jueves, 29 de noviembre de 2012

25.- Irritante. Ajax.

Era irritante. La manera en como ella decía las cosas, como si todo careciera de alguna importancia real.

-¿A qué te refieres con "el fin del mundo como lo conozco"?- inquirió Bijou, y Goddard se encogió de hombros. Bijou iba a decir algo más pero se vieron interrumpidos por el sonido del intercomunicador.

-¿Si?- preguntó él, presionando el botoncito de la máquina para hablar con la secretaria.
-Señor, recibimos una llamada de uno de los cazadores que radican en la zona este.- La ciudad a donde había enviado a Lucas estaba al este, pensó Bijou de inmediato -Encontraron a Ajax Ramsley.-

 



Vaizack apoyó las manos enguantadas sobre las rodillas y miró por la ventana, sin ningún interés particular por el paisaje verde y amarillo que se extendía a ambos lados de la carretera. Le había pedido al conductor de taxi que fuera lo más rápido posible, y éste había pisado a fondo el acelerador en cuanto entraron a la autopista, pero aún así no era todo lo veloz que Vaizack sabía que podía haber ido con sus cuatro patas de lobo. Pero no iba a rriesgarse a llamar la atención de los cazadores, corriendo por ahí con su forma de bestia cuando todavía era de día.

No por él, si no por que llevaba a Ajax y a esa hora todos los cazadores de House of Sound debían estar buscando al niño. Así que debía moverlo discretamente hasta la ciudad sede de las oficinas de House of Sound, la ciudad, que él no sabía, era de donde el vago y el niño habían huido.





 -¿Dijiste algo, lobo?- preguntó Goddard en el cuerpo de Pirausta.

Vipunen había exclamado, sin poder contenerse, una oración suplicante. El nunca había conocido a un berserker. Había escuchado todo tipo de historias sobre ellos, por que eran el origen de todos los mitad hombre mitad lobo. Los habían creado los dioses como guerreros para proteger a los humanos, y se suponía que habían desaparecido del mundo por que ya no eran necesitados. Había quienes afirmaban haber visto alguno, otros simplemente los tenían como leyendas lejanas de tiempos muy antiguos. También había quienes hablaban de que los berserker regresarían, y que como en la antigüedad, se encargarían de destruir lo malo y corrupto del mundo.

Y ahora, Vipunen, que jamás en su larga existencia se había topado con uno, estaba seguro de que lo que estaba percibiendo eran ellos, muchos, más de los que podría contar, cuyas presencias eran como enormes bloques de algo duro, corrosivo y tremendamente hermoso.





Vaizack olfateó. El aire estaba impregnado del hedor del tráfico y a algo rancio que parecía estar por todas partes. El tufo habitual de la ciudad. También estaba ahí ese aroma que antes había sido demasiado sútil y que había estado percibiendo apenas vagamente en días anteriores. Era eso que le había estado produciendo una ansiedad que no sabía de donde venía (aun que estaba casi seguro que parte de esa ansiedad era culpa del vago y Ajax. Especialmente del vago) y ahora reconocía plenamente que era aquel olor. Berserker.

Era algo que no había percibido nunca antes, y era algo extraordinario, la cantidad de berserker que podía sentir, como si se estuvieran llamando unos a otros, saliendo de sus escondites, despertando.

Vaizack sintió una leve corriente de electricidad recorriendo su cuerpo, un repentino torrente de adrenalina, consecuencia de la expectante emoción que le embargaba. 

Los berserker se estaban reuniendo, y aun que ya no lo devoraba la necesidad de buscar la batalla, no podía negarse a la idea de que el regreso de los de su estirpe al mundo era un acontecimiento extraordinario que traería consecuencias irreversibles sobre el mundo.

Era una sensación abrumadora. Estaba siendo llamado en un lenguaje silencioso y antiguo que entendía perfectamente, y estaba anhelando responderles, ir a su encuentro, pero otro tipo de voluntad dentro de él le alientaba a mantenerse oculto de los otros.

Ajax, dormido a su lado, en el asiento trasero del taxi, se movió inquieto, girando la cabeza sobre el respaldo.Despertó de pronto, y su mirada se clavó en Vaizack. Gritó y se echó hacia el otro extremo del asiento.

-¡Tú...me...me!.... ¡Golpeaste a Lucas!-

-Guarda silencio.-

-¡Golpeaste a Lucas! ¿¡Por qué!?-

-Silencio.-

Ajax miró por la ventana.

-¿A dónde vamos?-

Vaizack no respondió.

-¡Dime!- exclamó el niño, sintiéndose asustado. Reconocía las calles. Era su ciudad. La ciudad de donde había huido con Lucas. Ajax tiró de la manija, inténtando abrirla, pero el muchacho lo detuvo, sosteniendo sus manos con fuerza.

-Quédate quieto.- le susurró, mirándolo de forma amenazante. Ajax apretó los dientes, aguantando el nudo que se le formaba en el estómago.

-Creí...que eras bueno.-

-¿Bueno? -

-¿Vas...vas a matarme?-

Le soltó las manos y miró por la ventanilla.

-No.- respondió. A pesar de que no era una ciudad muy grande, el tráfico era mucho y al lobo le dio la impresión de haber pasado demasiado tiempo frente a los mismo edificios, esperando que los automóviles se movieran. Y él no tenía ganas de perder más tiempo. Cuanto antes llegaran a las oficinas de House of Sound más rápido podría terminar con el asunto y él podría enfocarse en pensar que hacer respecto a los berserker.

Soltó un billete en la mano del conductor.

-Vamos.- tomó al niño de la mano y se aventuró fuera del vehículo, entre los otros autos, dirigiéndo sus ligeros pasos al centro de la ciudad.






Bijou apoyó la frente contra la pared del pasillo y respiró profundo, como si de pronto le faltara el aire. Se estaba sintiendo horriblemente mareado, lo que le hizo caer en cuenta de pronto que no había comido nada en los últimos días. La llegada de Pirausta le había absorbido por completo y no recordaba cuando había sido la última vez que había estado tranquilo o pensado con claridad.

Esa maldita bruja le alteraba los sentidos con su odiosa presencia. Aun así seguía resultando más agradable que Goddard, y mucho más benéfico para sus planes. 

En un par de días se había adueñado de la compañía, y sacado del camino a los que le estorbaban. Se había vengado de Cheryl Thompson, y ahora estaba más cerca de obtener una cura, por que en ese preciso momento Ajax Ramsley estaba siendo llevado hasta él.

Pero esas eran tan buenas noticias como tan malas. ¿En qué circunstancias habían atrapado a Ajax? ¿Qué había pasado con Lucas? 

No había sabido nada de él desde que se había marchado, y aun que pensaba en él constantemente, no había tenido tiempo para sentirse realmente preocupado hasta ese momento. 

Lucas sabía que podía llamarlo en cualquier momento,  si estaba en problemas o necesitaba algo, iría él mismo en persona si era preciso para ayudarlo.

Pero Lucas no había llamado.

Bijou tenía una linea exclusiva para él y le atendería si llamaba no importaba la hora o el lugar. Pero ese teléfono no había sonado ni una vez. No recordaba haberlo escuchado. Ni siquiera se acordaba de haberlo visto últimamente. De pronto no pudo recordar que había sido de él.

Lo llevaba siempre consigo, junto con el otro móvil y el localizador. La última vez que los había visto fue...en el baño, cuando se había transformado y  en su frenesí lanzó un montón de cosas contra las paredes. 

Probablemente el teléfono se había roto. No estaba seguro. Tal vez simplemente lo había dejado ahí y ahora estaba perdido. 

Se llevó el dorso de la mano contra los labios y suspiró con angustia. Si Lucas lo había llamado era él quien no había respondido. 

Le embargó de pronto un miedo profundo. Si Ajax había sido capturado, entonces era muy factible que Lucas hubiese sido vencido por un cazador, lo que podría significar su muerte.

El había prohibido que se mataran más licántropos, claro, pero no estaba seguro de que esa orden se cumpliera al cien por ciento. Y Lucas podría estar...



-¿Señor?-



Bijou se sobresaltó. Se giró y encontró a su secretaria mirándolo con una expresión de dulce preocupación. 



-¿Se siente mal?-



-No.- respondió aunque sabía que su apariencia delataba su malestar. -Eh... Necesito que me consigas . nuevos teléfonos moviles, con los número anteriores.-

La pequeña mujer asintió, anotando algo en una libretita.



-¿Querías algo?-



-Ah... El cazador que trae al niño acaba de llegar.-






Ajax no sabía qué era aquel edificio a donde el lobo blanco lo había llevado. Vaizack lo sujetaba muy fuerte de la mano, así que no había podido escaparse. Lo único que podía hacer era jalarse un poco de vez en vez, pero el muchacho no parecía notarlo, o no le imortaba y simplemente continuaba obligándolo a caminar.



Llegaron por un largo pasillo blanco hasta una habitación donde sólo había una mesa y varías sillas de metal. Al entrar Vaizack cerró la puerta y se quedó de pie junto a ella, como haciendo guardia. Ajax se sentó en la silla más lejana, aun que estuvo incómodo por que estaba muy fría, lo que le hizo estremecerse.



Sólo estaban ellos dos y después de un rato Ajax comenzó a aburrirse. No entendía por qué estaban ahí o por que el muchacho de cabello blanco lo había llevado a la fuerza.



Al menos no iba a matarlo. Eso era lo que él había dicho, y no era como que fuera una persona confiable en esos momentos, pero había sido terriblemente sincero antes y no lo imaginaba diciendo una mentira ahora.

 -¿Lucas va a estar bien?- se atrevió a preguntar, levantando el rostro para mirar al muchacho, al otro lado de la habitación.

-Si.-

-Umh... lo golpeaste... muy fuerte...-

-Lo he golpeado con mucha más fuerza antes. El sólo perdió la consciencia.-

-¿Tenías... tenías que hacer eso?-

-Tenía que sacarlo del camino. De lo contrario no abría podido traerte aquí.-

Ajax respiró hondamente y miró las paredes blancas.

-¿Q-qué lugar es este?-

-Las oficinas centrales de House of Sound-

-Ah.-

El niño no sabía lo que eso significaba, así que guardó silencio de nuevo. Aun que no por mucho tiempo.

-¿Podemos volver a dónde está Lucas?-

-No.-

-¿Por qué?-

En ese momento la puerta se abrió y Ajax reconoció en seguida y con horror al hombre que entró a la habitación.

-Hola, Ajax.- dijo con su voz amable y fría, clavando sus ojos verdes en él de manera desagradable. Se trataba de ese hombre que era amigo de Lucas. Ajax no recordaba su nombre, pero se acordaba muy bien de su cara y de la manera en que lo observaba, haciéndole sentir incómodo. 

Pero de un momento a otro el hombre pareció perder todo interés en Ajax y se giró en redondo para encontrarse cara a cara con Vaizack.

Bijou dejó escapar una bocanada de aire, como si le hubieran acomodado un puñetazo en la boca del estomago.

-Tú eres...-

- Cazador numero 3B2 221.- recitó el albino, con la mirada clavada en la pared de enfrente.

-Lobo... berserker...-

Vaizack no estaba seguro como es que el hombre lo sabía. Nadie lo había reconocido antes, estando en su estado humano, pero el hombre que estaba frente a él lo observaba como si Vaizack se hubiera transformado frente a él.

Bijou se le lanzó encima, aprisionándolo contra la pared, apretando con su mano el cuello del chico.

La expresión que tenía en ese momento, y que Vaizack podía ver a un par de centímetros de su propia cara  no era humana. Era la expresión feroz de una bestia a punto de destrozar a una presa. Además, podía sentir su aliento que olía a carne de lobo. No era, pues, un humano, si no algo repugnante y probablemente peligroso.

Vaizack alzó una pierna y golpeó con toda su fuerza en el abdomen del otro, haciéndole salir disparado hacia el otro lado de la habitación, cerca de donde estaba Ajax, que parecía haberse petrificado en la silla.

El hombre de cabello negro se quedó en el piso, moviéndose débilmente. No parecía ser muy fuerte y el berserker sopesó la posibilidad de eliminarlo en ese momento, ya que ahora que había sido descubierto no podría seguir trabajando para House of Sound. 

Pero no tuvo tiempo de hacerlo, pues en seguida varios guardias-todos cazadores entrenados- cayeron sobre él, tratando de inmovilizarlo.

Y Vaizack se quedó quieto, sabía que si se transformaba los otros berserker podrían sentir su presencia fácilmente. 

En vez de luchar como un lobo se conformó con golpear a los guardias lo suficiente como para liberarse y salir de ahí. 

Creyó que el hombre que estaba en la puerta, alto y de piel morena, iba a detenerlo. Pero este se dedico únicamente a dirigirle una mirada brillante mientras el lobo se daba la vuelta por el pasillo hacía la salida.

El nunca lo había visto antes, a Alan Goddard, el director de House of Sound, por eso no lo reconoció. Pero supo en seguida que era un hombre nada ordinario.
Al parecer House of Sound estaba llena de muchas más criaturas extrañas de las que se abría imaginado.

Goddard, la bruja, miró como el pálido joven se escapaba por el pasillo. Le bastó una mirada para saber qué cosa era él y no pudo evitar sentirse sorprendida de ir a encontrar un berserker en su forma humana justo en aquel lugar. Aun que era cierto que muy pronto todo el mundo estaría lleno de ellos.
Los cazadores que habían sido derribados por el muchacho albino se levantaron y fueron tras él. La bruja los vio pasar a su lado y luego entró ella a la habitación, donde Bijou se apoyaba sobre la mesa, con aspecto de estar adolorido.
-Un gran desacierto. ¿No te parece?- le preguntó al hombre de ojos verdes, con aire burlón -Creer que ibas a atrapar a una de esas antiguas criaturas con tus propias manos-
Luego la bruja dirigió su atención a la figura pequeña al fondo de la habitación. El niño sentado sobre la silla de metal, con sus profundos y grandes ojos oscuros bañados de miedo.
-Así que este es Ajax Ramsley.-
Ajax se agarró con fuerza a la silla cuando el hombre que acababa de entrar se le acercó.
-Si.- respondió Bijou volviendo a mirar al crío. A ese pequeño mocoso, silencioso, asustado y lloroso como siempre. Siempre pareciendo tan desvalido. Era irritante.




 


Era Ajax. Por fin lo tenía frente a él, a su disposición. Bijou fue hacía la puerta para cerrarla, y luego volvió, tomando asiento justo al lado del niño que lo miró con miedo. No sabía si le temía a él, o el pequeño simplemente vivía asustado de todo.
-¿Dónde está Lucas?-
La pregunta había estallado por si sola, por que Bijou, apesar de su continuo intento de autocontrol, no podía contener su preocupación por saber de su amante.
Pero Ajax no respondió. Agachó el rostro, y guardó silencio.
-Ajax.- volvió a hablar Bijou con voz calmada y absolutamente autoritaria. -Dime qué le pasó a Lucas.-
El niño no obedeció.
-Bien. No me lo digas. Si es que está vivo...- y se aseguró de pronunciar la frase con toda la sorna que le fue posible - No podrá rescatarte, por que ¿Sabes qué lugar es este?-
Tocó una de las rodillas de Ajax con la punta de su dedo índice  y sonrió con dureza - Es a donde enviaron a Lucas en tu lugar, y donde lo torturaron durante mucho tiempo. Y ahora...- el hombre alzó las cejas sobre sus orbes esmeralda y habló con un tono dulzón que sonaba más bien escalofriante.-Ahora es tu turno.-
Los hombros del pequeño se tensaron y los puños se apretaron aún más sobre la silla. Pero no dijo nada. Tenía mucho miedo para hablar, y quería ser lo suficientemente valiente para guardar silencio, para no decir nada de Lucas.
Lucas.



Lucas corrió. De pronto todo el dolor y cansancio que había estado sintiendo mermaron. Supuso que era por que en aquel momento había una sola cosa que le importaba y en la que pondría toda su energía: Encontrar a su hermano.
Sabía que el lobo blanco se lo había llevado. Había detectado su presencia justo antes de que lo golpeara. Y el que lo hubiera golpeado para llevarse al niño era mala señal. Ajax confiaba en el albino, se abría ido con él por la buena a casi cualquier lugar. ¿Qué tan malo era lo que tenía pensado hacer con él si tenía que secuestrarlo?
Lucas tembló, pero no dejó de correr, con su forma de lobo, yendo por un lado de la carretera, ocultandose entre los árboles y matorrales, olisqueando el aire de vez en vez, buscando el olor del niño.
El rastro le resultaba difícil de seguir, lo que significaba que Ajax estaba cada vez más lejos, fuera de la ciudad. Hacia el oeste.
Si seguía en la dirección que iba llegaría a la ciudad de donde había escapado.
Y entonces algo obligó a Lucas a parar en seco. Se quedó quieto, con el cuerpo tenso, percibiendo algo peligroso. Algo que un minuto antes no había notado y que ahora de pronto parecía estar en todos lados, rodeándole de manera amenazadora. Pero ahí realmente no había nada. Era algo que estaba en el aire pero no se hallaba presente. Se parecía a la presencia del lobo blanco pero intensificada en una escala monstruosa.
Lucas no podía imaginarse que era aquello, pero la sensación era estremecedora, y no podía controlar su cuerpo que reccionaba con miedo ante aquello, y que parecía haberse quedado congelado.
-Agh. No tengo tiempo para esto.- gruñó, arrastrando las patas sobre la tierra, avanzando despacio, hasta que pudo moverse con la suficiente libertad como para echar a correr de nuevo entre los matorrales.
La sensación de desazón no desapareció, por el contrario, se acrecentaba a cada momento. Y mientras avanzaba, más le parecía que se estaba dirigiendo a su antigua ciudad.
De pronto un estruendo, como de algo enorme golpeado el suelo llamó su atención. Lucas se acercó a la orilla de la carretera y observó  como una hilera de autos chocaban uno contra otro, en una enorme carambola a lo largo de la autopista. La causa estaba a sólo unos metros de distancia de él.
Se trataba de un lobo blanco.
No el que él conocía. Uno aún más grande, varias veces más voluminoso que Lucas.
El lobo estaba sobre el toldo del primer auto que se había detenido a mitad de la carretera, haciendo que los que iban detrás de él chocaran.
El parabrisas de ese primer auto había desaparecido, roto en pequeños pedazos, y a través del hueco que había dejado, el lobo blanco metía la cabeza, y despedazaba a dentelladas el cuerpo del conductor.
Cuando terminó, saltó al siguiente auto y atacó a los pasajeros de la misma manera. Lucas se dio cuenta de que no se los estaba comiendo, él simplemente los mataba.
Los pasajeros de los otros vehículos que alcanzaban a ver lo que ocurría, no daban crédito a lo que observaban, y no fue hasta que lo vieron saltar sobre los autos hacia ellos, cuando salieron huyendo, tratando de escapar. Los que habían quedado atrapados dentro de sus autos, rodeados de otros vehículos, sin poder salir e intertar huir,  se limitaban a mirar con horror como se aproximaba la bestia, pero aún los que habían alcanzado a correr no tuvieron suerte, pues el lobo paso sobre todos ellos, dejando cuerpos mutilados a gran velocidad.
Lucas tembló. Una sensación de pánico, frío y potente,  atravesó su cuerpo en un segundo. No había podido vencer al lobo blanco que se había llevado a Ajax. Y ahora, a ese que tenía en frente no podría ni siquiera enfrentarlo. Estaría muerto en cuestión de segundos.
Había otra diferencia fundamental entre ese que tenía en frente y el lobo blanco de Ajax.
El lobo de Ajax no parecía tener intenciones reales de matarlo, por mucho que lo hiriera. En cambio el que estaba frente a Lucas en ese momento transpiraba una ferocidad asesina, una locura indetenible de muerte.
Contempló la idea de huir  a través de los arbustos hacía la parte más espesa, donde comenzaba el bosque, pero tuvo la sensación de que de mover un sólo músculo sería detectado.
Sin embargo la bestia blanca parecía demasiado entretenida jugando con sus presas humanas, así que Lucas se arriesgó y echó a correr por la arboleda para alejarse todo lo que fuera posible de aquel demonio.
Sin embargo, a pesar de estar alejándose de él, la sensación de opresión y peligro no disminuía en lo absoluto.
Quizá, pensó Lucas de pronto, es que habían más de esos monstruos blancos en las cercanías, pero, en parte, por el miedo mismo que esa posibilidad le causaba, decidió no detenerse hasta adentrarse en los bosques montañosos, hasta que la oscuridad de la noche despertó sus ojos de lobos a una luz invisible. 
Lucas se detuvó sólo cuando ya no sabía muy bien hacia donde corría, pues al intentar alejarse del lobo blanco había perdido su rumbo original, que lo llevaba a encontrar a su hermano.
Se incorporó en sus patas traseras, resollando, y levantó la vista hacia el cielo nocturno, donde las estrellas podían verse  con más nitidez que en medio de la ciudad. Lucas se sintió repentinamente acogido por el frío titilar de las estrellas. De haber sabido algo acerca de astrología probablemente abría podido leer en ellas algún augurio que le fuera útil, pero él nunca había aprendido, no le habían enseñado, no había habido tiempo, oportunidad, o necesidad.

 Aún cuando sabía que los otros lobos, los que formaban tribus donde él nunca sería aceptado, solían tener ese tipo de conocimiento, podían hablar con los espíritus de la tierra y leer las estrellas, hechizar a otras criaturas o a fundirse en el aire. Cosas que él pensaba posibles, pero que en su mayoría le eran tan desconocidas como a cualquier otro humano.
Pero éso no lo hacía más como los humanos. Al igual que saber sobre la existencia de  un conocimiento profundo del que él carecía no lo acercaba más a los otros lobos.
Estaba condenado a estar a la mitad siempre.
Y cuando te quedas a la mitad del camino, pensó mientras olisqueaba el aire,y no puedes  moverte a uno u otro lado, por lo general te aplastan.
Se abrió paso entre los arboles, tratando de torcer la menor cantidad posible de ramitas y arbustos, para no dejar rastros de su paso por aquel lugar.
Nestaba seguro de quién podría perseguirlo a través del bosque, pero tener precaución no estaría demás en su presente situación.
Desde un montículo de tierra  pudo divisar el brillo de las luces de ciudad. No percibía el rastro dejado por el lobo blanco de su hermano, ni del niño, pero tenía la sensación de que era en esa dirección donde se encontraban. Y al menos en éso su instinto no le había fallado. En llevarlo siempre hacia donde estaba esa persona que era la única a la que pertenecía. Ese era Ajax. 


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