martes, 23 de octubre de 2012

23.- Sacrificio

Era un sacrificio. El terrible sacrificio de su orgullo. Pero si había algo que le importara más que toda su soberbia, y ese algo era más bien un alguien, era Ajax.  

-Gracias.- soltó el vago. 
Aún le costaba trabajo moverse, pero había conseguido llegar hasta la planta baja del edificio, sin cesar en su empeño de ir a buscar a su hermano por si mismo. Pero entonces se topó con el lobo blanco, que venía, con Ajax en los brazos, durmiendo tranquilamente, a salvo. 
 Ahora, de vuelta en el departamento, cuando Vaizack dejaba cuidadosamente al niño sobre el sofá, Lucas no pudo reprimir la imperiosa necesidad de musitar un desganado "gracias".   

-¿Gracias por qué?- cuestionó Vaizack, y la sorpresa de Lucas quedó evidenciada con una expresión desconcertada. Al hablar, la voz del albino había sonado como un par de peñascos rocosos triturándose el uno contra el otro. Un sonido sofocado y distorcionado que distaba mucho de la voz suave y modulada que acostumbraba. 
-Por nada. ¿Qué te sucedió?- preguntó, notándole una enorme abertura en el cuello, que había sido cuidadosamente surcida.
Vaizack simplemente se volvió y Lucas lo siguió con la mirada, esperando a que dijera algo más, pero en silencio desapareció tras la puerta del dormitorio.
  Algo atroz había ocurrido en el tiempo que había estado afuera, se notaba no sólo en su voz o en las heridas. Algo muy profundo había sido modificado dentro de él. Pero eso no podía importarle menos al vago, quien dirigió su atención a Ajax. Se inclinó sobre el respaldo del sillón, y observó con detenimiento a su hermanito, tratando de asegurarse de que estaba bien. 
Notó las rodillas raspadas y casi pudo imaginarlo corriendo y tropezándose. Tal vez hasta había estado llorando. Aun que en el pequeño rostro no había ya rastros de lágrimas. Las pestañas del niño se inclinaban sobre la piel sonrosada de las mejillas, un cuadro armónico, donde nada más que la tranquilidad parecía tener lugar.
  -Lo siento.- susurró, abatido, sintiendo el peso de la culpa de sus continuos descuidos para con él. Dio un rodeo al sofá y se sentó junto al niño, y sólo entonces, más cerca, percibió la mezcolanza de aromas a tierra, a hierba, a sangre de lobo y a algo más, algo sutil y familiar que, sin embargo no supo reconocer de momento. 
-Ajax...- sus dedos pasearon por la frente del pequeño. Habría deseado que despertara, y encontrarse de frente con sus ojos oscuros y tiernos, pero parecía tan a gusto durmiendo.  
Al menos podía dejarle eso, la alegría de su sueño. Suspiró, resignado, y deslizó la mano sobre una de las rodillas de Ajax, intentando limpiar el polvo que se había adherido a la sangre seca. Entonces se inclinó, y sin pensarlo, le lamió las heridas.
  Pasó su lengua, limpiando los rastros de tierra y la sangre. Saboreó la piel de su hermanito. La lamió y besó. Y se sorprendió de pronto, incapaz de detenerse.  
Continuó trazando recorridos húmedos con su boca, pero en sentido contrario hacía donde había escurrido la sangre.
  En vez de eso, escalaba por los delgados muslos de Ajax, besando sus lados internos.   Estaban tan tibios, olía tan bien.
  Levantó un poco la tela de los pantalones cortos del niño, que estaban siendo un incómodo obstáculo para alcanzar una nueva porción de su piel infantil, y debía decidir si subía más la prenda o si se la quitaba completamente.
    Pero ese pensamiento le hizo reaccionar. Alarmarse. Sentirse mal. Aprovechándose de su hermano mientras dormía. Era un pensamiento agobiante, y al mismo tiempo horrorosamente excitante. 
Sacudió la cabeza, apartando la tentadora idea de su mente, y se acercó a los labios de Ajax, dejando un rápido beso sobre ellos. Luego se puso de pie, pensando en que eso tendría que bastar. Y tener que conformarse le resultaba francamente insufrible. 
-Me alegro... de que estés bien...- musitó en voz baja, alejándose de él. Aun que el sabor ferroso de su sangre y el gusto tierno de su piel que le habían quedado en la boca, le torturaban sin piedad. 
  Lucas se asomó a la habitación, donde el lobo blanco, echado sobre la cama, miraba el cielo incoloro a través del ventanal.
-¿Qué te pasó? - preguntó, arrastrándo la pierna derecha al caminar hasta llegar a la cama, para después sentarse y ver de más cerca, pero no obtuvo respuesta ni reacción.
  - ¿Quién te hizo éso?- Lucas le miró con curiosidad la larga e hinchada linea de piel lacerada, húmeda y enorojecida, unida por un hilo delgado de color púrpura. Una herida como esa podría haberle desangrado, evaluó. Pero el albino parecía, al menos fisicamente,estar bien, a no ser por aquella peculiar voz al hablar. -¿Con quién te peleaste?-

-Uno como yo-

-Oh...- Lucas alzó una ceja y bostezó. Estaba débil, y éso, aunado al alivió de saber a su hermano a salvo, estaba causándole una pesada sensación de cansancio. -Claro, tendría que haber sido otro maldito demonio como tú para hacerte algo como éso.-
  Lo sabía bien, ya que él no había conseguido hacerle nada en ninguna de las ocaciones en que habían peleado. Nada. Y éso dolía también en su soberbio orgullo. Así que simplemente apartó la idea de su mente por que era agotador pensar en ello. 
-¿Te has cosido tú mismo?- 
Los ojos claros del albino se movieron por fin, rodándose lo suficiente para alcanzar a mirar al chico. 
-Una bruja.- dijo en su descompuesta voz, echándose sobre el colchón roto y cerró los ojos, con aspecto de encontrarse extenuado. Y Lucas se quedó ahí, sentado en la cama, mirándo dormir al lobo blanco.




         Cuando entró a la oficina esa mañana, Bijou se encontró con un mundo de papeles esparcidos por el suelo, amontonados sobre las mesas, los estantes parcialmente vacíos, y Goddard, la bruja, en medio de todo aquello, lanzando pedazos de papel al aire. 
-Esto ¿De alguna manera forma parte de tu plan?.-
  -¡Ah! ¡Bijou LeClair!- dijo ella, sonriéndo fugazmente, y luego volviéndo a concentrarse en el libro que deshojaba en aquel momento. -¿Disfrutaste de tu reunión?- 
-Si.- 
-Ah. Ya veo. ¿Qué harás con ese monstruo que acabas de crear?-   Bijou caminó sobre el papel que tapizaba su camino, y se recargó en el escritorio. Estaba cansado, su ropa lucía desarreglada y el cabello, que solía estar siempre bien peinado, se había alborotado en largos mechones negros que le caian rebeldes por el rostro y el cuello. 
-Nada en especial. Por ahora. Cheryl Thompson sabe que si quiere evitar que su mutación se haga definitva debe hacer una cura. Cederá, tarde o temprano.- 
-Oh. Si. Es posible. ¿Y si no?- 
-¿Si no?- Bijou le miró friamente, como si las palabras de ella hubieran sido una burla. En cierta forma sospechaba que lo era.-Lo hará.-
  La bruja se rió, doblando las puntas de una hoja de papel una y otra vez.   -Querido Bijou LeClair,suenas tan confiado.- 
-¿Dudas que pueda lograrlo, señora Pirausta?- 
-La duda está en ti. No estás convencido de que al final esa mujer se rinda, por más fuerza que apliques en tus torturas. -

  -Tonterías- masculló él. -
  -Oh... oh...- Goddard tamborileó con sus dedos sobre su propio rostro, enmarcando una sonrisa. -No te molestes conmigo sólo por que te comprendo.- la bruja recogió el trozo de papel doblado entre sus manos y se levantó de su lecho de libros deshechos, para acercarse a Bijou.  -Estás desesperado.- dijo ella, recargando la cabeza sobre el hombro del otro.–Puedo sentirlo- la manó de Goddard acarició después la mejilla de Bijou –Te está consumiendo tan lentamente- y Bijou no se retiró.  

  Tomó la mano de Goddard y fue él esta vez  quien invadió el espacio personal de la bruja al acercar demasiado su rostro en un acto intimidarte.  

-Tú….tú puedes curarme-
  -Oh, dulce criatura…que exquisita mirada de súplica ofreces.- el rostro de Bijou entre sus manos, le miraba, efectivamente, suplicante. –Esos ojos tuyos… Si tuviera el poder para hacer eso tampoco necesitaría de ti. – le acarició como a un cachorro.  

-Eres una bruja, algo debes saber que pueda ayudarme.-

  –Nosotras a veces sabemos cosas, según se vea. Pero tú ya sabes que es aquello que puede solucionar tu problema. Lo leo en ti. Algo acerca de un niño… ¿Cúal era ese bonito nombre? Ajax.-  

-¿Cómo es que lo sabes tú?- 
Ella se alejó con su paso ceremonioso hacia el ventanal de la oficina. 
-¡Dime!-
  -¿Qué quieres escuchar? Yo no conozco a esa prodigiosa criatura. Sólo sé lo que veo en ti. Sé que tú crees que en él está la solución que tanto anhelas, Bijou LeClair.-   Así era. Lo creía, muy a su pesar.   -Pero tú nunca enviaste a tus subordinados a buscar a ese niño. Bijou LeClair. Has estado manipulando a todos los que te rodean, con tal de que él pueda escapar. Lo tuviste en tus manos y lo dejaste ir. Y sabes perfectamente a donde fue.-   El rostro del hombre se había vuelto una piedra dura y lisa, sin expresión. 
-¿Ese es el gran misterio de las brujas?- musitó su voz sedosa -¿No ser en el fondo más que mujeres mimadas y que creen saberlo todo?-
-¿Conoces tú a muchas brujas?- 
-Las suficientes.- 
-No hay ningún gran misterio- Goddard se encogió de hombros. 
-Si. Y en realidad no sabes nada útil.-
  -Sé lo que vas a hacer ahora. La traición a la persona por la que sientes amor.-      


  Vaizack tuvo un sueño. Estaba frente a la ventana de su habitación, y abajo se extendía una ciudad gris infinita, cuyas chimeneas, largos tubos de metal que se levantaban por sobre los otros edificios, escupían al aire densas nubes de humo y cenizas que lo cubrían todo.

 Al voltear hacia atrás pudo ver una montaña nevada que se elevaba mas allá de las nubes de cenizas. 
La montaña comenzó a agitarse y una avalancha de nieve se precipito hacia abajo, aullando con furia. De entre las capas de nieve que se deslizaban y la niebla helada que se levantaba por encima, pudo distinguir las formas cada vez mas delineadas de patas, lomos erizados y cabezas de hocicos largos. Cientos de esas criaturas de nieve corrían en su dirección bajando por la ladera de la montaña. Cientos de lobos del blanco perfecto de la nieve. Vaizack simplemente se quedo de pie, mirándolos correr hacia el y luego, cuando llegaron hasta donde estaba, pasaron a través de su cuerpo, como si fueran fantasmas. Luego los vio correr hacia la ciudad gris y sepultarla.  
Después la montaña, que seguía ahi continuo agitándose y moviéndose, cada vez mas, hasta que las puntas de la cima se doblaron y estiraron y la montaña se levanto, dejando ver entre los ríos de nieve que escurrían de ella la cabeza de un lobo gigantesco, cuyos ojos eran grietas encendidas y el hocico inmenso, una cueva oscura con colmillos de roca, se abría amenazador y se lanzo sobre Vaizack, engullendolo de una sola vez.   

En la oscuridad sintió como su cuerpo empezaba a enfriarse al punto de ponerse rígido y doloroso.    Y luego la penumbra fue gradualmente reemplazada por la luz del día que entraba por la ventana. 

  Vaizack abrió los ojos. Había muerto. Había perdido contra ese berserker la otra noche y había muerto.  
Y también había vuelto a la vida. Apenas caía en cuenta de ello.    Habría esperado ir a donde los guerreros como él iban al morir. Incluso habría esperado ir al infierno. Pero estaba vivo. Y no sabia que significaba éso.
  El había perdido una batalla, su orgullo de berserker había sido destruido pero el así seguía vivo.

 ¿Qué se suponía que hiciera ahora?   El muchacho se sentó sobre la cama y miró por la ventana, abajo, la ciudad viva, bulliciosa y caliente. Vio que el lobo vago también estaba ahí, dormido al otro lado de la cama. 
Vaizack se levantó y salió de la habitación.

 Fue a la cocina. Recordaba haber comprado leche en días pasados, y al abrir el refrigerador la encontró. Se bebió la mitad del contenido de una sola vez, esperando que eso aminorara el calor que sentía. No funcionó, pero de igual manera le sentó bien. No estaba seguro de que pudiera ingerir nada sólido hasta que su garganta y su cuello sanaran.
  La mordida del berserker casi le había partido el cuello, después de todo. Tenía que ser cosa de brujas el que hubiera podido ponersele juntos los pedazos.  
-¿Dónde está mi hermano?-
  El niño estaba parado detrás de él. Tenía el cabello desordenado y los ojos somnolientos. 
-Esta durmiendo en la habitación.-   Ajax lo miró con sus ojos negros desmesuradamente abiertos. El lobo sintió que también a esas expresiones de sorpresa y de terror se estaba acostumbrando. 
-Tu... tu voz... tu cuello...¿Qué te paso?- chilló el niño. 
-Una pelea.- 
-¿C-con mi hermano?-
  -No.-
  -¿Te duele mucho?-
  -No. Desayuna.- dijo, poniendo el bote de leche en las manos del pequeño. Aun que ya pasaba del medio día supuso que no había comido nada todavía.    



 -Lucas...- 
-Tranquilo.- 
-Pero... amh...-   El cuerpo de Ajax tembló entre sus brazos. Estaba húmedo, tibio y vibrante sobre él. Lucas lo llenó de caricias, deleitándose con la sensación de estremecimiento que recibía como respuesta a cada roce.
  La carita de Ajax se había puesto roja y le miraba timidamente, intentando resistirse a emitir sonidos. Se mordió el labio inferior, pero eso no fue suficiente para reprimir un gemido cuando su hermano metió la mano entre sus piernas.
-Lucas...- jadeó, tomándose de su cuello. 
-¿Cómo se siente eso?-
  Ajax entreabrió su jadeante boca y lo siguiente que Lucas supo fue que había algo amargo deslizándose por su garganta. Abrió los ojos y la luz del sol le caló tanto que tuvo que mantenerlos cerrados un poco más. Había una botellita de cristal metida en su boca, de donde supuso que había salido aquella cosa amarga que se había tragado.
  Sintió unas manos deslizándose sobre su muslo derecho, el que tenía vendado. Sentía un ligero escozor, pero además, el repentino contacto de aquellos dedos se estaba sintiéndo extrañamente placentero. Eso no ayudaba mucho luego del sueño estimulante que acababa de tener, y la imagen de su Ajax sobre él empañó su mente por unos momentos más.
  Cuando logró enfocar la vista se dio cuenta de que quien estaba ahí era el otro lobo.   Por supuesto, no esperaba que fuera nadie más, ya que ese sujeto se había estado encargándo de sus heridas en los últimos días. Lo hacía incluso ahora, que él también estaba herido y debilitado, y Lucas no quizó pensar en el por qué. 
-¿Cómo se ve? ¿Va a sanar pronto?- gruñó, sacándose la botella de la boca.   Vaizack le dirigió una rápida mirada de soslayo y volvió a centrar la atención en la herida de la pierna, untando su pasta de hierbas y otras medicinas en la herida que atravezaba el muslo. 
-Va a estar bien.- siseó con su voz lastimada. 
-Umh.- 
-Sanaría más rápido si no caminaras con la pierna así.- 
-No voy a quedarme acostado todo el día. Me aburro. Ya sé que un perro faldero como tú no lo entiénde, pero yo no soporto estar encerrado. Necesito salir, correr, tomar aire fresco. Tks.- 
Vaizack presionó con su dedo sobre la herida de Lucas, y éste se retorció, adolorido.
  -¿¡Qué mierda haces!?-
  El albino se limitó a ofrecerle una expresión pasiva e indiferente, como solía hacer casi siempre. 
-Tampoco me gusta estar encerrado.- 
-Nh.- percibió el toque escesivamente suave de las blancas manos. De pronto le parecía que el joven albino se había quedado vacío, sin la fuerza latente que despedía como un aura. 
-Tampoco estás tomándote en serio esas lastimaduras. ¿Eh? Eso en el cuello debe estarte matando.- soltó una risa que sonó a burla, lo que a Vaizack le tenía sin cuidado. 
-La medicina adormece. Los berserker podemos continuar moviéndonos por más lastimado que esté el cuerpo.-
  -Umh... ¿berserker?- Lucas se sentó sobre la cama y miró al rededor.-¿En dónde está Ajax? ¿Está bien?-
  -Está bien. Está en el pasillo.- 
El albino tomó una loción que olía a raices fermentadas y la esparció sobre la lesión de su propio cuello. El líquido burbujeó, haciéndo un sonido efervecente. Lucía muy doloroso, pero el muchacho no expresó ninguna sensación particular.
  -¿Qué diablos hace en el pasillo?- 
-Vio a un gato e intenta hacer que se le acerque.- 
El vago resopló y se sentó en el borde de la cama. 
-No debe salir. Es peligroso.- 
El albino acarició con sus pálidos dedos la firme costura que le habían hecho en el cuello. 
-No es que él no lo entiénda. Tiene el instinto suficiente para cuidarse.- explicó levantándose despacio y yendo hacía la salida. Su medicina debía ser mejor de lo que creía, pues sin esperarlo, Lucas se había movido rápido hacia la puerta, cerrándola e impidiéndole el paso. 
-Así que crees que conoces más a Ajax que yo ¿Eh?.- 
-En lo absoluto... - tomó aire, pues hablar resultaba trabajoso.- Le conoces de más tiempo, así que la lógica dicta que lo conoces más. Pero lo comprendo mejor, eso sin duda.- 
-Graawr ¡Cállate!- el vago dio con su puño contra la puerta. -¡Tú no comprendes nada sobre él! ¡Nada sobre nuestra familia!-   Vaizack suspiró, desganado.
  -Comprendo todo. Tu frustración y necedad, hasta tus miedos agobiantes.-
  Lucas enfrentó su propio reflejo en aquellos ojos claros, sintiéndose atravesado por esa mirada que jamás le mostraba ni un poco de temor, por mas vacía que se viera ahora. Y eso lo hacia enfurecer.
  Lanzó al de cabello largo sobre la cama y saltó encima de él, aprisionándolo con su peso. Se estaba sintiendo un poco fuera de control. Sus instintos habían amanecido de por si un tanto descontrolados. Pues bien, los saciaría con el lobo blanco. 
De pronto la idea le pareció exitante e irresistible. Le mostraría una faceta de él que no había visto antes. 
Vaizack ni siquiera estaba oponiendo resistencia, pero aún así le dio con el puño en el rostro en varias ocasiones, sólo por si se le ocurría resistirse y metió con brusquedad su rodilla entre las piernas del albino.
  -¿Qué haces?- 
-Te doy una lección.- 
El rostro, hasta el momento impávido, de Vaizack se tornó grave de pronto, desencajado. Tuvo que cerrar los ojos ante la intensa sensación que le llenaba de pronto, con la mano del lobo vago moviéndose descaradamente sobre su miembro. Se estaba frotando sobre él de una manera que lo estimulaba y las sensaciones se dispararon tan rápidos y tan potentes  que mantener el control era imposible. No le gustaba. Era demasiado denso. Confuso. Trataba de decir alguna cosa, cualquiera, pero estaba sofocado y su mente demasiado in conecta para articular palabras. Sólo atinó a llevar su mano hacia la de Lucas, para detener el movimiento. 
No funcionó. 
  Le atrapó ambas manos, por que Vaizack además era algo más pequeño y sus dos delgadas muñecas las podía sostener con una mano, hacia arriba, lejos de donde pudieran estorbarle el camino, y descaradamente repasó la linea de su cuello con la lengua, saboreando el sabor amargo y fermentado de la medicina y el tacto hinchado de la herida. Y dolía. Lo bastante para anhelar que parara, pero el cuerpo del albino no parecía estar funcionando lo suficiente para defenderse.
Estaba débil, no fisicamente, pues en verdad la fuerza de un berserker no encontraba su límite en el daño físico, era más bien como si el poder que le venia del interior, su espíritu de batalla, se hubiera agazapado, incapaz de mostrarse.   Y pronto se encontró hundido en un mar oscuro de sensaciones embriagantes. Dolía. Dolor.  Mucho. Pero era placentero. Horrorosamente agradable. Y él jamás había sentido algo como éso.  
 El vago se las había ingeniado para sacarle los pantalones en algún momento, y ahora, cuando menos lo esperaba, le ponía los dedos dentro de su cuerpo-no supo precisar cuantos, pero de momento le parecieron muchos de ellos- metiéndolos en el pequeño orificio entre sus glúteos y moviéndolos sin ningún cuidado. Aquello era algo nuevo, impensable y alarmante. Muy incomodo. Y luego no tan desagradable. Doloroso.Y luego placentero.   Había sentido algo parecido antes.
Algunas veces, durante sus batallas con otros berserker. La rabia de la batalla le embriagaba hasta hacerle perder la cabeza. El dolor se convertía en un exquisito deleite. El mundo con sus barreras y limitaciones se desdibujaba, dejando sólo la intensidad de un montón de deliciosas sensaciones que le llevaban al extremo de su resistencia. Y le hacían sentir tan vivo.
  Y ésto se parecía. No era lo mismo, pero se parecía mucho y resultaba igual de excitante. Era de una manera distinta, una batalla. 

 Su cuerpo respondía a ello pidiendo más, bullendo deseoso. Más. Mucho más. Estaba simplemente cediendo al deseo primario. A la bestialidad del instinto. Y de pronto ese instinto tomo acción propia, transformando al delgado y pálido Vaizack, dejando en su lugar al berserker, tan feroz como en una batalla. Igual de insaciable. Tan sorpresivo que Lucas no tuvo tiempo apartarse, quedando bajo la mole de pelaje blanco, esta vez él como el indefenso.
  -Maldita sea...ughh...-  luchó por apartarlo, pero era demasiado grande, y él después de todo seguía débil y lastimado.
  La bestia le arrancó la ropa y lo giró, poniéndolo boca abajo sobre el colchón. La sola idea de lo que ocurriría luego horrorizó al vago hasta dejarlo helado. En su desesperación gateó hacia adelante, tratando de huir, pero el lobo le retuvo, afirmándolo por la caderas con sus garras. 

 Lucas aulló por el dolor cuando la erección del lobo blanco entró en él. Era demasiado grande. No en un buen sentido. Era grande y lo desgarraba al introducirse más y más dentro de él. 
-Maldito... maldito perro...- sollozó Lucas, ocultando el rostro enrojecido entre las sábanas.  
Vaizack lo empaló hasta el tope, acomodándose dentro de la estrecha cavidad, meneando la cadera de Lucas, causándole un sufrimiento indecible, que empeoró cuando la bestia sacó su miembro y volvió a meterlo todo de una sola vez. Continuo haciéndolo hasta que la entrada quedó lo suficientemente abierta para permitir el fluido vaiven de sus embestidas. 
El vago cerró los ojos y mordió furiosamente las mantas, deseando fijar su mente en algún otro momento en su memoria que fuera menos doloroso. Pero simplemente no podía, el dolor lo mantenía pendiente del momento, de cada movimiento que el otro realizaba. Le escuchaba salir y entrar de él, el sonido viscoso de lo que supuso era mayormente su sangre y el asfixiante aliento hirviente del berserker cayendo sobre su espalda, sobre su cuello y su rostro. Y podía ser, sólo un poco, que lo humillante de la  situación fuera más dolorosa que el acto en sí. Luchó de nuevo por liberarse, tratando de deslizarse hacia delante, pero soló consiguió que las garras de Vaizack se hundieran más en su dolorida carne, y su fuerza se extinguió finalmente por completo, haciéndolo abandonarse a los deseos del lobo blanco que no terminaba con su tarea, entrando y saliendo multitud de veces sin detenerse.
  Lucas gimió. De a poco el dolor iba volviéndose una sensación plácida  que le golpeaba por dentro. Muy profundo. Estaba tocando zonas muy sensibles que enloquecían por el intenso roce.
  Una embestida profunda. Una más. Vaizack gruñó sintiéndose estremecer al dejar salir su semen en una explosión potente  y deliciosa. Jadeó, parando el frenético movimiento, quedándose estático dentro de Lucas, respirando agitado sobre él. Le escuchó decir algo, un débil chillido que no comprendió. El vago se aclaró la garganta y levantó la cabeza un poco, lo suficiente para alcanzar a decir algo sin que sonara tan sofocado. Tenia las mejillas acaloradas y en los ojos el brillo febril del placer. 
-C-continua... - musitó. -No...irás a detenerte ahora, maldito desgraciado, aún no... aún no termino.- 
El berserker gruñó alguna cosa ininteligible y le tomó de nuevo, reiniciando sus embestidas, sintiendo que se ponía erecto de nuevo, esta vez acompañado por un ligero movimiento de caderas por parte de Lucas. En realidad era más fácil si se movía al ritmo del berserker.   Mientras, se llevó la mano a su propia erección. Se había puesto muy duro y ya comenzaba a doler, entonces empezó a masturbarse, pasando la mano sobre el miembro al ritmo de las embestidas, logrando una deliciosa sincronía.
  Odiaba que aquello terminara gustándole, pero no podía evitar la sensación de estar realmente excitado, y ahogaba sus gruñidos sobre el colchón para evitar pedir por más.
  Eso abría sido rebajarse demasiado. Debia resistir.
-Ughh...ahh, hazlo más... rápido...-
  Bueno, lo había intentado.  
Una embestida profunda lo hizo sacudirse.  
-¡Ahh!- embestida tras embestida, el lobo blanco soltaba toda su fuerza sobre él.-¡Ahh! Ghhh- 
-Lucas.- 
Alguien le llamaba. 
-Lu...Lucas.-
  Llamaban a la puerta. Pensó. Afortunadamente la había cerrado con seguro.
  -E... espera un momento, Ajax...-  soltó, haciendo mucho esfuerzo para no jadear demasiado durante la oración. Al lobo blanco no parecía inmutarle la presencia del niño al otro lado de la puerta. Continuó con su faena, moviendo el cuerpo de Lucas sobre su erección, satisfaciéndose con el húmedo y estrecho contacto.
  El vago terminó primero, escurriéndose sobre las sábanas, cayendo sobre sus propios fluidos al no poder sostenerse una vez que el lobo salió de su cuerpo.
  Vaizack volvió a su forma humana y se tendió a un lado, agitado y rendido. Y con una sensación agradablemente pacífica, como la que tenía luego de una batalla intensa. El vago se levantó en silencio, tomó unos pantalones -los de Vaizack, por que los suyos habían sido salvajemente arrancados y estaban rotos bajo la cama- y se los puso aún que le quedaban algo ceñidos. Salió, cerrando la puerta, dejando al albino solo en la habitación.
  -Lucas.- Ajax se le acercó, asustado, en cuanto lo vio salir. - Gri... gritabas.- 
-¿Nh? No es nada.-  
Los grandes ojos de Ajax lo escudriñaron. Algo debía pasarle, tenía el torso surcado por profundos rasguños y temblaba, agitado. Quizá él y el lobo blanco habían peleado de nuevo. 
-¿Estás bien?- 
-Estoy bien. ¿Atrapaste al gato?- 
-Ah...- el crío negó con la cabeza. 
-Nh.- 
Ajax tuvo la repentina idea de que si habían peleado y Lucas estaba herido, quizá el lobo blanco también. Quizá hasta estaba muerto.  
La idea lo impulsó hacia la puerta de la habitación, intentando abrirla. 
-No.- dictó entonces la voz del hermano mayor. -No entres ahí.- 
-Pero...- 
-Obedece, Ajax.- 
El tono fue áspero y contundente.  
Aún así Ajax se animó a seguir protestando. 
  -Pero... ¿El está bien?-  
-¡Está bien, maldita sea!. Mantente alejado de ahí.-  
El niño le miró confundido y Lucas pensó por un momento en que podría  disculparse por gritar, pero las piernas le estaban fallando y sentía que se caería en cualquier momento, así que se fue al baño y se encerró para darse una larga ducha.      



        Bijou entró a la oficina como una ráfaga de aire frío, haciendo que la pequeña secretaria se sobresaltara. 
-Avisa a todos  los cazadores de la zona oeste. Desde ahora la búsqueda de Ajax Ramsley es prioritaria.-   dejo caer sobre el escritorio una fotografía de Ajax. -Lo quiero vivo. Y queda estrictamente prohibido matar a cualquier licántropo  hasta nuevo aviso.- ordenó, sacándose la camisa -Y tráeme un cambio de ropa limpio, por favor.-
  La mujercita, apresurándose a tomar nota de lo que le dictaban, asintiendo repetidamente. 
-¿A-algo más, señor?-
  -Café.-
  -En seguida.- 
El hombre se dejó caer sobre el sofá de cuero, cansado de lidiar con la idea de lo que estaba haciendo. Pero si todo salia bien podría quedarse con Lucas, aun que el precio que implicaba era un sacrificio.



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