domingo, 30 de septiembre de 2012

19. -Incomprensible en su razón. Por casualidad.

Era incomprensible en su razón. El por qué de toda aquella parafernalia nostálgica que le llenaba. La presencia de aquellas criaturas en su casa. En especial la del niño. De cierta forma, una forma muy curiosa, Vaizack se sentía identificado con él.

Le recordaba a si mismo.

Recordaba como era él cuando niño, y sus manillas tan blancas como la nieve pura levantándose contra un cielo resplandeciente de luz.

Había poquísimos días de sol en su tierra natal, que era un país constantemente asediado por gruesos nubarrones grises durante casi todo el año, lo que lo hacía un sitio bastante oscuro.

Pero había días, unos cuantos más contados que los días de sol, en que justo antes de una nevada las nubes se ponían tan blancas y brillantes que todo el cielo parecía de luz pura.

Y entonces era precioso, Y Vaizack se echaba sobre las hierbas con las manos extendidas al cielo y los ojos maravillosamente calados por tanta luz.
Extrañaba eso. Le daba muchísima nostalgia acordarse. 

Y le pareció curioso recordar eso ahora. Hacia años que no pensaba en ello. Seguramente era por la melancolía de la música. De alguna parte venía una musiquilla triste. La escuchó mientras dormía y eso le despertó.

Elevó la cabeza por sobre el respaldo del sillón y miró hacia la habitación, de donde venía aquella pegajosa melodía.

Se levantó por que no alcanzaba a ver nada.

El vago dormía. Y junto a él había un extraño muñeco de cuerda que producía aquella música.

El lobo blanco se talló un ojo con el dorso de la mano. Como estaba un poco adormilado aquello le pareció irreal y raro.

Tomó el muñeco y jaló de la llavecita que le daba cuerda. Quedó en silencio.
Luego lo arrojó y lo escuchó caer en algún lugar de la habitación.

El vago parecía excesivamente tranquilo mientras dormía.

Es que no parecía que hubiese sufrido nada ni que estuviera realmente herido.
Vaizack apretó los puños. Luego dejó sueltas sus manos y las puso alrededor de Lucas, acercándose a su cuello.

Pero lo dejó. Por que del baño escuchó un grito. Uno muy leve. Pero sus oídos eran extraordinarios y finos, después de todo. Los sollozos, los suspiros, eran más perceptibles por la acústica del baño.

Abrió la puerta. El grifo de regadera estaba abierto y en la esquina de la ducha, donde el chorro de agua apenas lo alcanzaba, estaba el niño. 

Se había desvestido para bañarse, pero ahora estaba encogido en el rincón, sollozando. No se dio cuenta de que el joven había entrado, así que cuando le escuchó junto a él preguntándole que le ocurría se petrificó del miedo.
Se encogió más sobre si mismo, tratando de cubrirse lo más posible.

Pero Vaizack no se movió y seguía mirándole tranquilamente, lo que hizo sentir al niño aún más nervioso e incómodo.

Ajax volvió a tallarse la nariz y desvió la mirada.

-E-el agua… está helada.-

-Ah- Vaizack arqueó las cejas. –Pues si ¿Y luego? ¿Te has puesto a llorar otra vez sólo por eso?-

-Está muy fría.- repitió el niño tratando de contener sus lágrimas, pero sin conseguirlo, lloraba aún más.

-Silencio. Tanto escándalo por eso. Si no te gusta el agua fría cierra el grifo y eso es todo.-

El joven berserker se encargó de cerrar la llave. Y entonces Ajax se echó a llorar con más fuerza.

Vaizack se inclinó sobre él, intrigado, pero no se esperaba que el niño se lanzara a sus brazos, enterrando su carita húmeda entre el espeso cabello blanco y llorando inconteniblemente.

Vaizack se quedó estático. Sin quitarse al niño de encima, sin tocarlo. Le era tan extraño tener tan cerca a alguien sin que eso representara algún peligro.

-¿Por qué? ¿Por qué lloras?-

Pero el niño no pudo responder. El nudo en su garganta le impedía hablar.

 
 


-¿De… qué me habla…señor?- 

Bijou ladeó la cabeza un poco hacia la derecha, entrecerrando sus ojos al mirar tan de cerca a Goddard.

-Háblame de él. ¿Qué te hizo Goddard a ti para que lo odies a ese grado?-

Dijo el mismo señor Goddard, por lo que Bijou no entendió de qué se trataba aquel nuevo juego al que lo sometía.

-¿Piensa que lo odio, señor?-

-Oh…- dijo Goddard con un aire casi encantador, todavía inclinado sobre el escritorio.-Ese hombre es terriblemente astuto. Sin duda debió saber todo el tiempo que le odias. La forma en que entraste aquí me hace pensar que eres uno de sus más cercanos sirvientes. ¿No es así?-

-Su humilde sirviente, señor.-

Goddard lo miró censurando sus palabras con una expresión gravísima.

-No lo hagas más, no frente a mí. Esa falsedad insoportable me desagrada-

Goddard trazó con su mano un delicado ademán de rechazo y se puso de pie, rondando por la habitación con aire pensativo.

-Señor Goddard…-

El señor Goddard se puso frente a él, mirándolo con una expresión peculiar.
-Querido mío, no soy tu señor Goddard-

Al decir aquellas palabras el rostro de Goddard se acercó mucho a Bijou, mirando profundamente a los ojos del joven hombre mientras sonreía.

-Si no alguien más que se ha adueñado de este viejo cuerpo.-

Los brazos de Goddard rodearon a Bijou, haciéndole sentir un terrible escalofrío, causándole el impulso de alejarse, pero Goddard cerró con demasiada fuerza sus brazos sobre él y llevó sus labios a la oreja del joven, murmurándole.

-Yo soy una bruja-



Vaizack siempre había sido curioso.

Las cosas que le intrigaban y que no podía sacarse de la cabeza, solían tener influencias inesperadas en él.

Por ello, a pesar de que no se sentía cómodo con aquellas criaturas en su casa, aquel niño que lloraba por todo le daba mucha curiosidad.

El mismo niño había dejado de llorar hacía un rato y ahora sacaba ropa de su pequeña maleta. Y Vaizack lo observaba.

Ajax terminó de ponerse una playerita azul y estuvo listo. Sonrió para si mismo.
“Pero si hace unos minutos que estaba llorando”pensaba Vaizack.

Y entonces vio que el crío se subía a la cama y se inclinaba sobre su hermano, murmurando alguna cosa. Supuso que el niño no quería que lo escuchara, pero no podía evitarlo. El tenía el oído perfecto de un lobo.

Cosas como “despierta pronto” y “te quiero mucho” llegaron hasta él en la voz de Ajax.

Luego el niño parecía estar buscando algo. Revolvió las sábanas y buscó bajo la cama. Después la rodeó y fue al otro lado de la habitación, de donde recogió el muñequito musical que Lucas le había dado.

Ajax hizo un puchero y miró al lobo blanco con enfado.

-Esto es mío.- musitó levantando el juguete hacia la cara de Vaizack lo más que podía hacerlo, por que él era mucho más pequeñito que el muchacho.

-Lucas me lo dio.- continuó el pequeño, revolviendo con sus deditos el cabello rojizo del muñeco.

-¿Quién es Lucas?-

-Mi hermano.-

Contestó el niño volviendo a acomodar junto a la cabeza del vago el muñequito otra vez. Luego se volvió a Vaizack un poco más contento.

-Y yo me llamo…-

-Ya. No me digas. No quiero saber.- interrumpió el berserker. Un gesto de enfado se marcó en su rostro inexpresivo.

-A…-

Ajax sintió aluna cosa desagradable en la garganta. No dijo nada más. Cogió la maletita e iba a cerrarla, pero el muchacho le detuvo la manita.

-¿Qué es?-

-¿Qué?-

-Hay algo. Ábrela.-

Ajax obedeció y ambos miraron dentro de la valija.

Algo de ropa nada más. No. Algo más de seguro. Algo que apestaba. Vaizack metió la mano y revolvió. De entre la ropa de Ajax sacó una bolsa bien cerrada. Aún así el olor se desprendía de ella y penetraba la nariz del lobo blanco, irritándolo.

-Marihuana y hierbas malolientes y venenosas.- gruñó.

Salió del dormitorio tomando la bolsa con la punta de los dedos, disgustado de tocar demasiado algo tan absolutamente repulsivo.

Ajax lo siguió, asustado de lo que fuera a hacer. Lo vio entrar al cuarto de baño y levantar la tapa del retrete.

-¡No! ¡No!- le gritó cuando le vio decidido a arrojar el contenido de la bolsa. -¡No!¡Es de mi hermano!-

Vaizack sujetaba el paquete en lo alto, justo directo sobre el escusado.

-Esta cosa le hace daño a su cuerpo.-

-¡El lo necesita! ¡Déjalo! ¡Por favor!-

-No.-

Y dejó caer todos los cigarros de hierba en el agua.

Luego jaló la palanca para desaguar.

Y los cigarros giraron en el vórtice de agua hasta desaparecer.

Ajax parecía que iba a llorar otra vez. Pero en vez de eso apretó la boquita en un botón rojo y fresco, entornó los ojos y golpeó con los puños cerrados a Vaizack.
Golpes demasiado suaves como para que le dolieran algo a alguien.

-Cuando Lucas despierte se va a enojar contigo.-




Bijou, extrañado, sorprendido, asqueado, se dio un paso hacia atrás, examinando el rostro de Goddard.

-Bruja-

Repitió con un aire de incredulidad.

-¿Bruja?-

Sonrió.

-¿Señor?-

Goddard se echó a reír, volviendo a caminar por la habitación con aire suntuoso, sonriendo con frescura.

-No soy tu señor, joven.-

-No comprendo-

Bijou comenzaba a sentirse irritado.

-No soy Goddard- repitió Goddard

-Señor…-

-Olvida por un momento lo que esos bellos ojos ven y escucha mis palabras. No soy tu señor. Ese maldito, ese estúpido hombre está ahora encerrado en una jaula eterna y yo he tomado su lugar…-

Mientras explicaba con sus palabras veloces y en un tono afilado y casi alegre, Goddard, quien decía no serlo se fue aproximando a Bijou, hasta pegarse a su cuerpo, en un impúdico abrazo que Bijou sintió como un espeluznante contacto del que no se pudo deshacer, no por que no lo intentara, ni por que Goddard fuera demasiado fuerte, si no por que en cuanto lo tocó sintió una profunda debilidad que le dejó estático.

Mucho peor aún cuando Goddard lo besó.

La grotesca sensación del sabor rancio de sus labios no parecía ser lo suficientemente desagradable para obligarse a soltarse. Sólo atinó a cerrar los ojos, horrorizado. El asco que sentía pronto se desvaneció, cuando tuvo la repentina sensación de ya no estar ahí, si no en un lugar oscuro y viciado, frente a un enorme monstruo, un licántropo de pelaje gris que le miraba con sus ojos inyectados de sangre, y luego, al mirar hacia atrás, dentro de una jaula, una mujer sin ojos. Y al mirar dentro de la oscuridad insondable de aquellas cuencas vacías, Bijou despertó.
Sobre la alfombra de la oficina, temblando, con el rostro perlado de un sudor espeso y frío. Levantó la vista y vio a Goddard sentado detrás del escritorio, con el rostro apoyado sobre el dorso de la mano, sonriéndole descaradamente.

-¿Lo has visto?-

-Ah…eh…-

Balbuceó el joven luchando por ponerse de pie.

-¿Lo has visto?-

Repitió Goddard.

-¿El qué?-

-Al lobo-

Bijou dudo, un poco mareado, un poco asqueado todavía de pensarse tan cerca de ese hombre.

Pero a fin de cuentas, lo había visto. Al lobo. Había casi podido oler su aliento salino, saborear el aroma de su carne.

-Lo has visto- sentenció Goddard, completamente seguro de ello. –Pero no es la primera vez que tú ves a uno como él.-

Añadió ladeando la cabeza de forma curiosa.

-No me di cuenta antes. Tú boca sabe a sangre y carne de lobo. Te alimentas de ellos.-

Bijou logró incorporarse al fin, con las piernas temblorosas apenas sosteniéndolo.

-Usted lo sabe perfectamente. Autorizó a la señorita Thompson a que lo hiciera. Soy, por así decirlo, un devora monstruos.-

Su tono de rencor no pasó desapercibido ante Goddard quien con un gesto grácil levantó una mano hacia él, claramente con la intención de que se le acercara. Bijou dudó.

-Así que fue eso lo que hicieron contigo…-

Musitó el jefe. Su mano aún extendida en el aire, imperturbable por la espera.
Bijou por fin decidió acercarse un poco, sin saber bien que le impulsaba a ello, después de todo sentía una repulsión de orden casi natural hacia aquel hombre. Y ahora de pronto, de la nada, parecía estar atrayéndolo en todos sentidos. Cuando llegó junto a él se inclinó un poco.

Goddard no se lo había dicho, pero sintió que sin ninguna palabra se lo estaba ordenando. Así que inclinado sobre él, el jefe paso su seca mano con suavidad por sus mejillas.

-Si. Fue doloroso. Tú cuerpo alterado de forma tan atroz. No han tenido ningún cuidado contigo…-

Decía la voz de Goddard. Bijou le miraba entrecerrando los ojos, dejándose acariciar como un cachorro manso. No podía negarse a aquel rostro que le miraba con una compasión profunda e inexplicable.

-Tú no eres Goddard-

-No lo soy-

Goddard sonrió.

-¿Quién eres?-

-Una bruja. Te lo he dicho.-

-¿Qué es lo que quieres? ¿Qué has hecho con Goddard?-

Preguntó él en un tono más bien tranquilo, separándose y recargándose contra la mesa de escritorio. Deseaba demasiado tomar su cigarrera y fumar, pero se contuvo.

Goddard continuó mirándole con un brillo inusual.

-Eso también te lo he dicho ya.- replicó en tono paciente, recorriendo con su mano una de las orejas del sillón tapizado en cuero.

-A Goddard lo he encerrado en mi cuerpo. Y lo que quiero…-

Tomó la mano de Bijou, quien parecía a momentos ausente.

-Es tu ayuda-

Vaizack sabía bien lo poco conveniente que era sacar al niño a la calle, por que había cazadores buscando al lobo vago y ellos sabían del niño. Sacarle a la calle era casi tanto como repartir folletos dando su ubicación.

Pero había pasado varios días y él no había salido a hacer sus rondas por lo mismo, y ahora que el niño y él se habían acostumbrado a pasarla juntos notaba como el pequeño se aburría encerrado en casa todo el día.

Y lo cierto era que Vaizack también.

Así que salieron muy temprano en la mañana, compraron almuerzo y en una tienda de chuchearías le compró una gorrita con unas curiosas orejas de conejo y unos lentes oscuros con un marco de plástico amarillo fosforescente, así que desapercibido no pasaba, pero al menos le ocultaba el rostro.

Anduvieron un rato por la ciudad. Vaizack siempre atento por si detectaba a alguien sospechoso.

-Quiero ir a la casa de Regan.- dijo de pronto el niño.

-¿Por qué?-

Ajax se encogió de hombros sentándose en una banca, mientras el berserker caminaba alrededor de unos árboles.

Definitivamente no podía detectar movimiento reciente de lobos en la zona, aun que por alguna razón se sentía muy inquieto.

-Vayamos.- dijo después de un rato, cuando se hubo cansado de mirar los árboles.

Aun que no había pasado mucho desde el extraño incidente, el edificio de departamentos donde Regan había vivido seguía con la afluencia normal de inquilinos. La vida diaria apenas si se había perturbado en aquel lugar.

Vaizack y Ajax entraron por el pasillo junto al patio hasta llegar al que había sido el cuarto de la chica.

La puerta seguía tirada entre el escombro de la pared, y adentro ya no quedaba mucho. La habían saqueado a pesar de las pocas y pobres pertenencias que había tenido.

Ajax lo observó todo, como si registrara la habitación en busca de algo. Nada en realidad. Entró al dormitorio y se sentó sobre la cama sin sábanas.

Vaizack miró el lugar con indiferencia, tratando de no tocar ninguna cosa, con las manos enguantadas en las bolsas del abrigo.

-Regan estaba muy contenta cuando vinimos a su casa.-

Vaizack no respondió nada al comentario.

Ajax suspiró, dejándose caer en el colchón con los brazos extendido. Luego rodó un poco y volvió a mirar a Vaizack.

-¿Por qué la mataste?- preguntó

-Me ordenaron que lo hiciera.-

-¿Por qué te ordenaron eso?-

-Por qué…no querían que existiera alguien como ella.-

-¿Por qué?-

-No les gustan los que son así-

-A mí me gustaba Regan.- acomodó su carita entre sus manos.-¿Quiénes te dijeron que le hicieras eso?-

-Las personas para las que trabajo.-

-¿M-matarías a mi hermano?-

-Si.-

-¿Y a mí?-

-Si.- respondió simplemente.

Una mirada indefinida en los ojos negros de Ajax fue el final de la conversación.

-Es hora de volver.- dijo Vaizack, avanzando hacia la puerta.




Bijou apartó su mano, deshaciéndose del toque de Goddard como si fuera una alimaña desagradable. Por fin tomó fuerzas y sacó la cigarrera de plata, extrayendo de ella uno de sus delicados cigarros. Lo encendió con calma sin ofrecerle nada a Goddard. O a la bruja.

- Ayuda. ¿De qué tipo?-

- ¿Cuánto tiempo llevas así?- preguntó Goddard

- ¿Así?-

- ¿Hace cuanto que dejaste de ser un ser humano completo?-

Bijou gruñó.

-No lo sé.-

-Ah.-

Goddard se giró un poco en el sillón y miró hacia el ventanal.

La tarde avanzaba, trazando de tonos oscuros el cielo.

-Yo fui una vidente. Hasta hace poco tenía yo la capacidad extraordinaria y maravillosa de ver. Me refiero a todo aquello que normalmente no está a simple vista. Pero ahora ya no poseo esa capacidad. Ello, sin embargo, no significa que no pueda ver a tras vez de ti y leer tus pensamientos. Por que eres terriblemente joven y transparente.-

Sonrió

-Y puedo saber en el instante si mientes. Si me lo propongo puedo leerte en este momento, joven. La incredulidad de la que todavía no te deshaces. Ahora mismo confías que quien está frente a ti no es tu señor Goddard, pero no crees en ninguna otra cosa que salga de esta boca. Puedo ir más profundo que eso. Si te miró a los ojos lo que quiera saber de ti aparece en ellos, escrito en el lenguaje sempiterno del alma. Y mientras te hablo de esto sigues sin creer.-

Goddard se levantó con presteza y volvió a acercársele, y a pesar de que ya no lo tocaba, Bijou se sintió invadido por él. Le miraba penetrante a los ojos. Con terrible claridad. Como si su mirada continuara hablándole.

-No hace mucho, por su puesto. Alrededor de tres años. Fue entonces cuando empezaron a jugar con tu cuerpo…-

Las manos de Goddard se posaron sobre su pecho y se acercó más.

-…puedo verlo…-

Sonrió fascinado.

-Todo el dolor que pasaste, dulce criatura…-

Sus labios estuvieron de nuevo demasiado cerca de Bijou. Luego volvió a alejarse. Y el hombre de ojos verdes, Bijou, intentaba adecuarse a la situación y mantenerse bajo control, pero la actitud de Goddard, o de la bruja, le desconcertaba.

-Venganza. ¿Te gustaría?-

-¿Venganza?-

-Por que a mi si. Para eso he venido. Para eso necesito tu ayuda. Tú eres ideal para ello.-

-¿Vengarse del señor Goddard?-

-Para empezar.-

Sonrió, y Bijou casi creyó que su sonrisa era maravillosa.

-¿Aceptas?-

Bijou le miró largamente, ensimismado en sus pensamientos y deducciones. Exhaló el humo de su cigarro.

-¿Por qué quieres vengarte de él?- preguntó por fin con fría curiosidad. -¿Qué puede haberle hecho a una bruja que sea tan terrible?-

Goddard, la bruja, suspiró.

-La mujer que viste en la jaula…-

Bijou recordó la extraña visión que había tenido minutos antes, donde había visto al enorme lobo gris, y a una joven sin ojos.

-Si. Ese es mi cuerpo original… Y tu señor Goddard ahora está encerrado en él, dentro de una jaula que no se abre, en un recinto de piedra oculto bajo tierra.- la rabia se enredó en sus palabras mientras hablaba.

-El lugar en donde nos obligó a permanecer durante un siglo.-

Y de pronto su enojo que parecía creciente se esfumó.

-Podría haberle perdonado.- su voz se suavizó –Nuestro falso amigo, mí querido Alan…Podría haberme compadecido de su debilidad, de su humanidad.-y su mirada se enterneció –Pero su traición no la perdono, ni el sufrimiento de mi amado, ni la matanza de la que me ha hecho partícipe.-

Miró a Bijou con fijeza.

-Tengo un siglo de razones para vengarme de ese hombre, joven. Tendré mucho de que ocuparme. ¿Te gustaría ayudarme?-

Su voz, terriblemente invitante. Con un horrendo encanto que Goddard, el verdadero, no sería capaz de mostrar en todo su frígido ser.

-¿Qué ganaría con ayudarte?- preguntó.

La yema del dedo de Goddard se deslizó sobre su propio labio que se curvaba.

-Venganza, por supuesto.-


-Puedo llevar a cabo una venganza por mí mismo.- respondió con simpleza. La colilla de su cigarro cayó sobre la alfombra y sin ningún cuidado la pisoteó dejando una mancha negra. –No necesito la ayuda de una bruja.- dijo también sin ningún cuidado, como probando los límites de hasta donde podía llegar con ella. –Además, me parece que ahora mismo el señor Goddard la está pasando lo bastante mal, encerrado y ciego.-

-¿Te parece que es suficiente? ¿El dolor por el que has pasado es tan liviano que se sosegará con una venganza como esa? ¿No te agrada más la idea de poder satisfacer tu sangriento deseo? Herirlo, destrozarlo y verlo suplicar piedad…-

-¿Lo dices por ti? ¿Así es como te gustaría vengarte?-

-No.-

Su sonrisa de simple sinceridad irritó un poco a Bijou.

-Goddard no volverá. Lo que significa que todo lo que es suyo me pertenece ahora. Esta compañía, tú… oh, no me veas así, no es una amenaza lo que escuchas. No me interesa en lo absoluto todo esto. Puedes quedártelo si quieres. Te nombraré el nuevo presidente si es tu gusto, a cambio de tu ayuda.-

-Yo, dueño de House of Sound…- saboreó la idea y luego sonrió desdeñoso. -¿Por qué supones que es algo que me interesa? No significa nada para mí…-

-Que dulce criatura eres. ¿En verdad no hay nada que quieras hacer con todo ese poder? - el afecto en su mirada volvió a clavarse en Bijou. A él eso le molestaba. Dudó un poco y luego, entrecerrando los ojos con suspicacia, dijo:

-De acuerdo, tenemos un trato…señora. Te ayudaré.-





Había una luz muy brillante y tibia. Podía sentirla envolviéndolo todo. Al principio era una sensación agradable, el calor penetrando en su piel hasta sus huesos, despertando su cuerpo. Pero luego fue demasiado calor. Se estaba sofocando.
Lucas abrió su ojo y la luz penetró potente y deslumbrante, impidiéndole ver. Se levantó y fue hacia la luz que resplandecía ante él y caminó hasta que algo duro y transparente lo detuvo.

Era el cristal de una ventana. La corrió, se recargó en el borde y miró hacia abajo una ciudad gris. La luz que veía era el sol que brillaba en ese momento justo directo contra la ventana, haciendo de la habitación un horno.

Sudaba, acalorado.

Se sacó la camiseta que llevaba puesta y que notó no era suya y comenzó a deshacer los vendajes que cubrían su torso. Bajo ellos sólo tenía cicatrices.
Luego deambuló un rato, mirando la habitación en donde había despertado, la cual no conocía. Apestaba a lobo, pero el dueño no se encontraba en casa.
Después se paseó por el resto del departamento para terminar de asegurarse de que no había nadie más que él.

Fue al baño, se lavó la cara y luego pasó a la cocina, donde no encontró nada para comer más que un paquetito de galletas saladas.

Se metió una a la boca y la masticó aburrido, echándose sobre el sillón de la sala.
Entraba demasiada luz en aquella casa, pensó. Podía ver el polvo que revoloteaba flotando entre los rayos de luz solar que se colaba por las ventanas.
Era un buen lugar para vivir, era tranquilo y se estaba bien. Aun que era la casa de otro lobo por el momento no le importó por que aquella criatura no estaba cerca.
Terminó sus galletas, se metió el envoltorio en el bolsillo del pantalón. Su cabeza entre los mullidos cojines. En verdad se estaba muy bien ahí. Le resultaba tan cómodo que inconcientemente se negaba a pensar y preguntarse que lugar era y como había llegado ahí.

Pero los recuerdos se presentaron por si mismos como una lluvia inevitable de imágenes que caían sobre él como el polvo que bailaba en los rayos de luz.
El encuentro con Ajax, el asesinato de su abuelo, la muerte de Harley, Bijou que los había ayudado a salir de la ciudad, Regan, el lobo blanco, el hospital, Ajax. Ajax.
Y de pronto se hizo tan imperante y vívido aquel recuerdo que se sintió alarmado.
Por que Ajax no estaba. Podía percibir su aroma tenue en la casa, pero sintió su ausencia como una pozo profundo abriéndose dentro de él.

Se llenó de angustia, miedo, paranoia. Por Ajax. Por que pudiese el lobo blanco o cualquier otro lastimarlo, o que los de House of Sound lo encontraran.
Todos aquellos pensamientos se volcaron sobre Lucas, atormentándolo.
El vago, sin poder aguantarlo más, tomó la camisa que antes se había quitado y salió de ahí a paso apresurado. A pesar de lo preocupado que estaba por Ajax, algo le permitía permanecer tranquilo, calmado, pensante. Pero pronto desechó ese pensamiento de su cabeza, por que era incomprensible en su razón.


Era por casualidad. Vaizack y Ajax iban de vuelta al departamento y entonces pasaron frente al aparador de una tienda de curiosidades.

Ajax no pudo evitar fijarse en un montón de silbatos. Plateados, dorados, y pintados en colores metálicos. Algunos bastante grandes y otros pequeños y delgados como un dedo meñique.

Algunos eran silbatos para caza, y otros, como el suyo, silbatos para perro.
Y sólo hasta entonces echó en falta el suyo. No lo llevaba al cuello desde hacía mucho, pero no podía acordarse bien desde cuando y la sensación de haberlo perdido se le juntó como algo amargo en la garganta.

Y lo extrañó demasiado. Cómo si empezara a faltarle algo de él mismo y se estuviera volviendo liviano y vacío.

Pensó que tal vez lo había dejado dentro de la maleta o sobre la repisa del baño, o quizá incluso se le había caído en el hospital.

Ahora ya no podría llamar a Lucas si lo necesitaba. Además, la cadena de la que lo llevaba colgado se la había regalado él.

Quería encontrarlo. Se convenció a si mismo de eso. Por que le dolía perderlo.
Apretó sus manecitas con decisión, y de pronto al mirar alrededor se dio cuenta de que se había quedado solo frente al escaparate, pues Vaizack había seguido andando calle arriba sin detenerse a esperarlo.

Ajax corrió para alcanzarlo.

-¿Podemos ir a otro lugar?- preguntó colgándose del abrigo del joven.

-¿A dónde?- no se detuvo ni para hablar. Parecía ser que tenía prisa por volver a casa.

-A…este…al hospital donde llevaste a Lucas, por favor.-

-¿Por qué quieres ir ahí?-

-Se…se me olvidó una cosa.-

-No es buena idea ir.-

-Pero…pero…es importante.-

-El hospital debe estar vigilado.-

-¡Es importante! Por favor.-

-No es recomendable. Alguien podría reconocerte.-

-Por favor. Una vuelta rápida. ¿Por qué no podemos ir?-

-Por los cazadores.-

-¿Cuáles?-

-Los que están buscando a tu hermano.-

Ajax palideció.

-¿Por qué?- exigió saber colgándose otra vez del brazo del de ojos pálidos, quien continuó avanzando, jalando a Ajax tras de si.

-Seguramente por lo que es. Por que es lo que Regan era. Los lobos como ellos son cazados por lo humanos. La herida en el hombro se la hizo un cazador con una bala de plata. Es obvio que están persiguiéndolo desde hace mucho.-

Ajax se soltó de él y dejó de caminar. Vaizack volteó a verlo hasta que estuvo a muchos metros de él.

El niño tenía de nuevo aquella expresión sombría que recordaba tanto a la de un adulto. Y lloraba.

Silencioso.

Vaizack avanzó un poco hacia él.

-Mi abuelito hizo eso.- musitó tratando de calmarse –Mi abuelito le disparó. Y luego… y luego…- pareció que buscaba obligarse a hablar, por que la garganta se le entumeció y no pudo continuar.

El río de lágrimas continuó cayendo sobre la carita del niño.

Vaizack sólo observaba.

-Hay que volver ya.- dijo después de un rato. Se dio la vuelta y justo entonces alguien le saltó encima, golpeándole con furia contra la pared.

Escuchó que sus anteojos de lentes de cristal amarillo cayeron en algún sitió, rompiéndose.

Al volverse a buscar al culpable observó con sorpresa al vago que había dejado todavía inconciente sobre su cama aquella tarde.

-Lu…cas.-

-Ajax. ¿Estás bien?- preguntó inclinándose sobre él para ver su carita húmeda -Tranquilo.- le susurró y en seguida se volvió hacia Vaizack. -Voy a acabar esto de una vez por todas. Voy a matarte, bastardo.-

Vaizack tuvo que apoyarse en la pared para poder levantarse. Se le había reventado el labio y la sangre le escurría en un delgado hilillo hasta debajo de la bufanda.

Sacó un delicado pañuelito y se limpió.

-Tonta y necia criatura.-

-¿Qué dices?- gritó Lucas dándole un derechazo en el estómago. Vaizack se dobló con las manos en el abdomen y boqueando por la falta de aire.

-¿Qué dices?- repitió Lucas -¿Qué te falta el aire? ¿Qué no puedes respirar?-

Se burló. Se preparó una vez más para golpearlo pero el lobo blanco fue más veloz y lo agarró por el cuello, aplicándole una llave y tirándolo al suelo.

Ajax gritó y jaló del brazo de Vaizack tratando de detenerlo.

-Es suficiente de eso.- le dijo, mirándolo con frialdad, y aquella mirada hizo que el niño le soltara, apartándose un poco, arrodillándose junto a su hermano que aún sufría por el golpe que el albino le había propinado.

Vaizack levantó el armazón roto de sus lentes y lo puso en uno de los bolsillos internos de su abrigo. Se acomodó la bufanda.

-Ya que te has recuperado…- se dirigió a Lucas. Lucas por su parte le dedicó una mirada furiosa desde su posición en el suelo. –Hazte el favor de salir de mi territorio cuanto antes. No te toleraré más.-

Luego el lobo blanco se dio la vuelta y se fue.

-Lo mismo digo… ¡La próxima vez que te vea voy a matarte!-

Gritó Lucas muy amenazantemente, pero ya había perdido al albino de vista.
Respiró profundo tratando de reponerse, pero se dio cuenta de que su cuerpo estaba debilitado, aun que muy bien atendido. Y una sensación de bienestar lo invadió cuando Ajax se abrazó a él.

-Ah…Ajax.- dejó descansar su cabeza contra el pecho de su querido niño, escuchando su tierno palpitar y aspirando el aroma agradable de su ropa.

Era sin duda Ajax. Su Ajax que lo abrazaba cariñosamente otra vez.

Tenía preguntas que hacerle, cosas que quería saber, como el si aún estaba molesto. Pero no se atrevió a decir nada. Fue Ajax por si mismo quien lo dijo.

-Te quiero.- al tiempo que ponía su boquita sobre la mejilla del vago.

Y el tiempo se detuvo por un momento. Calle abajo el sonido chirriante de un silbato agudo que alguien probaba en una tienda le causó una sensación de melancolía. Pero era por casualidad.

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