jueves, 29 de noviembre de 2012

25.- Irritante. Ajax.

Era irritante. La manera en como ella decía las cosas, como si todo careciera de alguna importancia real.

-¿A qué te refieres con "el fin del mundo como lo conozco"?- inquirió Bijou, y Goddard se encogió de hombros. Bijou iba a decir algo más pero se vieron interrumpidos por el sonido del intercomunicador.

-¿Si?- preguntó él, presionando el botoncito de la máquina para hablar con la secretaria.
-Señor, recibimos una llamada de uno de los cazadores que radican en la zona este.- La ciudad a donde había enviado a Lucas estaba al este, pensó Bijou de inmediato -Encontraron a Ajax Ramsley.-

 



Vaizack apoyó las manos enguantadas sobre las rodillas y miró por la ventana, sin ningún interés particular por el paisaje verde y amarillo que se extendía a ambos lados de la carretera. Le había pedido al conductor de taxi que fuera lo más rápido posible, y éste había pisado a fondo el acelerador en cuanto entraron a la autopista, pero aún así no era todo lo veloz que Vaizack sabía que podía haber ido con sus cuatro patas de lobo. Pero no iba a rriesgarse a llamar la atención de los cazadores, corriendo por ahí con su forma de bestia cuando todavía era de día.

No por él, si no por que llevaba a Ajax y a esa hora todos los cazadores de House of Sound debían estar buscando al niño. Así que debía moverlo discretamente hasta la ciudad sede de las oficinas de House of Sound, la ciudad, que él no sabía, era de donde el vago y el niño habían huido.





 -¿Dijiste algo, lobo?- preguntó Goddard en el cuerpo de Pirausta.

Vipunen había exclamado, sin poder contenerse, una oración suplicante. El nunca había conocido a un berserker. Había escuchado todo tipo de historias sobre ellos, por que eran el origen de todos los mitad hombre mitad lobo. Los habían creado los dioses como guerreros para proteger a los humanos, y se suponía que habían desaparecido del mundo por que ya no eran necesitados. Había quienes afirmaban haber visto alguno, otros simplemente los tenían como leyendas lejanas de tiempos muy antiguos. También había quienes hablaban de que los berserker regresarían, y que como en la antigüedad, se encargarían de destruir lo malo y corrupto del mundo.

Y ahora, Vipunen, que jamás en su larga existencia se había topado con uno, estaba seguro de que lo que estaba percibiendo eran ellos, muchos, más de los que podría contar, cuyas presencias eran como enormes bloques de algo duro, corrosivo y tremendamente hermoso.





Vaizack olfateó. El aire estaba impregnado del hedor del tráfico y a algo rancio que parecía estar por todas partes. El tufo habitual de la ciudad. También estaba ahí ese aroma que antes había sido demasiado sútil y que había estado percibiendo apenas vagamente en días anteriores. Era eso que le había estado produciendo una ansiedad que no sabía de donde venía (aun que estaba casi seguro que parte de esa ansiedad era culpa del vago y Ajax. Especialmente del vago) y ahora reconocía plenamente que era aquel olor. Berserker.

Era algo que no había percibido nunca antes, y era algo extraordinario, la cantidad de berserker que podía sentir, como si se estuvieran llamando unos a otros, saliendo de sus escondites, despertando.

Vaizack sintió una leve corriente de electricidad recorriendo su cuerpo, un repentino torrente de adrenalina, consecuencia de la expectante emoción que le embargaba. 

Los berserker se estaban reuniendo, y aun que ya no lo devoraba la necesidad de buscar la batalla, no podía negarse a la idea de que el regreso de los de su estirpe al mundo era un acontecimiento extraordinario que traería consecuencias irreversibles sobre el mundo.

Era una sensación abrumadora. Estaba siendo llamado en un lenguaje silencioso y antiguo que entendía perfectamente, y estaba anhelando responderles, ir a su encuentro, pero otro tipo de voluntad dentro de él le alientaba a mantenerse oculto de los otros.

Ajax, dormido a su lado, en el asiento trasero del taxi, se movió inquieto, girando la cabeza sobre el respaldo.Despertó de pronto, y su mirada se clavó en Vaizack. Gritó y se echó hacia el otro extremo del asiento.

-¡Tú...me...me!.... ¡Golpeaste a Lucas!-

-Guarda silencio.-

-¡Golpeaste a Lucas! ¿¡Por qué!?-

-Silencio.-

Ajax miró por la ventana.

-¿A dónde vamos?-

Vaizack no respondió.

-¡Dime!- exclamó el niño, sintiéndose asustado. Reconocía las calles. Era su ciudad. La ciudad de donde había huido con Lucas. Ajax tiró de la manija, inténtando abrirla, pero el muchacho lo detuvo, sosteniendo sus manos con fuerza.

-Quédate quieto.- le susurró, mirándolo de forma amenazante. Ajax apretó los dientes, aguantando el nudo que se le formaba en el estómago.

-Creí...que eras bueno.-

-¿Bueno? -

-¿Vas...vas a matarme?-

Le soltó las manos y miró por la ventanilla.

-No.- respondió. A pesar de que no era una ciudad muy grande, el tráfico era mucho y al lobo le dio la impresión de haber pasado demasiado tiempo frente a los mismo edificios, esperando que los automóviles se movieran. Y él no tenía ganas de perder más tiempo. Cuanto antes llegaran a las oficinas de House of Sound más rápido podría terminar con el asunto y él podría enfocarse en pensar que hacer respecto a los berserker.

Soltó un billete en la mano del conductor.

-Vamos.- tomó al niño de la mano y se aventuró fuera del vehículo, entre los otros autos, dirigiéndo sus ligeros pasos al centro de la ciudad.






Bijou apoyó la frente contra la pared del pasillo y respiró profundo, como si de pronto le faltara el aire. Se estaba sintiendo horriblemente mareado, lo que le hizo caer en cuenta de pronto que no había comido nada en los últimos días. La llegada de Pirausta le había absorbido por completo y no recordaba cuando había sido la última vez que había estado tranquilo o pensado con claridad.

Esa maldita bruja le alteraba los sentidos con su odiosa presencia. Aun así seguía resultando más agradable que Goddard, y mucho más benéfico para sus planes. 

En un par de días se había adueñado de la compañía, y sacado del camino a los que le estorbaban. Se había vengado de Cheryl Thompson, y ahora estaba más cerca de obtener una cura, por que en ese preciso momento Ajax Ramsley estaba siendo llevado hasta él.

Pero esas eran tan buenas noticias como tan malas. ¿En qué circunstancias habían atrapado a Ajax? ¿Qué había pasado con Lucas? 

No había sabido nada de él desde que se había marchado, y aun que pensaba en él constantemente, no había tenido tiempo para sentirse realmente preocupado hasta ese momento. 

Lucas sabía que podía llamarlo en cualquier momento,  si estaba en problemas o necesitaba algo, iría él mismo en persona si era preciso para ayudarlo.

Pero Lucas no había llamado.

Bijou tenía una linea exclusiva para él y le atendería si llamaba no importaba la hora o el lugar. Pero ese teléfono no había sonado ni una vez. No recordaba haberlo escuchado. Ni siquiera se acordaba de haberlo visto últimamente. De pronto no pudo recordar que había sido de él.

Lo llevaba siempre consigo, junto con el otro móvil y el localizador. La última vez que los había visto fue...en el baño, cuando se había transformado y  en su frenesí lanzó un montón de cosas contra las paredes. 

Probablemente el teléfono se había roto. No estaba seguro. Tal vez simplemente lo había dejado ahí y ahora estaba perdido. 

Se llevó el dorso de la mano contra los labios y suspiró con angustia. Si Lucas lo había llamado era él quien no había respondido. 

Le embargó de pronto un miedo profundo. Si Ajax había sido capturado, entonces era muy factible que Lucas hubiese sido vencido por un cazador, lo que podría significar su muerte.

El había prohibido que se mataran más licántropos, claro, pero no estaba seguro de que esa orden se cumpliera al cien por ciento. Y Lucas podría estar...



-¿Señor?-



Bijou se sobresaltó. Se giró y encontró a su secretaria mirándolo con una expresión de dulce preocupación. 



-¿Se siente mal?-



-No.- respondió aunque sabía que su apariencia delataba su malestar. -Eh... Necesito que me consigas . nuevos teléfonos moviles, con los número anteriores.-

La pequeña mujer asintió, anotando algo en una libretita.



-¿Querías algo?-



-Ah... El cazador que trae al niño acaba de llegar.-






Ajax no sabía qué era aquel edificio a donde el lobo blanco lo había llevado. Vaizack lo sujetaba muy fuerte de la mano, así que no había podido escaparse. Lo único que podía hacer era jalarse un poco de vez en vez, pero el muchacho no parecía notarlo, o no le imortaba y simplemente continuaba obligándolo a caminar.



Llegaron por un largo pasillo blanco hasta una habitación donde sólo había una mesa y varías sillas de metal. Al entrar Vaizack cerró la puerta y se quedó de pie junto a ella, como haciendo guardia. Ajax se sentó en la silla más lejana, aun que estuvo incómodo por que estaba muy fría, lo que le hizo estremecerse.



Sólo estaban ellos dos y después de un rato Ajax comenzó a aburrirse. No entendía por qué estaban ahí o por que el muchacho de cabello blanco lo había llevado a la fuerza.



Al menos no iba a matarlo. Eso era lo que él había dicho, y no era como que fuera una persona confiable en esos momentos, pero había sido terriblemente sincero antes y no lo imaginaba diciendo una mentira ahora.

 -¿Lucas va a estar bien?- se atrevió a preguntar, levantando el rostro para mirar al muchacho, al otro lado de la habitación.

-Si.-

-Umh... lo golpeaste... muy fuerte...-

-Lo he golpeado con mucha más fuerza antes. El sólo perdió la consciencia.-

-¿Tenías... tenías que hacer eso?-

-Tenía que sacarlo del camino. De lo contrario no abría podido traerte aquí.-

Ajax respiró hondamente y miró las paredes blancas.

-¿Q-qué lugar es este?-

-Las oficinas centrales de House of Sound-

-Ah.-

El niño no sabía lo que eso significaba, así que guardó silencio de nuevo. Aun que no por mucho tiempo.

-¿Podemos volver a dónde está Lucas?-

-No.-

-¿Por qué?-

En ese momento la puerta se abrió y Ajax reconoció en seguida y con horror al hombre que entró a la habitación.

-Hola, Ajax.- dijo con su voz amable y fría, clavando sus ojos verdes en él de manera desagradable. Se trataba de ese hombre que era amigo de Lucas. Ajax no recordaba su nombre, pero se acordaba muy bien de su cara y de la manera en que lo observaba, haciéndole sentir incómodo. 

Pero de un momento a otro el hombre pareció perder todo interés en Ajax y se giró en redondo para encontrarse cara a cara con Vaizack.

Bijou dejó escapar una bocanada de aire, como si le hubieran acomodado un puñetazo en la boca del estomago.

-Tú eres...-

- Cazador numero 3B2 221.- recitó el albino, con la mirada clavada en la pared de enfrente.

-Lobo... berserker...-

Vaizack no estaba seguro como es que el hombre lo sabía. Nadie lo había reconocido antes, estando en su estado humano, pero el hombre que estaba frente a él lo observaba como si Vaizack se hubiera transformado frente a él.

Bijou se le lanzó encima, aprisionándolo contra la pared, apretando con su mano el cuello del chico.

La expresión que tenía en ese momento, y que Vaizack podía ver a un par de centímetros de su propia cara  no era humana. Era la expresión feroz de una bestia a punto de destrozar a una presa. Además, podía sentir su aliento que olía a carne de lobo. No era, pues, un humano, si no algo repugnante y probablemente peligroso.

Vaizack alzó una pierna y golpeó con toda su fuerza en el abdomen del otro, haciéndole salir disparado hacia el otro lado de la habitación, cerca de donde estaba Ajax, que parecía haberse petrificado en la silla.

El hombre de cabello negro se quedó en el piso, moviéndose débilmente. No parecía ser muy fuerte y el berserker sopesó la posibilidad de eliminarlo en ese momento, ya que ahora que había sido descubierto no podría seguir trabajando para House of Sound. 

Pero no tuvo tiempo de hacerlo, pues en seguida varios guardias-todos cazadores entrenados- cayeron sobre él, tratando de inmovilizarlo.

Y Vaizack se quedó quieto, sabía que si se transformaba los otros berserker podrían sentir su presencia fácilmente. 

En vez de luchar como un lobo se conformó con golpear a los guardias lo suficiente como para liberarse y salir de ahí. 

Creyó que el hombre que estaba en la puerta, alto y de piel morena, iba a detenerlo. Pero este se dedico únicamente a dirigirle una mirada brillante mientras el lobo se daba la vuelta por el pasillo hacía la salida.

El nunca lo había visto antes, a Alan Goddard, el director de House of Sound, por eso no lo reconoció. Pero supo en seguida que era un hombre nada ordinario.
Al parecer House of Sound estaba llena de muchas más criaturas extrañas de las que se abría imaginado.

Goddard, la bruja, miró como el pálido joven se escapaba por el pasillo. Le bastó una mirada para saber qué cosa era él y no pudo evitar sentirse sorprendida de ir a encontrar un berserker en su forma humana justo en aquel lugar. Aun que era cierto que muy pronto todo el mundo estaría lleno de ellos.
Los cazadores que habían sido derribados por el muchacho albino se levantaron y fueron tras él. La bruja los vio pasar a su lado y luego entró ella a la habitación, donde Bijou se apoyaba sobre la mesa, con aspecto de estar adolorido.
-Un gran desacierto. ¿No te parece?- le preguntó al hombre de ojos verdes, con aire burlón -Creer que ibas a atrapar a una de esas antiguas criaturas con tus propias manos-
Luego la bruja dirigió su atención a la figura pequeña al fondo de la habitación. El niño sentado sobre la silla de metal, con sus profundos y grandes ojos oscuros bañados de miedo.
-Así que este es Ajax Ramsley.-
Ajax se agarró con fuerza a la silla cuando el hombre que acababa de entrar se le acercó.
-Si.- respondió Bijou volviendo a mirar al crío. A ese pequeño mocoso, silencioso, asustado y lloroso como siempre. Siempre pareciendo tan desvalido. Era irritante.




 


Era Ajax. Por fin lo tenía frente a él, a su disposición. Bijou fue hacía la puerta para cerrarla, y luego volvió, tomando asiento justo al lado del niño que lo miró con miedo. No sabía si le temía a él, o el pequeño simplemente vivía asustado de todo.
-¿Dónde está Lucas?-
La pregunta había estallado por si sola, por que Bijou, apesar de su continuo intento de autocontrol, no podía contener su preocupación por saber de su amante.
Pero Ajax no respondió. Agachó el rostro, y guardó silencio.
-Ajax.- volvió a hablar Bijou con voz calmada y absolutamente autoritaria. -Dime qué le pasó a Lucas.-
El niño no obedeció.
-Bien. No me lo digas. Si es que está vivo...- y se aseguró de pronunciar la frase con toda la sorna que le fue posible - No podrá rescatarte, por que ¿Sabes qué lugar es este?-
Tocó una de las rodillas de Ajax con la punta de su dedo índice  y sonrió con dureza - Es a donde enviaron a Lucas en tu lugar, y donde lo torturaron durante mucho tiempo. Y ahora...- el hombre alzó las cejas sobre sus orbes esmeralda y habló con un tono dulzón que sonaba más bien escalofriante.-Ahora es tu turno.-
Los hombros del pequeño se tensaron y los puños se apretaron aún más sobre la silla. Pero no dijo nada. Tenía mucho miedo para hablar, y quería ser lo suficientemente valiente para guardar silencio, para no decir nada de Lucas.
Lucas.



Lucas corrió. De pronto todo el dolor y cansancio que había estado sintiendo mermaron. Supuso que era por que en aquel momento había una sola cosa que le importaba y en la que pondría toda su energía: Encontrar a su hermano.
Sabía que el lobo blanco se lo había llevado. Había detectado su presencia justo antes de que lo golpeara. Y el que lo hubiera golpeado para llevarse al niño era mala señal. Ajax confiaba en el albino, se abría ido con él por la buena a casi cualquier lugar. ¿Qué tan malo era lo que tenía pensado hacer con él si tenía que secuestrarlo?
Lucas tembló, pero no dejó de correr, con su forma de lobo, yendo por un lado de la carretera, ocultandose entre los árboles y matorrales, olisqueando el aire de vez en vez, buscando el olor del niño.
El rastro le resultaba difícil de seguir, lo que significaba que Ajax estaba cada vez más lejos, fuera de la ciudad. Hacia el oeste.
Si seguía en la dirección que iba llegaría a la ciudad de donde había escapado.
Y entonces algo obligó a Lucas a parar en seco. Se quedó quieto, con el cuerpo tenso, percibiendo algo peligroso. Algo que un minuto antes no había notado y que ahora de pronto parecía estar en todos lados, rodeándole de manera amenazadora. Pero ahí realmente no había nada. Era algo que estaba en el aire pero no se hallaba presente. Se parecía a la presencia del lobo blanco pero intensificada en una escala monstruosa.
Lucas no podía imaginarse que era aquello, pero la sensación era estremecedora, y no podía controlar su cuerpo que reccionaba con miedo ante aquello, y que parecía haberse quedado congelado.
-Agh. No tengo tiempo para esto.- gruñó, arrastrando las patas sobre la tierra, avanzando despacio, hasta que pudo moverse con la suficiente libertad como para echar a correr de nuevo entre los matorrales.
La sensación de desazón no desapareció, por el contrario, se acrecentaba a cada momento. Y mientras avanzaba, más le parecía que se estaba dirigiendo a su antigua ciudad.
De pronto un estruendo, como de algo enorme golpeado el suelo llamó su atención. Lucas se acercó a la orilla de la carretera y observó  como una hilera de autos chocaban uno contra otro, en una enorme carambola a lo largo de la autopista. La causa estaba a sólo unos metros de distancia de él.
Se trataba de un lobo blanco.
No el que él conocía. Uno aún más grande, varias veces más voluminoso que Lucas.
El lobo estaba sobre el toldo del primer auto que se había detenido a mitad de la carretera, haciendo que los que iban detrás de él chocaran.
El parabrisas de ese primer auto había desaparecido, roto en pequeños pedazos, y a través del hueco que había dejado, el lobo blanco metía la cabeza, y despedazaba a dentelladas el cuerpo del conductor.
Cuando terminó, saltó al siguiente auto y atacó a los pasajeros de la misma manera. Lucas se dio cuenta de que no se los estaba comiendo, él simplemente los mataba.
Los pasajeros de los otros vehículos que alcanzaban a ver lo que ocurría, no daban crédito a lo que observaban, y no fue hasta que lo vieron saltar sobre los autos hacia ellos, cuando salieron huyendo, tratando de escapar. Los que habían quedado atrapados dentro de sus autos, rodeados de otros vehículos, sin poder salir e intertar huir,  se limitaban a mirar con horror como se aproximaba la bestia, pero aún los que habían alcanzado a correr no tuvieron suerte, pues el lobo paso sobre todos ellos, dejando cuerpos mutilados a gran velocidad.
Lucas tembló. Una sensación de pánico, frío y potente,  atravesó su cuerpo en un segundo. No había podido vencer al lobo blanco que se había llevado a Ajax. Y ahora, a ese que tenía en frente no podría ni siquiera enfrentarlo. Estaría muerto en cuestión de segundos.
Había otra diferencia fundamental entre ese que tenía en frente y el lobo blanco de Ajax.
El lobo de Ajax no parecía tener intenciones reales de matarlo, por mucho que lo hiriera. En cambio el que estaba frente a Lucas en ese momento transpiraba una ferocidad asesina, una locura indetenible de muerte.
Contempló la idea de huir  a través de los arbustos hacía la parte más espesa, donde comenzaba el bosque, pero tuvo la sensación de que de mover un sólo músculo sería detectado.
Sin embargo la bestia blanca parecía demasiado entretenida jugando con sus presas humanas, así que Lucas se arriesgó y echó a correr por la arboleda para alejarse todo lo que fuera posible de aquel demonio.
Sin embargo, a pesar de estar alejándose de él, la sensación de opresión y peligro no disminuía en lo absoluto.
Quizá, pensó Lucas de pronto, es que habían más de esos monstruos blancos en las cercanías, pero, en parte, por el miedo mismo que esa posibilidad le causaba, decidió no detenerse hasta adentrarse en los bosques montañosos, hasta que la oscuridad de la noche despertó sus ojos de lobos a una luz invisible. 
Lucas se detuvó sólo cuando ya no sabía muy bien hacia donde corría, pues al intentar alejarse del lobo blanco había perdido su rumbo original, que lo llevaba a encontrar a su hermano.
Se incorporó en sus patas traseras, resollando, y levantó la vista hacia el cielo nocturno, donde las estrellas podían verse  con más nitidez que en medio de la ciudad. Lucas se sintió repentinamente acogido por el frío titilar de las estrellas. De haber sabido algo acerca de astrología probablemente abría podido leer en ellas algún augurio que le fuera útil, pero él nunca había aprendido, no le habían enseñado, no había habido tiempo, oportunidad, o necesidad.

 Aún cuando sabía que los otros lobos, los que formaban tribus donde él nunca sería aceptado, solían tener ese tipo de conocimiento, podían hablar con los espíritus de la tierra y leer las estrellas, hechizar a otras criaturas o a fundirse en el aire. Cosas que él pensaba posibles, pero que en su mayoría le eran tan desconocidas como a cualquier otro humano.
Pero éso no lo hacía más como los humanos. Al igual que saber sobre la existencia de  un conocimiento profundo del que él carecía no lo acercaba más a los otros lobos.
Estaba condenado a estar a la mitad siempre.
Y cuando te quedas a la mitad del camino, pensó mientras olisqueaba el aire,y no puedes  moverte a uno u otro lado, por lo general te aplastan.
Se abrió paso entre los arboles, tratando de torcer la menor cantidad posible de ramitas y arbustos, para no dejar rastros de su paso por aquel lugar.
Nestaba seguro de quién podría perseguirlo a través del bosque, pero tener precaución no estaría demás en su presente situación.
Desde un montículo de tierra  pudo divisar el brillo de las luces de ciudad. No percibía el rastro dejado por el lobo blanco de su hermano, ni del niño, pero tenía la sensación de que era en esa dirección donde se encontraban. Y al menos en éso su instinto no le había fallado. En llevarlo siempre hacia donde estaba esa persona que era la única a la que pertenecía. Ese era Ajax. 


viernes, 9 de noviembre de 2012

24.- Felicidad. Su voz.

Era felicidad. Ella. Estar con ella. Vivir. Por ella. Vipunen se echó sobre la hierba larga y tierna, mirando como Pirausta arrancaba los pétalos de un puñado de flores violáceas. Al rededor de ellos el bosque resplandecía con la luz clara del medio día, acentuando el color vivo de su felicidad. 

  -¿Por qué haces éso?- preguntó entonces el lobo, apoyando el hocico sobre sus patas delanteras.

  Ella sonrió, sin quitar la vista de su labor, dejando caer los pétalos sobre la falda de su vestido.     

-Es para Alan. -   

Al escuchar el nombre del joven aprendiz de la bruja, Alan Goddard, las orejas puntiagudas de Vipunen se irguieron como antenas paralelas.

  -Se las daré a su sirviente, para que las agregue a la hora del baño en el agua. Las flores de malva tienen la propiedad de  tranquilizar y suavizar. Está tan preocupado por todo que no logra darse cuenta del significado maravilloso de estar vivo.-

  Vipunen frunció el ceño.  

-¿Por qué te interesa tanto ese hombre?- se atrevió a preguntar, sintiendo por dentro quemarle el ácido de los celos.   

-Por que tiene un enorme potencial.- respondió cándida, deshojando otra flor.

  -Es sólo un humano.-

  -¿Y eso qué supone? - rió -Las brujas también los somos. Y los lobos como tú son en parte humanos también. -  

-Somos diferentes a ellos.- dijo receloso, incorporándose hasta sentarse.   

  -Todos somos diferentes.-  

-Los humanos...- recalcó él, tornando la vista hacia las copas de los árboles que eran de un verde vibrante. -No tienen respeto por nada en este mundo. Ni por ellos mismo, ni por nadie más.-

  -Es cierto.- la bruja tomó los pétalos de malva entre sus manos y los dejó caer sobre la cabeza de Vipunen. -Y es por eso que nosotros, que podemos ver más que ellos, debemos enseñarles.- 

  -Temo que abusen de ese generoso cariño que tienes para con ellos y te lastimen.-  

-Oh, hay pocas cosas que un humano puede hacer para lastimarme. Y si en algún caso llegará a ocurrir sé que estarás ahí para protegerme, por que así lo prometiste, querido Vipunen.-  

El lobo se dejó abrazar por el cuello, respondiendo mansamente a los mimos que la bruja le hacía.   

Pero él había incumplido su promesa. No había podido evitar que le hicieran daño a Pirausta. Aceptaba su encierro como el castigo que había recibido por fallar a su señora, atado por la eternidad, prisionero. Era justo. Era el sufrimiento de ella lo que le atormentaba.  


Su señora  le había dado su palabra de volver y liberarlo. Entonces, sin importar cuanto tiempo le tomara a ella, él esperaría, ansiando su presencia, que era la única razón que le mantenía con vida. Pero incluso si ella no volvía, Vipunen se sentía bendecido al saber libre a Pirausta. Con su cabeza inclinada en el suelo y constantemente tensada por la cinta irrompible, elevó una plegaria de agradecimiento. La respuesta que obtuvo fue una advertencia terrible de lo que estaba a punto de ocurrir.    






      Vaizack dormitaba. El cielo blanco y brillante que recordaba de su infancia era todo lo que podía evocar su mente. Y de querer moverse tal vez no podría, debido a aquella sensación relajante que le embargaba y que era muy parecido a estar completamente desunido del mundo físico.  

Sabía que no había dormido mucho, y aún así se sentía descansado y ligero.  

Fue el ruido chirriante del teléfono móvil el que lo trajo de vuelta al mundo terrenal. Abrió los ojos lentamente, encontrándose con la luz del sol que lo bañaba por completo. Debía ser por eso que sentía el cielo brillante sobre él. Se levantó de la cama, todavía desnudo, y buscó el teléfono en el bolsillo de la gabardina.

  El que estuviera sonando sólo podía significar que iban a asignarle un nuevo trabajo. El nombre de una nueva presa. Sin embargo el mensaje que recibió le resultó extraño.   

Iniciaba con un saludo general a todos los cazadores, y seguía con la instrucción inesperada y absoluta de cancelar todas las cacerías de licántropos que estuvieran en curso. Se explicaba que a partir de aquel momento quedaba prohibidor matar a un lobo de cualquier tipo y que el objetivo único de todos los cazadores se reducía a un solo nombre: Ajax Ramsley.

 El niño que tenía en casa se llamaba Ajax. Fue el hecho de no saber su apellido lo que le hizo contemplar por un momento la posibilidad de que fuera una coincidencia. Pero los dioses se habían empeñado en unir su camino con el del niño y el lobo tuerto, por lo que todo lo concerniente a ellos nada tenía que ver con las coincidencias. Además, en el mensaje venía un archivo adjunto. Una fotografía que no tuvo que mirar más de unos segundos para constatar que Ajax Ramsley era el Ajax que él conocía.      



  Ajax miró de nuevo hacia el baño, dudoso, mientras se acercaba más a la puerta de la habitación, que seguía cerrada. Lucas le había dicho que se mantuviera lejos de ahí, pero todo se había quedado de pronto tan silencioso que lo único que venía a su mente era la imagen del cuerpo muerto y ensangrentado de su abuelo, y el miedo de que hubiera ocurrido lo mismo con el lobo blanco le caló tan hondo que terminó con su mano sobre la manija, tirando de ella y empujando suavemente y se asomó, pero no alcanzó a ver al lobo blanco dentro de la habitación sucia y desordenada.

  -¿Qué quieres?- escuchó la peculiar voz rasposa que venía de un costado de la habitación, dentro del closet.  

-Ahm... ¿Puedo entrar?-  

-Entra.-  

Ajax terminó de deslizarse dentro de la habitación y se acercó al closet. Dio un paso atrás en seguida en cuanto vio el brillo de la piel blanca del joven expuesta.  

Estaba desnudo, aun que la mata de cabello le cubría toda la espalda, al girarse hacia el niño quedó expuesto de frente.  

Pero Ajax no pareció incomodarse demasiado, era diferente de estar frente a Lucas y además,resultaba más intrigante mirar lo blanco que el muchacho era. El niño estaba seguro de que podía ver las venas color ázul debajo de la piel clara y llena de rasguños frescos. Dentro de todo el color blanco que era su persona, destacaba enormemente la franja roja que atravezaba el cuello del joven.

  -Ah... ¿Tú voz va quedarse así?- preguntó el niño, recargado contra la pared, con las manos en la espalda.  

-No sé.-  

Vaizack no parecía particularmente preocupado por ello. Se giró hacía los estantes donde guardaba sus pequeñas cajas de madera, y extrajo una de las botellitas de cristal y aplicó el líquido que contenía sobre su garganta.

  -¿Para qué haces éso?- preguntó Ajax, que todavía lo miraba con atención.

  -Para que sane más de prisa.-

  -¿Es medicina?-  

-Si.-  

-¿Todas esas cajas tienen botellas con medicina?-

  -Algunas de ellas.-

  -Ah.-  

Vaizack se puso un par de pantalones limpios y se calzó sus pesadas botas.

  -Yo también tengo una.-

  -¿Una qué?-  

-Una botella. Y es mágica.-  


 El joven salió del closet y fue al otro lado de la habitación, donde estaba su gabardina, doblada sobre el piso. Se la puso y al volverse vio que Ajax abría su pequeña valija y rebuscaba dentro de ella.  

Se preguntó cuantas cosas más podía tener escondidas en una maleta tan pequeña.  

Ajax levantó en su mano una botella pequeña de cristal muy claro llena de un líquido azul y lo agitó emocionado frente al joven.

  -¿Es mágica dices? ¿Qué hace?-

  -Ahm... Siempre está fría - Vaizack tomó la botella entre sus dedos y compró que al tacto se sentía helada.

   El agua dentro tenía un color azul intenso, Vaizack la levantó contra la luz de la ventana, mirando a través de ella con curiosidad.  

-¿Qué es?- preguntó ladeando la botellita, dentro de la cual se formaban pequeñas ondas rizadas.  

-Agua.-
  -¿Qué tipo de agua? ¿De dónde la sacaste?- Vaizack tiró del tapón de corcho, pero estaba demasiado bien cerrado.

  -Me la dio mi amiga Harley.-

  El joven continuó jalando del corcho en su intento de sacarlo, pero de pronto se detuvo. Ajax lo miró, y aun que su expresión no decía nada, como era habitual, le pareció que se veía sorprendido.

  Los ojos claros de Vaizack se dirigieron a la ventana, buscando desesperadamente algo con la vista, algo que de todas maneras no podía ver desde ahí, pero que sentía profundamente. Entonces dejó la botella de vuelta en manos de Ajax, se envolvió en la gabardina y se ajustó una bufanda sobre la boca.

  -No salgan hasta que yo vuelva.- dijo y se fue.      
 



Lucas salió del baño sintiéndose mareado. Se había quedado bajo el agua helada hasta casi dormirse. Realmente no le había hecho sentir mejor, pero al menos había podido sacarse de encima el olor del albino.

Y afortunadamente estaba acostumbrado al dolor, o el sólo intentar caminar le estaría matando. La molesta sensación podría haberla disminuido si pudiera fumar uno de sus cigarros, pero claro, no podía por que el lobo el imbécil lobo blanco los había tirado, y pensar en ello hizo que se sintiera aún más irritado hacia él.

Al volver a la habitación encontró a Ajax ahí, y el albino no estaba a la vista. El niño al verlo se encogió ligeramente, como temiendo un regaño de su parte. 

Lucas se limitó a suspirar cansado y echarse sobre la cama.

-El dijo que no saliéramos hasta que regrese.- dijo Ajax, en voz bajita, mirando a Lucas que se había acostado de espaldas a él.

-Nh.-

Ajax, que todavía sostenía la botella de agua azul entre las manitas, la guardó en uno de los bolsillos de sus pantalones cortos y luego dio un paso vacilante hacia la puerta del dormitorio.  
-¿Cómo te sientes?-  la voz de Lucas lo hizo detenerse y mirarlo de nuevo.
  -Bien.-  

-Lamento no haber podido ir por ti anoche.-
  -Estabas ocupado.- Lucas sintió como la voz se acercaba más y más hasta quedar justo detrás de él. -Ese señor... ese señor que te perseguía ¿Te lastimó mucho?-  

-No.-

  El muchacho reconoció el silencio que siguió. El silencio ansioso y espectante de Ajax. Cerró los ojos y disimuló una sonrisa.   -Si quieres decir algo, hazlo, Ajax.-  

-Amh... ¿Estás enojado?-  

-No.- el vago se giró lentamente sobre la cama para mirarlo. -Contigo no.-

  Ajax pareció tomar el valor suficiente para sentarse en la cama. Lucas sólo llevaba pantalones, así que pudo ver  de cerca sus cicatrices y los nuevos rasguños que se había hecho. Incluso alcanzó a divisar aquella tan grande que tenía en el costado y que ese hombre detestable que era amigo de Lucas, le había contado que tenía y que por ahí metían tubos dentro del cuerpo del muchacho.

  No se la había visto antes. Era muy grande. Se imaginó que debía haber dolido horrores. Y el que tendría que haber sufrido todo eso era él, y no Lucas. Entonces tuvo ganas de preguntar si tampoco estaba enojado con él por que el abuelo lo había mandado a aquel lugar horrible en vez de a él. Pero no tuvo tiempo de preguntarlo.  

-No puedo enojarme contigo...- dijo Lucas, recargando la cabeza sobre el brazo. -Me alegra que estés bien. Me preocupé mucho cuando volví y no te encontré en el callejón.-

 -Perdón.- el niño agachó la cabeza y tartamudeó un poco antes de poder decir alguna otra cosa.- Creí...creí que su buscaba al muchacho del pelo blanco él podría ayudarte... por que te estaban persiguiendo. Pero no lo encontré. Había otro... otro hombre lobo...- se mordió el labio inferior con ansiedad y en seguida levantó la cabeza y sonrió. -¡Pero Harley me ayudó!.-    
Pero Lucas no sé enteró. Se había quedado dormido.  




 
El rostro de Goddard era duro, de frente amplia, mejillas hundidas y nariz larga de aletas anchas. Había sido un rostro atractivo cuando era joven, pero ahora Pirausta lo encontraba insoportable, especialmente estando atrapada detrás de él.  

Incluso ahora que la piel parecía haberse alisado y suavizado ahí donde antes lucía arrugas, y las canas del cabello habían desaparecido, y que en las pupilas oscuros, la bruja reconocía su propio brillo, no podía evitar sentir repulsión de estar dentro de aquel cuerpo.

  Entornó los ojos, intentando perder de vista su propio reflejo sobre el cristal del ventanal y fijar la vista en el cielo de la tarde que se iba poniendo más obscura.  

Pensó en Vipunen, atado en el calabozo, debilitado y solo. O peor que solo, condenado a permanecer al lado de Goddard. Entonces ella suspiraba y pensaba que podía soportar estar en ese cuerpo por que era necesario si quería liberar a su lobo, y que aquello no era nada comparado con lo que él estaba pasando. Y quizá peor que habitar el cuerpo de Alan Goddard era el estar tan lejos de Vipunen. Debía ser muy lejos en verdad, pues por más que se esforzaba ella no podía escuchar su voz, a pesar de haber estado llamándole insistentemente.  

-Vipunen.Ten paciencia. He encontrado a alguien que me brindara el medio para para conseguir liberarte-

  -Pirausta.- le respondió él. Era la voz de Vipunen, ahogada y lejana, como un murmullo apenas distinto al ruido de la ciudad que se extendía bajo sus pies. Pero era su voz. Y el pecho de la bruja se agitó lleno de una emoción tan intensa que le resultó dolorosa. Era felicidad.    






    Era su voz. Estaba segura de que la que había escuchado pronunciando su nombre era la voz de Vipunen. No ahí junto a ella, pero en aquel lugar donde él permanecía confinado, él la estaba llamando.  

Sin embargo la voz se desvaneció tan derepente como había aparecido. Pirausta se quedó quieta, conteniendo el aliento, tratando de escucharlo de nuevo. Pero se había ido.  

¿Le echaba tanto de menos que empezaba a imaginarlo?  

Había pasado el último siglo a su lado, no imaginaba lo mucho que le haría falta, lo débil que se sentía lejos de él.
  Un nudo se deslizó por su garganta, mientras luchaba por reprimir el llanto, inclinando la frente sobre el cristal frío.

  Algo se movió en el horizonte. Afiló la mirada tratando de seguir el movimiento de la figura que parecía saltar sobre los edificios. Había llamado su atención por que debía tratarse de una criatura muy grande para poder distinguirla tan claramente a la distancia que estaba, y por que conocía perfectamente el tipo de movimientos que efectuaba. Era la manera en que se movía un licántropo al correr.

  Un licántropo de una blancura inmaculada.  

-Oh, dioses...-  

-Pirausta.-  

Bijou acababa de entrar a la oficina, y se sorprendió al encontrar a la bruja con aquella expresión desencajada.  

-¿Cuántos lobos blancos han encontrado tus cazadores, Bijou LeClair?-

  -Ah. ¿Disculpa?.-  

-¿Cuántos?- preguntó ella levantando la voz.  

-12 en el último mes en toda la zona sureste. Aun que no hemos logrado capturar a ninguno. Y éso te interesa ¿Por qué?-  

-Es demasiado.- musitó ella en una reflexión para si misma, luego miró a Bijou -Una ventana.-  

El ventanal que ocupada gran parte de una de las paredes de la habitación, era de un grueso cristal empotrado a la pared y no podía abrirse.

  -¡Una ventana!¡Aire fresco!- gritó ella. -Consigue una ventana.-

  -Hay una en el baño...-  

La bruja fue hacia la puerta y miró al hombre de nuevo.

-¡Llévame!-

  Bijou la guió hasta el baño al final del pasillo, donde había una pequeña ventana rectangular en la parte superior de la pared.  

-Ahí está.-  

-Sube.-

  El hombre arrugó el entrecejo, sin comprender.

-¿Cómo?-  

-Sube ahí. Ahora. Anda.-

  El obedeció, inseguro, asiéndose de la ventanilla.

  -Sube.- volvió a decir ella, impacientándose.  

Bijou no comprendía de que podía tratarse todo aquello, así que rindiéndose, se colgó de la ventana y asomó el rostro, viendo atra vez del reducido rectángulo, un paisaje gris de paredes.  
-¿A qué huele el aire?- preguntó la bruja. Bijou aspiró. Olía a smog, a concreto, a humedad y basura. Todo a lo que debía oler una ciudad.  

-Pon atención, Bijou LeClair, utiliza el sentido agudo del depredador en que te han convertido.-  
Él gruñó, y alzando la nariz de nuevo, dejó que el aire pasara, envolviéndolo. Seguía oliendo a ciudad, olía las cucarachas dentro del drenaje, el pelo mojado y apestoso de las ratas, la grasa y el sudor de la piel humana, pelo de perro, comida descompuesta, perfumes, gasolina, luego el olor inconfundible e irresistible de un lobo, luego el olor de muchos de ellos, diferentes entre si, pero todos igualmente deliciosos.

Su boca salivó mientras aspiraba a través de la ventana. Luego se detuvo, aturdido.   Estaba seguro de percibir el olor de un lobo, pero resultaba muy particular, era un aroma tremendamente intenso, como si el aire a su al rededor fuera muy pesado, un aroma peligroso.  

-¿Qué es?- balbuceó, sosteniéndose fuerte con las manos sobre las baldosas de la ventana. -Son muchos.-  

El aroma se había multiplicado, podía percibir a una multitud de criaturas con ese aroma espeso, no estaban cerca, aun que no podía precisarlo, ni decir en que dirección se hallaban. El aroma lo golpeaba despiadadamente, embriagándolo y causandole un mareo terrible. Estuvo a punto de caer, pero se detuvo de la pared.  

-¿Qué descubriste?-  

-Hay monstruos allá afuera. Monstruos que harían que los licántropos que conocemos sintieran temor.- murmuró.

  -¡Ah!.- exclamó ella con ecuanimidad y salió del baño, dejándo a Bijou solo.            


  -¿¡Qué es!?- Lucas abrió los ojos de golpe. Tenía el cabello erizado y sudaba. Por un momento creyó que acababa de despertar de una pesadilla y por eso era que se sentía tan mal, pero la realidad era que se había despertado de esa manera por que aún dormido podía percibir aquella amenaza, que ahora, completamente consciente podía percibir con terrible desazón.

  Eran lobos, muchos de ellos, y no lobos cualquiera. La presencia que desprendían era pesada y agotadora, y podía sentir sus conciencias como algo perturbador y violento, algo lleno de una voracidad inextinguible.   Hábía sentido algo parecido antes, al pelear con el lobo blanco, aun que en menor escala y mucho menos violento que lo que estaba sintiendo ahora. Se dio cuenta de que su cuerpo temblaba. No era algo que pudiera controlar. Aquello que se acercaba era algo anormalmente malo y no estaba seguro de como sobrellevarlo.  

-¡Ajax!- gritó, saliendo de la cama. Ajax apareció en la puerta de la habitación, mirándolo con horror por la manera en que vociferaba su nombre.  

-¿Dónde está ese idiota?- preguntó. El niño supo en seguida que se refería al lobo blanco.  

-Salió.- respondió mordisqueándose el labio inferior. -Dijo...¡que no saliéramos!- tuvo que gritar cuando vio a su hermano yendo hacía la puerta principal. -Dijo que nos quedáramos dentro hasta que él volviera.- insistió mientras Lucas abría la puerta y miraba por el pasillo vacío.   -Ajax, trae tus cosas.-

  -Pero...-

  -¡Trae tus cosas!-  

-No.-  

-Ajax, escucha, no es seguro quedarnos aquí...-

  -¿Por qué?-  

-Algo malo va a pasar...-

  -¡No es cierto! ¡No es cierto! Eso lo dices por que no te cae bien él. Pero siempre que nos vamos de aquí pasa algo malo... Y él nos ayuda.-  

-¡No tiene nada que ver con él, Ajax! Ve por tus cosas.-  

-¡No!...¡Ah!- 

  Al ver el rostro de sorpresa de Ajax, Lucas supo que había alguien detrás suyo ( y que él no se había dado cuenta antes), pero no tuvo tiempo de voltearse por que un dolor agudo en la nuca lo arrojó a un pozo oscuro de inconsiencia.        



  -¿Qué fue todo eso?- preguntó Bijou, yendo detrás de Pirausta, que volvía a encerrarse en la oficina.

  -¿Qué es ese olor?-  

-¿Qué olor?- preguntó ella, haciéndo un ademán con las manos.  

-Eso que querías que percibiera. Esos... esos monstruos.-  

-Son los lobos blancos.- dijo ella, lanzando un suspiro. -Quería confirmar de qué se trataba, y ya que tú eres un debora-lobos.- Goddard se encogió de hombros, y con la mirada vagando de una lado a otro, sonrió ausente. -Me pregunto si podrías alimentarte de ellos.-  

-¿Debo entender que me estás sugiriendo cazarlos?.-  

Ella negó con la cabeza, con una sonrisa que era más triste que divertida.

- Si están aquí ya no podrán ser detenidos. No hay nadie que pueda cazarlos, aun cuando deseara decirte que lo hagas por el bien de tu raza.-  

-¿A qué te refieres?-

  -Los lobos blancos son un augurio de mala fortuna. O una condena, en cierta forma....-dijo suavemente -Que ellos despierten significa el fin del mundo como lo conoces, Bijou LeClair.-        




-Ese maldito.- pensó Lucas. Estaba consciente, aun que su cuerpo no se movía y no podía abrir los ojos. Era como si estuviera desconectado de su cuerpo, aun que sabía lo que pasaba a su alrededor. Se habían llevado a Ajax. Había sido el lobo blanco. No notó su presencía detrás de él, hasta después de que le golpeara la nuca, dejándolo inconsciente. Estaba seguro que se trataba de él.  

Le preocupó al pensar para qué querría llevarse a su hermano. Hasta ahora el lobo blanco había sido, a su modo, amable con Ajax ¿Por qué entonces ahora se lo había llevado por la fuerza?  
Había escuchado a Ajax gritar mientras lo sacaban de ahí contra su voluntad.  

-Se lo han llevado. ¿Qué vas a hacer al respeto?-  

-¿Parece que puedo hacer algo? Estoy inútil. Aun que pudiera mover mi cuerpo... No puedo hacer nada por Ajax. No puedo ganarle a ese estúpido perro blanco.- 

-¿Esperas acaso que Ajax se libre solo de esto? Tenías tantas ganas de cuidarlo, te veías tan feliz cuando lo encontraste. ¿Eso es todo lo que puedes hacer?-  

-Todo lo que puedo hacer por él es ponerlo triste-  

-Probablemente, pero no lo haces con intención. Y ahora mismo él te necesita. Eres lo único que tiene en el mundo, Lucas.-  

Lucas sintió como los pensamientos en su mente se aceleraban.  

-El es todo lo que yo tengo. Todo lo que me importa... No puedo moverme...-   Luchaba por abrir los ojos, por ordenarle a su cuerpo que se moviera, pero no había respuesta.  

-Estarás bien en unos minutos. Cuando te levantes debes darte prisa y buscar a Ajax antes de que sea tarde.-

  -Lo siento... Harley...-  

Pensó Lucas, cuando se dio cuenta que era la pelirroja a quien había estado escuchando. Era su voz.