sábado, 30 de junio de 2012

12.- Misteriosa


Era misteriosa. La agonía solitaria de un lobo. Siempre en cualquier lugar, cualesquiera su origen, cualesquiera su tribu o posición dentro de ella, un lobo malherido se aparta de su manada.

Un lobo no llevará la debilidad de su sufrimiento a su clan. Así mismo pasaba con los enfermos y con las crías que nacían débiles o incapacitadas.

El grupo los dejaba atrás. Una realidad cruel para criaturas que se ataban fuertemente a sus lazos familiares, pero era parte de su código y en beneficio de la fortaleza del grupo.
Era así entre cada lobo salvaje habitante de bosques y montañas, y era así en cada licántropo.

Lucas lo sabía, claro. Su padre se lo había dicho. Pero le había dicho también que ellos eran distintos a los otros. Eran un clan aparte, con sus propias reglas ,y en aquel pequeño grupo no se dejaba atrás al necesitado.
Alphonse le hizo jurar a Lucas que cuidaría de sus hermanos siempre sin importar lo que pasara.

Lucas nunca imaginó que el necesitado iba a ser él.
Y ahora mismo su diminuto clan flaqueaba.
El problema con las balas de plata era que bastaba un roce para causar un dolor indecible. El cuerpo de un licántropo expuesto a una bala recubierta de plata se lastimaba tanto que por más resistencia que tuviera tomaría un tiempo considerable en sanar, y eso siendo una herida superficial.

El vago se levantó y supo enseguida que tenía fiebre. Los síntomas insoportables habían vuelto. El malestar, el dolor de cabeza, los mareos. Las heridas punzaban. Y la sed, la continua e inextinguible sed.

La sentía aún pegado al grifo del baño con el chorro de agua en la boca.
Se lavó la cara y volvió a la habitación. Ajax lo miraba todavía desde la cama. No se había dado cuenta de que el niño estaba despierto hasta que sintió su mirada.

-Buenos días.- musitó Lucas tallándose la frente. -Si tienes hambre puedes comerte eso. -dijo señalando una charolita con leche, jugo, tostadas y fruta que estaba dispuesta sobre la mesita.

Sin embargo se sintió como un desgraciado hablando de forma tan despreocupada.
Ajax continuaba mirándole. Con la misma expresión expectante y un tanto suplicante que tenía siempre, pero que era ahora más dura y reprochante.

-Err... ¿Cómo te sientes?- preguntó el vago intentando ser más amable.
Se acercó y le acarició la cabeza. Esta vez el crío no se resistió, pero su mirada estaba cargada de una tensión terrible.
Sin embargo el tacto de sus cabellos sedosos le dio a Lucas una inesperada sensación de alivio.

Y en un arrebato de todo el cariño que sentía por aquella pequeña criatura, lo abrazó casi con desesperación. Ajax gimió, sorprendido mientras Lucas le cubría de besos la frente, las mejillas y finalmente los labios que selló en un beso suave y lleno de ansiedad.
Un beso verdadero. Un contacto maravilloso que por un momento hizo desaparecer todo lo demás.
Pero fue Ajax el primero en separarse. Se echó bruscamente hacia atrás. Su carita sofocada y roja, temblorosa y enfurruñada le hizo saber al vago que no lo quería cerca.
Mucho menos así de cerca.
Era algo evidente en aquellas orbes oscuras de sus ojos que claramente expresaban su enojo.

Lucas se levantó, sintiéndose molesto también. Aquello le había encantado, pero lo había disfrutado tan poco que era estresante.

-Quítate la ropa.- ordenó de forma tan brusca que Ajax volvió a sonrojarse. El crío bajó la mirada, incómodo, mordiéndose los labios.

-No pongas esa cara. Te lo digo porque tu ropa está...sucia.- señaló las manchas de sangre en la ropa del niño. Sangre de Lucas y sangre del viejo.

-Bueno...quédate así si prefieres.- gruñó el vago. Que frustrado se sentía. No había nada que hiciera que sintiera que estaba bien.

Una mezcla de todo su sufrimiento se arremolinó dentro de él. Y el silencio de Ajax y aquella mirada reprochante dolían también.

Intentaba convencerse a si mismo que debía acostumbrarse a aquella situación, por que se lo merecía.
Rabiaba por dentro.
Llamaron a la puerta. Era Bijou.

-¿Terminaste tan pronto con tu trabajo?- masculló el vago como si su repentina presencia le molestara. Se dejó caer sobre el sillón.

-Si. ¿Cómo estás? ¿Dormiste lo suficiente?-

-Si, si, lo suficiente. Quita tu mano.-

-Tienes fiebre. Bueno, naturalmente no te repondrás pronto. Deberás cuidarte mucho.-

-¿Me trajiste porros?-

-Disculpa.- sonrió encantadoramente. -Aún no me he ocupado de eso... ¿Vas a tomarte el jugo?.- le preguntó a Ajax. El niño no respondió. Observaba el espacio vacío con la mirada perdida.

Bijou tomó el vaso y echó un polvo verde en la bebida.

-Bébelo.- le ordenó a Lucas.

-¿Qué es?- preguntó con desconfianza olisqueando el vaso.
-Oh, sólo un poco de polvo de raíces para ayudarte con el dolor.- Lucas lo tomó apresuradamente haciendo una mueca de desagrado.

-Puaj... está amargo. Y el jugo se entibió. Que asco.-

-Lo siento.- volvió a sonreír, saboreó la atmósfera tensa.

-Creo que por seguridad deberían mantenerse escondidos un tiempo. Quizás...dejar la ciudad hasta que todo el revuelo pase. Ahora mismo están buscándolos y es peligroso. Por otra parte, necesitas tiempo para descansar, Lucas... ¿A dónde vas?- preguntó cuando lo vio ponerse el poncho encima.

-Tengo cosas que hacer...deja, me siento mejor. Ajax ¿Quieres venir?-

Preguntó tratando de acercarse, pero el niño se alejó hacia un rincón.

Lucas apretó los dientes.

-Si. Puede que sea mejor así. Quédate con él mientras vuelvo, Bijou.. No voy a tardar mucho, creo. Y no vayas a decirle cosas raras de mí- advirtió.

-¿Qué cosas raras podría decirle yo?- interrogó Bijou, divertido por la idea.

-Yo que sé. Lo digo por si tienes algo en mente, ocurrente. Cuídalo bien.- lo miró con severidad. Luego se fue.






En realidad no estaba mejor. Aún así caminaba a paso veloz por la ciudad ajetreada de medio día. El ruido y el tufo inmundo  le hicieron sentirse peor, y un poco desorientado.
Aún así consiguió llegar a la casa que había sido de su abuelo.
Todo estaba en orden. La puerta que había destrozado para entrar el día anterior había sido cambiada por una nueva e idéntica, y al entrar a la salita no había un cuerpo despedazado, ni el menor rastro de sangre. Todo había sido limpiado con una pulcritud pasmosa.

Ahora podía decirse que en aquel lugar no había pasado nada anómalo.
Si hubiera sido cosa de la policía habría marcas por todas partes, la casa estaría clausurada por investigación y probablemente estaría bajo vigilancia.
Pero aquel escenario escrupulosamente limpio no podía ser si no cosa de House of Sound. Procuraban mantener la existencia de los licántropos como un secreto al mundo.
Lucas recorrió la casa para asegurarse que no quedaba rastro alguno de lucha. Luego fue al cuarto del anciano. Pero el álbum fotográfico no estaba ahí. Encontró algo de dinero dentro de una lata, en el fondo del closet y lo tomó.

Enseguida pasó al dormitorio de Ajax.
Entró lentamente, como si pidiera permiso para hacerlo.
Olía tanto a Ajax.
El vago se sentó en la cama. El sólo estar ahí le traía paz.
Pasó un largo rato observando a detalle la pequeña habitación.
Era bonita, del tipo de habitación que tiene un niño. No tenía muchas cosas, pero pensaba en que posiblemente el crío había apreciado cada objeto que había ahí y sintió ternura.

Ajax era un niño cuidadoso, casi todo estaba en orden, y los juguetes, aun  que viejos algunos de ellos, estaban bien cuidados.

¿Así era ser querido por aquel niño? Ser apreciado. Estar tranquilo y a salvo en esa habitación tan linda.

Se sintió celoso de la suerte de aquello juguetes, pero al mismo tiempo, él, que no se prendaba de objetos innecesarios y que no poseía para si mismo más que lo que llevaba puesto, sintió de pronto una enorme aprensión de no poder llevar consigo cada cosa que veía ahí.

Todo parecía de pronto demasiado importante porque pertenecía a Ajax. Pero lo que era más importante para ese niño ya no estaba en aquella casa.
Y de nuevo la culpa. Pero es que ¿No merecía aquel anciano morir? ¿Debía perdonarle la vida sólo porque Ajax lo amaba?
Lucas se dio cuenta entonces del pesado silencio que reinaba en la casa. No parecía que hubiera en el mundo ruido capaz de romper con aquel velo silente. El silencio de lo muerto.
Se levantó, buscó una maleta y la llenó con ropa de su hermanito. Al abrir un cajón en busca de calcetas encontró aquel frasco de agua extraña que Harley, la pelirroja,le había obsequiado.

Al tacto todavía permanecía frío. Lo tomó y lo puso también dentro de la maleta.
Buscó con la vista aquello que podía ser indispensable de llevar.
Pensó en que tal vez la almohada. Había escuchado que algunas personas no dormían bien si no era con la almohada a la que estaban acostumbrados, y tal vez Ajax...
De pronto un par de notas musicales quebraron el silencio.
La música venía de aquel muñequito que él mismo le había regalado a Ajax. Ese que al darle cuerda tocaba una melodía triste.
Había estado escondido bajo la almohada y también estaba ahí el álbum fotográfico encuadernado en piel. Lo hojeó y luego los puso a ambos dentro de la maleta. Dejó la almohada.
Dio un último vistazo a la habitación y salió de ahí sintiéndose melancólico.
Antes de volver al hostal pensó en que quería despedirse de Harley, ya estaba dispuesto en seguir la sugerencia de Bijou y salir de aquella ciudad cuanto antes. Así que no vería a la pelirroja en una temporada.

-¡Buenas tardes, Lucas querido! ¿Qué te parece la nueva pintura? ¡Por fin hemos dado inicio a la remodelación!- dijo Harley cuando lo vio entrar.

-Ahá... muy bien.- musitó el vago sintiéndose abrumado por el exceso de palabras y el entusiasmo que la jefa ponía en ellas al hablar. Harley estaba de buen humor aquel día y Lucas estaba sintiéndose exhausto de nuevo.

-Hola, Lucas.- saludó Oswald colgando la nueva decoración sobre la pared pintada de lunas y estrellas doradas sobre un fondo oscuro.

-Hola.- respondió Lucas. -Te compraste otros zapatos... ¿eh?-

-Sip.-

-¿Qué le pasó a tu ojo? ¿Qué son esos vendajes en tu cabeza? No luces nada bien.- observó la mujer recargando su cara contra la de Lucas.
-Tienes fiebre. Siéntate, voy a traerte un té y medicina... ¡Oswald!-

-Déjalo, que ya tomé algo.-

-¿En verdad?-

-Te ves muy decaído.- dijo Oswald acercándose.

-¡Pero claro que está decaído! ¿No ves que lo han lastimado?- contestó Harley con obviedad.

-Era una observación.-

-Anda ya, observador. Ve a preparar té.- ordenó ella.

Sentó a Lucas y comenzó a revisarle los ojos, la boca y el pulso.

-¿Te atacaron?- preguntó con tono confidencial.

-Fue mi abuelo.-

-¡Ah! Eso.-

-Lo maté.-

Harley con los ojos desorbitados y la boca bien abierta era la viva imagen de la sorpresa.

 Su labio inferior tembló ligeramente.

El tintineo de las pulseras en su muñeca era constante y casi musical.

-Oh...oh, bueno. Finalmente. Siempre quisiste hacerlo. ¿Cómo está Ajax?-

-No...no está bien. Él está...no sé. Es que lo... lo maté frente a él...- tartamudeó como si estuviera confundido respecto a lo que había hecho.

-¿Es... es qué es en serio? ¡¿Cómo es posible que se te ocurriera...?!-

-¡Es que no se me ocurrió! Ajax llegó de pronto, y no pude...evitarlo...-

-Entonces ya sabe que tú eres...-

Lo que Lucas no entendía era como es que Harley lo sabía. Parecía haberse dado cuenta desde un principio de la naturaleza del vago. Y a él no le molestó. Pero nunca habían hablado de ello.
-¡Mi pobre Ajax! Debe estar tan triste...ha de estar sufriendo- continuó ella -¡Tienes que dejarme verlo!-

-No creo que haya tiempo.- dijo él negando con la cabeza. -Voy a llevármelo lejos. Estar aquí es muy peligroso. Están buscándolo a él también y...- y de pronto el dolor se tornó intolerable. Todo su cuerpo palpitaba y tenía la inminente sensación de que iba a transformarse.

En su boca el sabor pastoso y amargo de las hierbas que le había dado Bijou en el jugo.

-Está bien, Lucas, escucha... ¿Qué te ocurre? ¡Lucas! ¡¡Lucas!!-

El muchacho cayó de rodillas aullando de dolor. Todo se puso oscuro.






-Come algo, o tú también te pondrás débil y enfermo.- decía aquel hombre. Ajax estaba más bien incómodo bajo su cuidado.
Aún sin los lentes oscuros, los ojos de Bijou podían ser tremendamente duros y fríos.

Al niño le dio repeluz al sentirlo tan cerca cuando el hombre se aproximó y le tomó el rostro con aquellas manos suaves y frías sin siquiera preguntar.

Ajax se retiró, con una mirada de gato asustado, lo que a Bijou le hizo mucha gracia.
-Tranquilo. Sólo estoy tomando tu temperatura. - sonrió para si mismo, pues viendo de tan cerca al crío no le quedaba duda alguna de que en verdad Ajax no era más que un humano normal sin la naturaleza bestial en él como Lucas quería creer.

Estaba seguro de que el tratamiento que le habían dado a Alphonse cuando pequeño había terminado por disolver la herencia del licántropo en el último de sus hijos.

-Está bien.- lo soltó. -Es normal que estés impactado por los sucesos de ayer. Lo que viste no es algo... común. Aún así, aun que eres demasiado joven todavía, hay cosas que debes aprender a discernir. Me pregunto si escuchaste bien lo que conversaban tu abuelo y Lucas. Me pregunto si eres capaz de comprenderlo. Tu abuelo tal vez era una buena persona, pero hizo cosas reprobables. Lastimó mucho a Lucas. ¿Sabias? Ayer, Lucas se estaba defendiendo, y estaba también defendiendo tu vida. Es conveniente que comprendas eso, que entiendas lo que él ha hecho por ti. Hace tiempo tu abuelo envió a Lucas a un lugar horrible. Lo encerraron en un calabozo diminuto donde siempre estaba oscuro. Lo torturaron mucho... casi perdió la vida. ¿Has visto su cuerpo? Está lleno de cicatrices. Muchas de ellas, las peores, se las hicieron en ese lugar. Tiene una justo aquí...-

El hombre deslizó un dedo por el costado izquierdo del niño, que se estremeció y se alejó rápidamente, encogiéndose en el otro lado de la cama.

-...es una cicatriz muy larga. Era una herida que permanecía abierta todo el tiempo. Por ahí metían tubos y cables que conectaban a sus órganos internos. ¿Te imaginas lo que debió dolerle? Y pensar que él soportó eso en tu lugar. Eras tú quien debía ir a esa prisión. Pero enviaron a Lucas...todo para salvarte.
Y ayer tu abuelo iba a encerrarlo otra vez ahí, e iba enviarte a ti también. ¿Qué es esa mirada? ¿No me crees? Es verdad todo lo estoy contándote. ¿Por qué piensas que Lucas estaba peleando con él? Era por ti. Deberías estar agradecido de que tu abuelo está muerto. Seguramente ahora mismo se quema en el infierno por todo lo que hizo.
Y deberías agradecer también que Lucas sigue vivo, y que quiere cuidarte... No creo que te merezcas que pase tantos problemas por ti...por eso no le hagas sufrir demasiado, las cosas ya son de por si muy difíciles para él. No seas un mocoso egoísta.-

Ajax estaba pasmado.
Y el hombre gozaba secretamente con la confusión y el dolor que había en el rostro de Ajax.

El crío enrojeció. De vergüenza, de rabia, de dolor o lo que fuera. Era espantoso todo lo que aquel tipo decía.

Agachó la cabeza, con el mentón hundido en el pecho y sintió ganas de llorar.
No era cierto. No podía ser cierto nada de lo que le decía. Su abuelo era bueno, no lo abría enviado jamás a un lugar así de horrible, ni a él ni a Lucas. Es más, un lugar así no podía existir...y su abuelo no estaba en el infierno... Lucas era quien tenía la culpa porque era un asesino. Ajax tenía derecho a estar enojado con él...no era un mocoso egoísta...no era así. ¿O si?

El hombre sonreía lleno de satisfacción.
Y continuó.

-Si no quieres comer ahora, puedes darte un baño. Te sentirás mejor. Además, vas muy sucio. Estás batido en sangre.-

Ajax le aborreció tanto. Hablaba con indiferente frialdad, y se burlaba con su expresión de todo lo que el niño estaba sintiendo.

Era una persona horrible. Quería que se fuera. Que estuviera Lucas. De pronto extrañaba tanto a Lucas. Quería verlo. ¿En verdad había sufrido tanto? ¿Era en serio que él tenía la culpa de que a Lucas lo enviaran a ese lugar?
¿No lo odiaba Lucas por eso?
Era muy duro entender todo aquello. Nunca nadie le había explicado nada. Era un secreto para él.

Sintió que se ahogaba con aquel nudo de tristeza que tenía en la garganta.
-¿Qué pasa? ¿Te has quedado pensando en algo interesante?- preguntó acercándose de nuevo Bijou y mirándole como si estuviera en verdad preocupado.

-Te he dicho antes que ya revisé el agua y tiene buena temperatura. Puedes bañarte.- dijo más como una orden inapelable que como una invitación a hacerlo.
Ajax no opuso resistencia y entró al baño. Prefería estar solo. Lejos de Bijou.
Se despojó lentamente de la ropa y se metió bajo el chorro tibio de la ducha.
El agua cayendo sobre él se sintió de pronto como un agradable y liberador alivio.
Como si se desvaneciera el peso de todo. Y ahí bajo el consuelo del agua que se mezclaba con las lágrimas que ya no podía retener porque dolían demasiado, Ajax lloró en silencio con una amargura que no había conocido antes.






Mientras el niño se bañaba, Bijou salió a la pequeña terraza al final del pasillo, que daba una vista preciosa de la rivera del río. Se sentó sobre la barandilla de madera, contemplando con un embeleso casi infantil la caída del sol reflejándose en el agua, haciendo gala de profundos tonos rojizos que destellaban en el río.

Una tibieza ligera e invisible flotaba en el ambiente. Era una tarde bellamente armoniosa.

No lo sintió llegar hasta que una mano temblorosa le tocó el hombro.
Al volverse Lucas cayó en sus brazos, empapado en sangre que no era suya y con la pequeña maleta de Ajax todavía con él.
Estaba pálido y agitado. Pero aunque estaba débil y lucía extenuado su voz permanecía serena y su expresión era suave y tranquila.

-Lucas...- Bijou lo ayudó a sentarse.

-Los maté, Bijou.- susurró

-¿A quienes?- preguntó el hombre con la misma pasividad.

-A Harley, y a Oswald.-

-Ah, esa mujer pelirroja...y el empleado- sonrió

-Estaba...mareado...dolía mucho... y cuando desperté...ellos...los había matado.- levantó sus manos tintas en sangre.

-Había sangre por todas partes... las paredes que habían pintado...se mancharon...no pude...y... te lo dije...que no puedo controlarme...si no me das esa porquería para fumar...-

Su calma se rompió en un sollozo y las lágrimas se unieron a la sangre en una interminable torrente que lo manchaba todo. Incluso la camisa blanca de Bijou cuando éste abrazó al vago, mientras acariciaba con ternura su cabeza.

-Estoy tan cansado de todo esto.- gimió -Lo siento.... Lo siento...-

-Tranquilo. Déjalo estar. Ya pasó.-

-Estoy cansado...-

-Lo sé, lo sé...- lo reclinó sobre su pecho y lo arrulló suavemente. La herida de Lucas estaba sangrando de nuevo, pero no era muy grave.

-Tendrás que irte hoy mismo. No te preocupes, lo prepararé todo, me encargaré. Descansa un poco...-

Y al sentirse consolado, Lucas lloró larga y amargamente, exhausto, bajo la radiante luz del  ángelus.









El lobo se estremeció. Su pelaje amarillo estaba mojado en algo tan frío que le penetraba hasta la piel y le hacia doler los huesos.
Abrió despacio los ojos y notó los gruesos grilletes y cadenas que le sujetaban por las piernas, los brazos y el cuello. Trató de liberarse, pero le era difícil moverse. Sus movimientos tenían una inusual torpeza.
Entonces, contra la luz incandescente que le caía violentamente sobre los ojos, distinguió la silueta de un hombre. Bijou. 
Aunque el monstruo no supo su nombre.

-Buenas noches, Pablo.- saludó aquel hombre de impecable y elegante porte, traje negro y lentes oscuros. -Lamento si estas incómodo. No debes preocuparte, eso pasará pronto.-

-¿Quién...quién eres tú?- barbotó la desorientada bestia.

-Eso no importa ahora.- respondió el hombre esbozando una sonrisa.

Pablo pudo observar mejor su rostro cuando aquel sujeto se alejó de la luz directa.
Distinguió en él una expresión feroz y un inusual brillo que fulguraba en sus ojos a través de las gafas oscuras, y aquellos rasgos le hicieron sentir el peligro.

Bufó y se agitó en un nuevo intento de liberarse, pero una vez más fue inútil. Se había debilitado mucho y aquellas cadenas estaban forjadas en un material que él no podía romper.

-¡No voy a decirte nada, humano idiota! Los secretos de los míos están a salvo conmigo.-

-Ten calma. Eso no lo dudo. Pero no es necesario que me digas nada. Fuiste traído aquí no con fines informativos o propósitos de investigación. Tu utilidad consiste en algo más...vital.- habló Bijou. El lobo soltó un par de dentelladas hacia él, pero no pudo alcanzarlo.

-Eso no te servirá ya.- el hombre continuó acercándose y por alguna extraña razón, ese que no era más que un simple humano, le inspiró verdadero y palpable temor.

Pero pronto lo comprendió. No era nada más un humano.

-¿Qué eres tú?... ¿Qué...haces? ¡¿Qué estás haciendo?!-

-Voy a comerte, Pablo.-





Aquel había sido el alto precio que había pagado por liberar a Lucas.
El cuerpo de Bijou había sido utilizado en algunos de los experimentos de Cheryl Thompson, en los laboratorios de House of Sound, y como resultado le habían convertido en un monstruo también. Un monstruo devora-monstruos.
Bijou salió de las mazmorras luego de haber satisfecho su apetito.
Se acomodó la corbata y se sacudió el traje. Su secretaria, una mujercita de rostro dulce, le esperaba afuera, con la agenda de pendientes en las manos.
-Señor LeClair... se ensució un poco.- indicó tímidamente. -En la mejilla...tome mi pañuelo.-

-Te lo agradezco.- sonrió él, limpiándose con delicadeza.

-Di...discúlpeme... ¿Puedo preguntar?-

-Dime.-

-¿Qué se siente comer monstruos?... ¿Saben bien?-

-Es un gusto adquirido, preciosa... ¿Me dirás si tengo trabajo para esta noche?.-

-Ah...si...-

Bijou se preparaba para una larga noche de trabajo, y mientras tanto Lucas se disponía a partir.

Como Bijou lo había propuesto, esa misma noche el vago y el crío dejaban la ciudad.
Había sido una partida apresurada. Debía ser cuanto antes, así que les consiguió boletos para el primer autobús que saliera de la ciudad esa noche.
Ajax no deseaba irse, claro, pero tampoco había protestado o se había resistido De todas formas ya no tenía ningún lugar a donde pudiera volver.
No había nada para él.
Bueno. Estaba Lucas claro. Lo que ciertamente no era garantía de nada. Y aún dudaba de si el vago estaba resentido con él y si al final terminaría matándolo también...y de todas maneras aún no lo perdonaba por lo que había hecho a su abuelo.
No tenía nada más que su odio y su temor hacia Lucas.
Sintió que los ojos le ardían por todo lo que había llorado.
Miró una última vez por la ventanilla del autobús.
Las gotas de lluvia se agolpaban contra el cristal. El autobús estaba a punto de salir. Se estremeció.

-¿Tienes frío?- preguntó Lucas que aparecía por el pasillo y que se estiró para correr la cortinilla de la ventana.
-Nhh...toma.- el vago había ido a comprar algo de comida para el viaje. Le pasó una lata de chocolate caliente a Ajax y luego sentó la bolsa de papel con la comida en el asiento, en medio de los dos.

Lucas se acomodó pesadamente y estiró las piernas.

Estaba demasiado cansado ya como para que le importara cualquier cosa.

Estaba sencillamente harto. Sobre todo de si mismo.

E impulsado por un arrebato de ansiedad, comenzó:

-Escucha, Ajax...-
pensaba que igual algún día tendría que decírselo y de todas maneras le iba a odiar más. Siendo así, decidió que ya no le importaba, y que tenía ganas de ser él mismo el que provocara intencionalmente todo el desprecio que Ajax le pudiera tener.

-Harley...-

Pero al decir el nombre de la pelirroja desistió. Supo que no tenía fuerzas para confesar aquel último crimen. Y que realmente no quería cargar con el resentimiento de Ajax.
-Ella... dijo... que iba a extrañarte y que esperaba volver a verte pronto.-

En que repugnante mentiroso se había convertido diciendo una estupidez como aquella. Pero ya nada importaba. Y su amiga pelirroja, la que comprendía todo sin tener que decirle nada estaba muerta. Y despedazada. Pero no querría que Ajax sufriera todavía más por su muerte.

En silencio el vago le pidió perdón. Y también a Oswald.

Ajax pensó en Harley y se sintió algo consolado. Le hubiera gustado despedirse de ella.
No era del todo verdad que no quedaba nada para él. Al menos quería creer eso y sentirse un poco más contento.

Hubiera llorado. Pudo sentir las lágrimas bordeando sus ojos, pero al girar la vista hacia el otro lado vio ahí a Lucas, masticando una empanada.
Y a pesar de todo volvió a sentir una cálida sensación de afecto por esa salvaje y triste criatura que había sufrido muchísimo más que él.
-¿Qué?- preguntó el vago con la boca llena al sentirse observado.
El crío se encogió de hombros.
-Nh. Ajax, dime... ¿Alguna vez vas a volver a hablarme?-
Ajax abrió la boca pero no emitió sonido. Miró hacia el techo.
-Mmm., vale. Da igual si no quieres hablar.- contestó cortante y continuó comiendo sin darse cuenta que su ropa se estaba llenando de migajas.
El autobús comenzó a moverse. Las luces se apagaron y muchos pasajeros se alistaron para dormir durante el viaje.
Ajax también. Se acurrucó junto a la bolsa de comida que despedía un aroma delicioso. La lata de chocolate aún viajaba en sus manos.
Y el pequeño silbato metálico tintineó una ultima vez, oculto entre sus ropas.
Estaba casi dormido cuando sintió la bolsa moverse.
Lucas la quitaba despacio para permitir que el niño se recargara sobre él.
Ambos estaban demasiado cansados como para que algo más que aquel agradable contacto importara, y se quedaron dormidos enseguida, apaciguaos por la tibieza del cuerpo del otro, y con el suave oscilar del autobús sobre la carretera, adentrándose cada vez más en una eterna y dulce noche que era misteriosa.

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