lunes, 20 de agosto de 2012

16.- Un desastre


Era un desastre. Vaizack llegó a su departamento y lo encontró todo hecho un absoluto desastre.

Al llegar había hallado la puerta entreabierta y desde el recibidor hasta la sala se extendía un mugrero tremendo. Los muebles patas arriba y  rotos, los gabinetes revueltos y con sus contenidos esparcidos sobre el suelo.

El joven guardó silencio, enfocando su atención a percibir  si aún había alguien dentro de la casa. Pero no era así.

Terminó de revisar el resto de las habitaciones, siguiendo  el rastro de destrucción.En el dormitorio encontró el colchón vuelto y con una larga abertura  de navaja  en un lado, por donde se le salía el relleno.

Las cosas en su armario estaban revueltas también. Arrugó la nariz con desagrado.Tenía sus escasas posesiones materiales metidas en cajitas de madera y algunas habían sido abiertas  y vaciadas. Sólo un par de ellas habían quedado intactas.

Más que obvio era que alguien había entrado a robar. Faltaban muchos objetos que podían  catalogarse como de valor.

Aunque no  para Vaizack a quien le tenía sin cuidado el aspecto doméstico, y los muebles de todas formas no eran suyos. Toda la casa era rentada.

Suspiró resignado, tomando unas bolsas de la cocina y comenzó a echar la  basura en ellas.Sonrió con desgana, pensando que habría resultado de lo más irónico que los ladroncillos hubieran entrado cuando él estaba en casa, convirtiéndose ellos en las víctimas infortunadas del incidente.

-Entrando en la boca del lobo- masculló mientras apilaba las bolsas de basura  contra la pared.Miró alrededor y volvió a suspirar desanimado.

Un desastre mayúsculo. El departamento no, si no su vida.

Vaizack nunca había pensado en ello antes, pero ahora comenzaba a contemplar la idea de que su vida se estaba volviendo algo un poquito desastroso. Sin orden, sin propósito, sin razón.

Nunca antes había cuestionado su naturaleza, por que el matar siempre había sido  el por qué primordial de su existencia.

Pero esa noche matar le había hecho sentir enfermo.

Aún tenía el sabor de la sangre de Regan en la boca y su olor le impregnaba el cuerpo.Después de recibir el mensaje de texto aquella mañana con el nombre de Regan como su próxima presa, Vaizack había pasado todo el día pensando en como lo haría.

Y es que incluso había dudado.

¿Matar a Regan? ¿De verdad iba a hacerlo?

Pues si, iba a hacerlo. Sólo que tal vez hubiera una forma de matarla que no fuera tan dolorosa.

 Pero no había pensado realmente en nada. No conocía muertes no dolorosas. Muertes suaves. Muertes piadosas. No.

Vagaba por el parque todavía cavilando en eso cuando aquella bola de pelos naranjas apareció saltando entre los árboles, y reconoció su olor.

Era la misma Regan que se había transformado. No le sorprendió en nada verla así.Ya no había tiempo.

Vaizack se volvió en lobo y fue tras ella.

La acorraló dentro del puente y aún frente al peligro inminente aquella niña tonta, Regan, seguía siendo Regan.

Se mostró sumisa y juguetona, como un cachorro, su rabo esponjado y naranja se agitó frenético al verle, saludándolo emocionada.

¿Por qué?

La comprendía tan poco.

Le hubiera gustado conservarla y averiguar alguna vez que era lo que había de  bueno en Regan.

Pero él debía cumplir con su trabajo.

Y tenía que hacerlo pronto o no lo haría.

 Se lanzó pues sobre ella y le abrió la garganta de un zarpazo, para después desgarrar su carne hasta reducirla a una masa sanguinolenta esparcida alrededor, excepto por la cabeza que Vaizack había dejado intacta, y ésta, al estar ya sin vida, regresó a su forma humana.

El lobo miró aquel cuerpo sintiendo una inusitada emoción: completa y creciente repulsión.

Si, se estaba asqueando.

¿Salir de cacería siempre concluía en aquel sucio desastre?

No recordaba alguna otra ocasión en que le hubiese molestado.

Pero ahora lo hacía.

Y una vez que se hubo hartado lo suficiente de dar vueltas en la cama se levantó a darse un baño.

El agua estaba fría, por supuesto, ya que él no se ocupaba de cosas como comprar gas para el calentador de agua.

No tenía  tiempo ni interés en eso.

Así que se quedó bajo el agua helada, esperando que aquello le hiciera sentir mejor, aun que lo cierto es que no dejaba de sentirse sucio.

Levantó su blanco rostro directo hacia el chorro de agua y sintió la frialdad húmeda sobre sus párpados, deslizándose por su espalda y su pecho. Sus pezones se habían endurecido como suaves piedras rosadas, y el agua seguía recorriendo su cuerpo hasta su entrepierna. 

Demasiado frío.

Por primera vez en mucho tiempo, desde que  podía acordarse, sentía algo parecido al temor. Algo parecido.

Era más bien una incertidumbre, un nerviosismo de no saber muy bien lo que ocurría consigo mismo, y de preguntarse si volvería a cazar y matar.

Eso estaba muy en duda, por que ¿Cómo era posible que le hubiese perdonado la vida a aquel terco y estúpido lobo de pelaje oscuro y parche en el ojo?

Es que le habría bastado tan poco para matarlo, y normalmente lo hubiera hecho sin chistar. Pero no había sentido el deseo de asesinar.

La furia loca, la rabia destructora estaban mermando.

Su mente conciente le pesaba ahora demasiado como para dejarse cegar por su dominante bestialidad.

La muerte de Regan le afectaba de una forma que no comprendía.

Le hacía sentir terrible. Había culpa.

" ¿Por qué?" se preguntaba irritado, y sobre todo quería saber si podía hacer algo para dejar de sentirse así.

Salió del baño envuelto en una toalla tibia, con el larguísimo cabello blanco cayendo empapado sobre su espalda.

Se vistió con una camisa  blanca perfectamente planchada en la lavandería, un jersey desgastado, unos pantalones negros, las botas de casco de metal, la bufanda, el  gorro de lana y los anteojos de cristales amarillos para el sol, y una vez listo salió a dar la vuelta.

No había dormido nada  a pesar de  lo mucho que lo quería, y sabía que no lograría hacerlo hasta que se tranquilizara.

Por pura costumbre caminó apresuradamente rumbo al comedor en el que desayunaba todos los días, pero no entró y se siguió de largo.

No quería acordarse mucho de Regan. Y en aquel lugar había estado ella. Y de todas maneras la recordaba.

"No ensucies donde comes" había escuchado decir alguna vez, y él había ensuciado su territorio al convivir con otro lobo.

Y a pesar de eso, iba a extrañarla. Lo sentía en verdad por ella.

Había tenido la mala fortuna, o el amparo de alguna mala estrella, o de ninguna, al cruzarse en el camino de un predador despiadado.

En la antigua cultura los berserkers eran considerados guerreros protectores, semi-dioses o santos, pero también se pensaba que era de mal agüero ver a uno, pues simbolizaban la guerra y la destrucción.

Por ende...la muerte.

Se imaginaba que el alma de la pobre Regan estaría ya en el Niflheim, la dolorosa región fría. El infierno congelado. Eternamente sufriendo torturas indecibles y maldiciendo a aquel berserker que le había robado la vida.

Y a pesar de eso le hacía sentir ganas de pedirle perdón, ser absuelto de aquella  culpa insufrible y ajena a él, de aquel pecado absurdo tan poco digno de un lobo.

" ¿Qué puedo hacer para resarcirte, Regan? ¿Qué hago para que el espíritu de tu recuerdo deje tranquila mi memoria?" se preguntaba ""Nada, por supuesto. Por que no puedo devolverte tu vida"" se respondía con  frialdad.

Mientras pensaba en ello, y sin ser conciente, sus pasos distraídos terminaron por llevarle justo frente a aquel hospital.
  Como era sólo un niño, y ya no eran horas de visita en la clínica, a Ajax  no le habían dejado pasar a ver a Lucas.

Sin embargo eso no iba a detenerlo. Bastó un descuido de las enfermeras de turno para que el crío se colara por el pasillo hasta la habitación de su hermano.

Era uno de esos cuartos compartidos en los cuales las camas están separadas por una mampara de tela.

En la primera cama había un hombre envuelto de pies a cabeza en vendajes.

Estaba dormido y roncaba, produciendo un silbidito gracioso.

En la otra cama, junto a la ventana, estaba Lucas. Dormía también.

Había una delgada manguerilla insertada en su mano con  un catéter, por donde bajaba un líquido transparente desde una bolsa, y casi todo su cuerpo llevaba vendajes también.En el rostro lucía un enorme moretón que oscurecía su expresión.

El parche negro que había llevado hasta entonces y que le había sido regalado por Regan, estaba a un lado, depositado cuidadosamente sobre una mesita alta.

Ajax  se lo puso sobre su propio ojito, el izquierdo, como lo llevaba su hermano, y con su ojo libre se quedó abstraído mirando la máquina que emitía un constante "bip" y que  permanecía conectado al cuerpo de Lucas, leyendo sus  signos vitales.

Pasó sus manitas por sobre los rótulos y deslizó despacio un dedito por sobre la manguerilla que llegaba hasta la mano de Lucas, la cual tomó con cuidado y sintió un poco fría.

Le sobrevino un dolor tremendo, una pena terrible de ver así a Lucas que siempre le parecía tan fuerte.

Todas aquellas máquinas conectadas a su alrededor y los montones de vendajes no significan más que el hecho de lo mal que su hermano se hallaba.

Sus ojos negros se cubrieron de lágrimas hirvientes, pero se negó a llorar. Aplastó el parche sobre su ojo.

No iba a llorar. Por que al menos ya estaba con él y no se separaría de su lado por nada del mundo.

Lo que hizo fue montarse sobre una silla que ahí había para alcanzar la cama, que era muy alta para él , y  se sentó  en la orilla...

Así de cerca podía distinguir mejor los múltiples rasguños y moretones en la piel de Lucas.Bijou, aquel hombre detestable, se lo había dicho, que las cosas eran difíciles para Lucas. Y que no lo hiciera sufrir.

Y Ajax había odiado aquellas palabras sin pensar en que eran ciertas.

El pobre Lucas que había sufrido cosas horribles y que había estado a punto de morirse por cuidar de él.

Sin poder detenerlas más, pues a su corta edad no dominaba aún el fingirse fuerte, las lágrimas de Ajax se derramaron sobre el cuerpo del vago y  funcionado como magia, en ese momento el muchacho despertó.

Su ojo se abrió lentamente y gimió al sentir el choque repentino del dolor en todo su cuerpo.-A-Ajax.- musitó débilmente, sonriendo bajo las heridas.

Estaba tan contento. Despertar y ver aquella carita dulce, roja y cubierta de lágrimas. Deseaba tanto tocarlo. Pero no podía moverse.

De pronto tomó conciencia del lugar en que estaban, y no le gustó.

-¿Qué... qué lugar es éste?... ¿Es-es un hospital?- preguntó alarmado.

Ajax asintió.

-¡Maldita sea!- exclamó levantándose bruscamente. Gritó adolorido pues sintió que el tejido de sus músculos estaba rígido.

Se desconectó los aparatos y arrancó la intravenosa.

-¡Aghh!...Escucha...Ajax. Hay-hay que irnos.- decía lentamente, demasiado lastimado, sintiendo que se quemaba por el dolor, como si fuego líquido le corriera bajo la piel.

Ajax se levantó asustado de verlo así. No parecía buena idea que Lucas se pusiera de pie. Se tambaleaba al caminar y se quejaba mucho también, maldiciendo entre dientes.

Además, llevaba puesta una de aquellas batas de hospital que iban abiertas de atrás.

Ajax nunca lo había pensado, pero quizás hacían las batas así por los pacientes nerviosos que les gustaba escapar, como Lucas.

El vago caminó hacia la puerta, y Ajax detrás de él, con la pequeña maleta todavía en sus manos, se sonrojó al mirar al muchacho desde la perspectiva trasera, así que agachó la mirada y le siguió.

Lucas se asomó por la puerta, pero al ver gente en el pasillo se apresuró a cerrarla, apoyando cansadamente la cabeza en ella.

-Maldita sea. ¡Maldita sea! ¡Odio los hospitales! ¡Arghh!- gruñó enfurruñado.

El ruido despertó al hombre con el que compartía la habitación, que alarmado por el alboroto apretó el botón  que llamaba a las enfermeras.

Lucas reaccionó violento. Le arrancó el botón de las manos con un gesto amenazante, como si estuviera a punto de soltar su puño contra él.

El hombre echó a gritar, apanicado mientras alguien del otro lado de la puerta llamaba
 insistentemente.

-Maldita sea.- volvió a gruñir el lobo  con toda la habitación dándole vueltas.

Se detuvo a mirar a  Ajax. Estaba junto a él con aquella expresión tan bonita. 

Inconscientemente buscó su pequeña mano y la tomó entre las suyas. El contacto lo tranquilizó.

-Calma, calma... -susurraba para si mismo.

"¿Cómo es que terminamos en un jodido hospital? Estando aquí los cazadores van a  encontrarnos pronto."

Miró hacia la ventana. Era empotrada, de esas que no se corren y el cristal era muy grueso.

Había, además, cinco pisos entre ellos y la calle.

Y sin embargo aquella parecía la única salida viable.

Sintió que la manita de Ajax apretaba la suya.

-Tranquilo. Déjame a mí arreglar esto.- sonrió. Miró alrededor, buscando algo que le pudiera servir.

-¡Cállate ya!- gritó al que estaba en  la otra cama y que seguía aterrado. Lucas tomó el tanque de oxígeno del hombre, hizo a Ajax a un lado y golpeó eln la ventana con fúrica fuerza.

Pero el tanque rebotó sobre el espeso cristal, el cual quedó con un rasguño apenas.

El ruido proveniente  de afuera de la habitación de aquellos que trataban de entrar y el grito constante de aquel hombre aterrorizado le hacían la tarea más pesada.

Entre todo aquello sólo el  niño permanecía calmado, tranquilo y en silencio.

Lucas volvió a golpear la ventana, y el pequeño rasguño se convirtió en una delgada grieta.No. Aquella fuerza no sería suficiente para romperla.

Y tanto ruido. Tan molesto, ¿Por qué era siempre el mundo tan estúpidamente ruidoso?

Aventó el tanque de oxígeno por última vez, fue hacia el hombre, que aún gritaba, lo noqueó de un golpe y se volvió a Ajax.

-Pase lo que pase, confía en mí. Confía en mí siempre.- le susurró mientras besaba su frente. 

Luego levantó el rostro del niño, acarició sus labios con su pulgar, y jalándolo un poco hacia él, lo besó con mucha ternura.

Un suave y húmedo roce que hizo gemir al niño.

El muchacho se apartó hacia un rincón de la habitación y dejó que su cuerpo se trasformara en la poderosa bestia de pelaje oscuro.

Justo en aquel lugar.

Ajax chilló y corrió a esconderse detrás de una silla, temeroso.

Pero Lucas, el lobo, estaba lúcido.

-Ajax...- lo llamó, tendiendo su zoomorfa mano hacia el pequeño.

Ajax tembló, indeciso. Aún no se olvidaba lo horrible que le había parecido antes aquel monstruo.

Es que... no iba a olvidarse nunca.

Pero era Lucas. El mismo que le había pedido que confiara en él. El mismo muchacho tonto que sufría mucho.

Puso su manita blanca y pequeña sobre aquella imponente garra; aquel enorme cuerpo lo rodeó.

La puerta cedió por fin a la insistencia de doctores y enfermeras y un cúmulo de gente afluyó dentro de la habitación.

El lobo cubrió con su cuerpo a Ajax y saltó hacia la ventana, haciendo añicos el cristal.

El personal del hospital, asustados, pero intrigados por lo que acababan de ver, corrieron hacia la ventana y miraron cinco pisos abajo, entre una alfombra de vidrios rotos, el cuerpo de dos muchachos y un niño.



 
Bijou tenía 19 años cuando cursaba ya el sexto semestre en la Universidad Nacional,una ingeniería en genética, aunque ya contaba con una licenciatura en química.
 
Eran un chico con un IQ alto y le iba excelente en los estudios.

Pero era un muchachito tímido, solitario y ciertamente algo torpe.

Bijou era el pequeño genio en todas las clases que tomaba. Un alumno destacado de promedio perfecto, por lo que sus compañeros de clase, envidiosos, lo molestaban.
Era parte de la rutina ser agredido, burlado y golpeado en diversidad de  formas.

Si. La Universidad, como el resto de sus años escolares. Había sido una época de pesadilla.
Sin embargo se encontraba contento, pues pensaba que todo eso pronto terminará. Que al graduarse se irá a trabajar a algún laboratorio de investigación genética haciendo lo que le gustaba y siendo tratado como un respetado científico.

Entonces, para el octavo semestre, Bijou tenía que cumplir con el requisito de hacer sus prácticas y lo habían admitido, para su contento, en un prestigioso laboratorio de investigación biológica, el Laboratorio Central Thompson.

Su trabajo era sencillo, pero interesante, y ya muy próximo a graduarse, y como era un chico la mar de inteligente, el laboratorio le ofreció una plaza permanente para que trabajara con ellos.
Bijou pasó todo su tiempo de practicante en los laboratorios donde se hacia una investigación muy importante, sobre como aislar del código genético humano aquellos genes que causaban enfermedades, y el chico creyó que una vez con una plaza estable ahí continuaría con ese proyecto que tanto le interesaba.

Sin embargo, para su sorpresa, aunque no para su decepción, fue asignado a un proyecto 
diferente.

Le dieron acceso a la única puerta que no había podido cruzar hasta entonces, y que conducía a un gigantesco laboratorio subterráneo de varios pisos que descendían a las entrañas de la tierra.

Aquel laboratorio estaba infinitamente mejor equipado que los de los niveles superiores, y las investigaciones que se llevaban a cabo en aquel lugar eran también de índole muy distinta.
Claro que al joven e incrédulo Bijou le costó bastante al principio convencerse de que aquello era real.

En aquel lugar se hacían experimentos con seres muy distintos a todo lo que había conocido antes.

Verdaderos monstruos, cosas que no sabía, o imaginaba si quiera que existieran.
Y por supuesto que una vez que fue conducido hacia aquel secreto, Bijou fue advertido de que habría de ser discreto o la costaría la vida.

Él aceptó, claro, más por la curiosidad de trabajar en ese lugar que le parecía maravilloso, que por que temiera por su vida.

Pero no lo dejaron  pasar directo a las investigaciones y experimentos, por ser nuevo, por ende, inexperto. Así que fue asignado al monitoreo de algunas de aquellas criaturas con los que se había experimentado, y  habría de registrar cambios y datos importantes sobre ellos.
Y fue así como lo conoció.

Él era uno de aquellos experimentos que debía vigilar y quedó prendado desde el momento primero.

Al principio no comprendió y pensaba con disgusto como era que se tenía en semejante lugar, bajo rigurosos y agresivos experimentos, a un muchachito como ese.

Eso fue antes de enterarse que en realidad ese muchachito, Lucas Daza, era un peligroso monstruo licántropo.

Pero el conocer esa verdad no hizo diferencia ni logró que su interés por Lucas cambiara un ápice.

Se había enamorado de él, fuera como fuera.

Pero Lucas era tan infeliz, estaba  tan triste y lastimado, los experimentos que se le aplicaban eran cada vez más crueles y eso lo estaba matando, en cuerpo, en alma, y en su espíritu que se apagaba.

Bijou poco podía hacer por él, además de hablarle y tratar de animarlo. Aun que eso de muy poco le servía cuando al final del día  debía volver a encerrarlo en una jaula diminuta y miserable en un pasillo oscuro con todas sus heridas abiertas y supurantes.

Y a pesar de lo duro de la situación, de lo poco que Bijou podía hacer, su presencia ayudaba a Lucas a no perder por completo su mente en la oscuridad de su dolor.

Bijou se convirtió en la única cosa agradable que le sucedía en su desesperante agonía al chico.

Para Lucas, Bijou se volvió su protector, el que lo salvaba y cuidaba. El que estaba siempre para él en el momento que lo necesitara.

Y lo quería.


Pero nunca le había correspondido del todo lo que el otro sentía.


Aún cuando Bijou le había  declarado en un montón de ocasiones  que lo amaba.
-Voy a liberarte...te lo prometí...- le había dicho aquel día mientras besaba el cuello de Lucas,  recostándolo sobre la mesa de operaciones y  poniéndose sobre él.

Eran las tres de la tarde, hora en que la seguridad del edificio era bastante relajada, además de que había poca gente pues casi todos salían a descansar en ese horario.

Bijou que supuestamente se quedaba a vigilar el sector subterráneo aprovechaba ocasiones así para  tener sexo con Lucas.

-En 30 minutos un auto...se estacionará en la parte...posterior del edificio...- explicó Bijou  besando la piel de Lucas  desde el cuello hasta la parte baja del abdomen, dejando pequeñas marcas rojas a su paso que se confundían con las cortadas y rasguños que ya le habían hecho antes al chico. Lucas cerraba los ojos, todavía un poco incómodo pues el contacto con otras personas  hacía que su cuerpo reaccionara con temor, pero de a poco se iba acostumbrando y comenzaba a sentir placer.

-Te sacaré por la puerta de atrás...- Bijou sonrió ante el espasmo de Lucas, que temblaba y gemía cuando tocaba aquella área tan sensible entre las piernas con su boca.

-Va a llevarte a un hotel, te daré las llaves...ya...hice la reservación....yo iré...a reunirme...contigo despu...es...- salivaba demasiado al lamer el miembro del chico, y ante aquella sensación húmeda y caliente Lucas no paraba de gemir suplicante y con el rostro sonrojado.

-Van...van a... atraparnos...ah...Bijou.- sollozó, verdaderamente angustiado de que los descubrieran, más su voz y su preocupación eran opacados por la intensidad de sus jadeos.
Bijou levantó el delgado cuerpo con delicadeza pues aún estaba débil y lastimado y puso el trasero del chico a la altura de sus caderas.

Lo penetró rápidamente sin previo aviso. La espalda de Lucas se arqueó y el chico aulló de dolor, se aferró a la espalda del ojiverde, mordiendo su hombro.

Bijou sintió un dolor intenso donde el chico le enterraba los afilados dientes, y sintió también la sangre espesa y caliente deslizándose  sobre  su piel, mojándolos a ambos, compartiendo así su sufrimiento. 

De alguna manera siempre que tenían sexo la ocasión se  convertía en un extraño ritual de dolor, placer y sangre. Cada vez que lo hacían terminaban lastimándose mutuamente, y eso resultaba ser muy excitante.

-Lucas... ¿No quieres vivir?- preguntó Bijou, ambos se habían quedado quietos un momento, abrazados, con la cabeza apoyada en el hombro del otro.

-...si.- murmuró. Bijou sonrió al tiempo que iniciaba el vaivén con sus caderas, entrando y saliendo del húmedo y tembloroso cuerpo del chico.

-Entonces...déjame  sacarte de aquí...- lo embistió con fuerza, haciendo que el pequeño vago gritara de nuevo. Y en medio de aquel tortuoso éxtasis de placer puro, Bijou se fijó en el rostro de Lucas, enrojecido, con los ojos entrecerrados y llorosos y en aquel cuerpo tan frágil y vulnerable que había soportado tantos tormentos y sintió entonces una profunda oleada de cariño por él, y un enorme deseo de protegerlo.

Se detuvo un momento y comenzó a moverse ahora un poco más lento y más suave.
El repentino cambio de ritmo hizo reaccionar  a Lucas.

-¿Qué...qué pasa...aahh....?-

-No dejaré...ahh...que vuelvan a  lastimarte. No dejaré que te atrapen....no tengas...miedo.-
-Tengo....mmm...miedo por ti.- confesó el chico volviendo la mirada hacia un lado, con el dorso de su mano sobre sus labios, intentando acallar un poco sus gemidos. El  movimiento más lento y rítmico que había tomado Bijou le dejaba sentir  el roce entre sus cuerpos, la piel mojada de aquel hombre que se pegaba a la suya, la fuerte cadera golpeándose contre su trasero, haciéndole emitir un  gemidito  ahogado en cada embestida.

-Todo...va a...salir bien...Lucas...- aumentó la velocidad de de nuevo, pues estaba a punto de terminar. Buscaba frenéticamente el sentir sobre su miembro el roce de aquella entrada estrecha que Lucas  apretaba cada vez  más. -Cuando...ahhh...cuando nos vayamos...y estemos a salvo.... ¿Te...te casarías conmigo?-

Al momento de hacer la pregunta Bijou  se vino dentro de Lucas. La sustancia blanca  resbaló entre las piernas del chico, quien aún gemía, con su miembro erecto todavía.

-Aguantas demasiado.- musitó Bijou divertido tomando la erección con su boca para terminar de satisfacerlo.

-Lo siento.- susurró eyaculando en la boca del otro. Sus palabras no fueron escuchadas.
Bijou lo bebió todo y luego se relamió como un gato.

- Cásate conmigo, Lucas- volvió a pedir el hombre. Pero Lucas guardó silencio, con la mirada vaga.

Esbozó otro "lo siento" en sus labios. Bijou comprendió. Se puso de pie y comenzó a vestirse.
-No tienes que responder ahora. Esperaré... voy a esperarte todo el tiempo que sea necesario-
Y Bijou continuó esperando la respuesta que deseaba, paciente y anhelante.

Ese mismo día como había previsto sacó a Lucas de ahí de forma  casi demasiado sencilla y sin mayores complicaciones, sin embargo no pudo ir a reunirse con  él como habían planeado, pues fue descubierto por  sus superiores y castigado por haber permitido que un experimento escapara  "accidentalmente" como todos pensaban que había sucedido.

Cheryl Thompson le dio entonces a escoger entre la vida y la muerte. Si elegía vivir, se convertiría él mismo en nuevo experimento.

Bijou quería vivir, así que aceptó dar su cuerpo a los experimentos de aquella mujer.
Fue ella quien le convirtió en un ser hambriento siempre de la carne de los licántropos, ya que eran éstos el objetivo primordial de sus experimentos  raros y su retorcida curiosidad.
Así que buscando una forma de erradicar la población de lobos, se hizo un devora-lobos.
Sin embargo el experimento no fue exactamente exitoso y Bijou se volvió en una criatura inestable que mutaba constantemente.

Él sabía bien que de seguir así un día terminaría por convertirse irremediablemente en una bestia incontrolable y su temor más grande era que llegara a lastimar a Lucas.

Por que cuantas veces le había parecido Lucas el más a apetitoso bocadillo, en todos los sentidos.

Pero no. No podrían estar de veras  juntos en tanto él fuera así.

Necesitaba curarse, hallar una manera de revertir la cosa aquella, o de menos de detener su mutación y estabilizarse.

Había posibilidades de crear una cura para ello, peo era, por supuesto un proceso por demás complejo y es que probablemente la única que pudiera hacerlo era la misma Cheryl, quien era sin duda una  cabrona mal nacida, pero eso no le quitaba su mente brillante.

Por ello el joven Bijou se había convertido en el fiel ayudante de esa mujer, hasta que con el tiempo y debido a su talento e inteligencia, le nombraron vicepresidente ejecutivo y vocero oficial  de House of Sound, ni más ni menos.

Pero había pasado ya el tiempo y su jefa no le había hecho el estabilizador.

Así que Bijou entendió pronto que debía actuar por su cuenta para librarse de su maldición.

Y ahora más que nunca, pues la mutación avanzaba cada vez más rápido, y eso, además, 
acortaba su tiempo de vida.

El hombre se  miró en el espejo del baño. Tenía los ojos enrojecidos, y unas profundas ojeras.
Estaba cansado y hambriento.

Esperaba que el cazador que había enviado  a buscarle la cena volviera pronto  con algún lobo joven para comer.

Y  como si acabara de despertar de un trance, se dio cuenta apenas que el móvil llevaba un rato sonando. Se irritó con aquel sonido aumentado horriblemente con la acústica del baño. 
-Ah. ¿Qué quieres ahora, mujer?- murmuró entre dientes antes de contestar.

-¿¡En donde estás, maldito perro holgazán!?- gritó Cheryl Thompson del otro lado del auricular. Los ojos verdes del hombre se entrecerraron con disgusto.

-Buenas noches, señorita Thompson. ¿Qué necesita?-

-¡Ven a verme! ¡¡Ahora!!.-

Vaizack permaneció callado y muy quieto durante todo el trayecto en taxi camino a su casa. Iba abstraído en el mundo interno de sus dudas y curiosos pegamientos.

A su lado, o más bien, prácticamente sobre él, el muchacho del parche  yacía  recargado en su hombro, todavía inconsciente.


Había tenido que cubrirlo con su jersey pues iba desnudo y ya de por si el conductor les lanzaba miradas curiosas e inquisidoras por el espejito retrovisor.

El niño junto a la otra ventana iba en silencio también, con la cabeza gacha y su manita apretada sobre la del vago.

El muchacho de ojos pálidos lo miró de soslayo y notó en la blanca  carita una angustiante preocupación más propia de un adulto que de un niño.

Sin embargo no pensaba en ello. No pensaba aquel joven en nada salvo en su ridícula e irreflexiva acción.

Por que, Vaizack  que había andado tan distraídamente aquella mañana, sin darse  ni cuenta llegó hasta el hospital y sin esperarlo ni  menos de pronto una lluvia de vidriecitos le cayó encima desde una ventana y desde ahí mismo también una enorme bola de pelos brincó sobre él.

Por el impacto perdió el conocimiento unos momentos y al despertar vio encima suyo al muchacho del parche, desnudo e inconciente, y también estaba aquel niño que lo acompañaba y que estaba bien, pues el vago le había protegido con su cuerpo de la caída.

Pero el muchacho estaba sangrando a través de los vendajes con algunas piezas de cristal enterradas en su carne.

Vaizack intentó sacárselo de encima mientras resoplaba aturdido y molesto.

Era  aquel lobo un chico tan estúpido. ¿Cómo era que había podido ponerse de pie, incluso transformarse, después de lo que le había hecho Vaizack el día anterior? ¿Qué pensaba ahora para huir así del hospital?

El de largos cabellos blancos miró hacia arriba, donde desde la ventana que se había roto, un grupo de gente curiosa se asomaba.

-¿Le han visto en estado de lobo?- se preguntó. -¿A dónde van?- interrogó luego a Ajax, poniéndose en pie y sacudiendo de  su ropa los fragmentos de vidrio.

-¡Él...él no quería estar en el hospital!- explicó Ajax con su vocecita nerviosa. Parecía que iba  a ponerse a llorar de nuevo.

-Valiente idiotez.-

Un montón de gente comenzaba a juntarse alrededor.

Y entonces, para evitar problemas con tanto público, Vaizack cargó con el herido, detuvo un taxi y ahora se dirigían rumbo al edificio donde tenía su apartamento.

Pero ¿Qué iba a hacer él con aquellas dos criaturas?

Bien, pues, al lobo pensaba que iba a matarlo, por que de todas formas si un montón de gente le había visto transformarse  muy pronto los cazadores de House of Sound iban a estar tras él.
Pero Vaizack le había encontrado primero, era su presa y si alguien tenía derecho a matarlo era él.

Tal parecía que los dioses insistían ponerlo en su camino una y otra vez. Para matarlo, se imaginaba, por que los dioses resultaban ser siempre caprichosos e incomprensibles.
O tal vez era la venganza de Regan.

Menuda tontería.

Igual iba a matarlo. Eso haría. Lo mataría en cuanto estuvieran solos.

El auto se detuvo frente al edificio.

Vaizack extendió un billete al conductor.

-Quédese con el cambio.- murmuró entre dientes, dirigiéndole una penetrante mirada de advertencia, aconsejándole ser discreto,  luego tomó a Lucas y salió del auto, con Ajax siguiéndole.

Fue un camino silencioso también desde el taxi hasta el apartamento de Vaizack.

Al albino le costaba un poco de trabajo cargar al vago, pues era más grande que él.

Pero finalmente  llegaron a  su piso y se quedaron frente a la puerta un rato. Ajax no entendió por que.

-En...- la voz del joven se dirigió de  nuevo a él. -En el bolsillo derecho está la llave...por favor.-
Y es que con las manos ocupadas en Lucas, Vaizack no podía abrir la puerta.

-En el bolsillo derecho.- repitió, así que Ajax tuvo que acercarse, meter su mano en el bolsillo del pantalón y buscar la llave, lo que fue difícil por que era un pantalón algo ajustado, y fue bochornoso para ambos.

-Abre la puerta.- pidió el joven una vez que Ajax hubo sacado la llave, pero siempre hablando en un tono de voz suave y modulado.

Entraron a un  lugar bastante desordenado y el joven fue directo al dormitorio, donde depositó el cuerpo del vago sobre la cama, del lado en el que todavía no se salía el relleno.
Jadeó por el esfuerzo.

Miró el cuerpo maltrecho de Lucas.

Aún sangraba.

El niño estaba parado tras de él. Pensó en que era como una pequeña sombra.

-Ah...ahora vuelvo.- musitó el de ojos pálidos, y salió de la habitación.

Ajax se acercó a la cama para ver mejor a Lucas. No sabía que podía hacer él para ayudarlo.
Más aún, se sentía culpable. Por que  Lucas lo había protegido al caer de la ventana y por eso no se había hecho daño alguno, pero su hermano estaba muy herido.

Lucas lo cuidaba y siempre terminaba sufriendo por ello.

El joven  de cabello blanco estaba de vuelta con una cajita de madera oscura en las manos. Se inclinó sobre la cama. Ajax se paró junto a él para observar mejor lo que hacia.

Vaizack destapó la caja y un olor muy fuerte a madera se esparció por la habitación 
rápidamente.

Unas botellitas de cristal negro fueron desfilando frente a los ojos del crío. Cada una de las botellas tenía un corcho de distinto color y figuras extrañas grabadas en color dorado alrededor del cuello.

El  joven aplicaba los líquidos de aquellas botellas en todas las heridas de Lucas.

Luego puso una pasta verdusca  de olor tan penetrante que era casi insoportable.

Ajax se tapó la nariz con un poco de asco, pero Lucas ni siquiera reaccionó. Al  joven de cabello blanco tampoco parecía molestarle.

 -En el baño...- dijo su voz tenue -bajo el lavamanos hay un paquete nuevo de vendas. Tráelo, por favor.- pidió.

Ajax asintió, acostumbrándose al modo tan  suave que tenía el muchacho. Pero  en su búsqueda de los vendajes se quedó a mitad del pasillo, dudando.

-Es la puerta del fondo.- escuchó la voz del de cabellos blancos desde la habitación.

-Si.- susurró como respuesta el niño.

Volvió pronto con los vendajes. Encontró al muchacho con la cabeza de Lucas inclinada un poco hacia adelante y haciéndole pasar por la garganta la mitad del contenido de una de aquellas botellitas.

Finalmente puso los nuevos vendajes en Lucas, le vistió con una desgastada bata de baño que tenía por ahí y lo cubrió con una manta para dejarlo descansar.

Al revisarlo, Vaizack había  visto de cerca lo realmente mal que aquel chico tonto estaba.
No lo habían atendido todo lo bien que habría sido necesario en el hospital.

Y era obvio. No es como que esperara que un humano supiera como atender las heridas de un guerrero de la estirpe lupina, por que bien era conocido el hecho de  que los humanos aún con toda su avanzada tecnología eran torpes y pedestres y poco sabían de cosas importantes para los lobos.

Tan pronto Vaizack lo había tratado con sus medicinas, los signos vitales del  tonto se habían normalizado, y el calor había regresado a su cuerpo.

Y de pronto cayó en cuenta aquel lobo albino que estaba ahí cuidando de la salud de otro licántropo, cuando lo que debía hacer era deshacerse de él.

Gruñó, molestó por lo absurdo de la situación y por meterse innecesariamente en tantos problemas.

Tendría que haberlo dejado tirado en la calle luego de que le saltara encima desde la ventana.
Si. Es que eso hubiera sido  lo más fácil. Lo más lógico.

El chico se hubiera muerto por sus heridas mal atendidas en manos humanas, o lo hubieran ido a buscar  los de House of Sound, u otros lobos furiosos por ver la realidad de su existencia revelada a los humanos tan torpemente.

Ah, si. Los otros lobos venían a ser muy fanáticos con eso. A los berserkers, a él al menos, le daba lo mismo.

Aun que si era bastante más cómodo y menos problemático pasar desapercibido.

Como fuera, aquel joven lobo de pelo oscuro iba a morirse en cualquier forma.

Tal vez sería a causa de Vaizack, pero esa idea iba y venía fugazmente en su viscosa mente. La mayor parte del tiempo se encontraba bastante indeciso de lo que iba a hacer con él.

Por el momento esperaría.

Aún no estaba seguro que, pero esperaría.

Al menos ahora podría dormir un poco, estaba seguro de ello pues comenzaba a  sentirse somnoliento, y haciendo a un lado todo se echó a dormir sobre el sillón en la sala que todavía era un desastre.








 

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