domingo, 29 de julio de 2012

14.-Amor. Perfecta armonía en forma y función.


Era amor. Lo  que  les  mantenía  vivos. El  amor  que  Pirausta  tenía  por  Vipunen  la  hacía  soportar  seguir  con  vida, y  el  amor  que  tenía  Vipunen  por  Pirausta  lo  hacía  resistirse  a  la  muerte.
Pirausta  era  una  bruja. Tenía  369  años  contados, más  su apariencia, a pesar del  tiempo, continuaba siendo  la  de  una  jovencita  fresca  y  exquisita, de  larga  cabellera  castaña  y  grandes  y  bellos  ojos  verdes  como  la  hierba  de  los bosques meridionales  que  la  habían  visto  nacer.

Vipunen  era  un  lobo. Un  licántropo  de  274  años. Un   lobo  muy  grande  de  espeso  pelaje  gris, igual  que  el  color  de  sus ojos.

Hacía  años  que  él  había  perdido  su  forma  humana, al  mismo  tiempo  que  había  perdido  su  libertad.

Le  habían  atado  con  una  legendaria  cinta. Una  cadena  irrompible. La  misma  que  le  mantenía  débil  siempre  y  que  le  había  robado  la  capacidad  de  adoptar  la  forma  humana.

Y  si  algo  como  House of  Sound  existía  sobre  el  mundo  era  ciertamente, en  principio, responsabilidad  de  Pirausta  y  Vipunen.

Había  sido  un  noble  intento  de  prever  una guerra entre  humanos  y  lobos. Más  aún  porque  sabían  que, en  el  tiempo  que  habían  iniciado  aquello, cien  años  atrás, la  humanidad  hubiera  tenido  desventaja  contra  los  lobos.

Habían  querido  evitar  eso, evitar  el  dolor, la  muerte  de  inocentes  y  crearon  una  cofradía  para  mediar  entre  humanos, lobos  y  otras  criaturas.

Pero  habían  cometido  el  ingenuo  error  de  fiarse  completamente  de  los  humanos  y  terminaron  convirtiéndose  en  sus  prisioneros. Y  en  sus  oráculos.

 
Goddard, la  cabeza  directiva  de  la  corporación  House  of  Sound, entró  en  aquel  recinto.
Era  una  profunda  y  enorme  cámara  subterránea   de  forma  circular, iluminada  con  numerosas  antorchas  dispuestas  en  la  pared, por donde  se  deslizaba  en  espiral  una  escalinata  tallada  de  la  piedra  viva.

De  algún  lugar   entre  las  rocas  entraba  una  corriente  de  aire  que  hacía  oscilar  continuamente  el  fuego  de  las teas, y  por  donde  pasaba  también  el  silbido  constante  del  viento, que  era  agudo  como  una  voz  chirriante.

En  el  centro  de  todo, una  jaula  de un  metal  dorado  colgaba  desde  el  techo.

En  ella, la  bruja  de  ojos  verdes  permanecía  cautiva. Y  frente  suyo, perpetuamente  atado  con  aquella  liviana, sedosa, fina e  irrompible  cinta, permanecía  el  lobo  al  que  ella  amaba.

-Buenas  noches- saludó  Goddard   desde  el rellano  de  la  escalera.

-¿Es  qué ya  es  de  noche?- gruñó  pesadamente  Vipunen sin  poder  siquiera  levantar la  vista. De  cualquier  forma  no  obtuvo  respuesta. Goddard  ni siquiera  reparó  en  él.

Fue directo  hacía  la  jaula, aunque  manteniendo  astutamente  una  distancia  prudente.
Después  de  todo  aquellas  criaturas  no  estaban  contentas  de  permanecer  cautivas.

-¿Me  tienes  una  nueva  lista, señora?- le  habló  a  Pirausta.

La  bruja  de  ojos  verdes, quien  estaba  bendecida  con  el  don  de  la  clarividencia, podía  indagar  en  las  memorias  del  mundo  y  conocer  los  nacimientos  de  nuevos  lobos. También  sus  nombres, su  ubicación  y  toda  información  necesaria  para  localizarlos. No  podía  verlos  a  todos, claro, pero  si  a  muchos  de  ellos.

Goddard  hacía  que  le  escribiera  esos   nombres  y  la  lista  la  utilizaba  House  of  Sound  para buscar  a  los  licántropos.

Pirausta  miró   con  desdén  a  aquel  hombre de  rostro cruel  y deslizó  con  sus  delicados  dedos  un  pergamino  hasta  la  orilla  de  la  jaula.

-¿Sólo  tres, señora?- Goddard  miró  con  desilusión  el  pergamino.

-Sólo  tres.- confirmó  ella  con  un  hilillo  de  voz, acariciando  distraídamente  la  pluma  de  ave  con  la  que  escribía aquellos  nombres  sentenciados a muerte.

-Cada  vez  nacen  menos  de  ellos.-

-¿Lo  dices  con  pesar, señora? ¿Sientes  tristeza por  ello? ¡Es  así  como  lo  queríamos! ¿No lo  deseaba  así  el noble  Vipunen, y  tú  también? Mantener  un  control  sobre  esa  raza  monstruosa  y  violenta. Evitar  a  toda  costa una  guerra. Por  ese  objetivo  fue  que  nos unimos, señora. Por  ello  se  creó  la  cofradía.-

La  bruja  le  dio  la  espalda  y  continuó  absorta  con  el jugueteo  de  su  pluma.

-También  he  venido  a  hacerte  una  consulta... Recientemente  hemos  descubierto  un  tipo  de  licántropo  bastante  interesante. No... había  conocido  antes  a  ninguno  de  ese tipo. Le  han  causado  muchos  problemas  a  mis  cazadores  y  me  gustaría  saber  sobre  ellos...-

Goddard  calló, esperando  una  respuesta. Pero  el  silencio  reinó  absoluto. Por  un  momento  no  se  percibió  ni  siquiera  el  silbido  del  viento  entre  las  rocas.

-¿No  vas   a  hablarme, señora?- cuestionó  el  hombre. -¿Quieres  permanecer  en  silencio?-

Goddard  estiró  sus  labios  pálidos y  secos  en  una mueca  iracunda. Se  acercó  al  inmóvil  Vipunen  y  jaló  con  mucha  fuerza  de  la  cinta  que  se  enredaba  alrededor del  cuello  del  lobo, y  que  le  había  dejado  ya  una  parte  del  gaznate  completamente  pelada  por  el constante  roce.

El  lazo  se  ajustó  tanto que  el  lobo  comenzó  a  asfixiarse.

-¡¡No!!- gritó  Pirausta  lanzándose  a  la   pared  de  la  jaula  y  estirando  sus  fino  brazos  entre  los  barrotes.

-¡Basta! ¡¡Basta!!.- sollozó. Goddard  relajó  la  cinta  y  Vipunen  pudo  respirar.

-Háblame, señora.- ordenó  Goddard.

Pirausta  lo  fulminó  con  la  mirada. Luego  cerró  sus  grandes ojos y  volvió  a  sentarse  en  el centro  de  la  jaula.

-¿Cómo  son...esos  lobos  que buscas?-

-Son  muy grades, señora. Más  que  tu  amado  Vipunen, y  más  que  cualquier  otro  lobo  del  que hallamos  discurrido  anteriormente. Son  feroces  y  sanguinarios en  extremo, con  una  mente  mucho  más  bestial  que  humana. Poseen  habilidades  propias  de  grandes  hechiceros, y  son  blancos, todos  ellos...-

Vipunen  se  agitó.

Pirausta  abrió  los  ojos.

-¿No  les  conocen?- preguntó  incrédula, ladeando  la  cabeza. Vipunen  habló
-Son  los  primeros  de  nuestra  raza. La  tribu primigenia. De  ellos  descienden  todos  los  demás  clanes. Son...el  espíritu  puro  y  primitivo  de  la  batalla. Se  los  llama  berserker.-

-¿Y  por qué  aparecen  ahora? Antes  nunca  los  vimos. ¿Dónde  se  escondían? ¿Qué pretenden?-

-Quien sabe.- respondió  el  lobo  con  el  hocico  sobre  el  suelo.

-¿Cómo  se  los  detiene?-

-Quien  sabe.- volvió  a  decir  Vipunen.

-¡Sus  nombres! ¡Su  localización!-  gritó  Goddard  volviéndose  a  Pirausta.

Ella  volvió  a  cerrar  los  ojos  y  se  recostó  boca arriba  en  el  piso  de  la  jaula.

-No  puedo  dártelos.- su  voz  se  había  vuelto  un  murmullo  muy  dulce. -Nunca  les he  visto .Nunca  he  soñado  con ellos. Su  origen  es  más  poderoso  y  más  antiguo  que  el  mío.-

Goddard  jaló  de  nueva  cuenta  la  cinta  en  el  cuello del  lobo. La  bestia  chilló  horriblemente.

-Comienza  a  soñar con  ellos   y  dame  la  información  que  quiero, señora, o  dejaré morir  a  Vipunen. ¡Te  lo  juro  en  nombre  de  tus  dioses!-

-¡No! ¡No lo hagas!- imploró  ella. -¡Yo  no  puedo! Esos  lobos  de  albo  abrigo... ¡Son invisibles a mis ojos! ¡Busca una vidente más fuerte! ¡Una más vieja! Otra bruja...o captura a uno de esos lobos en su forma humana. Son más vulnerables entonces.-

Sus ojos se habían cubierto de lágrimas desesperadas.

-Pero ¿Cómo capturo  a  uno  en su forma humana sin saber nada de ellos? Son invisibles  para nosotros también, señora.-

-No lo sé.- murmuró ella, angustiada de que se prolongara el sufrimiento de su amante.

-¿Una bruja más vieja me dirá?-

-No lo sé... si es  suficientemente anciana... si lleva  el pacto de nebbia en su sangre...-

-¿El pacto?-

-El que hicieron algunas de nuestras madres bruja con los antiguos lobos para jurarles auxilio y obtener su protección-

-¡Conozco el pacto! Pero son pocas las que aún guardan ese vínculo. ¿Dónde puedo encontrar a una?-
-N-no lo sé. ¡No lo sé! ¡No conozco yo a ninguna tan anciana!-

El lazo de Vipunen volvió a ser halado. Esta vez con una brusquedad mayor. De su garganta surgió un sonido seco y doloroso.

-¡¡Ilmatar!!- gritó ella -He...he visto a una llama Ilmatar en las islas del norte, y... y Harley  en... la ciudad que está bajo tu dominio. Son las únicas que he visto en mis sueños...las únicas en este continente. Pero no sé si conozcan el pacto, no sé cuan ancianas sean...- terminó con una voz susurrante, apesadumbrada como si supiera  que acababa de hacer algo terrible. Haber pronunciado aquellos nombres en voz alta le causaba un gran sufrimiento.

-Merezco  que me maldigan, hermanas.-

-Es suficiente. No digas nada más.- habló Vipunen, agitado por la tristeza de su dama.

-Son los humanos los que verdaderamente debieran extinguirse.- musitó ella mirando con profundo desprecio a  Goddard que ya volvía  a subir por las escaleras.


***

-Es que tenía uno por aquí... cu-cuando era más chica  siempre  usaba  el  mismo  disfraz para Halloween... así que tenía uno... ¡Kyaa!-

Regan, que buscaba algo en una vieja caja que guardaba bajo la cama, se levantó muy emocionada con una cosa negra en su mano.

-Es el parche de mi disfraz de pirata. Este...-

Se acercó y se lo puso a Lucas sobre el parche de gasa que ya llevaba en el ojo izquierdo.

-¡Luce bien! Hasta va con tu personalidad.-

-¿Qué sabes tú de  mi personalidad, tonta?- gruñó él, arrancándose el parche.

-Nada.- respondió ella sonriendo tímidamente y colocándole de vuelta el parche. -Se ve bien. ¿Verdad?- le preguntó a Ajax.

El crío sonrió. Le gustaba mucho la alegría de la chica.

Pero aquella simpatía de Ajax por ella, y esas sonrisitas... a Lucas eso le ponía un poco de mal humor. Un mucho celoso.

Por que con él Ajax seguía igual de distante. Por que él no era capaz de hacer sonreír a ese niño ni un poco.

Bueno, de todas formas... ni que le importara tanto. 

El muchacho resopló.

Sólo quería terminar rápido con aquello para irse a dormir. Dormir, dormir, dormir.

De pronto le apetecía dormir para siempre.

-Venga ya. ¿Tienes o no vendas y alcohol?-

-Ah, si.- ella se agachó de nuevo bajo la cama y sacó otra caja que contenía medicinas y artículos de farmacia.

-Antiséptico...banditas...vendas... ¿Quieres que te ayude?-

-No.- respondió él sacándose la camisa. Regan se dio la vuelta, tapándose la cara y escondiendo una sonrisa pícara.

-Bueno, entonces me... me voy a dormir. ¿Necesitan algo más?- preguntó mirando a Ajax.

-No.- volvió a decir Lucas, retirándose los vendajes del brazo. Estaba inflamado.

La venda  manchada de  un rojo oscuro cayó  a un lado.

-¿Qué pasa? ¿No te ibas ya?- preguntó el vago sintiéndose observado por la chica.

-¡Si!... Buenas noches.- dijo saliendo de la habitación, aunque sin muchas ganas.

Lo cierto era que no quería irse. Ansiaba saber. Que Lucas le hablara más sobre lo que ellos eran. Su origen.

Parecía tan extraño todo aquello.

Ella... ¡Un licántropo! Era emocionante.

Pero como aquel chico era tan desconsiderado no había querido contarle gran cosa. 

Ella le creía...absolutamente. Sentía dentro de si...ansiaba creer que era todo cierto. El ser parte de algo así era una motivación poderosa para creer cualquier cosa.

Aún así le había pedido al vago que le demostrara, que le enseñara  como era el aspecto de un monstruo de esos.

Y él había prometido que le mostraría, si ella les dejaba quedarse en su casa y les pagaba tres comidas al día  al menos hasta que él tuviera dinero otra vez.

Y ella había aceptado encantada aquel trato. Estaba contenta de tener por huéspedes a aquellas personas. A ese muchacho que era como ella.

Una cosa más. El vago también le había advertido que no hablara de aquello frente al crío, o, en sus palabras, "Tendría que lastimarla".

Y también que no le contara a nadie más, por su propio bien.

Y ella entendió. Pero aún sentía demasiada curiosidad por saber.


Ajax sentado sobre la cama observaba con interés lo que el vago hacía.

Aquella herida  amoratada parecía algo muy doloroso.

-¿Quieres mirar?- preguntó Lucas. Ajax se acercó más. Definitivamente se veía dolorosa.

El abuelo le había hecho aquello. Se sintió conflictuado. ¿Por quién debía sentir pena? ¿Por Lucas o por su abuelito? ¿Del lado de quien debía estar? ¿A quien quería más?

-Escuchaste alguna vez seguramente el cuento ese de que a los hombres-lobo se les mata con una bala de plata. ¿No?... Pues es cierto. Por suerte esta bala sólo me rozó.- explicaba Lucas, poniéndose el nuevo vendaje.

Al presionar la herida hizo una mueca de dolor. Tenía otra vez algo de fiebre, así que se apresuró a atenderse la herida de la cabeza y se puso una curita.

-Tú duermes en la cama.- le dijo a Ajax, tomando una de las almohadas y poniéndola en el piso. 
Apagó la luz y se echó a dormir sin decir nada más.

Ajax, de pie en la penumbra, sintió un escalofrío helado en la espalda y algo extraño apretando se garganta.

Lucas no debía estar bien...con aquella herida y la golpiza que le habían puesto aquella tarde, y además, el piso no debía ser muy cómodo. Y se veía tan adolorido. Quizá por eso estaba más malhumorado que de costumbre. Y distinto también.

Ni siquiera le había dado las buenas noches. Y Ajax acabó por darse cuenta que no le gustaba nada  cuando su hermano no le prestaba atención.

Se acercó pues, y se arrodilló frente a Lucas. Lo tocó muy suavemente con un dedo para ver si ya se había dormido.

-¿Qué?- gruñó aquel lobo feroz.

Ajax le jaló de la ropa, indicándole que fuera a la cama.

-Déjalo. Estoy bien aquí.-

Ajax insistió.

-Si me lo pides con palabras haré lo que quieras.- retó Lucas. Ajax lo soltó y se quedó en cuclillas, pensativo, mirando el piso.

-Vete a dormir, Ajax- soltó secamente el vago, volviendo a tumbarse sobre la almohada.

El niño fue a la cama, pero no se quedó ahí. Tomó la otra almohada y se acostó en el piso junto al otro.
Lucas no pudo reprimir una sonrisa y estiró una mano para acariciar el cabello de Ajax.

El niño cerró los ojos, sintiéndose contento. De haber sido un gato hubiera ronroneado. Por que aún cuando no lo perdonaba por lo que había hecho, y aun que era violento y gruñón, le gustaba mucho estar con él. Le gustaba mucho saber que Lucas lo quería.

Se movió un poco más hacia él, recargándose contra su pecho.

Lucas jadeó, sorprendido por el repentino e íntimo contacto. Los deditos del niño se movían nerviosamente rozándole el cuello.

Aquel cuerpecito tibio y tembloroso tan cerca de él le hizo sentirse excitado, y animado por ese calor abrazó a Ajax y acarició con suavidad su cabeza, su delicado cuello y siguiendo la calidez de su tersa piel hasta la espalda que se estremeció al sentirse tocada.

El pequeño dejó escapar un suave gemido.

Lucas estuvo tentado a quitar de en medio la camiseta que el niño llevaba, pero se contuvo y se deshizo  rápidamente de ese contacto.

Por mucho que lo quisiera no iba a aprovecharse de la inocencia de su hermanito. Bastante cosas difíciles le había hecho pasar ya. No quería ponerlo todo peor.

 Ajax era sólo un niño, después de todo. No debía tocarlo así otra vez, que luego resultaba muy difícil contenerse.

Había hecho cosas así con Seth. ¡Había hecho mucho más! Pero no se llevaban tantos años de diferencia. Y Seth quería. 

Pero con Ajax sentía que se estaba aprovechando.

No lo tocaría. Se sentía demasiado culpable y eso le daba unas nauseas horrendas.

-Ya que está la cama ahí, mejor que te acuestes en ella, Ajax.-

El crío se negó.

-Venga. Hazme caso de una vez, que tengo que descansar.- farfulló enojado. Y Ajax empezó a sollozar.

-¿P-por qué lloras ahora?- Lucas estaba asombrado. De alguna manera siempre todo le salía 
maravillosamente mal. Se frotó la sien, suspirando con cansancio.

-Ya, ya... nh, me quedo contigo en la cama.- decía mientras le limpiaba torpemente las lágrimas del rostro. -Pero... no me toques, que estoy adolorido.-

Ajax asintió. Fueron a la cama y él se acostó muy cerca del vago, pero sin tocarlo ni un poco. No quería que le doliera más.

Y si. Seguro que se merecía un poco del dolor que estaba pasando, y aunque Ajax creía que debía odiarlo, por sobre la lógica y sobre la razón estaba aquello que le hacía preocuparse por él, quererlo y sentirse desesperado por su atención y su cariño.

Aquello era amor.
 
 

Era una perfecta armonía en forma y función. Era  sublime su existencia. Así era como ella, Regan, se sentía.
Conciente de cada parte de su cuerpo, percibiendo cada cambio y movimiento mientras corría sobre la blanca arena que destellaba de pureza bajo el plenilunio.

Un infinito desierto lunar extendiéndose en todas direcciones. Se sentía parte de él y corría con más fuerza intentando averiguar cuan rápido podría ir con sus cuatro poderosas patas.

Estaba conciente de eso también.

Corría en cuatro patas y se sentía a gusto con ello.

Se detuvo repentinamente. Frente suyo se erguía un bosque. Una arboleda rodeada de espesa niebla, la cual se extendía y se contraía como el vaho de una respiración.

Y dentro de aquel bosque podía escuchar a alguien llamándole entre los nebulosos árboles. Eran muchos y sus voces se entrelazaban en un canto.

¡Ah! Y cuanto deseó ir hacia ellos, que entonaban en sus cantos hermosas promesas de libertad.

Pero un inmenso río los separaba. Se aproximó con cautela para mirar de cerca aquella corriente  de un líquido espeso y oscuro que desprendía un olor ferroso. Supo enseguida que era sangre.

Un largo e interminable río de sangre, encima del cual se suspendía un estrecho y delgado puente de cristal.

Al  pararse en él, éste rechinó horrendamente haciéndole sentir  temor.

Más aún, su corazón se llenó de miedo al mirar su propio reflejo en aquella superficie pulida del puente. Su imagen era la de un animal. Una bestia. Un lobo de pelaje naranja.

Se horrorizó.
Quiso volver, pero sus patas estaban atascadas. El puente se derretía formando una baba viscosa que la jalaba más y más hacia la corriente sanguinolenta del río. Ella gritó.

Aulló.

Despertó.

Su cuerpo hervía. Su propia piel le quemaba y al intentar hablar, de su interior salió un sonido áspero y cavernoso. Un ruido muy poco natural.
Estaba mareada. Cayó de rodillas y vio como sus manos crecían frente a sus ojos, rasgando los guantes.
El resto de su cuerpo crecía también, haciendo jirones la pijama de franela.
El pelo anaranjado estaba por todas partes, incluso en su rostro, el cual parecía estarse alargando.
Sintió su mandíbula crecer y estirarse, y sintió también el brote de unos dientes enormes.
Finalmente se había transformado.
Intentó levantarse. Se movía con torpeza y derribó algunos muebles antes de conseguir incorporarse.
Aquel nuevo cuerpo tan extraño le resultaba difícil de manejar. Pero terminó por acostumbrarse pronto.
La fuerza que tenía era increíble. Todas las sensaciones le resultaban más vívidas y percibía los detalles que antes escapaban a sus ojos humanos.
Se sentía verdaderamente  viva y eufórica. No le costó nada derribar la puerta de la entrada y salió al patio, donde escalando por las paredes se encaramó al tejado.
Aquello era la absoluta libertad y estaba para festejarlo. Entonces aulló con fuerza, llamando a todos los otros lobos que pudieran escucharla.
Todo lo que le había ocurrido tenía sentido y razón de ser para llegar a aquel momento de completo frenesí.
"Somos lobos nacidos humanos" le había dicho Lucas. Y era cierto.

***
No había caído en cuenta de lo que pasaba por lo mal que se sentía y lo afiebrado que estaba.
Lucas despertó bruscamente al escuchar el llamado de Regan. En seguida supuso lo que había ocurrido.
Ajax también había despertado al escucharlo. Era un aullido escalofriante que le hizo recordar la figura del monstruo que había partido en dos a su abuelo.

Se tapó las orejas para no escucharlo más, pero aquel sonido de vibraciones potentes entraba directo a su cabeza.

Lucas se levantó y salió de la habitación, y Ajax, que tenía miedo, lo siguió.

-Quédate acá.- ordenó el vago pasando por sobre la puerta de la entrada que había sido derribada. Pero el niño no obedeció y fue tras él.

Era una noche oscura. Había luna nueva y pocas estrellas brillaban. Su desteñido resplandor iluminaba apenas la figura de aquella bestia que se había posado en el tejado y que aullaba a los cuatro vientos, embriagada en su frenesí.

Lucas al verle chasqueó la lengua molesto.

Siendo Regan tan ruidosa no tardarían otros en encontrarla.

Otros lobos o incluso cazadores de House of Sound.

Entonces no debían encontrarlos a Ajax ni a él ahí. Debían irse cuanto antes.

Pero no pudo hacer nada de eso. Sin esperarlo, la bestia de color naranja se lanzó desde el techo y lo embistió, derribándolo.

Había olido en él algo extraño y desconcertante que no comprendió.

Estuvo a punto de morderle, excitada por la furia, pero entonces cayó en cuenta de que era el vago el que tenía atrapado entre sus garras.

Se levantó confundida, resoplando agitada.

Sólo entonces comprendió lo que realmente había pasado y notó como algunos de sus vecinos se asomaban tímidamente, curiosos por el ruido que ella había hecho.

Pero había otros que permanecían ocultos.

Aún así ella podía percibir el olor de sus cuerpos y escuchar sus voces a través de los muros. Algunos rezaban desesperadamente, asustados, y alguno de ellos estaba al teléfono, llamando a la policía.

No le importó. Sólo quería dejar de sentirse tan aturdida.

-¡Ajax!- gritó de pronto el vago, pues el niño, que lo había estado presenciando todo, acababa de correr hacia la calle.

-¡Maldición! ¿¡En qué demonios estabas pensando, idiota!? ¡No vuelvas a tocarme! ¡¡Jamás!!.- vociferó Lucas poniéndose de pie con dificultad.

-¡Me he transformado! ¿Has visto? Tenías tantísima razón. ¡Es gracias a ti!-

Exclamó ella tomándolo por los hombros, haciendo caso omiso a la advertencia del vago.

Lucas la miró incrédulo, meneando la cabeza con desaprobación.

-Vuelve a tu forma humana-

Regan ladeó la cabeza y levantó el hocico, olfateando el aire.

-No sé como hacer eso.- aclaró con su voz femenina e infantil extrañamente rasposa y cavernosa.

-Además, no quiero. ¿No entiendes? ¡Éste es mi verdadero yo! Me encanta ser así. Soy tan libre y tan fuerte ahora. Anda, transfórmate tú también y vayamos a jugar. Quiero correr bajo las estrellas y saltar y cantar ¡Quiero llamar a todos los que son como nosotros!... Son ¡Nuestros hermanos!-

Estuvo a punto de empezar a aullar de nuevo, pero el vago le cerró el hocico con fuerza.

-Para ya con eso. Es peligroso, tonta. No tienes ni idea de quienes podrían escuchar tu llamado. Que sepas... que sepas, tonta...-

Se tocó el brazo que seguían hinchado y dolía.

-En primera...que no todos los otros lobos van a ser amables. No van a recibirte con los brazos abiertos así nada más, si eso es lo que te imaginas. Y además... no son mis hermanos. Los odio a todos ustedes. Yo tengo un solo hermano y acaba de salir huyendo por tu culpa.-

Lucas se sacudió la ropa y caminó lo más rápido que pudo hacerlo hacia la salida. Era preciso encontrar a Ajax y ya había perdido demasiado tiempo hablando.

-Lo siento.- respondió la bestia. -Te ayudo a buscarlo.-

-¡No! Sólo... aléjate de él. Si te ve así vas a empeorarlo todo.-

***


Ajax había salido corriendo sin siquiera saber a donde iba. Cuando se detuvo, agotado y casi sin poder respirar, se dio cuenta de que se había perdido.

A su alrededor se erguían edificios altísimos que recortaban su oscura silueta contra el cielo y las calles desoladas que se abrían en todas direcciones y  que le eran desconocidas.

Pero eso no importaba tanto. No como el hecho de hallarse lejos del monstruo.

Al verlo había tenido un terror tan grande que sólo quilo huir de ahí.

Las rodillas le temblaron por el esfuerzo y cayó al suelo, todavía resoplando.

Y de pronto tuvo una punzada terrible y helada en el estómago al pensar en Lucas que se había quedado. El monstruo naranja había saltado sobre él.

Ajax había presenciado aquello justo antes de salir huyendo.

Estaba muy asustado de que le pasara algo malo a Lucas, y aunque le aterraba, sentía que debía volver.
El problema era que no sabía por donde.

***


Regan saltó la tapia con mucha facilidad. Se estaba acostumbrando muy pronto a la agilidad de su nuevo cuerpo. Y eso le gustaba bastante.

El aire nocturno estaba saturado de aromas que nunca antes había percibido. Que no sabía siquiera que existían.

Estaba segura de que podía oler al pequeño niño y encontrarlo pronto, y le mostraría al desconsiderado chico del parche que ella podía ser grandiosa y útil y que no iba a empeorar las cosas como él había dicho.

Sin duda que era un tipo muy resentido. Mira que decir de esa manera que odiaba a todos los que eran como ellos. Despreciar de esa forma una naturaleza que los unía.

¿Cómo podía ser tan cínico al respecto? No lo entendía.

Lo cierto es que no entendía nada. Ella era una recién nacida y sabía que había un montón de cosas buenas que podía aprenderle al vago.

Pero  no quería tomar en cuenta aquellos amargos comentarios más que como una más de las actitudes despectivas de aquel muchacho.

Era un chico raro, después de todo incluso su olor lo era. 

Regan con su nuevo y fino olfato podía darse cuenta de que algo extraño había en él. Algo que no percibió antes. Algo casi desagradable.

Regan pensaba justo en eso cuando algo la distrajo. Un gruñido de baja frecuencia que entendió perfectamente.
 
***

Debía encontrar a Ajax. El niño seguramente que estaba aterrado y estando solo se hallaba tan desprotegido.

Lucas ni quería imaginar si quiera lo que podía pasarle al crío.

Sentía una presión en su pecho que no le permitía respirar libremente. Puro miedo.

Le había dicho a Ajax que se quedara dentro de la casa precisamente para evitar esa situación. ¿Por qué no le había obedecido?

Bien, pues, los niños son así a veces. No podía ni sentirse enojado por ello.

Lo único que quería era encontrarlo y que estuviera bien. Sólo entonces podría dejar de sentir ese doloroso nudo en el estómago. Sólo cuando volviera a verlo.

-Ajax.-

¿Qué tan lejos podía haber ido? Estaba seguro de haber percibido su rastro minutos atrás, pero ahora no daba en que dirección se había ido el niño.

Y entonces otro aroma le llegó. El inconfundible olor de la sangre de un lobo.
Cruzó pues la calle hacia el parque, desde donde provenía el olor y continuó siguiéndole hasta el túnel del puente, cerca de los jardines.

Llegó tarde en realidad. Alcanzó a ver desde donde estaba un  cuerpo destrozado que reconoció en seguida por el pelo naranja.

Regan había llegado hasta ahí y ahora estaba muerta, deshecha en jirones. Y también estaba quien la había matado. Un enorme lobo blanco de hermosa figura.

Le había bastado un golpe para destrozar a Regan, así de grande era su poder. Era una perfecta armonía en forma
 y función.