sábado, 30 de junio de 2012

12.- Misteriosa


Era misteriosa. La agonía solitaria de un lobo. Siempre en cualquier lugar, cualesquiera su origen, cualesquiera su tribu o posición dentro de ella, un lobo malherido se aparta de su manada.

Un lobo no llevará la debilidad de su sufrimiento a su clan. Así mismo pasaba con los enfermos y con las crías que nacían débiles o incapacitadas.

El grupo los dejaba atrás. Una realidad cruel para criaturas que se ataban fuertemente a sus lazos familiares, pero era parte de su código y en beneficio de la fortaleza del grupo.
Era así entre cada lobo salvaje habitante de bosques y montañas, y era así en cada licántropo.

Lucas lo sabía, claro. Su padre se lo había dicho. Pero le había dicho también que ellos eran distintos a los otros. Eran un clan aparte, con sus propias reglas ,y en aquel pequeño grupo no se dejaba atrás al necesitado.
Alphonse le hizo jurar a Lucas que cuidaría de sus hermanos siempre sin importar lo que pasara.

Lucas nunca imaginó que el necesitado iba a ser él.
Y ahora mismo su diminuto clan flaqueaba.
El problema con las balas de plata era que bastaba un roce para causar un dolor indecible. El cuerpo de un licántropo expuesto a una bala recubierta de plata se lastimaba tanto que por más resistencia que tuviera tomaría un tiempo considerable en sanar, y eso siendo una herida superficial.

El vago se levantó y supo enseguida que tenía fiebre. Los síntomas insoportables habían vuelto. El malestar, el dolor de cabeza, los mareos. Las heridas punzaban. Y la sed, la continua e inextinguible sed.

La sentía aún pegado al grifo del baño con el chorro de agua en la boca.
Se lavó la cara y volvió a la habitación. Ajax lo miraba todavía desde la cama. No se había dado cuenta de que el niño estaba despierto hasta que sintió su mirada.

-Buenos días.- musitó Lucas tallándose la frente. -Si tienes hambre puedes comerte eso. -dijo señalando una charolita con leche, jugo, tostadas y fruta que estaba dispuesta sobre la mesita.

Sin embargo se sintió como un desgraciado hablando de forma tan despreocupada.
Ajax continuaba mirándole. Con la misma expresión expectante y un tanto suplicante que tenía siempre, pero que era ahora más dura y reprochante.

-Err... ¿Cómo te sientes?- preguntó el vago intentando ser más amable.
Se acercó y le acarició la cabeza. Esta vez el crío no se resistió, pero su mirada estaba cargada de una tensión terrible.
Sin embargo el tacto de sus cabellos sedosos le dio a Lucas una inesperada sensación de alivio.

Y en un arrebato de todo el cariño que sentía por aquella pequeña criatura, lo abrazó casi con desesperación. Ajax gimió, sorprendido mientras Lucas le cubría de besos la frente, las mejillas y finalmente los labios que selló en un beso suave y lleno de ansiedad.
Un beso verdadero. Un contacto maravilloso que por un momento hizo desaparecer todo lo demás.
Pero fue Ajax el primero en separarse. Se echó bruscamente hacia atrás. Su carita sofocada y roja, temblorosa y enfurruñada le hizo saber al vago que no lo quería cerca.
Mucho menos así de cerca.
Era algo evidente en aquellas orbes oscuras de sus ojos que claramente expresaban su enojo.

Lucas se levantó, sintiéndose molesto también. Aquello le había encantado, pero lo había disfrutado tan poco que era estresante.

-Quítate la ropa.- ordenó de forma tan brusca que Ajax volvió a sonrojarse. El crío bajó la mirada, incómodo, mordiéndose los labios.

-No pongas esa cara. Te lo digo porque tu ropa está...sucia.- señaló las manchas de sangre en la ropa del niño. Sangre de Lucas y sangre del viejo.

-Bueno...quédate así si prefieres.- gruñó el vago. Que frustrado se sentía. No había nada que hiciera que sintiera que estaba bien.

Una mezcla de todo su sufrimiento se arremolinó dentro de él. Y el silencio de Ajax y aquella mirada reprochante dolían también.

Intentaba convencerse a si mismo que debía acostumbrarse a aquella situación, por que se lo merecía.
Rabiaba por dentro.
Llamaron a la puerta. Era Bijou.

-¿Terminaste tan pronto con tu trabajo?- masculló el vago como si su repentina presencia le molestara. Se dejó caer sobre el sillón.

-Si. ¿Cómo estás? ¿Dormiste lo suficiente?-

-Si, si, lo suficiente. Quita tu mano.-

-Tienes fiebre. Bueno, naturalmente no te repondrás pronto. Deberás cuidarte mucho.-

-¿Me trajiste porros?-

-Disculpa.- sonrió encantadoramente. -Aún no me he ocupado de eso... ¿Vas a tomarte el jugo?.- le preguntó a Ajax. El niño no respondió. Observaba el espacio vacío con la mirada perdida.

Bijou tomó el vaso y echó un polvo verde en la bebida.

-Bébelo.- le ordenó a Lucas.

-¿Qué es?- preguntó con desconfianza olisqueando el vaso.
-Oh, sólo un poco de polvo de raíces para ayudarte con el dolor.- Lucas lo tomó apresuradamente haciendo una mueca de desagrado.

-Puaj... está amargo. Y el jugo se entibió. Que asco.-

-Lo siento.- volvió a sonreír, saboreó la atmósfera tensa.

-Creo que por seguridad deberían mantenerse escondidos un tiempo. Quizás...dejar la ciudad hasta que todo el revuelo pase. Ahora mismo están buscándolos y es peligroso. Por otra parte, necesitas tiempo para descansar, Lucas... ¿A dónde vas?- preguntó cuando lo vio ponerse el poncho encima.

-Tengo cosas que hacer...deja, me siento mejor. Ajax ¿Quieres venir?-

Preguntó tratando de acercarse, pero el niño se alejó hacia un rincón.

Lucas apretó los dientes.

-Si. Puede que sea mejor así. Quédate con él mientras vuelvo, Bijou.. No voy a tardar mucho, creo. Y no vayas a decirle cosas raras de mí- advirtió.

-¿Qué cosas raras podría decirle yo?- interrogó Bijou, divertido por la idea.

-Yo que sé. Lo digo por si tienes algo en mente, ocurrente. Cuídalo bien.- lo miró con severidad. Luego se fue.






En realidad no estaba mejor. Aún así caminaba a paso veloz por la ciudad ajetreada de medio día. El ruido y el tufo inmundo  le hicieron sentirse peor, y un poco desorientado.
Aún así consiguió llegar a la casa que había sido de su abuelo.
Todo estaba en orden. La puerta que había destrozado para entrar el día anterior había sido cambiada por una nueva e idéntica, y al entrar a la salita no había un cuerpo despedazado, ni el menor rastro de sangre. Todo había sido limpiado con una pulcritud pasmosa.

Ahora podía decirse que en aquel lugar no había pasado nada anómalo.
Si hubiera sido cosa de la policía habría marcas por todas partes, la casa estaría clausurada por investigación y probablemente estaría bajo vigilancia.
Pero aquel escenario escrupulosamente limpio no podía ser si no cosa de House of Sound. Procuraban mantener la existencia de los licántropos como un secreto al mundo.
Lucas recorrió la casa para asegurarse que no quedaba rastro alguno de lucha. Luego fue al cuarto del anciano. Pero el álbum fotográfico no estaba ahí. Encontró algo de dinero dentro de una lata, en el fondo del closet y lo tomó.

Enseguida pasó al dormitorio de Ajax.
Entró lentamente, como si pidiera permiso para hacerlo.
Olía tanto a Ajax.
El vago se sentó en la cama. El sólo estar ahí le traía paz.
Pasó un largo rato observando a detalle la pequeña habitación.
Era bonita, del tipo de habitación que tiene un niño. No tenía muchas cosas, pero pensaba en que posiblemente el crío había apreciado cada objeto que había ahí y sintió ternura.

Ajax era un niño cuidadoso, casi todo estaba en orden, y los juguetes, aun  que viejos algunos de ellos, estaban bien cuidados.

¿Así era ser querido por aquel niño? Ser apreciado. Estar tranquilo y a salvo en esa habitación tan linda.

Se sintió celoso de la suerte de aquello juguetes, pero al mismo tiempo, él, que no se prendaba de objetos innecesarios y que no poseía para si mismo más que lo que llevaba puesto, sintió de pronto una enorme aprensión de no poder llevar consigo cada cosa que veía ahí.

Todo parecía de pronto demasiado importante porque pertenecía a Ajax. Pero lo que era más importante para ese niño ya no estaba en aquella casa.
Y de nuevo la culpa. Pero es que ¿No merecía aquel anciano morir? ¿Debía perdonarle la vida sólo porque Ajax lo amaba?
Lucas se dio cuenta entonces del pesado silencio que reinaba en la casa. No parecía que hubiera en el mundo ruido capaz de romper con aquel velo silente. El silencio de lo muerto.
Se levantó, buscó una maleta y la llenó con ropa de su hermanito. Al abrir un cajón en busca de calcetas encontró aquel frasco de agua extraña que Harley, la pelirroja,le había obsequiado.

Al tacto todavía permanecía frío. Lo tomó y lo puso también dentro de la maleta.
Buscó con la vista aquello que podía ser indispensable de llevar.
Pensó en que tal vez la almohada. Había escuchado que algunas personas no dormían bien si no era con la almohada a la que estaban acostumbrados, y tal vez Ajax...
De pronto un par de notas musicales quebraron el silencio.
La música venía de aquel muñequito que él mismo le había regalado a Ajax. Ese que al darle cuerda tocaba una melodía triste.
Había estado escondido bajo la almohada y también estaba ahí el álbum fotográfico encuadernado en piel. Lo hojeó y luego los puso a ambos dentro de la maleta. Dejó la almohada.
Dio un último vistazo a la habitación y salió de ahí sintiéndose melancólico.
Antes de volver al hostal pensó en que quería despedirse de Harley, ya estaba dispuesto en seguir la sugerencia de Bijou y salir de aquella ciudad cuanto antes. Así que no vería a la pelirroja en una temporada.

-¡Buenas tardes, Lucas querido! ¿Qué te parece la nueva pintura? ¡Por fin hemos dado inicio a la remodelación!- dijo Harley cuando lo vio entrar.

-Ahá... muy bien.- musitó el vago sintiéndose abrumado por el exceso de palabras y el entusiasmo que la jefa ponía en ellas al hablar. Harley estaba de buen humor aquel día y Lucas estaba sintiéndose exhausto de nuevo.

-Hola, Lucas.- saludó Oswald colgando la nueva decoración sobre la pared pintada de lunas y estrellas doradas sobre un fondo oscuro.

-Hola.- respondió Lucas. -Te compraste otros zapatos... ¿eh?-

-Sip.-

-¿Qué le pasó a tu ojo? ¿Qué son esos vendajes en tu cabeza? No luces nada bien.- observó la mujer recargando su cara contra la de Lucas.
-Tienes fiebre. Siéntate, voy a traerte un té y medicina... ¡Oswald!-

-Déjalo, que ya tomé algo.-

-¿En verdad?-

-Te ves muy decaído.- dijo Oswald acercándose.

-¡Pero claro que está decaído! ¿No ves que lo han lastimado?- contestó Harley con obviedad.

-Era una observación.-

-Anda ya, observador. Ve a preparar té.- ordenó ella.

Sentó a Lucas y comenzó a revisarle los ojos, la boca y el pulso.

-¿Te atacaron?- preguntó con tono confidencial.

-Fue mi abuelo.-

-¡Ah! Eso.-

-Lo maté.-

Harley con los ojos desorbitados y la boca bien abierta era la viva imagen de la sorpresa.

 Su labio inferior tembló ligeramente.

El tintineo de las pulseras en su muñeca era constante y casi musical.

-Oh...oh, bueno. Finalmente. Siempre quisiste hacerlo. ¿Cómo está Ajax?-

-No...no está bien. Él está...no sé. Es que lo... lo maté frente a él...- tartamudeó como si estuviera confundido respecto a lo que había hecho.

-¿Es... es qué es en serio? ¡¿Cómo es posible que se te ocurriera...?!-

-¡Es que no se me ocurrió! Ajax llegó de pronto, y no pude...evitarlo...-

-Entonces ya sabe que tú eres...-

Lo que Lucas no entendía era como es que Harley lo sabía. Parecía haberse dado cuenta desde un principio de la naturaleza del vago. Y a él no le molestó. Pero nunca habían hablado de ello.
-¡Mi pobre Ajax! Debe estar tan triste...ha de estar sufriendo- continuó ella -¡Tienes que dejarme verlo!-

-No creo que haya tiempo.- dijo él negando con la cabeza. -Voy a llevármelo lejos. Estar aquí es muy peligroso. Están buscándolo a él también y...- y de pronto el dolor se tornó intolerable. Todo su cuerpo palpitaba y tenía la inminente sensación de que iba a transformarse.

En su boca el sabor pastoso y amargo de las hierbas que le había dado Bijou en el jugo.

-Está bien, Lucas, escucha... ¿Qué te ocurre? ¡Lucas! ¡¡Lucas!!-

El muchacho cayó de rodillas aullando de dolor. Todo se puso oscuro.






-Come algo, o tú también te pondrás débil y enfermo.- decía aquel hombre. Ajax estaba más bien incómodo bajo su cuidado.
Aún sin los lentes oscuros, los ojos de Bijou podían ser tremendamente duros y fríos.

Al niño le dio repeluz al sentirlo tan cerca cuando el hombre se aproximó y le tomó el rostro con aquellas manos suaves y frías sin siquiera preguntar.

Ajax se retiró, con una mirada de gato asustado, lo que a Bijou le hizo mucha gracia.
-Tranquilo. Sólo estoy tomando tu temperatura. - sonrió para si mismo, pues viendo de tan cerca al crío no le quedaba duda alguna de que en verdad Ajax no era más que un humano normal sin la naturaleza bestial en él como Lucas quería creer.

Estaba seguro de que el tratamiento que le habían dado a Alphonse cuando pequeño había terminado por disolver la herencia del licántropo en el último de sus hijos.

-Está bien.- lo soltó. -Es normal que estés impactado por los sucesos de ayer. Lo que viste no es algo... común. Aún así, aun que eres demasiado joven todavía, hay cosas que debes aprender a discernir. Me pregunto si escuchaste bien lo que conversaban tu abuelo y Lucas. Me pregunto si eres capaz de comprenderlo. Tu abuelo tal vez era una buena persona, pero hizo cosas reprobables. Lastimó mucho a Lucas. ¿Sabias? Ayer, Lucas se estaba defendiendo, y estaba también defendiendo tu vida. Es conveniente que comprendas eso, que entiendas lo que él ha hecho por ti. Hace tiempo tu abuelo envió a Lucas a un lugar horrible. Lo encerraron en un calabozo diminuto donde siempre estaba oscuro. Lo torturaron mucho... casi perdió la vida. ¿Has visto su cuerpo? Está lleno de cicatrices. Muchas de ellas, las peores, se las hicieron en ese lugar. Tiene una justo aquí...-

El hombre deslizó un dedo por el costado izquierdo del niño, que se estremeció y se alejó rápidamente, encogiéndose en el otro lado de la cama.

-...es una cicatriz muy larga. Era una herida que permanecía abierta todo el tiempo. Por ahí metían tubos y cables que conectaban a sus órganos internos. ¿Te imaginas lo que debió dolerle? Y pensar que él soportó eso en tu lugar. Eras tú quien debía ir a esa prisión. Pero enviaron a Lucas...todo para salvarte.
Y ayer tu abuelo iba a encerrarlo otra vez ahí, e iba enviarte a ti también. ¿Qué es esa mirada? ¿No me crees? Es verdad todo lo estoy contándote. ¿Por qué piensas que Lucas estaba peleando con él? Era por ti. Deberías estar agradecido de que tu abuelo está muerto. Seguramente ahora mismo se quema en el infierno por todo lo que hizo.
Y deberías agradecer también que Lucas sigue vivo, y que quiere cuidarte... No creo que te merezcas que pase tantos problemas por ti...por eso no le hagas sufrir demasiado, las cosas ya son de por si muy difíciles para él. No seas un mocoso egoísta.-

Ajax estaba pasmado.
Y el hombre gozaba secretamente con la confusión y el dolor que había en el rostro de Ajax.

El crío enrojeció. De vergüenza, de rabia, de dolor o lo que fuera. Era espantoso todo lo que aquel tipo decía.

Agachó la cabeza, con el mentón hundido en el pecho y sintió ganas de llorar.
No era cierto. No podía ser cierto nada de lo que le decía. Su abuelo era bueno, no lo abría enviado jamás a un lugar así de horrible, ni a él ni a Lucas. Es más, un lugar así no podía existir...y su abuelo no estaba en el infierno... Lucas era quien tenía la culpa porque era un asesino. Ajax tenía derecho a estar enojado con él...no era un mocoso egoísta...no era así. ¿O si?

El hombre sonreía lleno de satisfacción.
Y continuó.

-Si no quieres comer ahora, puedes darte un baño. Te sentirás mejor. Además, vas muy sucio. Estás batido en sangre.-

Ajax le aborreció tanto. Hablaba con indiferente frialdad, y se burlaba con su expresión de todo lo que el niño estaba sintiendo.

Era una persona horrible. Quería que se fuera. Que estuviera Lucas. De pronto extrañaba tanto a Lucas. Quería verlo. ¿En verdad había sufrido tanto? ¿Era en serio que él tenía la culpa de que a Lucas lo enviaran a ese lugar?
¿No lo odiaba Lucas por eso?
Era muy duro entender todo aquello. Nunca nadie le había explicado nada. Era un secreto para él.

Sintió que se ahogaba con aquel nudo de tristeza que tenía en la garganta.
-¿Qué pasa? ¿Te has quedado pensando en algo interesante?- preguntó acercándose de nuevo Bijou y mirándole como si estuviera en verdad preocupado.

-Te he dicho antes que ya revisé el agua y tiene buena temperatura. Puedes bañarte.- dijo más como una orden inapelable que como una invitación a hacerlo.
Ajax no opuso resistencia y entró al baño. Prefería estar solo. Lejos de Bijou.
Se despojó lentamente de la ropa y se metió bajo el chorro tibio de la ducha.
El agua cayendo sobre él se sintió de pronto como un agradable y liberador alivio.
Como si se desvaneciera el peso de todo. Y ahí bajo el consuelo del agua que se mezclaba con las lágrimas que ya no podía retener porque dolían demasiado, Ajax lloró en silencio con una amargura que no había conocido antes.






Mientras el niño se bañaba, Bijou salió a la pequeña terraza al final del pasillo, que daba una vista preciosa de la rivera del río. Se sentó sobre la barandilla de madera, contemplando con un embeleso casi infantil la caída del sol reflejándose en el agua, haciendo gala de profundos tonos rojizos que destellaban en el río.

Una tibieza ligera e invisible flotaba en el ambiente. Era una tarde bellamente armoniosa.

No lo sintió llegar hasta que una mano temblorosa le tocó el hombro.
Al volverse Lucas cayó en sus brazos, empapado en sangre que no era suya y con la pequeña maleta de Ajax todavía con él.
Estaba pálido y agitado. Pero aunque estaba débil y lucía extenuado su voz permanecía serena y su expresión era suave y tranquila.

-Lucas...- Bijou lo ayudó a sentarse.

-Los maté, Bijou.- susurró

-¿A quienes?- preguntó el hombre con la misma pasividad.

-A Harley, y a Oswald.-

-Ah, esa mujer pelirroja...y el empleado- sonrió

-Estaba...mareado...dolía mucho... y cuando desperté...ellos...los había matado.- levantó sus manos tintas en sangre.

-Había sangre por todas partes... las paredes que habían pintado...se mancharon...no pude...y... te lo dije...que no puedo controlarme...si no me das esa porquería para fumar...-

Su calma se rompió en un sollozo y las lágrimas se unieron a la sangre en una interminable torrente que lo manchaba todo. Incluso la camisa blanca de Bijou cuando éste abrazó al vago, mientras acariciaba con ternura su cabeza.

-Estoy tan cansado de todo esto.- gimió -Lo siento.... Lo siento...-

-Tranquilo. Déjalo estar. Ya pasó.-

-Estoy cansado...-

-Lo sé, lo sé...- lo reclinó sobre su pecho y lo arrulló suavemente. La herida de Lucas estaba sangrando de nuevo, pero no era muy grave.

-Tendrás que irte hoy mismo. No te preocupes, lo prepararé todo, me encargaré. Descansa un poco...-

Y al sentirse consolado, Lucas lloró larga y amargamente, exhausto, bajo la radiante luz del  ángelus.









El lobo se estremeció. Su pelaje amarillo estaba mojado en algo tan frío que le penetraba hasta la piel y le hacia doler los huesos.
Abrió despacio los ojos y notó los gruesos grilletes y cadenas que le sujetaban por las piernas, los brazos y el cuello. Trató de liberarse, pero le era difícil moverse. Sus movimientos tenían una inusual torpeza.
Entonces, contra la luz incandescente que le caía violentamente sobre los ojos, distinguió la silueta de un hombre. Bijou. 
Aunque el monstruo no supo su nombre.

-Buenas noches, Pablo.- saludó aquel hombre de impecable y elegante porte, traje negro y lentes oscuros. -Lamento si estas incómodo. No debes preocuparte, eso pasará pronto.-

-¿Quién...quién eres tú?- barbotó la desorientada bestia.

-Eso no importa ahora.- respondió el hombre esbozando una sonrisa.

Pablo pudo observar mejor su rostro cuando aquel sujeto se alejó de la luz directa.
Distinguió en él una expresión feroz y un inusual brillo que fulguraba en sus ojos a través de las gafas oscuras, y aquellos rasgos le hicieron sentir el peligro.

Bufó y se agitó en un nuevo intento de liberarse, pero una vez más fue inútil. Se había debilitado mucho y aquellas cadenas estaban forjadas en un material que él no podía romper.

-¡No voy a decirte nada, humano idiota! Los secretos de los míos están a salvo conmigo.-

-Ten calma. Eso no lo dudo. Pero no es necesario que me digas nada. Fuiste traído aquí no con fines informativos o propósitos de investigación. Tu utilidad consiste en algo más...vital.- habló Bijou. El lobo soltó un par de dentelladas hacia él, pero no pudo alcanzarlo.

-Eso no te servirá ya.- el hombre continuó acercándose y por alguna extraña razón, ese que no era más que un simple humano, le inspiró verdadero y palpable temor.

Pero pronto lo comprendió. No era nada más un humano.

-¿Qué eres tú?... ¿Qué...haces? ¡¿Qué estás haciendo?!-

-Voy a comerte, Pablo.-





Aquel había sido el alto precio que había pagado por liberar a Lucas.
El cuerpo de Bijou había sido utilizado en algunos de los experimentos de Cheryl Thompson, en los laboratorios de House of Sound, y como resultado le habían convertido en un monstruo también. Un monstruo devora-monstruos.
Bijou salió de las mazmorras luego de haber satisfecho su apetito.
Se acomodó la corbata y se sacudió el traje. Su secretaria, una mujercita de rostro dulce, le esperaba afuera, con la agenda de pendientes en las manos.
-Señor LeClair... se ensució un poco.- indicó tímidamente. -En la mejilla...tome mi pañuelo.-

-Te lo agradezco.- sonrió él, limpiándose con delicadeza.

-Di...discúlpeme... ¿Puedo preguntar?-

-Dime.-

-¿Qué se siente comer monstruos?... ¿Saben bien?-

-Es un gusto adquirido, preciosa... ¿Me dirás si tengo trabajo para esta noche?.-

-Ah...si...-

Bijou se preparaba para una larga noche de trabajo, y mientras tanto Lucas se disponía a partir.

Como Bijou lo había propuesto, esa misma noche el vago y el crío dejaban la ciudad.
Había sido una partida apresurada. Debía ser cuanto antes, así que les consiguió boletos para el primer autobús que saliera de la ciudad esa noche.
Ajax no deseaba irse, claro, pero tampoco había protestado o se había resistido De todas formas ya no tenía ningún lugar a donde pudiera volver.
No había nada para él.
Bueno. Estaba Lucas claro. Lo que ciertamente no era garantía de nada. Y aún dudaba de si el vago estaba resentido con él y si al final terminaría matándolo también...y de todas maneras aún no lo perdonaba por lo que había hecho a su abuelo.
No tenía nada más que su odio y su temor hacia Lucas.
Sintió que los ojos le ardían por todo lo que había llorado.
Miró una última vez por la ventanilla del autobús.
Las gotas de lluvia se agolpaban contra el cristal. El autobús estaba a punto de salir. Se estremeció.

-¿Tienes frío?- preguntó Lucas que aparecía por el pasillo y que se estiró para correr la cortinilla de la ventana.
-Nhh...toma.- el vago había ido a comprar algo de comida para el viaje. Le pasó una lata de chocolate caliente a Ajax y luego sentó la bolsa de papel con la comida en el asiento, en medio de los dos.

Lucas se acomodó pesadamente y estiró las piernas.

Estaba demasiado cansado ya como para que le importara cualquier cosa.

Estaba sencillamente harto. Sobre todo de si mismo.

E impulsado por un arrebato de ansiedad, comenzó:

-Escucha, Ajax...-
pensaba que igual algún día tendría que decírselo y de todas maneras le iba a odiar más. Siendo así, decidió que ya no le importaba, y que tenía ganas de ser él mismo el que provocara intencionalmente todo el desprecio que Ajax le pudiera tener.

-Harley...-

Pero al decir el nombre de la pelirroja desistió. Supo que no tenía fuerzas para confesar aquel último crimen. Y que realmente no quería cargar con el resentimiento de Ajax.
-Ella... dijo... que iba a extrañarte y que esperaba volver a verte pronto.-

En que repugnante mentiroso se había convertido diciendo una estupidez como aquella. Pero ya nada importaba. Y su amiga pelirroja, la que comprendía todo sin tener que decirle nada estaba muerta. Y despedazada. Pero no querría que Ajax sufriera todavía más por su muerte.

En silencio el vago le pidió perdón. Y también a Oswald.

Ajax pensó en Harley y se sintió algo consolado. Le hubiera gustado despedirse de ella.
No era del todo verdad que no quedaba nada para él. Al menos quería creer eso y sentirse un poco más contento.

Hubiera llorado. Pudo sentir las lágrimas bordeando sus ojos, pero al girar la vista hacia el otro lado vio ahí a Lucas, masticando una empanada.
Y a pesar de todo volvió a sentir una cálida sensación de afecto por esa salvaje y triste criatura que había sufrido muchísimo más que él.
-¿Qué?- preguntó el vago con la boca llena al sentirse observado.
El crío se encogió de hombros.
-Nh. Ajax, dime... ¿Alguna vez vas a volver a hablarme?-
Ajax abrió la boca pero no emitió sonido. Miró hacia el techo.
-Mmm., vale. Da igual si no quieres hablar.- contestó cortante y continuó comiendo sin darse cuenta que su ropa se estaba llenando de migajas.
El autobús comenzó a moverse. Las luces se apagaron y muchos pasajeros se alistaron para dormir durante el viaje.
Ajax también. Se acurrucó junto a la bolsa de comida que despedía un aroma delicioso. La lata de chocolate aún viajaba en sus manos.
Y el pequeño silbato metálico tintineó una ultima vez, oculto entre sus ropas.
Estaba casi dormido cuando sintió la bolsa moverse.
Lucas la quitaba despacio para permitir que el niño se recargara sobre él.
Ambos estaban demasiado cansados como para que algo más que aquel agradable contacto importara, y se quedaron dormidos enseguida, apaciguaos por la tibieza del cuerpo del otro, y con el suave oscilar del autobús sobre la carretera, adentrándose cada vez más en una eterna y dulce noche que era misteriosa.

lunes, 25 de junio de 2012

11.- Refrescante. Como un ángel.



Era  tan  refrescante. La  agridulce  limonada  aminoró  esa  intolerable  sed  que  sentía.

Para  el  desayuno  Lucas  había  pedido  únicamente  un  vaso  grande  de  limonada. No  tenía  apetito  y  ni siquiera  soportaba  la  idea  de  probar  bocado.
A  aquella  hora  en  el  bonito  y  acogedor  comedor  del  hostal  "La  Barraca"  no  había  nadie  más  aparte  de  Bijou  y  él.
Era  temprano  todavía. El  sol  matinal  no  se  posaba  aún  sobre  las  frías  paredes  enlosadas  del  edificio, aunque  su  claridad  ya  se  colaba  por  las  calles, disipando  la  neblina.
A  Lucas  le  llegó  el  aroma  de  la  comida que  comenzaba  a  ser  preparada  en  la  cocina. Frunció  la  nariz  con  asco  ante  el  penetrante  olor  de  los  huevos  y  la  carne.
Maldiciendo  su  buen  sentido  del  olfato  se  volvió  hacia  el  ventanal  que  completamente  abierto  dejaba  pasar  la  agradable  y  limpia  brisa  de  la  mañana  a través   de  las  cortinas.
También  le  llegó  el  efluvio  húmedo  del  río. El  sonido  dulce  de  los  pájaros  y  otras  criaturas  moviéndose  en  las  arboledas. El  mismo  río  que  corría  suavemente  y  se  alejaba  hacia  algún  lugar  remoto  y  desconocido.
Tantas  sensaciones  le  dieron  al  vago  una  desesperada  ansiedad  de  libertad.
Odiaba  estar  encerrado. Tuvo  la  repentina  idea  de  salir  y  correr  a  donde  fuera. Huir, dejando  atrás  el   frustrante  mundo  humano, hundiéndose  en  la  fresca  frondosidad  de  los bosques  circundantes  y  perderse  hasta  saciar  su  primitivo  impulso.
Pero ¿A donde  iba  a  ir, si  Ajax  estaba ahí mismo?
El  niño  dormía  aún  en  la  habitación.
Todavía seguía  sin  dirigirle  palabra  alguna y estaba  como  ido.
La  noche  anterior  había  logrado  que  el  crío  bajase  del  auto  y  entrara  a  la  habitación en  el  hostal.
El  niño  entró, se  acurrucó  a  los  pies  del  sillón  y  se  quedó  ahí  totalmente  ausente  y mudo.
Sólo  se  movió  cuando  Bijou  le   hizo  levantarse  para  revisar que  no  estuviera  herido. Pero  además  del  shock  emocional  y  de  los  moretones  que  el  mismo  Bijou  le  había  causado  al  sujetarlo  tan  fuerte, le  pareció  que estaba  bien.
Aunque  le  advirtió  a  Lucas  que  tal vez  pasaría  un  largo  tiempo  antes de que  el  crío  se  recobrara  del  todo, o  que  quizás....quizás  simplemente  no  se  recuperaría  jamás.
-¿Estás  seguro  de  que  no quieres  comer  nada? Necesitas  recuperar  fuerzas, Lucas.-
-No  quiero, siento  asco.- alejó  repetidamente  la  tostada  con  mantequilla  que  el  hombre  le  ofrecía.
-De acuerdo. Tal vez  más  tarde. También  habrá  que  llevarle  algo  al  pequeño. ¿Qué  le  gusta  para  desayunar?- preguntó  el  hombre  con  su  habitual  tranquilidad, estudiando  el  contenido  del  menú.
Al  apartar  los  ojos  de  él  para  observar  a  Lucas  se  encontró  con  una inexplicable  mirada  de  acritud.
-¡No  sé  que  le  guste! ¿Por qué no  le preguntas tú? Tal vez  contigo  si  quiera  hablar.- farfulló.
-Eso  lo  dudo, pero ¿Qué  te ocurre? ¿Ahora estás  molesto  conmigo? ¿Hice  algo  que  te  enojara?-
-¡No! Es  lo  que  no  hiciste. Te  pedí  específicamente  que  no  lo  dejaras  entras  a  la  casa   mientras  yo  estaba  ahí  con  el  viejo. Tenías  que  sacarlo  de  ahí. ¡Tenías  que  evitar  que  me viera!-
-De  modo  que  me  responsabilizas-
-¡Vamos! No  es  como  que  crea  que  no  pudiste  detener  a  un  niño, Bijou.-
Las  cejas  del  hombre  se  arquearon  sobre  sus  ojos  verdes  y  sus  labios  de  estiraron  en una  descarada  sonrisa.
-¿Piensas  que  lo  hice  deliberadamente?-
-...no- Lucas  pareció  tranquilizarse. Se  echó  sobre  el  respaldo  de  la  silla  con  la  mano  derecha  sobre  el  brazo  lastimado  y  su  atención  nuevamente  escapando  por  la  ventana.
-Ya  sé  que  no  es  culpa  tuya. Soy  yo  quien  lo  ha  hecho  mal  todo  desde  un  principio.- explicó  con  voz  ausente. -Lo...siento.-

-No  te  disculpes.- Bijou  volvió  a  sonreír  con  un  gesto  sombrío -A  decir  verdad, me  siento  celoso  de  tu  precioso  hermanito. Acepto  que  me  gustaría  que  me  prestaras  atención  sólo  a  mí. Aún  así, entiendo  lo  importante  que  es  para  ti. Es  tu...familia.-

-Así  es.- contestó  con  un  aire  de  tristeza. Y  de  pronto  comenzó  a  sentirse  peor  al  percibir  el  olor  del  tocino  sobre  la  plancha. Era  en  verdad  repulsivo  el  tufo  de  la  grasa  de  cerdo  cocinándose. Eso  aunado  a  la  creciente  llamada  del  bosque  le  hizo  sentir  horrendas nauseas.

-¿Cuándo  vas  a  perdonarme?- se repetía  en  silencio  pensando  en  el  niño  -¿Qué  puedo  hacer  para que  seas  feliz  otra vez?-
Se  atormentaba  por  dentro. Y  el  malestar  crecía.

-Me...me  siento  mal, Bijou.- jadeó  apoyando  la  cabeza  sobre  la  mesa. Gotas  gruesas  de  sudor  perlaron  su  rostro  a pesar de  la  fresca  humedad  de  la  mañana.
-Ne...ce...sito  un  porro... por favor- expresó  en  voz  muy  baja.

-No  tengo  para darte  en  este  momento-
-Entonces  dame  un  tranquilizante  o  algo...no  soporto  más.-

Levantó  la  vista  y  sus  ojos  oscuros dejaron  ver  el  destello  de  la  furia  contenida.

-Ah, es  suficiente. Volvamos  a  la habitación. Necesitas  descansar.- ordenó  Bijou, ayudándole  a  levantarse.






Entraron  en  silencio. Ajax  seguía  durmiendo  en  la  cama.
Lucas  se  quedó  absorto  mirándole. Se  sentía  lleno de  ansiedad. De  una  tristeza  demasiado  profunda. Y  tuvo  por  un  momento  la  sensación  de  que  había  adoptado  sin  darse  cuenta  su  forma  de  lobo. Pero  fue  sólo una  idea. Seguía  siendo  humano.
Iba  a  deslizar  su  mano  por  la  tersa  mejilla  de  su  hermanito, pero  la  voz de  Bijou lo  detuvo.

-Deberías  dejarle  dormir  un  poco  más. Ven  conmigo... en  el  baño, Lucas.- indicó  el  hombre.

Se  aseguró  de  cerrar  bien  la  puerta  cuando  Lucas  hubo  entrado  y  comenzó  a  revolver  las  cosas  dentro  de  su  maletín.

-Pienso...que  ya  sería  tiempo  de  que  intentaras  controlarte  un  poco  más  por  ti  mismo. Las  sustancias  que  te  doy  son  sólo  un  apoyo, no  una  solución.-

Lucas  estaba  agitado, se  estremeció  convulsivamente  y  terminó  por  sentarse  en  un  rincón.

-Eso  no  puedo  hacerlo.- seguía  sudando  copiosamente. -No  puedo... tengo...miedo   de  transformarme  cuando  no  he  fumado  lo  suficiente.- jadeó. -Mi  mente  se... se  nubla...desaparezco...- parecía  que  ahora  era  él  el  niño. Uno muy  asustado  y desprotegido.
-Tú  no  entiendes  nada  el   miedo  que  tengo  de  desaparecer  cuando  me  convierto  en  esa  bestia...y   no  puedo  contenerla...Pienso que...si  le  diera  la  oportunidad  de  salir   de  mi  control...pienso  que  ya  nunca volvería  a  ser  como  ahora.-

Terminó  de  decir  con  una  voz  lenta  y  calmada  y  la  mirada  fija  en  el  espacio, como  si  acabara  de leer  su  sentencia  en  un  libro  invisible.

La  compasión  asomó  a  los  ojos  esmeralda  de  Bijou, pero  su  sonrisa  era  dura, casi  burlona.

-Está  bien. Haz  lo  que  te plazca. Yo  te  ayudaré  a  mantener  a  raya  a  esa  bestia  indomable.- dijo  besándole  el  cuello.

Luego  se  sentó  junto  a  él  y  le rodeó  con  un  brazo.

-Lo  único  que  tengo  para  darte  en  este  momento  es  un  sedante. Extiende  el brazo.-

Lucas  obedeció  como un  autómata.

Una  repentina  sensación  de  bienestar  entró  por  su  brazo  y  se  extendió  rápidamente  al resto  del cuerpo.

-Ahora  descansa. Debo  ir  a  ocuparme  de  mi  trabajo  unas  horas, te  prepararé más  cigarros.-

-Si.- el  vago se abrazó  a  él. Era  siempre   tan  agradable  aquel  cuerpo  firme  de  piel  perfumada. Eran  deliciosos los susurros  de  Bijou en sus oídos. Y  la  forma  en  que  le  besaba, siempre  voraz  y  profundamente, siempre  con  la  ansiedad y  el  deseo que ambos tenían,  eternamente  necesitados. Si  no  le  hubiera   estado  doliendo  todo  le  hubiera  pedido  a  Bijou  que  se  lo  hiciera ahí  mismo. Pero  debió  contenerse.
Salió  del  baño  dando  tumbos, adormilado  y  se  tiró  sobre  la  alfombra, donde  había  dormido  la  noche  anterior, con  la  cabeza  apoyada sobre  un  zapato.

-¿Me  harás  caso? ¿Descansarás?-

-Por  supuesto.-

-¿Por qué  sonríes, Lucas?-

El  vago  giró  la cabeza  hacia  la  cama.

-Cuando él  despierte  yo  estaré aquí. Sabrá  que  me  quedaré, que  no  volveré  a  irme...de  su  lado.-

-Oh...en verdad. Que  hermosas estupideces  te  hace  decir  el  medicamento. Duerme.-

Soltó  Bijou con  una  expresión  áspera antes  de  salir  de  la  habitación, mientras  el  vago  se  quedaba  dormido  aspirando  el  aire  impregnado  de las  fragancias el  río   que  se  colaba  por  las ventanas. Era tan refrescante.






Era  como  un  ángel. No  es  que  Bijou lo  pensara  así, pero  era  básicamente  éso  para  Lucas. Un  ángel  guardián.

Sin  él, el  joven  lobo  no  abría  podido  escaparse  del  laboratorio  subterráneo, ni abría  podido  evadir  a  los  cazadores  por  tanto  tiempo. Y  sencillamente  tal vez  de  no  ser  por  él, Lucas  abría muerto mucho  tiempo atrás.

El  vago  estaba  conciente  de  ello, sabía  bien  cuanto  le  debía.

Sin embargo  Bijou nunca  lo  mencionaba. Lo  ayudaba  porque  quería  hacerlo, no  por que  esperara compensación alguna.

Estaba  el  sexo, claro, pero  eso  era  algo  que  Lucas  siempre  le  había  ofrecido  voluntariamente  y  que  disfrutaba  tanto  como  él.

En  realidad, si  había  algo  que Bijou  pidió  desde un principio. Algo que  dejaba  claro  que él  no lo  quería  sólo  como  compañía  en  la cama. Él  lo  quería  todo.

Quería  que  Lucas  aceptara  casarse  con  él  e  irse  a  vivir  tranquilamente  a  algún  lugar  bonito  donde  todas aquellas  cacerías  no  pudieran  alcanzarlos.

Quizás  en  algún  pacífico   pueblito de  las  montañas rocosas  de Canadá, o  en el  corazón de India, perdidos  en  la  exuberancia  selvática.

Era  algo que  deseaba  en  verdad. Pero  él  no  pretendía   obligar  a  nadie  a  hacer  nada. Si Lucas  venía  con  él  debía  ser  porque  el  joven así  lo  quería.

En  cualquier forma, por  el momento  el  asunto  quedaba  fuera  de  discusión. Con  el  hermanito  de  por medio  no  podía  hacer  nada  más  que  seguir  siendo  monstruosamente  paciente.

Bijou  cruzó  el  lobby  del  enorme edificio  en  el  que  House  of  Sound  ubicaba  sus oficinas  y  entró   al elevador  justo  antes  de  que  las  puertas  se  cerraran.

-Buenos  días, LeClair.- saludó un  viejo  abogado que trabajaba en el piso 15.

-Buenos  días, señor  Fog.- respondió  Bijou.

-No  le  había  visto  varios  días. ¿Tomó   vacaciones?-

-Me  ocupaba  de  asuntos  externos  de  la  compañía, señor.-

-¡Ah! Si, por supuesto, trabajando  siempre  en  el  crecimiento  de  la  compañía. Los  hombres  como  usted  son  los  que  crean  empresas  líderes. ¡Adelante, muchacho!- animó  el  anciano  agitando  un  puño  en  el  aire.

El  elevador  se  detuvo  en  el piso  13  y  una  joven  que estaba  en  la  parte  de  atrás  pasó  entre ellos  y  bajó, no  sin  antes  dedicarle  una  sonrisa  insinuante  a  Bijou.

-¡Ah! Y  vaya  una  niña  preciosa. Jejeje, veo  que además  tiene  atractivo  para las  mujeres, mi  joven  amigo.- rió   el  jocoso  anciano.

-Si. Es  casi una  pena  que  prefiera  a  los  hombres.-

Es  ascensor  de  detuvo  en  el piso  15. El  señor  Fog  ni  se  había dado  cuenta que  habían  llegado. Miraba  fijo  a  Bijou, con  los  ojos  saltados  y  una  risilla  nerviosa.

-Ah, mi  piso. Nos  vemos, LeClair.- dijo  todavía  entre risas  y  bajó.

A partir  del  piso 16   sólo podía acceder una limitada cantidad de personal autorizado.


Bijou  bajó  en  el  penúltimo.

Caminó   por  los  blancos  pasillos  de  piso  marmóreo  hasta  la  puerta  de  la  oficina.
El  despacho  estaba  parcialmente  iluminado  cuando  entró.

En  una  larga  mesa  de  caoba  estaban  los  que  eran  los  tres  directivos  de  House of Sound.

Una  mujer   de  rostro  ovalado  y  pequeño  e  inexpresivos  ojos  castaños, quien  era  la  directora  de  los  laboratorios. Su  apellido  era  Thompson.

A  la  izquierda  estaba  un  hombre  de  anteojos  y  nariz  gruesa, quien  estaba  al  mando  de  la  empresa  farmacéutica  que  servía  como  tapadera  a  la  verdadera  identidad  de  House  of Sound, conocido  como  Oberth, y  al  centro  se  encontraba Goddard, un  hombre  alto  de  tez  morena  y  facciones  duras, complementadas   con  una  mirada  penetrante, quien  era  la  cabeza  de  la  compañía.


-Buenas  tardes  señores, y señorita.- saludó  Bijou  con  aquel  aire  tan  fríamente  cordial.

-Tome  asiento, señor LeClair- indicó Goddard. -Le  esperábamos. Ahora  mismo  discutíamos  el  asunto  de  las  cifras  tan  altas  en  el  porcentaje  de  bajas  en  nuestra  unidad  de  cazadores.-

-Las  muertes  se  ha  incrementado  un  30%  en  los  últimos  meses.- observó  Oberth
-¿A  qué  se  debe? ¿Nuestros  hombres  no  están  bien  preparados  para  ir  al  campo  de  batalla?- sonrió  como  si  el  asunto  le  causara  mucha  gracia.-Explíquenos.-

-Al  contrario, señor  Oberth. Nuestros  agentes están  mejor  preparados  que  nunca  para  enfrentar  al enemigo.-

-¿Entonces  cómo  es  qué  escuadrones  enteros  son  reducidos  en  cuestión de  minutos  por  una  sola  de esas  bestias?.-

-Bueno, según  los  informes  en  todas  las  ocasiones  en  que  nuestros  agentes  fueron  eliminados  durante  las  cacerías  el  objetivo  era  una  constante. Cierto  tipo  de  licántropo, diferente  a  lo  que  estamos  acostumbrados  a  tratar.- los  directivos  le  miraron  con  interés. 

-Estas  bestias  son  más  fuertes...-sentenció -que  el  licántropo  promedio. Son  más  grandes  en  términos  de  volumen, con  un  mayor  poder  destructivo   y  una  resistencia  muy  superior. Poseen  habilidades  que  no   habíamos  vistos  en  otros. Y  además, curiosamente  todos  llevan  el pelaje  completamente  blanco. Es  su  rasgo  distintivo. No sabemos  si  se  consideran  una  raza  a parte, o  si  conforman  alguna  tribu. Tampoco  se  ha  localizado   a  ninguno es  su  estado  humano. Aparecen  de  improviso  y   desaparecen  del mismo  modo. Son  más  que  violentos  y   atacan  sin  distinción  a  humanos  y  licántropos. Así  que  no  podemos  determinar si  tienen  algún  objetivo  específico.-

-¿Se  tratará  de  una nueva  especie? ¿Una  mutación?- inquirió  Oberth  mirando  a  la  mujer, como  si  ella  por  ser  científica  tuviera  la  respuesta.

-¿Cómo   voy  a  saberlo? Hasta ahora  esos  estúpidos  agentes  de  la  división  de  cazadores no  han  podido  capturar  a  un  espécimen  para  examinarlo.- respondió  ella   frunciendo  el  ceño.

-Si  son   más  fuertes  habrá  que  preparar  mejor  a  nuestros  elementos. Encárguese, LeClair. Es  imprescindible  capturar  a  uno  de  estos  monstruos  blancos.-

-Por supuesto, señor Goddard.-

-Ahora. También  hay   otro  tema  que  me gustaría  discutir.- prosiguió  Thompson  mirando  con  seriedad  a  Bijou. -Acerca  del  asunto  del  ex -agente  Ramsley-

-Me  temo  que  las noticias  que  le  tengo  al  respecto  son  poco  gratificantes. El  señor  Sebastian Ramsley  está  muerto. Falleció  ayer  por  la  tarde  luego  de  que  un  licántropo  lo  atacara  en  su  residencia. Pueden  ver  por  ustedes mismos.- dijo  deslizando  hasta  ella   una carpeta  de  informes  con fotografías  de  la  escena  del  crimen.

-Ya  me  hice  cargo   de  la  limpieza  y el  cuerpo  fue  remitido  a  los  laboratorios  centrales.-

-Así  que  finalmente  está  muerto. Bueno, es  lo  que  se  quería  desde  hace  mucho  tiempo.- comentó  Oberth  cruzando  los  brazos.

-Ramsley  nos  llamó  la  misma  tarde  de  su  muerte.- intervino  Thompson. -Nos  informó  que  había  capturado  a  un  licántropo  fugitivo. Debe  ser  el  mismo  que  lo mató.- gruñó  la  mujer  mortificada. -Además  el  mismo  Ramsley  había  acordado  entregarse  y  entregarnos  a  su   nieto. Un   niño   que es  hijo de  uno  de  nuestros  experimentos. ¿Dónde  está  el  niño, LeClair?- preguntó   ella  con  voz  espesa.

-El   equipo  de  limpieza  no  encontró  a  ningún  niño  en la escena. Sólo  el  anciano, señorita  Thompson. Y  le  aseguro  que  la  casa  fue  revi...-

-¡Eso  no  puede  ser! Ramsley  nos  lo  confirmó  ese  mismo  día. Acordamos  que lo  entregaría. Ese  niño  puede  que  nos  lleve  a  un  gran  avance  del  experimento  que  se  comenzó  con  su  padre. Tiene  que  estar. ¡Encuéntralo, mal nacido!- gritó  Thompson  levantándose  repentinamente  y  golpeando  la  mesa  con  las  manos.

-Mantén  la  calma, Cheryl.- ordenó  Goddard.

-Bueno, si  el  niño  estaba  ahí  probablemente  escapó   atemorizado  al  ver  el  asesinato. ¿No  le  parece  una  idea  lógica? Le  aseguro  que  la  casa  fue  revisada  exhaustivamente. Se    hará  lo  posible  por   localizarlo, eso  si  usted puede  darme  señas  particulares  de  dicho  niño. Hay  un   millón  de  ellos  en  esta  ciudad, señorita  Thompson.-

-Eres...un  maldito  impertinente.- soltó  la  mujer  con  amargura. -No  soporto  el  tono de  voz  en  el  que me  hablas. ¿Tengo  que  recordarte  gracias  a  quien  estás  con  vida, estúpida  aberración  de   laboratorio?.-

-Por supuesto  que  no. Sé  bien  que  es  a  usted  a  quien  debo  lo  que soy  ahora, señorita  Thompson.- sonrió  con  frialdad.

-¡Encuentra  al  maldito  niño  y tráemelo! ¡Es  importante  para  mi  investigación!- volvió  a  gritar  mirando   a Bijou como  si  estuviera  lista  a  saltarle  encima.

-Es  suficiente, Cheryl.- volvió  a   hablar  Goddard. -Creo  que  el  señor  LeClair  entiende  cuan  importante  es  encontrar  a  ese  niño. Si  no  me  equivoco  su  padre  era  parte del  proyecto  de  la  cura  para  la  licantropía... Lo entiende. ¿Verdad, LeClair?-

-Absolutamente, señor  Goddard.-

-¿Qué  hay  del  licántropo  que  mató  a  Ramsley?-  arguyó  Oberth.

-No  lo hemos  localizado  aún. Hay un  grupo  de  cazadores  buscándolo, por supuesto.-

-Bien. Muy  bien, señor  Le Clair.- prosiguió  Goddard -Es  todo  por  ahora. Puede  retirarse. Manténganos  informados  de  todo  progreso.-

-Así  será, señor  Goddard. Con su  permiso.-

-No  confío  en  él.- Dijo  Thompson  una  vez  que  Bijou  se  hubo  ido.

-Que  te  desagrade  no  significa  que  no  sea  confiable. Le  considero  muy  eficiente.-Opuso  Oberth.

-Precisamente, ingenuo. Bijou Le Clair  es  muy   listo. No  es  alguien  a  quien   podamos  manejar  a  nuestro  gusto. Piensa  demasiado  por  si  mismo, me  da  la  impresión  de  que  podría  hacer  cualquier  cosa  a  nuestras  espaldas.- explicó  ella.

-Lo  mantendremos  vigilado. No   podemos  ocuparnos  de  todos  los  pequeños  detalles  en  este  momento. - sentenció  Goddard - Ahora. Respecto   a  lo  otro...-

-¿Los  monstruos  de  pelaje  blanco?-

-Así  es... Debemos  concentrarnos   en  la  captura  de  unos  de  esos  ejemplares  para  propósitos  de  estudio. Podría  tratarse  de  una  mutación  o  de  cualquier   otra  cosa. En  todo  caso, consultaré  con  los  oráculos.-

-De acuerdo.-




Sus  sueños  se  habían  corrompido  en  grotescas  pesadillas. Sobre  su  abuelo, por supuesto, y  sobre  su  muerte.
Ajax  se  veía  a  si  mismo  de  pie  frente  al  cadáver. Lo  observaba  con  detenimiento, con  una  extraña  curiosidad. Nunca  hubiera  imaginado  que un  cuerpo  destrozado  pudiera  verse  así, ni  que  fuera  de  un  color  tan  oscuro  la  sangre. Tanta  y  tanta sangre   llenándolo  todo.

El  horror   consistía  en que  pudiera  estar  mirándole  tan  tranquilamente, hasta  que  cayó en  cuenta  de  que  ese  cadáver  horrible  y  deshecho  había  sido  alguien  a  quien  amaba.

Se  paralizó  de  terror. Una  y  otra  vez  el  recuerdo  de su  muerte. Sus  últimos  y  angustiantes  momentos. Ajax  lloraba. Y  el  dolor  crecía  y  crecía.

La  voz  de  su  abuelo  diciéndole  que  escapara, las  últimas  palabras  que  le  había   dicho y  los  gruñidos  del  monstruo  mientras lo  mataba  eran sonidos  que  se  mezclaban  y  resonaban  tan  alto  en  los  odios  de   Ajax  que  lo  ensordecía.
Luego  se  sintió  que  en  medio  de la  oscuridad  era  perseguido  por  la bestia  que  repetía  su   nombre.

Y  de  pronto  todo  se  aclaró, y  por  un  breve momento, antes  de  abrir  los  ojos, vio  a su  abuelo  y  los  días  felices   que  había  pasado  con  él. Y  esos  recuerdos  tan  dulces  le  hicieron  sentir  más  que  nunca  el  peso  de la  soledad. Su  abuelo  ya  no  estaba. Ni  estaría  nunca  más  en  ninguna  parte.

Terminó  de  despertar. El  sol   le  daba  en  el  rostro. Se  sintió  inusualmente  cansado, como  si  no  hubiera  dormido  nada, y  el  cuerpo  le  parecía  demasiado  pesado.
La  luz tan  intensa  del  día, la  ventana  resplandeciente ,la  brisa fresca  y  veraniega  y  el  murmullo  del  mundo  exterior  hacían  una  atmósfera  reconfortante  que  hacia  parecer  todo  lo  aterrador  que  había  vivido   como  un  recuerdo  recortado  de  un  pesadilla.

Pero  la  sensación  desapareció  pronto. Todo   era  tan  intensamente  real  que  sintió  que algo  enorme  crecía  dentro de  su  pecho   y  le  dolía cuando  respiraba.
Ajax  se  arremolinó  entre  las sábanas, cubriéndose  hasta  la  cabeza. Realmente  no  tenía  ganas  de  despertar.

En  algún  lugar  de  la  habitación se  escuchaba  una respiración suave  y  silbante. Se  preguntó  de  pronto  que  lugar  sería  aquel  y  como  había  llegado hasta ahí.

No  se  acordaba  realmente  de  mucho. Salvo  de  su  abuelo  y  el  monstruo. Y dolor.
El  crío  se  movió  despacio  entre  las  mantas  hacia  la  orilla  de  la  cama  que  daba a  la  ventana, y  ahí, en  el piso, sobre  la  alfombra  estaba  Lucas, que  dormía.

Ajax  estuvo  un  largo  rato  mirándolo, sin  ningún  pensamiento  en  especial.
Sintió  que  lo  llenaba  el  afecto  por  él, como  si  ese  raro  muchacho  fuera  inocente de todo.

Pero no. Lucas  era  el  monstruo  que  le  había  quitado  a su  abuelo. El  monstruo  que  pronunciaba su  nombre  con  aquella  voz  áspera  y  antinatural.
Simple y  sencillamente  un  monstruo. Él  mismo  le  había  visto  cambiar  de  aquella  forma  aterradora  a la  del   Lucas que  conocía, su  hermano.
Y  al  pensar  en eso  el  dolor  volvía  y  se  hacia  más  fuerte, y  por  momentos  sentía  que  odiaba  al  vago  más  que  a  nada. Lucas  tenía  la  culpa  de  todo, era  un  monstruo, y  un  asesino, y  era... malo. Simplemente  era  malo  y  lo odiaba.
Ajax  soltó  un  suspiró  sofocado.
Es que todo  estaría bien  si  nunca  hubiera  conocido  a  Lucas. Su  abuelo  viviría. Y  él  no  se  sentiría  así. Aunque  no  entendía  exactamente  como.
Eran  demasiados  sentimientos  juntos. Dolor  y  rabia, especialmente. Un  enojo  silencioso  contra  todo. Contra  Lucas.
¿Por qué  no  estaba  muerto  el  vago  y  no  su  abuelo? ¿Por qué  dormía  tan  tranquilo  mientras  Ajax  sufría? Y ¿Por qué? ¿Por qué  aún  lo  quería?
Se  sintió  furioso  por  ello. Y  en verdad detestó  a  Lucas  y  a  todo  lo  que  era. Y  lo  pensó  de  pronto, que  nunca  lo  perdonaría.

En aquel  momento  Lucas  despertó. Todavía  adormilado  miró  con  su  único  ojo  la  ventana. Aquel  resplandor  blanco y  suave, el  movimiento  hipnótico  de  las  sedosas  cortinas  mecidas  por el viento, bueno, podía  ser  que  estuviera  alucinando  por  la  fiebre, pero  de  pronto  imaginó  que  aquella  luz  tan  agradable  era  como  un  ángel.