martes, 5 de julio de 2011

Capítulo 5.- Hora

Era hora. Cerca del amanecer, cuando el abuelo llamaba a la puerta de Ajax para despertarlo y que estuviera listo para ir al templo.
Luego de sus golpecitos suaves se quedó en silencio esperando respuesta. Hubo ruido y luego pesados pasos acercándose a la puerta. El anciano intuyó que algo estaba mal. La puerta se abrió despacio con un ligero rechinido.

-Sigue dormido.- dijo Lucas.

El viejo se paralizó. Las conexiones dentro de su cabeza se unieron muy lentamente y para cuando pudo reaccionar el muchacho ya caminaba rumbo al baño.

-Lu... ¿Lucas?... ¡Lucas!- gritó el anciano lanzándose sobre él y embistiéndolo contra la pared. Sus ojos ciegos no le hacían más torpe. Sabía bien como acomodar su antebrazo contra el cuello de Lucas de una manera que permitía con facilidad romperle la traquea si así lo quería. Pero se contuvo. Se limitó a únicamente ahogar al chico.

-¿Por qué regresaste? ¿Qué... qué hacías en el cuarto de Ajax?- la expresión del viejo se debatía entre la ira y la confusión. -Oh... no será que tú... ¡¿Le hiciste algo, mal nacido?! ¡¿Te atreviste a tocarlo?!- presionó aún más el cuello del vago.

-Bueno, define "tocarlo", por... ughhh.- el viejo lo golpeó tan fuerte en el estómago que terminó por derribarlo. Lucas tosió como si los intestinos y otros órganos fueran a salírsele.

-No finjas conmigo. Sé bien de lo que es capaz una corrupta y perversa bestia como tú.- se arrodilló junto a él. -Sé lo que le hacías al hermano de Ajax. No se lo harás también a él.- había rabia en su voz, como si él mismo fuera a convertirse en un monstruo. Las arrugas en su rostro se amontonaban una sobre otra creando formas grotescas. Jaló a Lucas por los hombros, como a un guiñapo. La cabeza del chico cayó hacia adelante, con el cabello cubriéndole el rostro.

-¿Qué le hacía yo a Seth?- dijo entre dientes. -¡Él era mi hermano también!- su voz se volcó en carcajadas. El anciano aturdido no tuvo tiempo de reaccionar, y cuando se dio cuenta era él quien estaba contra la pared con la mano de Lucas alrededor de su cuello. Lo levantaba del piso con una fuerza sobrehumana en sus delgados dedos, y en sus ojos destellaba una demencia casi diabólica.

El anciano debía sentirse afortunado de ser ciego y no poder ver directamente aquella mirada infernal.

Cuando estuvo el suficiente tiempo asfixiándose y su piel se había puesto rojiza y húmeda, el muchacho lo soltó con brusquedad dejándole caer al suelo.

-¿Qué te imaginas tú que soy?- le preguntó con una voz gutural y extraña.

-Yo jamás, ¡JAMÁS! dañaría a uno de los míos. Lo que tu sucia mente quiera imaginar no tiene nada que ver conmigo. Eres tú el perverso, viejo.... Apropósito, Ajax me ha invitado a quedarme. ¿Qué te parece?- preguntó encaminándose hacia el cuarto de baño.







El vago hundió su cabeza en el lavamanos. Luego miró en el espejo su rostro escurrido de agua. Se peinó los mechones de cabello hacia atrás mientras hacia nota mental de que debía bañarse a ser posible ese mismo día. Olfateó bajo sus brazos para comprobar que era necesario.

-No puedes quedarte, Lucas.- se escuchó desde el pasillo. Era el abuelo, quien ya no estaba dando una orden sino más bien, suplicando.

-Por favor. Márchate.-

-Si voy a irme, viejo. Que yo tenga que estar aquí me molesta tanto como a ti. Pero antes... voy a asegurarme de destruirte. Voy a quitarte lo más valioso que tienes. ¿Qué te parece? ¿Eh?¿Es suficiente dolor para ti? Voy a hacer que te pudras en la soledad y la desesperación. Es lo justo. Así que cuando yo me vaya... Ajax se irá conmigo.-

-¿Vas a llevártelo sólo por eso? ¿Por tu venganza? Piensa bien en lo que haces. Tú sólo quieres a Ajax para vengarte de mí. ¿Es justo para él? No seas absurdo, muchacho.-

Lucas abrió la puerta del baño y se encontró frente a frente con el viejo.

- Oh, tú no puedes hablar de justicia. No sabes nada sobre eso. Voy a quedarme con el chico para poder verte sufrir. Porque tu cariño por él va a destruirte si él se va. Ajax es mi venganza... pero también es mi familia. Y estará mejor conmigo.-

El vago se alejó por el pasillo rumbo a la estancia. Tenía ganas de ver televisión.

-Lucas. Me temo que vas a arrepentirte mucho si no te vas ahora mismo.-
Fue caso omiso a la advertencia.





Ajax apareció varias horas después. Se había quedado dormido hasta tarde.
-¿Dónde está mi abuelo?-

-¿Nh? Ah... Quien sabe- respondió Lucas sin perder detalle de la paella que estaban preparando en el programa de cocina del medio día.

El niño tomó asiento junto a Lucas. Quería evitar verle de frente o no podría ocultar esa carita de exaltada alegría que le brotaba por tener al vicioso bueno para nada en la casa. Se sentía tan contento que haría algo muy bueno para desayunar.

Pero mientras Ajax pensaba todo eso dentro de su cabeza, Lucas lo veía muy quieto y callado. Más que normalmente, y creyó conveniente prestarle un poco más de atención que a la televisión, para que el crío dejara de preocuparse por si su abuelo andaba por ahí o no.

-Tengo hambre... err... voy a salir a comer algo. ¿Vienes?-

-¿A la calle?-

-Si. ¿O que creías?-

El niño se encogió de hombros.








No era exactamente lo que Ajax habría esperado. Aquello no parecía un restaurante ni algo remotamente similar. Era una tienda de algún tipo, claro, pero definitivamente no de comida.

El lugar estaba polvoso y descuidado, y olía raro. Sin embargo no cuestionó nada y se limitó a seguir al vago.

Entraron y se acercaron al mostrador. Había ahí una anciana tan delgada y pequeña que parecía un fantasmita flotando sobre el suelo con su largo vestido de encaje. Era casi de la altura de Ajax y tenía que estirarse para alcanzar el escritorio.

La encargada, una mujer pelirroja le entregó un paquete que la anciana tomó con toda la lentitud de sus temblorosas manos, luego puso un montón de monedas sobre el cristal del mostrador y se giró. Antes de irse le dedicó al niño una sonrisa pálida y arrugada, y luego por fin salió, haciendo sonar las campanillas de la puerta al cerrar
.
-¿Qué necesitas, lindura?- le habló la pelirroja al crío, quien seguía mirando hacia la salida.

-Viene conmigo- habló Lucas pasando bajo el mostrador.

-Ah. Tú. Bueno, y ¿Quién es?-

-Mi medio hermano.-

Ajax volteó a verlo, desconcertado.

-Ah, si. No te había dicho ¿Verdad? Por si no sabías, tienes un medio hermano. ¿O cómo creías que el vejete ese es también mi abuelo?- respondió el vago entrando a la habitación de atrás, desde donde provenía un delicado y exquisito aroma a pescado asado.

¿Por qué no se lo había dicho antes? ¿Por que lo decía como si no le importara? ¿Por qué no se había enterado antes que tenía un medio hermano?
Ajax no alcanzaba a comprender y se sintió de pronto totalmente solo en el mundo.

-Qué manera de decirle las cosas a un niño- reprendió la pelirroja, luego mostró con sus finos labios carmín una extensa y amable sonrisa al niño, quien seguía perplejo.

-Ven, encanto.- le indicó la mujer para que pasara bajo el mostrador, como había hecho Lucas antes.

Cuando estuvo del otro lado le hizo sentarse en una caja de madera y ella se puso de cuclillas frente a él.

-¿Cómo te llamas?-

El crío no sentía ánimos de contestar preguntas. Era él quien quería respuestas.

-Ajax.- contestó

-Yo soy Harley Elizabeth.- la pelirroja tomó su mano con mucha emoción. Parecía verdaderamente contenta de conocerlo. -¡Dios! Que niño tan bonito. ¿Algún día me lo obsequiaras, Lucas?-

-¿Eh?- el vago estaba demasiado concentrado en probar el pescado asado como para poner atención a lo que le decían.

La mujer le guiñó un ojo al crío. -Es broma.- le susurró. Claro que Ajax ya sabía que era broma.

-¿Y Oswald?- Lucas reapareció, hablando con la boca llena de comida y pasándole un plato con un poco de pescado, arroz y verduras al niño.
La mirada de Ajax se clavaba en él de una forma suplicante, por lo que Lucas decidió no mirarlo de frente .

-Oswald... es su día libre.- respondió Harley.

-¿Ya me darás trabajo?-

-Dime. ¿Has probado preguntar eso en otro lado además de éste?-

-Necesito dinero. Hace cuatro días que no me fumo nada.- en sus ojos un momentáneo brillo de desquicio se mostró.

La pelirroja ignoró su último comentario porque tenía mucho más interés en Ajax.

-¿Siempre eres tan callado?-

-Es tímido- contestó Lucas

-Mmmm... ¡Oh!¡Ya sé! ¡Ya sé! Tengo un montón de cosas lindas en la bodega. Te dejaré escoger lo que tú quieras. Es un obsequio.-

Harley cerró con llave la puerta de la entrada y luego los tres se dirigieron a la bodega en la parte posterior del edificio. Para llegar a ella había que caminar por un largo pasillo estrecho y oscuro, donde la pintura de las paredes se caía por tanta humedad.

El vago se echó en el piso mientras Ajax recorría el lugar en busca de algo, entre aquella colección de antigüedades, que le gustara.

-Entonces si volviste a la casa de tu abuelo. ¿Verdad?- preguntó la pelirroja, sentándose junto a Lucas.

-Si.-

-¿Y las cosas van bien?-

-Las cosas...van- suspiró rascándose la nuca.

-Bueno. Si tienes problemas, siempre puedes venir aquí. En especial si traes a ese encanto de niño contigo. Oh, vaya, creo que voy a enamorarme de él.- sonrió. A Lucas le dio igual. Miró el inservible reloj de caja en la pared. Las manecillas estaban dobladas y el péndulo caído. Aún así Lucas reaccionó como si hubiera visto la hora exacta en él. Movió sus dedos sobre su rodilla con impaciencia.

-¿Me prestarías el teléfono?-








Había elegido algo muy curioso. Una botellita diminuta de cristal, que contenía un líquido de un azul resplandeciente.

Al tacto la botella se sentía fría. Harley había dicho que esa cosa se llamaba Viento 38. Y Lucas pensó que podría haber elegido algo menos inútil. Pero Ajax estaba contento con su regalo.

-Hey... Ajax. ¿Te gustaría que fuéramos al parque?- preguntó el vago cuando se detuvieron frente al semáforo.

-Si.- forzó una sonrisa.

La luz del semáforo cambió y ellos continuaron caminando.

-Iba a decírtelo anoche. ¿Sabes? Lo de... ser medios hermanos. En verdad iba hacerlo, fue por eso que regresé. Pero había decidido esperar un poco más...- explicó Lucas con las manos en los bolsillos.

-Si. Está bien.-

-No sé si está bien. El hecho es... que eres lo único que tengo en el mundo. Así que no quiero que estés enojado conmigo ni nada. Eso me molesta mucho.-

-¡Pero no estoy enojado!- se apresuró a decir -En verdad. Yo no podría... no estoy enojado- sonrió, esta vez con sinceridad. En realidad había querido decir "Yo no podría enojarme contigo-" pero de haberlo dicho se habría apenado muchísimo. Y en realidad no estaba molesto. Confundido si. Y en parte aliviado, porque su parentesco con el vago explicaba porque le hacía tan feliz pasar el tiempo con él, y porque le agradaba más de lo que le agradaba normalmente el resto de las personas.

-¿Porqué... no vivías con nosotros?- preguntó el crío

-Err... bueno. Donde vives ahora nunca lo consideré mi casa. Yo tenía mi propio hogar, con mi mamá... pero ella ya está muerta.-

-Ah.- Ajax pensó en que aquel muchacho era en verdad como un animalito abandonado. Y de pronto se sintió como él.

-Y...¿mi mamá? ¿mi papá? ¿mi hermano?-

-Bueno ellos... también están muertos.- se sintió incómodo al decirlo.
Por un instante se imaginó que Ajax iba a llorar o algo parecido. Pero el niño no pareció reaccionar demasiado a la noticia. Aunque en su interior le estaba doliendo mucho.

Llegaron al parque, con una nube de pesado silencio sobre ellos.

Había unos niños cerca de la caja de arena. Eran conocidos de Ajax.

-Ve a jugar con ellos si quieres. Aquí te espero.-

El crío, más porque se lo habían dicho que porque quisiera fue hacia el grupo de niños y se integró al juego.

Lucas se sentó en uno de los columpios a observarlo. Corría entre los otros niños. Y parecía que había comenzado a disfrutarlo porque se estaba riendo. Lucas ,que nunca lo había visto reír, tuvo una agradable sensación de bienestar. Después de todo era su hermano.

Suspiró.

-No va a ser tan fácil como pensé.- se habló a si mismo.

-¿Qué es lo que no va a ser fácil?- cuestionó una voz detrás de él.

El vago giró la cabeza sobre su espalda.

-Ah. Bijou.-

Era un hombre impecablemente vestido con un traje negro, anteojos oscuros y un sombrero bajo el que asomaba su cabello negro y bien peinado.

Se acercó con su paso elegante y se sentó en el otro columpio, junto al vago.

Sus apariencias contrastaban enormemente, sin embargo eso no influía en ellos ni en el hecho de que eran viejos conocidos.

-¿Qué es lo que va a ser difícil?- volvió a preguntar el hombre.

-Nada, nada. ¿La traes?-

-Jajaja. Ya. Te pones impaciente si no fumas. ¿Cierto? Sinceramente no creí que te volvieras adicto- dijo el hombre sonriendo lúgubremente. Sacó algo de un bolsillo en el forro de su saco. Una bolsita hermética con algo de hierba.

-Si no fumo no me controlo. Ya lo sabes.- respondió el muchacho tomando la bolsa con ansiedad. El hombre detuvo su mano con firmeza, y lo jaló hacía él. Los columpios se acercaron lo bastante como para que el hombre pudiera ser escuchado al susurrar.

-Se supone que te ayude a controlar tu condición, no que te controle a ti. No me decepciones, Lucas. Tú no eres un consumidor cualquiera.-

-Por supuesto.- respondió el vago soltándose. -¿Traes cigarrillos? Necesito un pitillo.-

La sonrisa del hombre se hizo más extensa. Sacó una cajita plateada con bordes ribeteados. La abrió para extraer el cigarro que luego le extendió al muchacho. Lucas se apresuró a hacerse un porro. Lo contempló unos segundos cuando estuvo listo.

Era como reunirse con un antiguo y querido amigo. Se palpó entre la ropa para luego golpearse la frente con exasperación.

-Me jode. No traigo el... Hey, tú. Fuego.-

El hombre sacó el encendedor y se lo pasó a Lucas, encendió el porro y al darle la primera probada sintió desaparecer la tensión de su cuerpo.

Lo disfrutó un rato hasta que estuvo lo suficientemente relajado.

-Era una emergencia. Por eso te llamé. No tengo ni un quinto y me quedé sin trabajo. Disculpa las molestias.-

- Lo sé. Tú sólo llamas cuando es una emergencia. Pero sabes bien que me gusta ayudarte cuanto pueda.-

-Me has ayudado bastante ya y a costa de tu propia seguridad. Eso me pone en tremenda deuda contigo. Y deberle algo a alguien me molesta mucho.-

El hombre dirigió su mirada hacia los chicos que jugaban cerca de la caja de arena.

-¿Ese pequeño es tu hermano?- preguntó con una mueca extraña en el rostro, velada por la profunda oscuridad de los cristales de sus anteojos.

-Si. Es él.-

-Así que lo encontraste. Pensé que no te interesaba saber de él.-

-No, no, no. Fue él quien me encontró a mí. Me guió hasta su casa y me dejó entrar. Le gusta estar conmigo más que con cualquier otra persona que haya conocido antes. Y es porque él también puede sentir a los suyos, aún cuando no lo entienda. Es el llamado de la sangre.-

-Jajajaja. ¿En verdad crees que es por eso? No me parece que sea así. Es demasiado joven para despertar sus instintos. Incluso, es posible que él no haya heredado los genes de Alphonse. Por eso no creo que pueda escuchar el llamado del clan.-

-¿A no? ¿Qué te imaginas que es entonces?- lo retó.

-Pues yo creo que lo que le pasa a ese niño es que tiene un enamoramiento contigo.-

-Ya. ¿Qué sabes tú? Imaginativo.-

-Es enserio.- dijo riéndose de la expresión de Lucas. -Yo llevaba aquí un rato cuando ustedes llegaron. ¿Sabes? ¿No lo notaste? Y bueno, tuve la oportunidad de verlos hablando. Déjame decirte que la forma en que te mira... está enamorado de ti.-

-Te digo que no.-

-Claro. Podría equivocarme.-

-Si me preguntas, tú te equivocas muy seguido.-

El hombre volvió a reír.

-Por cierto, Lucas. Si te molesta tanto quedar en deuda, hay una forma en la que puedes pagarme. ¿Te apetece?-

El vago se levantó del columpio, estirando los brazos.

-Y bastante. Anoche me quedé con ganas.-

-¿Con ganas?- el hombre volvió a mirar hacia donde estaba los chicos. -¿Te refieres con...-

-Hey...es un niño...no te imagines cosas raras....-

-Entiendo.- el hombre se levantó con una pasividad abrumadora. - Al anochecer en el hostal.-

-Si, si.-

Se despidieron. Luego el vago fue a llamar a Ajax. Había que volver a casa. Era hora.


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