lunes, 20 de agosto de 2012

17.- Triste

Era Triste. Triste y casi bonito volver a aquel horrendo y pesadillezco lugar. Por la nostalgia que le daba.

Bijou ya no iba con frecuencia al laboratorio central, a menos claro que Cheryl le llamara y le obligara a ir. Por que la orden era inapelable.

El hombre entró a una de las sala de operaciones del laboratorio y encontró a una Cheryl cubierta de sangre que se inclinaba sobre el cuerpo de un hombre.

Era un cadáver de piel rígida y azul. La cabeza hacia atrás, como si se hubieran separado los huesos de la quijada. Los ojos los tenía abiertos, tan secos y endurecidos que parecían plástico.

Cheryl metía el bisturí dentro de la cavidad toráxica y cortaba distraída en todas direcciones con una expresión aburrida.

Levantó el rostro al escuchar la voz de Bijou, y en su cara, unos lentes de graduación le hacían ver enormes los ojillos.

Enterró el escalpelo en el pecho del cadáver.

-Te tardaste.- gruñó, sacándose los anteojos y limpiándose las manos. -¿Encontraste al niño?- interrogó mientras tomaba una bata limpia del armario y se deshacía de la que estaba ya sucia y manchada de sangre y fluidos corporales.

-¿El niño?- la ceja de Bijou se arqueó en actitud inquisitiva, como si no supiera él que era lo que le preguntaban. La mujer lo miró enfurecida.

-Aún no, señorita.- se apresuró a responder él esbozando una sonrisa.

-¿Cómo has podido venir aquí, frente a mí, sin traerme algo que valga la pena? Maldita basura de laboratorio.-

-Me ocupo de labores importantes para la compañía, señorita. La búsqueda de una pequeña e insignificante criatura no es una prioridad. Hay cazadores buscándole, desde luego, pero es bastante, bastante difícil dar con alguien de quien no se tienen al menos una fotografía o algún tipo de información personal. Y es que... ¡Todos los niños son iguales, señorita! Y usted me pide encontrar uno entre tantos…una aguja en un pajar.- declaró despreocupadamente el hombre. Entrecerró las hermosas esmeraldas de sus ojos, esperando otro grito por parte de Cheryl.

Sin embargo ella no gritó. No hizo nada. Sus diminutos ojos fijos, como si viera a través de Bijou y observara algo muy lejano.

-¿Cuánto ha pasado desde la última dosis de esa medicinita tuya que utilizas para retrasar la mutación?-

-…dos horas.-

-¡Dos horas!- exclamó ella, sobreactuando exageradamente una fingida preocupación, como si le sorprendiera absolutamente. Sus cejas se curvaron, formando surcos extraños en su frente. –Ah… ¿Y cuanto tiempo pasaba entre dosis y dosis hace tres semanas?-

-Siete días.- 

-Está avanzando rápido. ¿Verdad?- se rió. –Monstruo horrible. Estás empeorando. Muy pronto el suerito ese no te hará ningún efecto. Vas a dejar de ser humano y te vas a morir.-
Hubo un espeso y desagradable silencio. Bijou tuvo una fuerte punzada en el estómago, pero continuó sonriendo pues en la convivencia con su jefa todo se trataba de un juego de poder y dominio.

-Lo sé, señorita.-

-Haber, perro faldero. ¿Sabes tú de quien es hijo ese niño?-

-De un…-

-¡Es el maldito vástago de uno de mis experimentos!- gritó lanzándole a Bijou un escalpelo, el cual afortunadamente él alcanzó a esquivar moviéndose un poco hacia la derecha.

-Esa pequeña rata lleva en su cuerpo la herencia de mis experimentos. ¡Encuéntralo, LeClair! Por que quizá en él esté la solución que tanto deseas para ese problema tuyo-

La expresión de Bijou se descompuso.

-¿Qué significa eso?-

Cheryl se acercó a él y lo empujó contra la pared. No era como que tuviera mucha fuerza, pero Bijou no solía defenderse de sus agresiones.

-¿Lo entiendes, basura? En el cuerpo de ese niño podría encontrar una cura para la licantropía… y también una para ti.-

***

Vaizack tuvo la sensación de que le rodeaba una atmósfera agradable. Todavía mientras dormía lo alcanzaban las sensaciones externas.

Aun que el sol brillaba ya en lo alto, el aire era suave y dulce, y por un momento, mientras el material onírico de sus sueños se deshilaba y él despertaba, tuvo la curiosa y vaga sensación de estar de nuevo en las frías planicies de su tierra natal.

Y él normalmente se encontraba así de desorientado cada vez que despertaba de un sueño profundo, pero en seguida ya recobraba la conciencia espacio-temporal.

Aun que no sabía muy bien por que razón estaba durmiendo en el sillón, y por que toda la sala estaba en desorden.

Luego se alarmó al percibir un olor penetrante que venía de la cocina, la cual él nunca usaba.
Fue de veras raro entrar y encontrarse con una pequeña criatura parada sobre un banquillo, inclinándose de puntitas sobre la estufa, donde preparaba alguna cosa.

-Ah, si. El niño- se recordó. También pensó en el lobo imbécil que descansaba en su habitación, y también de que habían asaltado su departamento.

-Hola.- susurró el niño cuando notó al que lo observaba.

Pero Vaizack tardó en coordinar una respuesta por que seguía perdido en sus pensamientos.
-¿Qué haces?- preguntó por fin.

-Me…me... tenía hambre… ¿Quieres?- dijo Ajax, cohibido. Y todavía más apenado cuando el joven se acercó a él.

-¿De dónde sacaste esto?- preguntó el albino, picando sospechosamente con un tenedor lo que había en la cazuela.

-Ha…había algo en la nevera, y…y unas latas…en la alacena.-

-No. No puede ser bueno comer eso. No sé desde cuando estaba guardado ahí.-

Vaizack olisqueó, resuelto a no comer aquella cosa.

-Pero…pero… es que…- tartamudeó el niño, sintiéndose contrariado. Probó con un dedo el menjurje y notó que si sabía raro. Pero con el hambre que tenía se lo hubiese comido todo.
-¿Cómo está el otro?- preguntó el berserker, más interesado de pronto en el que dormía en la otra habitación.

Y el vago seguía dormido. Se le veía bastante tranquilo, así que Vaizack supuso que su medicina estaba haciendo efecto.

Vació otra de sus botellitas en la boca de Lucas y luego se metió en el closet y salió hecho un esquimal. Con una chaqueta gruesa y la bufanda y los guantes y los anteojos.

-Voy a comprar comida.- dijo caminando hacia la puerta con las llaves aseguradas en su bolsillo, y entonces empezó a dudar de si iba a marcharse y dejar a aquel niño desconocido suelto en su casa. No se sentía cómodo con eso. Así que abrió la puerta y se volvió al niño. En la superficie brillante de sus lentes se reflejó aquella carita infantil.

-Acompáñame, niño.-


***


-He soñado con ellos… Les he visto, Vipunen.- susurró la melodiosa y suave voz de la bruja Pirausta, quien daba vueltas en su jaula.

El agotado Vipunen gruñó desde su rincón, con un tono de interrogante.

-Un columpio…-musitó la bruja, animándose de pronto, girando en el centro de la jaula, con la cabeza vuelta hacia arriba, saltando como una niña.

-Voy a pedirle a ese hombre…-y como se refería a Goddard, su expresión se agrió por un momento. –Que ponga un columpio aquí. Tal vez me lo cumpla.-

Luego se dejó caer, trémula y pálida, cansada de girar y con una sensación de horrible mareo en la cabeza.

-A los lobos blancos, Vipunen. He soñado con ellos…Tienen una belleza inmortal.-

Y parecía que soñaba despierta con esa belleza, pues contemplaba abstraída el espacio vacío.

-¿Les has visto?- preguntó el lobo, jalando penosamente su cabeza hacia arriba para alcanzar a ver a Pirausta.

-¡Si!- sonrió ella, con encantadora dulzura al mirar al lobo. –Otros les han visto…y esas visiones llegan a mí en sueños. Han despertado de una inconciencia silenciosa. Sin duda han regresado.-

-Entonces todo terminará pronto… la presencia de los berserker sobre la tierra sólo puede significar muerte y destrucción para todo lo que se mueve y vive.-

-Oh. Algo terminará, definitivamente… Quizá, Vipunen mío…nuestro triste encierro llegue a su fin. Hay cosas que van a comenzar a moverse.-


***

-Lo más seguro es que siga durmiendo por varios días. Su cuerpo está muy lastimado y cansado, así que no se despertará pronto. No ganas nada con permanecer parado junto a la puerta. Vamos, ven a comer, niño.-

Ajax clavó sus ojitos oscuros en Vaizack, que estaba en la sala abriendo la caja de pizza que habían ido a comprar. Al tomar un rebanada el queso derretido escurrió por los lados, humeante y delicioso.

Ajax había perdido ya el interés en la comida, y en lo único en lo que pensaba era en su hermano. Y en que estaba ansioso de que despertara.

Pero según aquel joven, debían esperar días. Así que de momento se rindió y fue a sentarse frente a Vaizack.

El muchacho le pasó un platito.

-Come.-

Ajax se sirvió una rebanada de pizza, pero no la probó. Estaba llena de verdura y tenía muchos champiñones no le gustaban nada.

-¿Va a…morir?- preguntó de pronto, con una angustia espesa apretando su vocecita infantil.
Vaizack terminó de masticar su bocado antes de contestar. Se limpió delicadamente con una servilleta.

-No. No va a morir por esas heridas. Va a recuperarse pronto por que la medicina que le he dado es especial. Yo mismo la hice.-

-Ah.- Ajax miró una vez más hacia la puerta de la otra habitación.- ¿Eres doctor?- preguntó.

-Por supuesto que no.- respondió el lobo terminando de comer y poniéndose de pie.

-Mientras él se recupera lo conveniente es que se quede aquí. Si se lo mueve ahora se lastimará más. Tú duermes en el piso. Hay un montón de mantas en el armario de allá…-
 señaló una puerta. –Toma lo que te haga falta…Este…-

Vaizack volvió a sentir extrañeza mientras hablaba, provocada por su propia inesperada hospitalidad.

-Me contó ese muchacho que se quedaban en casa de Regan ¿No tienen…eso? ¿Una casa? ¿Un lugar a donde volver?-

-No.-

Hasta ese momento Ajax no había vuelto a pensar en Regan, y se preguntó que habría pasado con ella. Con lo amable que era debía estar preocupada por ellos. Tal vez. Pero pensaba en que ojala ella estuviera bien y que aquel monstruo naranja no le hubiera hecho nada malo.

-Bueno… hasta que ese muchacho despierte pueden quedarse aquí. Si. Les dejaré quedarse hasta que se despierte, luego…ya veré que hacer- continuó hablando Vaizack.

- Pero hay ciertos…reglas importantes que…bueno. No toques mis cosas. No todas las cosas, sólo no toques lo que hay en el armario de la habitación. Nada de lo que hay ahí lo toques, lo contaminarías con tus manos. Tampoco salgas de aquí sin avisarme, y nunca abras la puerta por más que llamen. Nunca. Es todo.-

Ajax asintió. No le gustaba mucho tantas reglas, pero aún así, aquel joven le agradaba un poco, por que aun que parecía tan serio, era…a veces…bastante amable y eso le gustaba. Y él, además, estaba cuidando de Lucas.

Y pensó que le gustaría por esa vez quedarse un tiempo en aquel lugar en vez de andar vagando y escondiéndose y huyendo todo el tiempo. Añoró su casa. Pero trató de no pensar en ella.

Y la verdad era que ni siquiera le importaba ya que aquel joven era un hombre-lobo.
Probó la pizza. Hizo a un lado los champiñones y comió mucho. Le había regresado el hambre.

-¿Conoces a Regan?- se atrevió a preguntar.

-Si. La conocía.- respondió Vaizack. El niño no captó el mensaje.

***

La degeneración del cuerpo de Bijou había llegado a tal grado que se manifestaba de forma horrenda. Su mutación lo estaba volviendo un monstruo, pues a veces su cuerpo se transformaba en una bestia extraña.

Una figura humanoide deformada, larga y grande. Encorvada y cubierta de largo pelo color canela.

Las garras en sus manos, o más propiamente llamadas patas delanteras, eran tan largas que para caminar se apoyaba en ellas con dificultad, debiendo doblarlas hacia adentro. La espina dorsal estaba muy encorvada y las vértebras le sobresalían del pelaje, creándole enormes protuberancias en la espalda.

La cabeza era redonda, con la cara chata, los ojos ocultos tras la gruesa mata de pelos, y tenía mandíbulas provistas de varias hileras de dientecillos muy afilados.

La primera vez que se había visto en el espejo con aquella apariencia se sintió horrorizado de ver su ser tan corrompido.

¿Cómo podía ser él aquel monstruo que no reconocía?

Tan deforme, tan feo. El shock había sido tremendo. No era ya más un humano. El Bijou que conocía estaba desapareciendo. Las transformaciones le venían involuntariamente. Y luego tardaba horas en poder volver a la normalidad, así que permanecía encerrado todo ese tiempo.

Se suponía que lo habían diseñado como un devora monstruos capaz de cazar lobos, pero por supuesto al ser un fracaso de laboratorio, las cosas no había salido tan bien.

Ese cuerpo alterado no era tan fuerte como para salir a cazar. Muy por el contrario, en aquella situación padecía una profunda debilidad. Pero también sentía más que nunca el apetito voraz por la carne de licántropo.

Y la desesperación y la soledad de estar encerado le llevaban a un irremediable pozo de locura y siempre terminaba por herirse a si mismo, arrancándose el pelo, lacerándose la piel con sus garras, llorando profunda y amargamente por el dolor, el hambre, y sobre todo por la penosa sensación de abandono.

Y aun que se sentía tan solo en aquellos momentos, jamás le mostraría a Lucas aquella forma tan grotesca.

No quería que lo viera así, que le temiera o sintiera asco. Mucho menos deseaba terminar lastimándolo. 

Pero estando así de solo no podía dejar de pensar en él. Por que lo extrañaba horriblemente.
Aquella maldita mutación era un obstáculo más para estar con Lucas.

Por ello le urgía encontrar un remedio permanente. Y Cheryl le había sugerido una nueva esperanza.

Ajax.

En el cuerpo de ese niño podía encontrarse la cura para las deformidades monstruosas como la suya.

Por supuesto que no confiaba en Cheryl. Conocía de arriba abajo lo mentirosa y extraordinariamente manipuladora que ella podía llegar a ser. Pero si existía la posibilidad de volver a ser normal, entonces habría de intentarlo.

Pero eso significaba entregar a Ajax a House of Sound. 

Traicionar a Lucas para estar con él.

***

Lo sintió inquieto durante la noche. Vaizack abrió un ojo y en la penumbra vio la pequeña figura del niño moviéndose por la sala hasta el dormitorio.

Le pareció mejor dejarlo estar. Que hiciera lo que quisiera si estaba tan preocupado.
No le molestaba mucho después de todo.

Era un niño bastante quieto y callado y apenas si lo notaba.

Trató de recordar si es que él era también tan pasivo de niño, pero en realidad no era bueno recordando.

Tenía pocas memorias de cuando niño.

Sabía que había nacido en un país al otro lado del océano, en el norte del continente. Allí hacía frío todo el año.

Su casa había sido una cabaña pequeña de madera y esterilla, cerca de unos pastizales.
Había un pueblo cerca, pero no sabía si alguna vez estuvo ahí.

El bosque si que lo recordaba. Pasaba su tiempo internado en él y había llegado a conocerlo perfectamente a lo largo de todos sus kilómetros de extensión.

Luego de que cumpliera sus primeros años se iba al bosque sólo y pasaba mucho tiempo en él, viviendo a solas con la naturaleza.

Lo que si recordaba perfectamente es que aquella vida lo había hecho feliz.

También recordaba vagamente a una mujer muy anciana que lo cuidaba. Era ella quien vivía en la casa de madera, y a él se lo habían dejado a cuidado siendo apenas un bebé.

Pero en verdad apenas si recordaba su rostro.

Sus padres eran los dos berserkers puros, pero él no los conoció hasta después, cuando fue un poco mayor. Primero se encontró con su madre. Una noche mientras viajaba por el desierto. El tenía unos dieciséis años entonces. Y dos años después se encontró a con su padre.

Se reconocieron al instante, pero eso no evitó que tuvieran que enfrentarse.

Ahora estaban muertos.

Había peleado con ambos y había ganado.

Pensaba en ello con satisfacción. Por que siendo extremadamente joven también era extraordinariamente feroz. 

Pero en un segundo esa idea dejó de importar.

Se dio vuelta en el sillón e intentó dormir de nuevo.

Pero no era como ese niño, volvió pensar. Incluso él había sido bastante ruidoso e inquieto de pequeño. Tenía la impresión de que había sido así, por lo que sintió una especie de graciosa piedad por ese niño.

Por que la mirada en sus ojos negros estaba opaca como la de un hombre adulto. Y eso era por cargar con tanta amargura.

El mundo humano debía ser algo terrible para devorar así la natural vitalidad de una criatura tan joven.

El mundo humano definitivamente era triste.

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