jueves, 30 de junio de 2011

Capítulo 2.- Lucas Daza. Maravillosamente fascinante.

Era Lucas Daza. Su nombre. El abuelo no tenía que preguntárselo por que ya lo sabía. Reconocía la voz aún sin poder distinguir el rostro. Incluso si hubiera intentado reconocerlo por su apariencia no hubiera podido. Después de todo, aquel muchacho tenía la apariencia de un vagabundo, y no la del niño que el abuelo recordaba en su anciana mente.

No. Ese ya no era el que había conocido. Estaba más alto, más peludo y más andrajoso. El abuelo no podía distinguir eso, pero lo olía. No olía al niño que se había marchado años atrás. Ni siquiera olía mucho a persona (aunque nunca lo había sido realemnte) más bien era el aroma de las calles y de porros de mariguana. De la perdición y de un verdadero monstruo.
El viejo se quedó frente a ese tipo que se sonreía muy divertido.
-Ajax. ¿Trajiste tú a esta persona?-
-Si- confesó el niño haciendo tierrita con el pie.
-Vete, Lucas- ordenó el viejo. Se había puesto de mal humor.
-Yo me voy sólo si el que me invitó lo pide- desafió el vago buscando la mirada nerviosa de Ajax, que nunca había visto a su abuelo ser desatento con nadie.
Parecía que ahí frente a él había alguien a quien el viejo odiaba. El abuelo fruncía el entrecejo, más porque no lograba enfocar bien que por que estuviera enojado.
-¿Qué te pasa en los ojos?- cuestionó el vago acercándose más. -¡Ah! Te estás quedando ciego. ¿Verdad?- se echó a reir.
El anciano cerró los ojos y los puños al mismo tiempo. Se fue en silencio por el pasillo.
Ajax se asustó, y no supo muy bien que hacer con su persona. Se arrepintió de no haber seguido con su costumbre de no llevar a nadie a la casa.
Pero tampoco sentía muchas ganas de que el vago se fuera. Le daba muchísima pena. Y no dejaba de sentirse mal.
El vago se tumbó frente a la mesa otra vez, mientras se tomaba todo el vaso de limonada. Tenía una sed que ningún líquido podía calmar. Pero la limonada ayudaba.
-Tú- le habló tan de repente que el crío se estremeció. -¿Qué te pasa? ¿Por qué te pones nervioso? Ni que te fuera a hacer algo...-
Al muchacho le hacía gracia ver temblar al niño. Aunque luego de un rato comenzaba a fastidiarle.
-¿Quieres que me vaya?-
Silencio. Ajax negó con la cabeza, despacio. Como esperando que no lo viera. Pero lo vio. Y el vago sonrió de nuevo, con muchas ganas.
-Jajaja. Parece que ya conseguí una casa para vivir.-
Los ojos suplicantes de Ajax se clavaron en él.
-Ya. Es broma. Yo no quería venir. Tú me trajiste. Me voy mañana temprano.-
Esos ojos suplicantes continuaron mirándolo fijo. El vago seguía pensando que era un niño adorable. Sonrió. Con menos descaro.
Ajax volvió a la cocina. Y regresó con platos repletos de la comida que había preparado y los dejó frente al vago, que comió sin dejar de ver al niño.
-¿Por qué te asustas tanto?- cuestionó, más por hacer plática y no aburrirse que porque realmente quisiera saberlo .
-No me asusto- contestó el niño sentándose.
-¿No? Mmm...-
El crío miró sus dedos.
-Nunca vi a mi abuelo odiar a nadie- comentó.
-¿Me odia?- una zanahoria se resbaló de la boca del vago.
El niño agitó el cabeza, contrariado.
-Nunca lo vi molestarse así- trató de corregir.
El vago recuper
ó la zanahoria.
-Nhh. No se enojó contigo. ¿Qué te importa?-
-Si se enoja puede hacerle daño-
El vago dejó de prestar atención a la conversación por que justo pasaban una persecución policíaca en la televisión, y se estaba poniendo muy divertida.
Un rato después volvió a acordarse que el crío todavía estaba por ahí. Seguía allí sentado observándolo.
-¿Qué? ¿Nunca habías visto uno como yo?-
- Yo... yo. ¿Puedo preguntar?-
-¿Qué?-
-¿Por qué te conoce mi abuelo?-
-Por que también es abuelo mío- respondió como si fuera algo obvio.
El crío se quedó mudo y prefirió ir a comenzar con la limpieza de la casa.

Se llevó el resto de la tarde en eso. A veces pasando frente a la habitación del abuelo pero la puerta estaba cerrada y no se atrevía a entrar. Luego pegaba la cabeza en la puerta pero no había ruidos en la habitación, que pudiera captar.
A media tarde el vago pidió permiso para darse un baño. Nadie en su sano juicio se lo hubiera negado por en verdad que lo necesitaba y con urgencia.
El niño calentó el agua. El vago agradeció.
Ajax comenzaba a pensar que debería llevarle algo de cenar al abuelo. Y seguro el vago tendría hambre también, y...
-...- y luego se acordó que no había jabón en el baño. Tuvo que ir por él a la alacena y regresar al cuarto de baño. Pero el vago ya se estaba duchando. Se podía escuchar el agua de la regadera.
Ajax tocó, pero no fue escuchado. Abrió la puerta. Un poco primero. El vapor le golpeó la cara. Luego empujó más la puerta y se metió.
Se quedó junto a la entrada.
-Esto... te... traje jabón.- dijo aumentando el volumen de voz, intentando ser escuchado.
-¿Eh? Si, gracias. Lo estaba extrañando.- respondió el muchacho desde la niebla vaporosa. Luego una mano apareció buscando a tientas la barra de jabón. Como no la alcanzaba se acercó más. Por fin la tomó, cuando alcanzó a ver a Ajax entre la densa nube de vapor que se había encapsulado dentro del cuarto de baño. Iba a comentarle algo de que el agua tenía buena temperatura, cuando distinguió un par de ojitos obscuros muy abiertos frente a
él.
El vago no sentía pudor de que lo vieran desnudo, pero se sentía más desnudo que nunca si lo veían con tanto asombro.
-Bueno, ya. ¿Qué tanto me ves? Tengo lo mismo que tú pero más grande- dijo quitándole la envoltura a la barra de jabón. Ajax no encontraba un lugar seguro donde poner su vista, así que cerró los ojos.
-P-perdón.-
-Ya... da igual...eh- soltó el vago sonrojándose por estar desnudo frente Ajax, ya que parecía que el crío se lo había tomado muy enserio.
El niño asintió sin abrir los ojos y se regresó despacio hasta la puerta.

El viejo no abrió la puerta cuando Ajax llamó, así que el crío se devolvió a la cocina con la bandeja de la cena y una preocupación encima. El vago tampoco quiso cenar. Al crío le pareció que pasaba demasiado tiempo en la cocina como para que nadie comiera de lo que preparaba.
-Buenas noches. Ert...¿Está bien si tomo uno de los cuartos de atrás?- pregunt
ó Lucas.
El niño meneó la cabeza para decir que si, luego el vago se fue. Lo miró alejarse. Le daba mucha tristeza de sólo verlo. Aunque tuviera comida y techo, aunque se quitara la suciedad y la barba de días seguía pareciéndole un animalito abandonado. Pero tenerlo en casa causaba problemas.



-Cuando lo vi... lo reconocí enseguida. Fue como escuchar a su sangre llamándome: Hermano.-
-Él no es tu hermano- interrumpió el viejo como si sintiera asco de las palabras del vago.
-Si que lo es. Así no te guste.- respondió sentándose junto al anciano. Sonreía. Sonreía cínico y complacido de que bastara la verdad para lastimar a su abuelo.
-Yo no quería venir. ¿Ves? Él me trajo. A ti te desprecio. ¿Crees que vendría a visitarte?. Es por él. Estoy pensando... en que haría bien en llevármelo.-
El viejo dijo no. El vago se burló.
-Aunque no quieras. Es más mío que tuyo.-
-El único hermano de ese niño ya está muerto. Lo asesinaron.-
-¿Eso dices? ¿Y qué le has contado a él?-
-Nada. No tiene que saber. Aléjate de él.-
-Es mi sangre. Además contigo no está bien. Lo est
ás domesticando.-
-Él vive tranquilo aquí. No es un monstruo como...-
-¿Un monstruo así como yo? ¿O cómo tú? Tú le quitaste a su familia. Los vendiste. Entregaste a tu hijo. ¿Quién es el monstruo en realidad? ¿Quién es peor? Traidor.-
-Tú no entiendes nada. Eras un niño entonces.-
-¿Y qué por ser un niño era estúpido? ¿O ciego? -
Le encantó llegar a ese punto. Se pasó la lengua sobre el labio.
-Tú siempre fuiste el ciego porque no querías ver. Pero ahora aunque quieras ya no verás nada.- el vago comenzó a reír con una euforia enfermiza.
-Que sabes tú si no fue nuestra maldición la que te está comiendo los ojos. Que sabes tú si no es tu castigo por traicionarnos.- dejó de reírse . Su cabeza cayó sobre sus rodillas con un repentino dejó de melancolía en todo su ser.
-Pero que te quedes ciego no alcanza. No es suficiente venganza.-
El viejo se veía pálido y cansado. A la luz de la luna se veía todavía más anciano y gastado.
-No está en ti juzgar ni castigar. He tenido mis razones para actuar como lo hice... y sin embargo no llega un nuevo amanecer que no me amenace con la carga de la culpa.-
El muchacho escuchaba. Pero las palabras del anciano no lo dejaban satisfecho. El viento agito sus cabellos y ropas.
-No existe una sola razón válida para justificar una traición a la familia. Es natural, no está en ti el instinto del clan. Tu sangre no grita como la nuestra. Y la sangre de mi padre clama por venganza. Tú no tenías derecho a entregarlo. -
-Lo hice porque se estaba convirtiendo en un asesino. Mató a su primogénito, y tarde o temprano haría lo mismo con Ajax. Tu padre era un monstruo. Pensé que podía cambiar eso... pero el instinto de una bestia nunca se apaga. Es un fuego que lo devora y destruye todo. Por eso no quiero que estés aquí. Márchate-
-Ohh...- Lucas lo miró despiadadamente con una sonrisa sardónica. -En verdad no voy a estar mucho tiempo por aquí, te lo prometo. Pero cuando me vaya el niñito vendrá conmigo.-
-Ajax no pertenece a tu estirpe maldita, Lucas. Es diferente con él.-
-Que no le aúlle a la luna no quiere decir que no sea como yo.-
El hijo de alguien, el nieto de alguien, el hermano de alguien. Era Lucas Daza.

Era maravillosamente fascinante. La luz nocturna y somnolienta de un cuarto de luna amarillento brillando en el cielo. Se colaba por la ventana corrediza, arrastrándose sobre los tablones del piso hasta la cama del niño. Invadiendo la blancura de sus sábanas y de su piel.
Ajax no podía dormir. Veía la luz lunar revolotear por la habitación, como si de pronto se animara y cobrara vida y movimiento voluntario. La luz se disolvía en partículas que flotaban bailando sobre él.
Luego cuando la danza de la luz comenzaba a dejarle dormido le sobresaltaban sus pensamientos.
El vago. Todo estaba distinto desde que lo había conocido. Parecía un desastre todo, como si la presencia del muchacho sacara de orden la vida que él y su abuelo habían llevado.
El abuelo y el vago se conocían. El abuelo era también abuelo del vago. Eso era lo que el vago había dicho.
Si era así. Si por cualquier cosa fuera cierto, eso convertía a Lucas en su pariente.
Ajax sabía que su abuelo había tenido un sólo hijo. El padre de Ajax. Se llamaba... bueno, en realidad Ajax no recordaba su nombre. Pero se había casado con su madre y habían tenido dos hijos. A él y a su hermano mayor.
Ajax no hablaba nunca de eso con su abuelo. Algunas veces, tratando de tocar el tema había notado que el viejo se ponía horrendamente triste y melancólico. Entonces desistió. No precisaba saber mucho de los que se habían ido, en verdad no lo había necesitado, hasta ahora.
Ahora quería saber sobre ellos. ¿Por qué se habían ido? ¿A donde? ¿Dónde estaban? ¿Lo habían dejado porque no le querían?
Y luego una idea desbordó la mente del pequeño. El abuelo sólo había tenido dos nietos. Él y su hermano mayor. Si Lucas era su nieto también, quería decir que era el hermano de Ajax. ¡Era su hermano!.
Un ruido le hizo regresar de golpe a la realidad, olvidando momentáneamente sus ideas reveladoras. Había sido el sonido de un golpe seco. Como si hubieran golpeado el piso en algún lugar de la casa. Luego escuchó el murmullo de dos voces. Las distinguía. Apenas. Eran su abuelo y Lucas. Las voces continuaron hablando unos instantes y luego se quedaron en silencio.
Un poco después unos pasos se acercaban por el pasillo de su habitación y parecieron detenerse justo frente a su puerta. Ajax se quedó tan absorto en lo que ocurría del otro lado que pudo escuchar una respiración que venía del pasillo. Tuvo la sensación de que alguien iba a entrar. Observaba atentamente la perilla, esperando verla girar en cualquier momento. Pero no ocurrió. Los minutos pasaban sin que nada sucediera. Finalmente se escucharon los pasos de nuevo, alejándose hacia el otro corredor. Luego no hubo más ruidos que los provocados por los insectos en el jardín y el de el motor de la nevera ronroneando muy quedo en la cocina.
Ajax respiró profundamente porque había estado conteniendo la respiración para poder escuchar mejor. Su atención volvió a fijarse en las partículas de luz lunar danzantes.



El vago no tenía idea de que el anciano y el crío madrugaban a diario para ir al templo. Y el vago no se hizo idea de nada de eso porque seguía durmiendo a pierna suelta todavía cuando los otros ya estaban de vuelta. Se despertó al oírlos cruzar el umbral. Se levantó rascándose la cabeza y otras partes y le dio asco el sabor amargo de su boca. Además le estaban machacando unas ganas terribles de fumarse un porro. Estaba pensando en hacerlo cuando unos pasitos ligeros y rápidos cruzaron el pasillo. Se imaginó que era Ajax.
-Ya. Casi no me acuerdo de que estoy en esta casa.- suspiró mirando con tristeza el cigarrillo que tendría que esperar.
El cabello del vago no era castaño como parecía el día anterior. Se veía así por las capas de mugre acumuladas durante semanas. Pero ya lavado el cabello era de un color negro brillante. Se lo peinó con la mano, aplastándolo hacia abajo, con los mechones sobre su cara, y se alistó a salir. Ya en el pasillo le olió a desayuno.
-Ese crío... Como si fuera un ama de casa. ¿Es qué se pasa todo el día en la cocina?.... ¡Hey! ¡Buenos días!-
Exclamó cuando entró al comedor. Igual no había nadie ahí. Le sonrió al televisor encendido mientras se sentaba.
-Buenos días.- saludó el pequeño entrando. El silbato para perros seguía colgado de su delgado cuello.
-Hey- repitió el vago ya medio embobado con la mujer desnudista que daba el clima en la televisión.
-El... desayuno. ¿Quieres?- preguntó el niño. El vago asintió. El desayuno le fue servido y comió. No le molestó entonces que Ajax se pasara todo el día en la cocina, porque tenía hambre y la comida estaba muy bien.
-¿Dónde está tu abuelo?- preguntó cuando dieron comerciales.
-El vecino lo llamó. Lo llama siempre a estas horas para conversar. Dijo que volvía pronto.-
-Nhh.- respondió en lo que mordía un pedazo de queso. -Y... ¿Te dijo algo sobre mí?-
El niño negó. En realidad el abuelo apenas había pronunciado palabra esa mañana. Incluso durante el trayecto de ida y vuelta del templo había estado silencioso de manera inusual.
Pero el niño respetó el silencio de su abuelo, más bien porque no sabía como lidiar con él. Así que él también se mantuvo callado, soportando las preguntas que habían nacido en él y que exigían violentamente respuestas, corroyendo la mente del confundido jovencito.
A su abuelo no podía preguntarle por que lo molestaría, pero allí estaba el vagabundo. Podía preguntarle a él. Pero le daba muchísima pena.
Se apretaba los labios con fuerza, indeciso de si hablar o no. El vago le ponía nervioso. No que él fuera así. En verdad.
-¿Qué? ¿Qué quieres? Si vas a decir algo, hazlo. Me pone mal la gente ansiosa.- habló Lucas. El niño intentó dejar de estar ansioso.
-¿Vas a... irte... hoy?-
-Nhh. Aunque quisiera quedarme, que no quiero, es más que obvio que no soy bienvenido. Así que me voy, como te dije. Además esta casa me enferma, no puedo estar mucho tiempo encerrado. Yo soy de la calle. Ahí me recogiste. ¿Te acuerdas?-
El niño asintió. Su transparente y pequeño ser no ocultó la desilusión.
-¿Tienes prisa de que me vaya o qué?-
Ajax negó. Al notar que su gesto había sido exagerado se sonrojó.
-Todo te da pena.- bufó el vago medio divertido -Anoche, por ejemplo, en el baño. ¿Qué nunca habías visto a otro hombre desnudo?-
El niño se mordió el labio inferior, azorado al recordar lo del baño.
-A mi abuelo.- soltó con una vocecita
-Entonces no entiendo tu problema...- el vago se quedó repentinamente en silencio, contemplando a Ajax. Fue muy rápido. Se inclinó sobre él y mordió muy suavemente sus pequeños labios, capturándolos.
El niño se echó hacia atrás, aterrado. Sus ojitos negros completamente abiertos parecían gritar histéricos "¿Qué me haces?".
Pero de su boca salían sólo jadeos entrecortados.
Lucas no parecía ni mínimamente alarmado. Había echo aquello sin pensar. Y es que Ajax de tan nervioso se había mordido tanto los labios que le habían quedado de un rojo intenso. No había podido resistirse al color palpitante de esa pequeña boca húmeda. Pero no le había dado mucha importancia. Había sido mero instinto.
Sin embargo le estaba dando mucho morbo la reacción del crío. Se había asustado. Temblaba, confundido... curioso.
Era maravillosamente fascinante







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