard, y que ahora se había transformado en algo salvaje y enorme.
- ¡Bijou LeClair! ¡Escúchame!- volvió a hablar el cuerpo de Goddard, que por el golpe, había salido despedido de los brazos de Vipunen para terminar en el suelo, a un lado de la bestia, quien al percibir su llamado pareció detenerse.
Bijou, el monstruo devora lobos se inclinó sobre el maltratado cuerpo de Goddard, olfateando. Luego, levantando una de sus largas zarpas, la aplastó contra el cuerpo del hombre, haciéndolo sonar como si reventara, como el sonido de un insecto al ser pisado.
Luego levantó la garra e inspeccionó el cuerpo que había quedado hecho pulpa sobre el suelo, y pareció muy complacido por ello.
Al escuchar el sonido de todos los huesos quebrarse y los órganos reventarse  bajo el peso de la criatura, Vipunen, presintiendo lo peor, abrió los ojos al fin, y pudo ver lo que el monstruo había hecho. El cuerpo destrozado e inerte de Goddard. Estaba muerto.
Vipunen dirigió su mirada a la jaula, donde el cuerpo de Pirausta todavía yacía, inmóvil también, sin vida.
-Ella estaba... ahí... Pirausta...-
el lobo se acercó al cuerpo de Goddard, y le tocó suavemente, pasando sus garras sobre la cabeza casi irreconocible. -Ah... mi señora Pirausta... mi... hermosa dama... Pirausta...- pero ella no respondió.
Y sintió como sus ojos se humedecían por que ella, la fresca y hermosa Pirausta, la Señora del bosque, libre y salvaje como el viento no podía estar muerta. No debía. Aquello estaba mal, como una pesadilla llena de sucesos ilógicos y aterradores. Pero aquello era real. Y él había fallado de nuevo en protegerla. Ella había vuelto hasta ese horrible lugar para liberarlo, y él no había podido evitar que ella... muriera.
Bijou lanzó sus zarpas contra él, tratando de atraparlo, y Vipunen, hundido en su pena no se dio cuenta de ello hasta que estuvo aprisionado entre las fuertes y duras garras que lo acercaban al hocico del monstruo. Sólo entonces reaccionó, dejando por fin surgir toda la furia y violencia que la presencia de Pirausta siempre había podido calmar. Pero ella ya no estaba, y era culpa de aquella criatura, y le haría pagar.
Pirausta ya no estaba, pero alguien debía detener a ese monstruo, y el único que quedaba para hacerlo era él. Era Vipunen.

lunes, 14 de enero de 2013

29.- Fortaleza. Ella


Era fortaleza. Lo que Ajax sintió al apretar el pequeño silbato
dentro de su bolsillo.
Aquel era el único vínculo palpable que tenía con Lucas. Sabía que bastaría con hacerlo sonar y su hermano aparecería para salvarlo.
Y esa sola idea lo consolaba y lo llenaba de tranquilidad.
Y aun que deseaba desesperadamente encontrarse con Lucas, quería esperar un poco más antes de llamarlo. Al menos hasta salir de aquel túnel que los conducía lejos del
horrible laboratorio.
Hasta entonces, decidió, sería fuerte, como Lucas, para que nadie pudiera volver a decirle que no era como él y que no merecía que lo quisiera.

La batería del móvil que Bijou llevaba para iluminar el camino, se agotó. Anduvieron, pues, a oscuras por los túneles que se volvían cada vez más fríos, pero al menos habían dejado atrás el peligro constante del edificio cayendo sobre ellos. Los muros de aquel corredor estaban cubiertos y reforzados con acero, así que por eso era que debía sentirse tanto frío, pensó el niño.
-¿Cómo sabrá que camino tomar, señor?- preguntó entonces timidamente la mujer que iba con ellos, y que Ajax no sabía que era la secretaria de Bijou.
-Por el olor. El aire de los túneles no se ha contaminado por la niebla, así que puedo percibir claramente los distintos olores que vienen por cada túnel.-
La secretaria conocía la verdad sobre Bijou y su mutación, y aun que no conocía los detalles de su condición, supuso que una capacidad olfativa tan fina era una de sus habilidades.
Ajax, por otra parte, que no sabía como podía aquel hombre guiarse sólo por el olfato, levantó la nariz y aspiró con fuerza, pero no pudo percibir ningún aroma en específico.
-Y si llegara a fallar, estoy muy seguro de que el señor Goddard puede perfectamente encontrar el camino.-
-¡Ah! Seguramente que si, Bijou LeClair. De hecho, si me me lo permites puedo alumbrar tu camino ahora mismo.-
Le respondió un corto silencio, precedido por un leve gruñido, y luego Bijou volvió a hablar.
-¿Vas a decirme que después de todo si puedes usar tu poder?-
-Oh, que no pueda usarlo de la manera en que tú necesitas que lo haga no significa...que no pueda. -
-Ya. Déjalo.-
-Mi poder es limitado en este cuerpo, pero no completamente inútil. Préstame esa lampara tuya.-
Bijou extendió el teléfono en su mano, y ella lo tomó como si pudiera verlo claramente a pesar de la oscuridad. Momentos después la luz de la pantalla se encendía de nuevo y brillaba sobre los rostros sorprendidos de Ajax y de la secretaria.
-Oh. Muy bien.- dijo Bijou, y con el tenue resplandor blando ella pudo notar en el rostro de él estaba húmedo y sus ojos centellaban, con una exaltación perturbadora. Estaba terriblemente hambriento. La bruja le dedicó una sonrisa, apuntando la luz hacia adelante, y caminando detrás de él. Ajax y la mujer los siguieron.
Ajax veía a aquel otro hombre,Goddard, que a diferencia de Bijou le hablaba con mucha simpatía, y sentía una gran curiosidad, así que animado por el carácter amable que había mostrado hasta entonces, se le acercó y caminó a su lado un rato, antes de atreverse a hablarle, en voz baja, esperando que Bijou no lo escuchara.
-¿Cómo hiciste eso?-
-¿Umh?- Goddard volteó a verlo, pero también Bijou lo hizo, lo que consiguió que Ajax se sintiera cohibido y se ocultara detrás del primero.
-Es magia.- le dijo la bruja al niño.
-¿Magia de verdad?- preguntó él, intentando todavía hablar en voz baja, aun que era inútil, pues todos estaban demasiado cerca como para no escuchar.
-¡Claro que si! ¿Es que la hay de otro tipo?-respondió Goddard.
-Y ¿Puedes hacer lo que quieras?- el niño parecía casi tan entusiasmado preguntando, como la bruja lo estaba de responderle.
-Bueno, la magia es útil para tantas cosas. Para lo que sea que te imagines.-
-¿Puedes volar?-
-Si.-
-¿Puedo ver cómo lo haces?- Ajax abrió mucho los ojos y sonrió, emocionado.
Y la bruja se río de buena gana.
-No ahora.-
-¿Puedes revivir a alguien?-
-Ah.- la bruja meneó la mano suavemente, haciendo que la luz del móvil se meciera en zizag delante de ellos. -Si, pero tendría que quitarle la vida a alguien más...-
-Ah.-
-La magia más poderosa es la que exige el precio más alto, Ajax Ramsley.-
El pequeño le miró de nuevo, y ella vio en sus ojos negros que él no entendía lo que eso significaba.
-¿Qué te parece si extiendes tu mano?-
Él estiró la palma y Goddard le puso el móvil en la mano y el aparató continuó brillando.
-También hay magia en ti.-
Pero unos segundos después la luz se apagó, para desilusión de Ajax.
-Bueno, sigue durmiendo al parecer.- rió suavemente la bruja.
-Deja de jugar con eso.- ordenó Bijou, con voz de que a él no le hacía gracia.
Gooddard volvió a tomar el teléfono y la luz se encendió de nuevo, brillando con más intensidad.



- Ese aprendiz tuyo, Pirausta.- dijo Vipunen, en su forma humana, apostándose en la entrada de la pequeña carpa en la que la bruja se había instalado, en una colina cercana al pueblo de Alan Goddard y su gente. -Se está embriagando de poder casi tanto como de vino.-
Ella, sentada ante una mesita, con pluma en mano y a la luz de un par de velas, estaba absorta en la escritura de alguna cosa, tanto que no parecía poner atención a los comentarios de Vipunen.
Él la miró un momento y luego se asomó de nuevo al exterior, de donde provenía un gran barullo. Los humanos estaban en mitad de una de sus celebraciones.
-Ellos creen que poseen al mundo. Pero son... tan... insignificantes.-
-Querido Vipunen, ¿Qué bien te puede hacerte tu odio por los humanos?- preguntó ella, sin apartar la vista de su ocupación.
-¡No es odio!... Es... desprecio. Es que no comprendo como puedes permanecer cerca de ellos. Tú, generosamente les has brindado conocimientos por que pensabas que eso haría un bien a la humanidad, pero hasta ahora sólo han utilizado lo que han aprendido para su propio beneficio. Tu discípulo ha conseguido ponerse a la cabeza de su pequeña sociedad.- Vipunen pronunciaba esas palabras como si sintiera asco de ellas. -¿De qué otra manera a aplicado lo que le has enseñado si no es para asegurarse un ejército de fieles y ciegos adeptos?-
-Ellos han elegido a Alan como su líder por que es un hombre excepecionalmente inteligente.-
-Él se convirtió en líder gracias al poder que tú le diste.-
El sonido de la pluma de Pirausta se detuvo y ella levantó la vista y le sonrió.
-El poder que le di es el saber, y eso algo a lo que todos tienen derecho.-
-¿Por qué unos seres tan miserables tendrían derecho a saber? El poder que pones en sus manos es más grande que su entendimiento. Eso que tú llamas magia no está hecha para ser tocada por los seres humanos.-
-Lo que yo llamo magia... - ella se levantó y caminó hasta Vipunen -Es algo que existe en todo ser vivo, incluso en los humanos. Sólo les muestro la forma de usar algo que ya tienen desde el momento en que existen.-
Le miró con la dulzura con la que siempre lo hacía y levantó la mano hasta tocar la frente de Vipunen, peinando los finos mechones de pelo gris oscuro.
-Comprendo tu preocupación, noble Vipunen, y confieso que incluso yo tengo dudas al respecto en ocasiones, pero los humanos existen en este mundo junto con nosotros. No podemos negar su existencia y apartarnos para siempre sólo por que son aún demasiado jóvenes para comprender. Si podemos ayudarles a crecer ¿No es ese el camino a tomar? Este es su mundo también, no podemos ser egoistas con algo que también les pertenece.-
El lobo suspiró. Por más irritado que estuviera, aún en sus peores momentos de ira, bastaban unas cuantas palabras en la voz de ella, un gesto, una sola caricia de su ligera mano para apaciguarle.
-Tu vida...- susurró él, agachando la cabeza para que ella pudiera alcanzarle con más facilidad sin tener que ponerse sobre las puntas de los pies para palmearle la cabeza. -¿También les pertenece... a los humanos?-
-Oh. ¿Es todo esto porqué estás celoso, Vipunen?- preguntó ella, divertida por la expresión que el hombre mitad bestia tenía, un intento fallido de parecer serio y molesto, que llegaba a ser más parecido a un berrinche infantil.
-No lo estoy.-respondió él. -Quizá... quizá... un poco, de todo el tiempo que pasas con ellos, y de todas las atenciones que les prodigas, y por que no confió en ellos. Es ese... aprendiz.-
-Vipunen, tengo un compromiso con los humanos que me ata a su destino, por que decidí ayudarlos y por que me preocupo por ellos, pero dejaría que la humanidad entera ardiera si debo elegir entre ellos y tú.-


Lucas y Vaizack consiguieron llegar a la puerta por donde Ajax y los otros se habían escapado, abriéndose paso entre la pila de escombros, y al pasar al otro lado Vaizack se aseguró que los escombros detrás de ellos volvieran a caer, bloqueándole el camino a sus perseguidores. Pero al pasar por la puerta sólo encontraron más escombros, y el techo seguía cayendo a pedazos cada vez que el edificio se sacudía.
Se movieron tan rápido como pudieron hacerlo.
-¿No podrías usar de nuevo esa cosa que sale de tu boca para desintegrar los obstáculos?- preguntó Lucas, moviéndo una gran pieza de cemento. -Sería mucho más rápido. Por cierto ¿Cómo has hecho el truco de la niebla? Nunca antes te vi usarla-
-Es la primera vez que lo hago. No sé como lo he hecho. Y si lo uso ahora el aliento del berserker también te daña a ti. -
-Cuando estoy en forma de lobo no me molesta tanto.-
-Pero hará que esa magia que llevas encima se diluya más rápido. Y es gracias a ella a que puedes moverte ¿No es cierto?-
-Ya...si. Pero igual sería más rápido.- refunfuñó, lanzando una piedra sobre su hombro.- De todas formas, ¿Desde cuando no te interesa dañarme? Y ¿Qué diablos fue todo eso allá atrás? Ayudándome... salvándome la vida.-
-He estado ayudándote y salvándote la vida desde que nuestros caminos se cruzaron.-
-Si, pero ¿Por qué? Además poniéndote en riesgo, peleando con otros como tú, "traicionando tu naturaleza"- dijo, fingiendo una voz más gruesa en la última frase, citando lo que había dicho uno de los berserker que les perseguían. -No entiendo por que lo haces. No entiendo nada de lo que haces.-
-Yo tampoco lo entiendo.-
-Oh.... ¡Oh! pues no creas que voy a agradecerte nada, por que en primer lugar fuiste tú el que se llevó a Ajax por la fuerza. Y lo trajiste aquí. ¿Por qué aquí? ¿Sabes lo que es este lugar?-
-Las oficinas centrales de House of Sound, un centro de experimentación biológica y genética.-
-Y de exterminación. ¿Por qué trajiste a mi hermano aquí si sabes lo que hacen?-
-Por que era mi trabajo.-
-¿Tu trabajo?- Lucas dejó de saltar entre los escombros y miró al lobo blanco. -¿Tu trabajo era secuestrar a Ajax?-
-Si.-
-¿Quién te ordenó que lo hicieras?-
-House of Sound.-
-Eres... ¿Un cazador?-
-Lo era, hasta esta tarde.-
-¡Eres un maldito cazador! ¡Eres un lobo! ¡Ellos cazan lobos! ¿Cómo puedes...? Oh, ¿Por eso estuviste ayudándonos? ¿Por eso nos llevaste a tu casa? ¡Todo este tiempo estuviste planeando llevarte a Ajax!-
Lucas saltó sobre él, pero Vaizack lo lanzó al suelo confacilidad.
-No tenía planeado llevármelo, hasta esta mañana, cuando fui avizado de que estaban buscándolo.-
-Ajax confiaba en ti.- dijo Lucas, el berserker se adelantó, para seguir abriendo paso, sin que pareciera importarle realmente lo que estaban diciéndole. -Lo traicionaste.- continuó Lucas, estirándo una garra para halar la cola del lobo blanco hasta hacerlo caer taambién y rápidamente se puso sobre él, mostrándole amenazadoramente los caninos.
-Era mi trabajo.- respondió Vaizack
-Si, eso dijiste también cuando asesinaste a Regan. La mataste por que House of Sound te lo ordenó ¿Cierto? Debería sentirme estúpido por no haberme dado cuenta, pero lo cierto es que jamás habría esperado que un lobo trabajaría para los que están exterminando a los suyos.-
-No tengo nada que ver con los lobos que House of Sound caza, y ninguno como yo podría ser capturado, y si así fuera
no importaría.-
-Nada te preocupa. ¿No? Nada ni nadie, sólo tú.-
-¿Qué importancia puede tener preocuparse? Las cosas suceden o no por las acciones, no por la precupación.- soltó el albino con tono cansado. -Si debiera preocuparme por algo quizá sería por el hecho de que nos estás demorando cuando estamos siendo perseguidos. Si vas a atacarme hazlo de una vez, aun que ya sabes como terminará.-
Lucas sentía que la furia le hervía en la sangre, y emanaba por su ojo, clavándose en el lobo blanco, pero era como mirar una roca con la que no podía razonar y tampoco atacar sin salir herido. Lo cierto era que no podía darse el lujo de desperdiciar su tiempo, Harley le había dicho que su energía tenía límite, y debía usarla para poner a salvo a Ajax. Así que se levantó, bufando, y saltó sobre una viga para continuar removiendo pedazos de piedra que le estorbaban el paso.
-¡Cuando esto termine voy a cobrarme todo lo que has hecho!-

Vipunen no dormía. Mantenía la cabeza apoyada en el suelo del recinto, con los ojos cerrados, y dejaba que su conciencia se hundiera en los recuerdos. Sólo así podía volver a ver a la verdadera Pirausta, verla como era antes de que la hicieran una prisionera, privándola de su poder y su libertad. Era así como habían pagado los humanos la bondad que ella les había mostrado.
Pirausta había sido una idealista, soñando con un mundo donde la exitencia de cada criatura fuera respetada, y era cierto, que él, Vipunen, un guerrero que se había dedicado a exterminar a otros seres, había pensado que un ideal como el de su señora era infantil y completamente imposible de realizar. Pero él confiaba en Pirausta, en su sabiduría y en el enorme poder de su dulce presencia bajo el que él mismo había caido presa.
Su señora podía amanzar los espíritus más violentos, quizá podía también limpiar la corrupción de los seres humanos.
Vipunen realmente lo había creido.
Pero Alan Goddard había sido un muy buen actor. Si. Había engañado a su señora, e incluso a él, a Vipunen, que siempre lo observó con cuidadosa perspicacia, logró hacerle creer por un tiempo que al igual que ellos, deseaba la paz.
Por eso cuando Pirausta planeó la creación de la cofradía, Goddard fue puesto a la cabeza, para dirigir a un grupo de poderosas personas que mantendrían la paz y la amistad entre todas las razas. Pero él convirtió a la cofradía en un ejército, y en vez de buscar una relación de amistad con los seres no humanos, se dedicó a someterles por medio de la violencia.
Fue entonces cuando Pirausta se dio cuenta de su error e intentó detenerle, pero Goddard dirigió a su ejército contra ella.
Vipunen luchó para detenerlos, dispuesto a dar hasta su último aliento de vida, lo que casi ocurrió, pues a pesar de su fuerza no pudo contra sus numerosos adversarios, y entonces fue Pirausta quien lo salvó, entregando su libertad a cambio de la vida del lobo.
Pirausta, quien siempre había sido una criatura libre, fue capturada por su culpa.
Vipunen vivía eternamente atormentado por lo que consideraba su propia terrible debilidad que había causado todo un siglo de desgracias. Pero aquella debilidad se había transformado en otra cosa, más de un siglo atado en aquel lugar habían tornado su espíritu impetuoso y explosivo en paciente y prudente. Su debilidad se había convertido en algo más, algo que era fortaleza.
Era ella, Pirausta, la verdadera, acercándose.
Vipunen dormitaba, con su cabeza baja, y los ojos cerrados, hundiéndose en las ensoñaciones del pasado, pero al mismo tiempo permanecía alerta del mundo exterior, y podía percibir el movimiento agitado y convulsionante de una humanidad que agonizaba bajo las garras imparables de los berserker, y entre todo aquel caos, también pudo percibir la presencia de su amada, que era como el deleitoso sonido de una campanilla que aquietaba todo lo demás.
Vipunen entre abrió sus ojos y estiró el cuello, y sintió como la cinta le apretaba la garganta, pero no le importó.
-¿Qué pasa? Te escucho resollar ¿Estás jalando la cuerda? Como si no supieras que no podrás aflojarla ni un centímetro...- dijo Goddard dentro del cuerpo de Pirausta desde la jaula dorada.
-¡Silencio!-
-Oh. ¿Están tus dioses hablándote de nuevo?-
-No. Es ella, que se está acercando.-


Lucas se deslizó por una pequeña pendiente de piedras y tierra sólo para terminar chocando contra una pared, haciendo que un montón de yeso suelto le cayera encima. Su pelaje oscuro se había vuelto gris con todo el polvo que se le había pegado, aun que apenas si lo notaba en la oscuridad.
-Esa magia que llevas encima.- escuchó que el albino le hablaba, yendo detrás de él, pero hacía rato que había decidido ignorarlo. No podía gastar tiempo intentando darle una paliza, pero tampoco tenía estaba obligado a soportar su plática si no quería.
-Tiene un olor que me resulta conocido- continuó Vaizack. -Huele a bruja. A una en especial. Es tan tenue que apenas se percibe, como una mota de polvo en mitad de una tormenta de arena. Si lo detecto es por que lo conozco.-
- Siempre habías sido tan callado. Siempre... te has dedicado más a callarte y verte todo misterioso y ausente, y justamente ahora te da por ponerte parlanchín. Vaya mierda.- gruñó Lucas, empujando una viga de madera, desbloqueando el paso hacia un tramo de pasillo despejado.
-Hay un laboratorio en aquella dirección.- dijo luego, olisqueando el piso, hablando más consigo mismo que para que Vaizack le escuchara, aun que esperaba que eso le pusiera fin a las repentinas ganas de entablar una conversación que parecía tener el albino -Lo recuerdo. Estuve en ese lugar muchas veces.-
-Si te hablo de ello es por que quisiera saber más acerca de la bruja que te puso ese hechizo.- insistió Vaizack.
-Oh... ¿Qué?- Lucas apenas tomaba conciencia de lo que le estaban diciendo. El lobo blanco le estaba preguntando por Harley. La Harley que le había salvado la vida. La Harley que había resultado ser una bruja, al parecer. La Harley que él creyó había asesinado. Pero estaba viva, en verdad, y la prueba era que ella le había hecho algo para que recuperara toda su fuerza y su energía, aun que fuera temporalmente. Claro que le intrigaba como era que ella había sobrevivido, pero no quería pensar en eso por el momento.
-¿Qué diablos te importa a ti? Creí que no te interesaba nada excepto tú.-

-Me interesa lo que tiene que ver conmigo.-

-¿Y qué tiene que ver contigo?-

-Es el mismo olor de la bruja que me cosió el cuello.-

Lucas lo miró, observó su cuello que todavía estaba zurcado por la fina línea de hilo.

-¿Ella hizo eso? ¿Por qué lo haría? - preguntó Lucas, incrédulo.

-Me gustaría saberlo.-

-Umh. Pues yo tampoco lo sé.-

-Pero la conoces.-

-Quizá.-

-Quiero hablar con ella.-

-Ya, déjame revizar su agenda para ver que día puede darte una cita.- dijo el vago con sarcasmo.

-Corre.-

-¿Qué?-

-Corre. Los otros se están acercando.-

Lucas se echó a correr y torció a la derecha. Entraron al laboratorio. Se podía sentir el olor de Ajax, pero él no estaba ahí.

-No. El rastro no puede estar equivocado...-
-No lo está.- respondió Vaizack, olfateando bajo la mesa de operaciones. -El rastro sigue bajo esta parte del piso.- dijo, rascando sobre la lámina que ocultaba la rampa.

-¿Un camino secreto?- Lucas trató de levantarla (nunca pensó en deslizarla) sin obtener ningún resultado, y sintiéndose presionado por las presencias cada vez más cercanas de los otros lobos blancos, terminó por hundir las garras en el piso, desprendiéndolo para dejar libre el camino.
Ambos olieron el aire que salía del corredor oculto.

-Si, se fueron por aquí.-

"Esta habitación debe destruirse" dijo Vaizack, y Lucas comprendió lo que decía, pero de su hocico surgió de nuevo la niebla, en vez de palabras.

-¿Qué demonios haces?-

-Si ellos llegan hasta aquí, descubrirán este pasaje secreto y los matarán a todos. Vete. Me encargaré de sellar el camino.-

-¿Qué? ¿Vas a sacrificarte? ¿Qué...?- Lucas suspiró -No tengo tiempo para esto. Normalmente no aceptaría tu ayuda, pero si eso me ayuda a llegar a Ajax no me detendré. - dijo, deslizándose por la rampa.
Momentos después volvía a asomarse.
-No te entiendo, y te detesto, pero gracias.-
Luego volvió a desaparecer por el agujero en el piso y hechó a correr por el pasillo oculto.

Vaizack continuó inundando el laboratorio con su aliento, que ya debilitaba las paredes y las columnas, de por si ya dañadas, haciendo que todo el techo se desplomara, cubriendo la entrada.




-Ah. ¿Puedes sentir eso, Bijou LeClair?-

-Si. Hay un lobo muy cerca.-

-Ese es el noble Vipunen.- La voz de Goddard delataba una alegría que no se esmeró en disimular.

-Está debajo de nosotros. Esa cámara debe estar bastante bien protegida, así que debe ser el lugar más seguro por el momento. Si subimos a la mansión tarde o temprano los lobos blancos o su niebla tóxica nos alcanzarán, así que debemos bajar.- explicó Bijou. Más adelante dieron con una puerta, pero estaba cerrada, y por el tablero en la pared, a un lado, era fácil suponer que funcionaba con electricidad y que se necesitaba un código para abrirla.

-Una puerta como esta sólo detendría a un intruso sin ninguna habilidad.- la bruja se adelantó y puso la mano sobre la puerta, susurrando algo sobre ella, y consiguiendo que se abriera al instante. - Alan Goddard tiene mucho trucos, pero no hay ninguno que yo no le conozca.-

La puerta daba paso a un pequeño corredor con varios accesos, Bijou se movió en dirección a uno casi sin pensarlo, y miró por un largo pasillo oscuro del que subía una corriente de aire fresco y frío.
-Es por aquí. Ah, puedo olerlo.-
-Bijou LeClair.- habló la bruja, poniendo una mano sobre el hombro del hombre -Sé que estás sufriendo por tu hambre, perodebo advertirte que espero que refrenes tu instinto depredador. Vipunen es un lobo al que no puedes tocar.-
-Por supuesto, señora.- contestó él, soltándose de su agarre y avanzando por el tunel, con la luz del teléfono móvil en alto. Los demás lo siguieron. Ajax sintió escalofríos, probablemente por el aire helado que los rodeaba, y se aseguró de caminar junto a Goddard, y lo más lejos de Bijou que le fuera posible, que no era mucho, pues el pasillo era bastante estrecho.



-¿Puedes escucharme ahora, querido Vipunen?-
Y Vipunen escuchó aquellas palabras dentro de su mente.
-Pirausta.-
Y el lobo gris sonrió, por que finalmente estaba ahí. Era ella.

domingo, 13 de enero de 2013

28.- Una bestia. Algo que no había visto antes. Algo indetenible.

Era una bestia. Ajax estaba seguro que podía ver una enorme gran abriéndose hacia él en medio de la oscuridad que reinaba.

Quería levantarse y correr, pero se había quedado aprisionado bajo un pedazo de escombro del techo que se caía en pedazos por los continuos temblores que sacudían la estructura del edificio.

Entonces sintió que una fuerza enorme lo jalaba hasta liberarlo, y lo impulsaba al otro lado del pasillo, lejos del monstruo que acababa de liberarse de una de las celdas.

Era Vaizack quien rescántandolo de los escombros, lo había llevado hacia la salida.


El niño salió dando trompicones al corredor, en donde se encontró de frente con Bijou y otras dos personas que no pudo reconocer en la penumbra, luego miró a la masa blanca que se elevaba frente a él, en la puerta del pasillo, y que retrocedía lentamente ante el peligro de aquella otra criatura monstruosa que Ajax no alcanzaba a percibir desde donde estaba.

Bijou se acercó a él, obligándole a levantarse. El niño se quejó, pues le estaba jalando el brazo con mucha brusquedad y lo obliga a avanzar por el corredor hacia una puerta al otro lado.

Vaizack los alcanzó y apartó a Bijou con brusquedad.

-¿Por qué no te ocupas primero de esa cosa que viene tras nosotros, lobo?- preguntó Bijou, inhalando profundamente y el lobo pudo ver como se relamía los labios. -¿O es qué sabes exactamente cómo escapar de aquí? Sin mí te perderás en un laberinto de corredores que se desploman, con esa cosa yendo tras de ti, y quizá tú sobrevivas, pero el niño no.-

-¡No voy a ir contigo!- chillo Ajax ante lo que decía Bijou, agarrándose del pelaje del lobo blanco.

El sonido silbante de la criatura en la oscuridad se aproximaba. Vaizack empujó a Ajax hacia Bijou y se lanzó contra la bestia.

Pudieron escucharles luchar en la oscuridad. El sonido de las mordidas y los golpes parecían intensificadas por el eco que rebotaba en las paredes.


Ajax advirtió como Bijou intentaba agarrarlo, así que corrió. Prefería quedarse con el lobo blanco, aun si corría el riesgo de que aquella cosa que los perseguía lo matara, que ir con Bijou.

Corrió a lo largo del pasillo, tropezando con lámparas, trozos de yeso y láminas de metal desprendidas de las paredes y el techo. Entonces, en el repentino silencio después de una sacudida de la estructura, el niño escuchó la respiración silbante de la bestia, y se quedó quieto, paralizado por el miedo de lo que fuera a encontrar al mirar hacia atrás.

Pero podía sentir a aquella cosa como si le respirara justo sobre la nuca. Y entonces un nuevo temblor,más fuerte, un chirrido, y una pared completa cayó justo sobre la criatura.

Ajax se había salvado de quedar aplastado sólo porque el cuerpo de la criatura detenía los grandes pedazos de escombro.
Aquel monstruo debía haber muerto, pues ya no lo escuchaba o sentía moverse.

El crío trató de levantarse, pero sentía las piernas débiles por el miedo.

Fue Vaizack quien lo levantó  en sus grandes brazos de lobo y Ajax se dejó llevar, aliviado.

-Atrás de ti, lobo.- resonó la voz de Bijou, quien había abierto una de las puertas y parecía que los esperaba.

Vaizack volteó. Del mismo pasillo en donde estaban las celdas donde Ajax había sido confinado, salía ahora una multitud de confusas formas que se movían hacia ellos.
El último temblor debía haber derribado también las paredes de los cubículos, y ahora, libres, aquellas criaturas resultaban una amenaza para ellos.

Algunas de esos seres,los más feroces, parecieron interesarse de inmediato en grupo de personas que intentaba huir y se lanzaron hacia ellos.

Ajax sintió un apretón de mano por parte del lobo blanco, y luego fue dejado rápidamente en los brazos de Bijou quien se apresuró a cruzar por la puerta que había abierto y cerrarla tras de sí, dejando al lobo blanco al otro lado, peleando con los monstruos.


-¡No!-gritó Ajax, pataleando con fuerza hasta lograr que Bijou lo soltara. Se lanzó contra la puerta, e intentó abrirla, pero parecía atrancada pues no pudo moverla ni un poco. -¡Está solo! ¡Abre la puerta!-

-Silencio.- ordenó Bijou. -Agradece que se te ha salvado la vida. Camina.-

-¡No quiero! Mi amigo esta ahí...-

-No tienes que preocuparte por él...- dijo otra voz que el niño no creía conocer, pero que venía de una de las otras dos figuras que acompañaban a Bijou. No podía verles los rostros por la falta de luz, pero la voz era la de un hombre. Y a diferencia de la de Bijou, sonaba como una voz bastante amable.

-No hay un solo ser en este lugar que pueda competir en fuerza y poder con un lobo blanco. Él,tu amigo, va a estar bien, Ajax Ramsley.-

El tono suave de aquella voz ayudó a Ajax a tranquilizarse, aunque no dejaba de sentirse preocupado.

Sólo entonces notó que en la mano que el lobo le había apretado antes de ponerlo en brazos de Bijou, había algo. Un objeto pequeño y delgado. No lo veía, pero supo de inmediato lo que era. Reconoció la forma de suave metal pulido y la cadena a la que estaba enganchado. Su silbato.
Ahora podía llamar a Lucas.

Pero no lo hizo.

Pensó en que si lo hacía ir por él hasta ese lugar, Lucas volvería a estar en peligro.
Así que le pareció mejor salir de ahí primero y luego buscar a su hermano.

-Andando.- ordenó Bijou, empezando a caminar por el pasillo. También ahí había escombros, lo que dificultaba moverse con rapidez.

De pronto una pequeña luz blanca se encendió.Sólo entonces Ajax pudo ver que una de las otras personas que acompañaban a Bijou era una joven mujer bajita y delgada, que era quien sostenía la luz, proveniente de un teléfono celular.

Era suficiente luz para alumbrarles unos cuantos pasos por delante, eso les evitaría tropezarse o meterse innecesariamente entre los escombros peligrosos.

Ajax se guardó el silbato en el bolsillo y caminó con ellos. Bijou se aseguró de que lo hiciera, obligándole que caminara delante de él. No quería perderlo de vista y que tuviera el impulso de tratar de escapar.

-Señor ¿A dónde nos dirigimos?- preguntó la secretaria, que iba adelante de todos, guiando con su pequeña luz.

-Al laboratorio no. 3. Hay una entrada ahí.-

-¿Una entrada?-

-A una red de túneles que pasa por debajo de la ciudad. Nos sacarán del edificio sin tener que encontrarnos con esos monstruos de afuera.-

-Y ¿A dónde es que nos llevará?- indagó Goddard.

-Si sabes por donde ir, fuera de la ciudad, a salvo. Iremos hasta la mansión de Goddard.-

-Los berserker llegarán a la mansión también, Bijou LeClair. Y su aliento se extenderá por el aire y las paredes no podrán evitarlo.-
-Mientras nos quedemos bajo tierra tendremos oportunidad. Además, la mansión tiene mucha más protección. Protección de hechizos poderosos. Tú lo sabes perfectamente.-

-Si. Pero me temo que no bastaran en esta ocasión. No contra los berserker.-

-Tendrás que  encargarte de eso.-sentenció Bijou, como dando por zanjado el asunto.

-Oh. ¿Tú crees que pueda?- Goddard se río suavemente. Giró la cabeza sobre su hombro y miró a Ajax. -Ese lobo de pelaje blanco es tu amigo. Es lo que dijiste, ¿Cierto, Ajax Ramsley?-

El niño se sobresaltó, ensimismado como estaba, al escuchar que se dirigían a él.

-Si.-
-Que interesante.-

-Si. Interesante que llames "amigo" a alguien que te traicionó al traerte aquí.- escupió Bijou.

-Tu traicionaste a Lucas.- murmuro el crío.

Bijou se detuvo y se giró sobre sus talones, mirando sorprendido a Ajax por lo que se había atrevido a decir.

Estirando su brazo soltó una bofetada en el rostro del niño, que cayó al suelo por la fuerza del golpe.

-No sabes nada sobre eso. Guarda silencio.-

Los temblores se hacían cada vez más seguidos, casi ininterrumpidos.

-Caminen.-




Lucas trataba de avanzar lo más rápido que le era posible hacia el edificio de House of Sound, intentando no llamar la atención de ningún otro lobo blanco o de los cazadores. Podía sentirlos, las presencias de los lobos blancos que se movían todos hacia la misma dirección que él, y más adelante, el olor a sudor y veneno de los cazadores, que le era tan conocido.

Detrás suyo la niebla continuaba su lenta marcha, avanzando pesadamente, cerrándose cada vez más sobre la ciudad.

En realidad no había hacia a donde más ir, mas que en la dirección en la que lo estaba haciendo. Y una vez que llegara ahí, cuando hubiera encontrara al niño, no sabía cómo iba a hacer para escapar con él, para ponerlo a salvo. Pero inmediatamente apartó esa cuestión de su mente.
Se ocuparía de una cosa a la vez.

Entonces pudo ver como la luz del edificio de House of Sound, el único punto que aún quedaba en la ciudad, se apago.

Lograba ver en la oscuridad la silueta del edificio, levantándose hacia el cielo. Se encontraba a sólo unas cuadras, y estaba seguro de que podía detectar, aunque de forma muy sutil el olor de Ajax.

Aun cuando sus sentidos no eran tan exquisitamente agudos como los de cualquier otro licántropo, no podía equivocarse con el aroma de su hermano.

Al llegar a la entrada del edificio se encontró con un panorama desolado. Trozos de cuerpos humanos esparcidos alrededor,
aunque había visto bastante de eso en su camino hasta ese lugar. Lo que le sorprendió fue el cuerpo gigantesco de aquello que parecía que era una bestia.


Era algo que no había visto antes. Una masa enorme, sin una forma que pudiera reconocer, de pelaje negro, y enormes heridas abiertas que dejaba expuesta su carne. Heridas de dentelladas como las de un lobo.

La carne de Lucas se estremeció, retrocedió y se acercó a la puerta del edificio. La niebla ya comenzaba a arrastrarse entre sus pies, colándose dentro.
Si sucedía lo mismo que con el resto de la ciudad, aquella edificación terminaría destruida al cabo de un rato, fundida por la neblina.

-Ajax. Ya estoy aquí.-musitó, poniendo pie dentro de aquel lugar que le gritaba peligro. Se sentía tenso, abrumado, acechado.

Había lobos blancos ahí dentro. Podía sentir sus presencias enormes golpeándole.

Además, aquel era el lugar que había estado evitando por tantos años. Sabía que no tenía ningún caso temerle ahora, pero no podía evitar que su cuerpo inconscientemente reaccionara ante el recuerdo del espantoso dolor que aquel edificio le significaba.

Aspiró el aire, tratando de buscar la pista de su hermano, pero la atmósfera saturada le dejó mareado y sintiéndose aún peor.

-Que-quédate donde estás. O... ¡te mataré! Bestia...asquero...sa-

Lucas miró hacia una esquina del vestíbulo, donde desde debajo de una mesa, alguien le apuntaba con un arma.
Era un humano, por lo que no se alarmó demasiado. Debía ser uno de los cazadores, pero no representaba un peligro en absoluto, pues ya tenía gran parte del cuerpo destruido y se estaba desangrando.

-¿Crees... que no puedo dispararte? Son balas de plata, y ten... tengo buena puntería, mons... monstruo...-

Se escuchó el estallido de un disparo y en seguida apareció uno de los lobos blancos. Lucas no supo si ya estaba ahí o acababa de llegar. Pero pudo verlo claramente cuando el lobo blanco fue directo hacia el cazador y lo asesinó, atravesándole el pecho.

Enseguida se giró hacia Lucas, contemplando frente a sí a un lobo flacucho y maltrecho, que enseguida se puso en  guardia.

El berserker lo observó con detenimiento.

Había algo en él que era desagradable.

Como berserker, no sentía la necesidad de atacar a lobos comunes, incluso si eran mitad humanos. No eran rivales dignos, ni un peligro.

Pero ese que tenía enfrente le resultaba odioso. Su sangre olía demasiado a suciedad, a humano. Aun así, aunque podría tener un ligero interés en eliminarlo, todavía quedaban humanos por exterminar, y eso era la prioridad. Era la razón por la que todos los que eran como él habían vuelto. Los dioses esperaban que ellos limpiaran el mundo.

Así que aquel lobo débil y extraño no era importante, por ahora. Lo hizo a un lado con un empujón y fue hacia una puerta de metal que parecía sellada. Sin embargo la niebla ya había hecho su efecto en ella, y al berserker le costó muy poco arrancarla a pedazos para descender por unas oscuras escaleras hacia los niveles inferiores, donde todavía quedaban humanos vivos.

Lucas lo vio alejarse y por fin pudo volver a respirar. De pronto sintió el dolor extendiéndose de una sola vez, como un golpe.
Se miró el pecho, donde tenía un agujero que sangraba y que quemaba.

-No.... No otra vez, maldita sea.-

El cazador había disparado antes de morir.

Una sola bala. Un solo tiro. Y le había dado.

El vértigo que sintió le hizo detenerse con ambas garras contra la pared que se sacudía a cada momento.

No podía luchar contra eso, por mas fuerte que quisiera ser, no podía contra una bala de plata.

Sintió su energía consumirse, y cayó al piso, en su forma humana.

-Ah... bien. No duele tanto... - dijo, creyendo que podría levantarse, pero ni siquiera pudo moverse. La niebla le estaba quemando la piel, el ojo que le quedaba y los conductos respiratorios.

-No ahora. No. Debo ir por Ajax. Sólo eso...-

Y entonces el calor de una respiración le hizo levantar la cabeza y encontrarse con un lobo blanco. No sabía si era el mismo que acababa de bajar por las escaleras, pero parecía listo para convertir a Lucas en su presa.

-Humano.- gruñó el lobo.


Pero al querer poner sus garras sobre el cuerpo del muchacho el aire a su alrededor lo quemó, haciendo que el berserker se detuviera momentáneamente, y luego salió despedido hacia el otro lado del vestíbulo, cerca del cadáver del cazador, manchandose con el charco de sangre que se extendía por el piso de mármol pulido.

La sangre se sentía viscosa y pesada, y de pronto entre el rojo oscuro vio algo blanco y brillante que se deslizaba a su alrededor, y no supo con exactitud que era hasta que sintió como le quemaba el cuerpo el aire, y se dio cuenta de que  no podía alejarse de aquella porque estaba encerrado en un círculo, formado por aquella delgada cosa que parecía haberse estado ocultando en el charco de sangre, esperándolo. Aquella cadena de plata que lo había apresado.

-Entre mas luches mas daño te causara.-
Lucas, esforzándose por respirar, volvió la cabeza hacia donde escuchaba aquella voz conocida y vio a Harley, la pelirroja, en persona.

El berserker se agitó dentro de su prisión, gritando salvajemente, con los ojos encendidos de rabia.

-Bueno, los de su clase son de todas formas amantes del dolor, así que no se detendrá, y el círculo terminará cediendo. Más aún, sus gritos atraerán a otros, así que tendrás que moverte rápido.- dijo ella, acercándose a Lucas, quien parecía demasiado sorprendido de verla, con los ojos desorbitados, y la boca completamente abierta.

Pero boqueaba y jadeaba, y entonces Harley cayó en cuenta que se estaba ahogando.

-Es por esta bruma. Es venenosa para los humanos. Necesitas volver a tu otra apariencia y pronto, o morirás.-

-N-no... puedo.- Lucas apartó la mano del pecho, dejando expuesta la herida.

-Ah, si, eso.-

La pelirroja pasó su dedo sobre la herida y chasqueó la lengua.

-La herida no es tan profunda, pero hay que sacar la bala.-

-No... ¡Arhg!-

La mujer deslizó la punta del dedo, buscando la bala dentro de la carne lastimada.

-La herida debe tratarse, pero no hay tiempo. ¿Comprendes?- dijo extrayendo la bala con sus dedos mojados en sangre de Lucas. Miró hacia donde estaba el berserker encerrado, y que intentaba romper con sus garras la delgada cadena de plata.

-La plata los hiere, pero no es mortal para los de su clase. No hay hechizo suficientemente viejo y poderoso como para que sea efectivo sobre uno de ellos, así que si no te transformas ahora y te vas no podré evitar que te mate.-

-N...no... -

-Lucas...- Harley le tomó el rostro entre las manos y vio como el chico luchaba por no perder la conciencia. Estaba sangrando por la nariz y tenía la piel enrojecida por las quemaduras de la niebla.

-Escucha. Puedo darte unos minutos, querido. Tu cuerpo tendrá energía suficiente para salir de aquí e ir por Ajax, pero luego de eso... tal vez no puedas volver a moverte. Tal vez mueras.-

-Mo...rire... de... todos modos...-

-Si...- suspiró Harley,poniendo sus labios contra la frente del chico.

-Dicen... que hay... quienes nacieron para atraer toda la mala... suerte...-murmuró el chico con la mirada desenfocada y perdida, así que no pudo ver como Harley le sonreía con tristeza.

-Cariño, esas son solo supersticiones tontas. Tienes más suerte que ninguno en este mundo. ¿Quién más habría podido sobrevivir a lo que tú has pasado?-

Con sus dedos ensangrentado, Harley dibujo sobre el pecho de Lucas una pequeña figura circular con trazos ondulados en el medio y murmuró algo en el oído del chico.

El cuerpo de Lucas se convulsionó y a continuación se quedó rígido, incluso su respiración se detuvo.

Podía ver lo que ocurría, estaba consciente, pero no era capaz de mover su cuerpo. Luego una luz brillante cayó sobre él, una luz que venía de ninguna parte. Era algo que no había visto antes.


Era algo indetenible. Aquella luz que entraba en él y se movía en su interior y que recorría su cuerpo, aliviando sanándolo, llenándolo.

De pronto volvió a respirar, tan profunda y limpiamente que le pareció que era la primera vez en su vida que lo hacía.

-¿De acuerdo?-

-¿Qué?-

Escuchaba que alguien le hablaba, pero no entendía lo que le decían.


-Lucas. Mírame.- una manos giraron su cabeza, y entonces la vio, más claramente, aún en la oscuridad, y reconoció el cabello  cabello ondulado y rojo.

- Harley... ¿Estoy soñando?-

-No, sólo estas desorientado. Transformarte, pronto.-

Entonces los sentidos del muchacho percibieron de nuevo los temblores que sacudían al edificio, y el olor de los muertos, y las presencias pesadas y terribles de los lobos blancos, y los gritos del que tenía enfrente, atrapado en un círculo hecho con plata.

Y entonces se acordó también de la bala que lo había golpeado, pero el dolor ya no estaba. No había ningún dolor en su cuerpo. Como si jamás se hubiera lastimado en toda su vida. Incluso los viejos dolores que le aquejaban, aquellos a los que había aprendido a acostumbrarse, todos habían desaparecido.

-Había olvidado lo que es sentirse bien.- dijo, poniéndose en pie y transformándose en lobo.

-Tienes poco tiempo, no lo desperdicies.- advirtió la pelirroja. -La salida está abajo.-

En ese momento el berserker se liberó de su prisión, rompiendo la cadena, y saltó sobre ellos, lanzando a Lucas, quien quedó incrustado en la pared, causando un gran agujero que rápidamente empezó a expandirse sobre el concreto ablandado por la niebla corrosiva de los berserker. Los pedazos de la pared se desmoronaban como polvo, y las estructuras metálicas se doblaron, haciendo que parte del techo se derrumbara.

Lucas trató de evitar quedar aplastado, moviéndose hacia un lado.

-¡Harley!- la llamó en medio de la confusión, pero no pudo verla. Fue al otro lobo a quien vio, justo sobre él, embistiéndolo. Ambos rodaron por el suelo que de repente cedió bajo ellos, haciéndolos caer en un agujero hacia las oscuras profundidades de los laboratorios subterráneos.




Bijou era el guía que los llevaba entre los laberínticos pasillos, que en medio de la oscuridad y las continuas sacudidas se hacían más confusos y peligrosos.

De pronto un temblor más intenso les hizo detenerse momentáneamente para sostenerse de lo que tuvieran a la mano.

-¡Sigan caminando!- la voz de Bijou se alzó sobre el caos, una vez que el temblor hubo pasado.

Ajax tosió. El polvo le picaba en la garganta. Se puso en pie, pero no sabía hacia donde caminar. De pronto una luz blanca le dio en los ojos. Era Bijou, quien le apuntaba a la cara con la luz del móvil.

-Muévete.-
Tomó al crío de la muñeca y lo jaló por lo que quedaba del destruido corredor. Al final del pasillo estaba el laboratorio que buscaban. También ahí gran parte de las paredes se habían caído, aplastando y destruyendo algunas máquinas y material.

-Por aquí.-

Bijou se acercó a la mesa de operaciones que estaba en el centro de la habitación, y, pasando el móvil a su su secretaria, se agachó debajo de la mesa, palpando el suelo con las manos.

-Señor...- la pequeña mujer dirigía la luz
del móvil hacia Bijou -¿Qué busca?-

-Nuestra salida. Normalmente la compuerta se activa con un interruptor, pero ya que no hay energía eléctrica...-

Entonces hundió una parte del  suelo metálico, y lo deslizó haciendo quedar al descubierto una rampa que iba hacia abajo.

-Entra.- dijo, mirando a la mujer. Ella, obediente, se sentó a la orilla de la rampa metálica y sosteniendo el móvil entre sus dos manos, se deslizó.

Vieron como la luz blanca se alejaba hacia las profundidades de aquel camino secreto, dejándolos en la completa oscuridad.

-Pirausta.-

-Si.- dijo ella, con un aire de entusiasmo infantil casi ridículo, dejándose ir por la rampa.

-Ajax.-

El niño respiró hondo. Si la mujer y el otro hombre ya lo habían hecho no podía ser peligroso.

-¿Por qué?- se atrevió a preguntar. -¿Por qué me ayudas?-

-Oh. ¿Qué? No creas que lo hago por ti. Es que aun no termino de experimentar contigo. Ahora entra.-

Pero no obtuvo
respuesta, y no escuchaba que el niño se acercara.

- ¿Prefieres quedarte y morir aplastado? ¿O devorado?-

-Estaría mejor que contigo.-

-¡Entra!- Bijou alargó el brazo hacia el lugar de donde provenía la voz de Ajax y lo alcanzó, tirando de él para lanzarlo por la rampa.

El niño trató de sostenerse de algo, pero la rampa era lisa, igual que las paredes que lo rodeaban, así que se deslizó directo hacia abajo sin poder evitarlo, y cayó en los brazos de alguien.

-¿No te pareció divertido?- dijo la persona que lo sostenía. Era el otro hombre, con la luz del móvil todavía iluminando pudo ver su rostro de cerca. Era el mismo hombre que acompañaba a Bijou cuando Vaizack lo había  dejado en ese lugar.Se veía más joven de lo que había pensado, y sus ojos brillaban mucho.

-No. No fue divertido.-murmuró Ajax mientras lo ponían en el suelo. En ese momento aparecía Bijou por la rampa.

-Sigamos- dijo tomando el teléfono de nuevo en sus manos. -Queda poca batería. Quédense cerca. El túnel tiene muchas salidas, y en este momento sólo una es segura.-

-No lo será por mucho tiempo.- dijo Goddard.

-Tus malditos lobos blancos son fuertes, pero dudo que incluso ellos sean capaces de encontrar la trampilla oculta antes de que el edificio termine por colapsar.-

-Eso no detendrá el aliento corrosivo de los berserker.-

-Tal vez. Y seguramente no querrás  estar atrapada aquí si esa cosa logra penetrar. Así que camina, señora Pirausta.-
 

Vaizack caminó sobre el suelo encharcado de sangre, mojándose aún más las ya manchadas patas con el líquido viscoso.
Suspiró, mirando los cuerpos de aquellas torturadas criaturas, contemplando las formas destrozadas de sus cuerpos deformados por los experimentos.
Al menos ya no sentían dolor.
Y él, luego de su despliegue de violencia contra ellos no podía evitar la sensación de tranquilidad embriagadora, mezclada con desagrado y asco.

Pero ahora podía concentrarse en ir a buscar a los otros berserker, y dejarse llevar por esa locura escrita en su naturaleza.
Eso es lo que deseaba hacer. A pesar de la duda repentina que le asaltó al pensar en si el niño estaría a salvo.

De todas formas no era de su incumbencia.

Él ya había cumplido con aquella extraña misión que se había impuesto al tomarse las molestias de bajar para llevarle el silbato. En realidad ni siquiera había tenido contemplado el sacarlo de aquel lugar.

Las criaturas del mundo vivían y morían y él no existía para preocuparse por algo tan trivial. Algo tan pequeño como la vida de un sólo humano. Él no era un protector, era un guerrero. O al menos lo había sido, antes de morir y volver a la vida. Ahora no tenía muy claro que era. Lo único palpable a lo que podía aferrarse era aquel poderoso deseo de seguir a los berserker.

Pero también estaba aquella pequeña idea que lo detenía. Tan incomprensible. Esa noche la vida de muchas personas se perderían, de muchos otros niños. ¿Por qué le detenía el pensar en uno sólo de ellos? ¿Por qué habría de importarle si sobrevivía o no?

El edificio se caía. Y Vaizack seguía sin moverse, sin poder decidir qué hacer.
Un fuerte sacudón lo sacó de su embelesamiento cuando una parte de uno de los pilares de la estructura cayó sobre él.
Cuando reaccionó un gran trozo de concreto aplastaba la mitad de su cuerpo.


-¿Te duele? Espero que si.-

Aquellas palabras susurradas en su oído con tanta sorna le hicieron girar la cabeza y entonces vio al lobo tuerto parado junto a él. Luego levantó las patas traseras, apoyándolas contra la roca que lo comprimía  mientras se jalaba hacia atrás, tratando de liberarse.

Lucas saltó sobre la roca, y el peso extra hizo que Vaizack quedara aplastado de nuevo.

-Quedate quieto. ¿En dónde está mi hermano?-

-Se lo llevaron.- respondió la voz áspera, casi incomprensible de Vaizack. -Quítate de encima.-

-No. Voy a encargarme de ti ahora.-

-Podrido...-dijo una tercera voz. Lucas se volvió sólo para darse cuenta que estaba a punto de convertirse en la presa, de nuevo, de un lobo blanco. No sabía si era alguno de los que se había encontrado antes, todos le parecían iguales, un peligro mortal y una maldita molestia.

Saltó de la roca y trepó un muro inclinado que se desmoronó bajo sus pies, y rodó por el piso, consciente de que venían detrás de él.

Ambos.

También el lobo de Ajax.

Se sentía fuerte para pelear, pero dos lobos blancos al mismo tiempo era un desafío que tal vez le excedía.

Entonces el ruido de gruñidos y golpes le hizo voltear atrás.

Los dos lobos blancos estaban peleando, no con él, si no entre ellos.

-Hacia el otro lado.- dijo el lobo de Ajax, golpeando con su zarpa el hocico del otro albino. -Se fueron por hacia el ala sur.-

Lucas comprendió. Aprovechando que el lobo de Ajax mantenía al otro ocupado, corrió al lado contrario, olfateando. La niebla no había llegado aún hasta donde estaban, así que podía todavía distinguir los aromas de los que habían pasado por ahí.

Había un horrible olor de fondo, el olor de los laboratorios que conocía tan bien, pero se concentró en el olor de su hermano y comenzó a seguir el rastro. También percibía la esencia de Bijou.

Como lo había esperado, Bijou se habían encargado de sacar a Ajax de ahí, pensó, aliviado.

El camino había quedado bloqueado por trozos macizos de concreto y metal.

Empezó a moverlos, un pedazo a la vez, abriendo espacios lo suficientemente amplios para poder pasar, aunque cada tanto los escombros que de los pisos superiores se deslizaban, volviendo a bloquear el camino.

Detrás de él escuchaba el fragor de la batalla, y los percibía cada vez más cerca.
Hasta que el lobo de Ajax llegó hasta donde él estaba, y al mirar atrás, Lucas pudo distinguir las siluetas de otros tres.

-Estás traicionando a tu naturaleza.-
dijo uno de ellos, con su voz poderosa, como de trueno.

-No tienes que enfrentarte a nosotros para defender al mal y la corrupción.-

-Eres como nosotros, creado para obedecer la voluntad de los dioses. Nacido para destruir el mal.-

-Este al que persiguen es un lobo.- respondió Vaizack.- Nosotros nunca hemos necesitado atacar a otros lobos. Son seres inferiores, pero aún así descienden de nuestra raza y complacen a los dioses.-

-Ese al que proteges no. ¿No lo sientes? Está corrupto. Es nuestra labor purificar esta tierra, y ahora que hemos destruido a los humanos debemos continuar con otras criaturas sucias, como él.-

-Sigue cavando.- musitó Vaizack a Lucas.
Y Lucas lo hizo, aunque le parecía inútil, pues el camino era constantemente bloqueado por nuevos pedazos de las paredes y el techo.

-Pelearé con ellos si debo hacerlo.- gruñó enterrando los brazos bajo un trozo enroscado de viga de contención.

-Si. Y morirás al instante.-

Impacientes, los otros tres berserker saltaron en su dirección, intentando alcanzar a Lucas.

Vaizack detuvo a uno. Un segundo lobo se lanzó justo sobre el vago, pero él, todavía con la pesada viga entre sus garras la usó para golpear a su atacante.

Fue como golpear un pedazo de metal con otro pedazo de metal. Pudo percibir la dureza del cuerpo del lobo blanco a través de las vibraciones de la viga.

Pero al menos el impacto había sido el suficiente para desviar su ataque.

Vaizack, que aún luchaba con el primer berserker, tuvo que dejar su propia batalla para jalar a Lucas hacía un lado, antes de que el tercer berserker lo atacara por detrás.

No importaba cuán feroz pudiera ser el vago en la batalla, no había forma de que lograra enfrentarse a berserkers que iban tras él con toda la intención de exterminarlo, pensaba Vaizack, retrocediendo, siendo la única barrera entre los otros lobos blancos y Lucas.

Pero no podía seguir retrocediendo mucho más, pues detrás sólo había un muro sellado de escombros. Y delante los tres guerreros que ya se ponían de nuevo en posición de ataque para volver a abalanzarse sobre ellos.

"Alto".Quiso decir Vaizack. Pero al abrir el hocico, en vez de palabras, surgió de él una niebla espesa y blanca.

"Mantengan su distancia" intentó hablar de nuevo, pero el resultado fue el mismo. Más de esa niebla brotaba de él, y empezaba a expandirse alrededor.

-¿Estás intentando usar tu aliento contra los que son como tú?- habló uno de los berserker. -Esa es un arma que sólo debe ser utilizada para limpiar el mal.-

"No me enfrentaré a ustedes, si mantienen su distancia" respondió Vaizack, dejando que sus palabras se volvieran niebla.

-No puedes dañar a otros como tú con tu aliento.-

"No pretendo usarlo para dañarlos a ustedes." Vaizack golpeó el muro detrás de él, que empezó a desmoronarse rápidamente.

-¡Corre!.- gritó, y Lucas comprendió que le hablaba a él, así que se lanzó a través de la muralla de escombros, que a su paso iba desintegrándose.
Al verlo escapar, los berserker intentaron correr tras él, pero Vaizack les cerró el paso.
"El piso" sopló, lanzándose con los cuartos delanteros, hundiéndolos en el suelo que de pronto se había vuelto quebradizo, y las grietas que se formaron se corrieron hasta convertirse en agujeros bajo las patas de los berserker que resbalaron hacia el piso inferior.

Vaizack se apuró a seguir el camino del vago antes de que el piso desapareciera también para él.

Sabía que su pequeño truco no pararía a los berserker por mucho tiempo, porque su fuerza era algo  indetenible.