sábado, 18 de agosto de 2012

15.- Vaizack. Regan.


Era Vaizack. El nombre que Regan no volvería a pronunciar con musicalidad encantadora porque ahora estaba muerta.

 Vaizack. Era aquel el nombre de su asesino.

 El nombre del hermoso lobo blanco.

Vaizack no estaba seguro de si sentía pesar por haberla matado. Feliz no estaba. Aquello era simplemente su trabajo.

Esa mañana al recibir el menaje de texto que le indicaba su próxima cacería el nombre de Regan estaba en él. Y el beso que había depositado como despedida  en la frente de Regan había sido propiamente una disculpa y un eterno adiós.

El lobo suspiró, sintiendo su cuerpo ligero.

Había algo dulce en el sabor de la noche.

Quizá la sangre de Regan.

Pero a él no le apetecía volverse y mirar aquel cadáver doloroso que antes había sido una  persona cercana a él. Una linda persona.

Lo único que quería de momento era ir a casa y dormir. Descansar mucho.

Tomó de nuevo su forma humana y se cubrió con la gabardina blanca que había colocado cuidadosamente a un lado para no romperla durante la transformación.

Caminó fuera del túnel, al exterior, donde a pesar de ser de noche, había un poco más de iluminación debido a las luces de la ciudad.

Aspiró una vez más la fragancia nocturna y parpadeó repetidamente. Había un hombre ahí frente a él.
Un muchacho en realidad. Y por su ropa descuidada parecía un sucio vago. Tenía el cabello negro y revuelto, un parche de pirata en el ojo izquierdo y una expresión feroz en su rostro.

Vaizack habría querido pasar de él, pero ocurría algo curioso.

Creyó ver ahí frente suyo a otro lobo.

A uno con algo muy particular en el aire que le rodeaba.

Un aura desteñida.

Además se le veía débil y cansado.

Aún así estaba ahí haciéndole frente con bastante altanería, como si le estuviera provocando muy intencionalmente.

A Vaizack no le molestó demasiado. Sabía bien que le bastaría muy poco para encargarse de ese lobo debilucho. Pero no tenía interés en hacerlo si es que no era necesario.

Él no buscaba a otros lobos a no ser que fuera para matarlos. Y no mataba si no era preciso hacerlo.
Ni buscaba en ellos compañía. Ni sentía la necesidad de agruparse como ellos.

Él era distinto.

Pero desafortunadamente para el joven albino, eran casi siempre los otros lobos los que terminaban por encontrarle.

Y aunque no dejaba de chocarle, la presencia de aquel licántropo le intrigó.

De pronto fue el otro lobo, el vago, Lucas, el primero en romper el silencio de aquel singular momento.
-¿Por qué la mataste?- preguntó muy despreocupadamente, como si fuera un asunto de poca importancia, pero sin dejar de lanzarle a Vaizack una mirada recelosa.

-Era mi trabajo.-

-Ella...era una niña. Una novata torpe. ¿Representaba algún peligro para ti?-

Continuó Lucas  como si fuera una conversación cualquiera.

-Era su momento de morir.

-Ah. ¿Es qué tú decides cuando deben morir otros?-

Esta vez su tono fue más áspero.

-No.- contestó Vaizack dándole la espalda y subiendo por el puente. Estaba sintiéndose hastiado de la presencia del otro.

Pero se detuvo de pronto y le miró extrañado y curioso.

-La conocías. ¿Desde cuándo?-

-...hace un rato- se encogió de hombros. -Me invitó la cena. Era...amable.- dijo mirando hacía la oscuridad del túnel mientras se pasaba una mano sobre el parche para el ojo que ella le había puesto. Se había olvidado de que lo llevaba hasta ese momento.

-Si. Era amable.- repitió Vaizack para sorpresa del vago. -Pero era algo lenta también.-

Lucas entrecerró el ojo. Así era que aquel lobo albino también había conocido a Regan. Sin embargo no se atrevió a preguntarle nada.

-No estás molesto por su muerte. ¿No?- inquirió Vaizack caminando de nuevo, con sus pies desnudos deslizándose suavemente sobre los adoquines del puente.

-Me da un poco igual.-

-Bien. Sería molesto escuchar que quieres vengar su muerte.-

-No le debo nada. No necesito vengarme.-

Continuaron caminando un rato en silencio. Vaizack delante y Lucas atrás a un metro de distancia.
Y aunque el vago tenía prisa de ir a buscar a Ajax, no podía darle la espalda así nada más a aquel monstruo blanco, por más inofensivo que pareciese en su forma humana.

Debía esperar a hallar el momento preciso en que pudiera escapar de él sin riesgo de ser atacado.

Aunque en realidad Vaizack no tenía la mínima intensión de hacerle nada.

Sólo se preguntaba hasta cuando estaría siguiéndole aquel raro muchacho.

La noche se había vuelto una cortina silenciosa y dulce que hacía de pronto que todo se sintiera muy irreal.

Quizá porque ambos estaban cansados era que soportaban mutuamente sus presencias. Pero por debajo del fragante y cálido manto nocturno bullía una tensión acalorada.

Cautela.

Silencio.

Noche.

Pensamientos.

Reflexiones.

-Marihuana. La fumas para disimular tu esencia. ¿No? Pero aún así, aun que es casi imperceptible, cualquiera con un poco de olfato puede darse cuenta que tienes el aliento áspero de una bestia.-

Al vago le turbó el comentario.

-Y además...hay algo raro contigo. La sangre de tu ascendencia estaba corrupta cuando te engendraron. ¿No es cierto? No eres como los otros lobos. Eres inferior.-

La furia se revolvió como un dragón dentro del pecho del vago.

-¿Quieres ver lo inferior que soy? Voy a matarte si no te callas.-

-Oh. Pero tú no podrías matarme. Yo no soy sólo superior a ti, si no también al resto de los lobos.-

No había un solo dejo de vanidad o arrogancia en sus palabras.

-Es sólo la verdad. No estoy alardeando.- advirtió mirándole con compasiva dureza.

-Yo tampoco.-

Vaizack meneó la cabeza con un gesto de paciencia.

-Tú sabes que eso es mentira. Si hubieses intentado atacarme antes, si hubieras toma la forma de la bestia para ayudar a Regan... ya estarías muerto.-

El vago enrojeció de ira. Sobre todo por que sabía que algo había de cierto en aquellas palabras.

Y se sintió avergonzado.

Los nervios se le estaban crispando, así que sacó su fiel porro y lo encendió.

Dio una bocanada mientras miraba los alrededores, pensando en Ajax y en que ya había pasado demasiado tiempo.

Se arriesgaría a darle la espalda a su acompañante con tal de ir a buscarlo.

Era tan pequeño, tan indefenso. Y  él, Lucas, era un idiota descuidado por haber dejado que las cosas ocurrieran así.

-¿Es eso lo que fumas? Apesta.- Vaizack había vuelto a detenerse y se paró frente a aquel vago que era un poco más alto que él.

Le quitó el porro de la boca y lo arrojó al piso con desprecio.

Lucas terminó por enloquecer y sin pensar tomó a Vaizack por el cuello, alzándolo con cierta facilidad del piso. Después de todo aquel chico en forma humana era una cosita delgada y liviana y le fue fácil zarandearlo un poco.

Pero Vaizack no se inmutó. A pesar de la mirada colérica del vago, la suya propia se mantenía clara y tranquila. Aquel vago era sencillamente tan infantil.

Le bastó un movimiento para quitárselo de encima y lanzarlo contra el tronco de un macizo roble sembrado a mitad del parque.

Lucas cayó sofocado al piso, con un dolor frío y paralizante que se extendía por su espalda.

-Me resultas muy molesto. Por favor, no vuelvas a acercarte a mí.-

Dijo Vaizack. Sus suaves pasos alejándose precedieron un silencio profundo.

Lucas, que se había lastimado mucho con el impacto, tardó un rato en recuperarse y volver a ponerse de pie.




Las calles le confundían y de pronto en la oscuridad parecía que todas eran iguales, por lo que ahora Ajax se encontraba más perdido que al principio.

Ansiaba regresar a lo de Regan, por más miedo que le diera aquel lobo naranja, debía volver con su hermano.
Entonces se paralizó. Que tal si al volver encontraba muerto a Lucas. Un cadáver despedazado y lleno de sangre como...el de su abuelito.

¡No! Eso no. ¡Lucas era un monstruo también! Podía defenderse. Lucas siempre era fuerte. Su hermano estaría bien.

Intentaba convencerse de eso por que no quería que Lucas desapareciera. No quería quedarse solo.

Quería mucho a su hermano. Más de  lo que se había dado cuenta, más de lo que podía estar enojado con él. Y más que a cualquier otra cosa.

Lo estaba extrañando tanto.

Se prometió a si mismo que sería bueno con Lucas y que ya no estaría tan molesto con él.

Sólo...sólo quería volver a donde él estaba.

Sólo eso.

Sus sollozos se convirtieron en un llanto incontenible que empañó sus ojitos y sin más fuerzas se dejó caer en el piso.

A aquella hora apenas pasaban autos y de vez en vez algún transeúnte tardío. Pero nadie parecía prestar atención a aquel niño que lloraba tan desconsoladamente.

Eso parecía. Sin embargo alguien que llevaba un rato observándolo se acercó.

Era un chico. No más de 16 años. Un rubio bonito con una apariencia dulce, casi infantil y unas pecas encantadoras en sus mejillas.

Se acercó despacio y se arrodilló junto al niño.

-¿Estas bien?- preguntó tan suavemente que Ajax tuvo que levantar la vista para comprobar si de verdad alguien le había hablado.

-¿Qué te pasa? ¿Estas perdido?-continuó preguntando el rubio. Ajax asintió, convulsionándose ligeramente. El muchacho le miró de forma maliciosa  mientras secaba con su mano las lágrimas del niño.

-No te preocupes, eh. Voy a ayudarte.-

Continuó acariciando el rostro de Ajax y separando los mechones de su cabello que le pareció muy suave y bonito.

-Ven. Acompáñame.- dijo el muchacho poniendo de pie al pequeño.

-Los niños no deben estar en la calle a estas horas. Es peligroso. ¿Cómo te llamas, eh?-

-...a...- susurró Ajax, todavía agitado por el llanto, dejándose llevar con docilidad por aquel amable chico.

-¿Qué pasa? ¿No puedes hablar? Eso está bien.- sonrió muy encantadoramente tomando la tierna manita del niño.

-Me llamo Philleas.- dijo el chico mirando alrededor.

No había nadie cerca y pasaban justo en ese momento frente a un callejón.

Philleas empujó dentro al niño y lo arrinconó contra la pared.

-Shhh. Tranquilo. Te vas a estar tranquilito, eh.- jadeó ansioso el rubio, apretando el pequeño y delgado cuerpo de Ajax.

El crío entró en pánico e intentó con todas sus fuerzas soltarse, pero aquel chico le sujetaba las manos hacia arriba y empujaba su cuerpo contra la pared, inmovilizándolo.

-Tranquilo. Si eres bueno conmigo... - decía recorriendo con un dedo los labios sonrosados del niño -te prometo hacerte algo muy divertido. Puede que te guste mucho. Pero si no me obedeces te va a doler.-
Frotaba su muslo contra la entrepierna del niño. Ajax se estremeció.

Estaba sintiendo un calor extraño que crecía entre sus piernas. El calor subió hasta su carita, enrojeciendo sus mejillas.

-Eres bonito. Dan ganas de hacerte de todo.- susurró Philleas metiendo su mano en el pantaloncillo del crío.
Sus manos estaban frías y húmedas y para Ajax era horrible tenerlo encima, jadeando en su odio.

-Nhhh...no... ¡No!- gritó cuando el muchacho le separó las piernas con brusquedad y comenzó a quitarle la ropa.

-Por favor...por favor...por favor.- rogaba Ajax con los ojitos anegados en lágrimas.

El rubio sólo reía y pasaba su lengua por la carita enrojecida y llorosa del crío.

-Shhh, shhh. Vas a estarte callado... ah, no estés nervioso... Nunca te lo han metido. ¿Verdad?-

Sus manos llegaron hasta el traserito de Ajax.

-P-por favor- lloraba -Lu...Lucas...a...ayúdame... por favor... Lucas. Lucas. ¡Lucas! Lu...mphhhh.-

-¡Cállate!- ordenó Philleas tapándole la boca.

Aprovechando que le había soltado las manos, Ajax lo empujó lo suficiente para lograr soltarse y correr.
Con los pantalones en los tobillos fue dando tumbos hasta salir del callejón y volver a la calle.

El miedo le hacía sentir débiles las piernas y apenas si podía respirar.

Cayó al piso y por un momento todo pareció moverse muy lento y la vista se le nubló.

Alcanzó a ver a Philleas que corría tras él, pero ya no podía seguir escapando. Su cuerpo ya no le respondía. Estaba paralizado de miedo.

Aunque ya no escuchaba su propia voz estaba seguro de que continuaba repitiendo el nombre de su hermano.
"Si Lucas estuviera aquí... él no...él no dejaría que esto pasara" pensó.

Y entonces, al sacudirse un poco, el pequeño silbato metálico que llevaba siempre al cuello asomó entré sus ropas, tintineando con urgencia.

"Si lo toco...él vendrá. Me... me lo prometió" se dijo, tomándolo desesperadamente.

Philleas ya había llegado hasta él. El crío se apresuró a poner el pequeño metálico en su boca y sopló tan fuerte como sus  sofocados pulmoncitos le permitían hacerlo.

"Vendrá" se repetía lleno de fe y anhelo mientras escuchaba la voz del enfurecido Philleas que le obligaba a ponerse de pie a jalones.

Pero  Ajax continuaba soplando aquel silbato silencioso que era toda su esperanza.

¿Lo escucharía Lucas? ¿Vendría a salvarlo?

Philleas intentó arrancarle el silbato, pero el niño se aferraba a él y continuaba soplando.

-¡Basta ya con eso!- gritó alguien que había aparecido de quien sabe donde, y que se cubría las orejas con las manos.

Ajax y Philleas vieron frente a ellos a un joven de gabardina blanca. De piel muy pálida y un largísimo cabello rubio nórdico.

Ese joven parecía molesto y tenía una mirada de desquiciado en sus ojos.

Empujó a cada uno hacia un lado, apoderándose del silbato.

Una vez que lo tuvo en sus manos se tranquilizó.

El pequeño metálico tintineó a manera de protesta por la brusca interrupción.

-¿Sabes lo molesto que es escuchar esto?- preguntó el joven de blanco mirando a Ajax con reproche. El niño, que aún no se reponía del terror que sentía se dejó caer de rodillas, llorando otra vez.

-A-ayuda...por favor.- gimió.

-¿Ayuda?- preguntó el muchacho albino, que era Vaizack, mirando inquisitivamente a Philleas, quien acobardado por su presencia salió huyendo.

 


El sonido atravesó la oscuridad de su inconciencia, despertándolo.

Había escuchado ese sonido antes. Una sola imagen se fijó en su mente al escucharlo: Ajax.
Aquel sonido tan nítido era el silbato para perros que llevaba siempre su hermanito.

Ajax estaba llamándolo.

Lucas se levantó. La nariz le sangraba abundantemente y tenía las costillas molidas. Pero ni todo el dolor que sentía podía evitar que buscara al niño. Su niño.

-Ajax.-

El sonido del silbato provenía de un lugar cercano. Apenas unas calles les separaban.

Corría con todas sus fuerzas. Saltó una valla y saliendo por un callejón hacia la avenida, lo encontró.
Estuvo confuso un momento. No entendía por que Ajax estaba llorando tirado en el suelo, medio desnudo, y por que estaba ahí también el lobo blanco que había matado a Regan.

El llanto de Ajax estaba partiéndole el corazón.

-¿Qué...?- sacudió la cabeza. -¿Qué le hiciste, infeliz mal nacido?- gritó Lucas embistiendo al chico de la gabardina blanca. -¡Hijo de puta! ¿Qué le hiciste a mi hermano?-

Los gritos del vago se volvieron en un aullido vigoroso al transformarse a su forma bestial.

Pero el de la gabardina, que permanecía bajo sus garras, no se inmutó en lo mínimo. Por el contrario, su expresión estaba impasible y templada.

-No debiste transformarte frente a mí. Ahora tendré que matarte.-

Lucas enfurecido lo lanzó de un zarpazo y el otro chico salió rodando hacia la calle.

Su cuerpo humano, que era bastante menudo y delicado, quedó tendido sobre el asfalto como un espagueti.
Pero al momento de acercarse Lucas a él, aquel cuerpo delgado y débil explotó en furia, transformándose en una enorme mole blanca que superaba en tamaño al lobo que era Lucas.

Las dos bestias se enfrascaron en una violenta lucha que duró cuestión de nada, pues Lucas que se hallaba débil y lastimado estaba en clara desventaja contra aquel imponente y poderoso monstruo que era Vaizack.
 
 
 
 


Era Regan. Lo más parecido a un amigo o un compañero que Vaizack había tenido en mucho tiempo era Regan.

Hacía años que se dedicaba a errar por el mundo él solo, buscando a otros lobos blancos como él para matar a todos los que pudiera, pues era así como se había trazado en las antiguas estrellas el destino de todo berserker. La eterna lucha contra su propia tribu.

Cuando creció un poco más se unió a los cazadores de House of Sound.

Su naturaleza de licántropo pasó felizmente inadvertida para la empresa y así Vaizack estuvo siempre a salvo de convertirse él mismo en una presa.

No era que estuviera realmente interesado en convertirse en un cazador de House of Sound y matar licántropos No tenía nada contra ninguna otra tribu lupina  que no fuera la suya propia. La de los lobos blancos. Los legendarios berserker.

Pero entre cacerías y batallas había pasado el tiempo siguiendo los pasos de sus presas y no había formado  vínculos con nadie.

Luego un día, en el que menos lo esperaba, apareció aquella niña de cara redonda y cabello naranja. Regan.
No sabía bien si aquello había sido amistad, pero se había acostumbrado a ella.

El tener cerca de alguien era más agradable de lo que recordaba. Y él se había habituado a almorzar con la chica sentada frente a él, parloteando de alguna cosa divertida y tonta.

Apreciaba eso. Apreciaba que ella estuviera siempre tan contenta de verlo. Lo apreciaba de veras.
Pero era su trabajo asesinar. Él era un guerrero cuya vida estaba  en el pelear y matar. No era tan humano como para decidir no matar sólo por cariño o compasión.

No era tan humano. O eso pensaba él. Pero era quizá una idea falsa de si mismo, pues después de haberla matado algo dentro suyo se sentía inconforme, vacío. Algo que era muy pequeño, pero muy notable.
Que poco le apetecía la cacería de pronto. La violencia. La sangre y la matanza.

¿Cómo podía sentirse así, siendo un orgulloso berserker?

Pues no sabía como, pero era así como se sentía.

Mostró sus poderosos dientes de forma amenazante hacia Lucas, aquel lobo malhumorado de pelo oscuro que ya no había podido ponerse de pie una vez que lo hubo lanzado contra el suelo con una embestida.
Vaizack iba a terminar su trabajo. Una mordida directa al cuello. ¡Ah! Pero entonces se interpuso el niño, que se había echado sobre el lobo de pelo oscuro, abrazándose a él.

-¡No!- le gritó el pequeño al lobo  blanco, con una mirada valerosa en sus ojitos enrojecidos y húmedos.
Ajax no permitiría que lastimaran más a Lucas. Aun que tuviera la forma de un monstruo seguía siendo su hermano.

Aún en aquella forma lo quería, y por más miedo que sintiera, aunque también debiera morir él, no dejaría solo a Lucas. Otra vez.

El cuerpo del licántropo que abrazaba se desvaneció de pronto y sólo quedó Lucas el humano, que para entonces ya había perdido el conocimiento.

Entonces fue que Vaizack desistió. No se sentía de humor como para matar al lobo, y menos frente a un niño.
Mucho menos deseaba tener que matar al pequeño.

Estaba demasiado hastiado.

Y de cualquier forma aquel muchacho tonto que aún llevaba el parche en el ojo, aquel lobo de pelaje oscuro, estaría muerto muy pronto, desangrado por sus heridas.

Su estado era precario y no sobreviviría.

Podía, por tanto, dejarlo así y marcharse a su casa. Estaba tan cansado que se le antojaba para dormir una semana entera.

Retomó su forma humana y volvió a cubrirse con la gabardina.

Dirigió sus  pasos lejos de aquel lugar. Pero algo lo detuvo.

Junto a la coladera algo plateado y metálico tintineó llamando su atención.

Era el silbato para perros que el niño había estado soplando, causando aquel sonido tan odioso.
Lo tomó por pura curiosidad y lo guardó en su bolsillo.

-A-Ajax.- gimió Lucas abriendo los ojos. Sentía el peso suave y tibio del crío sobre su pecho.
Se estremecía y lloraba, empapándolo todo con sus lágrimas.

Al escuchar su nombre Ajax levantó el rostro y miró a su hermano.

Sonrió, contento de verle despierto. Y las lágrimas continuaron fluyendo de alivio y alegría.
Lucas levantó trabajosamente su mano ensangrentada y acarició la mejilla del niño, manchándole del sangriento carmesí.

Luego la expresión del vago cambió de pronto, pues se había puesto furioso de nuevo. Se levantó muy dificultosamente apartando a Ajax.

-¿A dónde te piensas que vas?- vociferó, tambaleándose en dirección a Vaizack.

-No te he dado permiso de que huyas, infeliz.- continuó gritando el vago yendo hacia el chico albino, y cuando hubo llegado hasta él, le lanzó un puñetazo a la cara.

Vaizack no hizo nada para detener el ataque. Lo recibió directo y su delicado rostro quedó enrojecido.
-¡¡Jamás!!...¡Jamás debiste acercarte a él!- dijo señalando a Ajax, lleno de ira. La  vena del cuello le saltaba como si estuviera listo para transformarse de nuevo.

Pero su sistema terminó por colapsar  y ahí mismo mientras le reclamaba a Vaizack volvió a quedarse inconsciente, yendo a parar al piso de nuevo.

-No he tenido nunca la mínima intención de acercarme a ese niño. Tampoco sabía que era tuyo. Ha sido una casualidad desafortunada, estúpida criatura.- respondió  Vaizack levantando la cabeza de Lucas jalándole por el cabello. Luego volvió a soltarlo sobre el asfalto.

Entonces el niño se acercó y empujó a Vaizack con disgusto para que se alejara del vago.

Vaizack, que se había hecho a un lado, observaba en silencio la escena.

El crío intentaba despertar al vago. Sollozaba abrazado a él.

Pero Vaizack sabía bien que aquel chico ya no despertaría.

Sonrió.

-Compasión.- dijo. -No se supone que la tenga... ¿Por qué me siento así?- preguntó arrodillándose junto al niño, como si el pequeño pudiera responder el por que de la inusual emoción que estaba teniendo.
Ajax le miró, confundido.

-Me siento triste- continuó el albino, con una expresión dulce y nostálgica mientras observaba al moribundo Lucas.



 

El pasillo del hospital era amplio, largo y monótonamente blanco.

Olía extraño y a aquella hora el único sonido que se escuchaba era el ronroneo seco  de la máquina expendedora.

Ajax se encogió en la incómoda silla, con los pies sobre el asiento, abrazando sus rodillas con aprensión.
Ya no lloraba. Sentía seca la garganta y cansados los ojos.

Miró de soslayo a aquel muchacho sentado junto a él, con la espalda muy recta y la vista siempre al frente.
Parecía una estatua, a excepción por los momentos en que parpadeaba.

Viéndolo de cerca, Ajax notó que la piel del rostro del muchacho era maravillosa.

Era muy blanca y parecía suave.

La mirada del crío pasó al suelo.

Se encontraba nervioso. Después de todo aquel muchacho era un de aquellos monstruos.

¿De veras había tantos de ellos?

Esa noche había visto tres, contando a Lucas.

Y todos parecían temibles, feroces y asesinos.

Bueno...Lucas parecía todo eso sin tener que volverse un hombre-lobo, pero fuera de eso era una buena persona.

Y aquel muchacho de blanco, quien a pesar de todo había salvado a Lucas llevándolo al hospital, tenía algo de agradable también.

Ajax suspiró.

Vaizack se puso de pie entonces y se marchó.

El amanecer estaba cerca y debía ya volver a su casa.

Bostezó somnoliento.

Había tenido una increíble compasión con un adversario. Le había perdonado la vida. Más aún, se la había salvado.

Pero eso no le ayudaba nada con el malestar creciente que la muerte de  Regan había desencadenado en él.

Comenzaba a sentir más su humanidad.

Un berserker con conciencia humana. Menuda broma.

Y aún así, no se sentía del todo descontento con su nueva perspectiva.

Estaba cambiando de forma insospechada y la causa de ello era Regan.

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